Hilma Af Klint
Arte

Hilma Af Klint

La pionera abstracta desconocida

El arte guarda insólitas historias de creadores que en todo el mundo han aportado su visión e innovación; cuando se habla de vanguardias, se comprende un antes y un después en el que cada nueva regla o cada rechazo de alguna, gesta una gama distinta de posibilidades expresivas y creativas. El de la pintora Hilma Af Klint es un caso adelantado a su tiempo, de contenido nunca antes visto y que además surge en un momento poco amable que la deja oculta en la historia por casi un siglo.

En sus pinturas conjugó algunas imágenes religiosas y animales, pero dentro de lo más característico se encuentran figuras que no se basan en lo propio de la realidad; formas geométricas, espirales y colores vívidos con los que la autora trazaba su camino abstracto y espiritual.

Constantemente nos encontramos con obras en apariencia cercanas a ciertos movimientos artísticos pero surgidas mucho antes que ellos, ya que el proceso de transformación de las artes es gradual y difícil de diferenciar en forma lineal en tiempo y espacio.

Por esta razón, existen cuadros cercanos al abstraccionismo como los de William Turner, pintor del Romanticismo que en sus paisajes que datan de la primera mitad del siglo XIX, los cielos y aguas difusas lograban ya una emoción menos subordinada a la representación fiel. En Nocturno en negro y dorado, James McNeill Whistler, autor simbolista de finales del mismo siglo, se acerca bastante y de la misma forma a la vanguardia en cuestión.

No es hasta cumplida la primera década del siglo XX que artistas europeos como Piet Mondrian, Wassily Kandinsky, Kazimir Malevich o Paul Klee (poco después), crean composiciones reconocidas como parte del movimiento abstracto. En 1910 Kandinsky teoriza sobre este tipo de pintura, considerándola una manera de retratar lo inmaterial: la emoción, la conciencia e incluso la música.

El árbol del conocimiento, No. 5 (1915). Foto: Trivium Art History

Por el resto del siglo se considera a este artista el primero en prescindir de todas las formas basadas en la realidad con una acuarela sin título pintada entre 1910 y 1914. Hasta 1935 su esposa lucha de manera póstuma el puesto del autor para ser reconocido como el primero en conseguir una abstracción.

GENIO DE HILMA SALE A LA LUZ

No obstante, la historia del arte cambia conforme se tiene nueva información. El nombramiento fue puesto en duda a principios del siglo XXI con la exposición de un enigmático cuerpo de obra que había sido descubierto a finales de los años ochenta: el de la sueca Hilma Af Klint. Las intenciones de Kandinsky, e incluso de un abstracto expresionista perteneciente a la postguerra como Rothko, se acercaban a la expresión de lo espiritual que ella realizaba décadas antes.

La artista, a pesar de tener algunas pinturas donde aparecen animales u objetos reconocibles, había hecho otras grandes piezas con una mezcla armónica de diagramas y símbolos; abstracciones que datan de 1905.

En sus inicios, tuvo la suerte de poder hacer estudios en bellas artes en una academia que aceptaba mujeres, cosa que era difícil lograr en la época. Su obra escapó del interés de los académicos, pero su presencia tomaría un lugar importante en círculos bohemios y feministas.

Se convirtió así en una pintora formada, de éxito y reconocimiento debido a sus retratos y paisajes, mientras que abarcaba también el mundo botánico con acuarelas. Sin embargo su curiosidad antes saciada por la extensa biblioteca de su padre y su interés por la naturaleza y la ciencia, tomó un rumbo diferente cuando sufrió la pérdida de su hermana, buscando en consecuencia respuestas existenciales que la llevarían a adoptar el ocultismo que se propagaba por toda Europa proveniente de Estados Unidos.

Altar del templo (1907). Foto: Moderna Museet/Albin Dahlström

LA CURIOSIDAD DE UNA ARTISTA

Los descubrimientos recientes de la época, como la luz infrarroja, el campo magnético y los rayos X, hacen que la curiosidad de la autora crezca, puesto que energías invisibles se validaban como reales y hacían suponer que el mundo percibido era apenas una parte de lo que existía. Era claro que la forma de ver la realidad estaba cambiando y que había que intentar estudiar otros métodos para acceder a los siguientes hallazgos.

Así, Af Klint mantuvo sesiones espiritistas con un grupo llamado “Las 5”, mujeres que intentaban obtener revelaciones mediante la teosofía, práctica religiosa ecléctica que enlazaba la filosofía neoplatónica con influencias del budismo y el hinduismo, entre otras.

Fungía como medium dirigiendo y utilizando trances inducidos en los que se mantenía medianamente consciente para realizar dibujos y escritos acerca de lo que podía percibir en las exploraciones. Esto lo tomaría como referencia para su obra pictórica.

ESENCIA DE SU OBRA

Su primer serie, Pinturas para el templo, aborda la evolución del ser humano pasando por su naturaleza espiritual. Con esto la autora señala una visión compleja y unificadora. En ella se muestran símbolos geométricos y se hace visible la idea de que el universo existe como un todo que no está separado de sus partes.

Sus círculos concéntricos señalan ideas cercanas a la diversidad de universos que se cree existen, uno dentro de otro. Asimismo abarca distintas formas que representan al ser humano, su energía y vida con colores vivos y formas que aluden al constante movimiento.

Los diez mayores en el Museo Picasso en Málaga, España. Foto: welex.es

La serie que la artista titula Los diez mayores consta de pinturas de poco más de tres metros de alto y dos metros de ancho en las que hace un recorrido por las etapas de la vida utilizando la constante de los círculos, elipses y colores vibrantes, con símbolos y abstracciones puras que se asemejan a modelos atómicos y celulares.

En estas etapas, su trabajo mantiene también un uso de pinceladas mucho más sueltas que en anteriores vanguardias como el impresionismo, además de colores planos y pastel que no habían sido utilizados antes.

Durante los siguientes años, la autora continúa estudiando y teniendo mejores aproximaciones de sus estudios filosóficos y teosóficos, cesando su quehacer artístico en dos ocasiones. Pero continúa su primera serie sin terminar y lanza lo más planeado y consciente de su trabajo, llamado Piezas de altar, donde utiliza desde geometría sagrada hasta conceptos como el viaje espiritual, representado con triángulos como camino escalonado y ascendente, y la búsqueda del conocimiento.

Luego realiza formas mucho menos delimitadas, una especie de auras que intentan acercarse a lo espiritual en la naturaleza, para después volver a sus primeras temáticas con un estilo más trabajado. Y teniendo 60 años de edad deja la pintura, mas no los estudios teosóficos hasta el día de su fallecimiento.

Hilma Af Klint sostenía que su obra no sería entendida por el mundo en ese momento, por lo que buscaría una etapa más avanzada: pidió que fuera guardada en cajones y fuera develada hasta veinte años después de su muerte.

Esto es un factor que legitima la completa libertad con la que trabajó. Las grandes obras como las de Hilma Af Klint, no importando si obtendrán aceptación, perduran y trascienden por décadas y su contenido forma un producto cultural que hace constar las creencias y aspiraciones de un momento de cambio.

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