Sor Juana escribe para autoayuda
Nuestro mundo

Sor Juana escribe para autoayuda

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En la abundante obra de Sor Juana son innumerables los versos y las líneas de prosa robustecidos con la intención de auxiliar a los seres humanos en su desarrollo, aunque a veces no haya sido esa su intención originaria, sino la personal. Sin embargo su tino les proporciona aplicación universal.


La autoayuda para mejorar la calidad de vida y que ha generado un producto del mercado de copiosa demanda es propicia para conmemorar un año más de la muerte, ocurrida el 17 de abril de 1695, de la Décima Musa, también llamada Emperatriz del Idioma y La Americana Fénix.


Libros de superación personal, cursos de autovaloración, talleres de desarrollo individual, emisiones de radio y televisión para autoayuda, artículos de autoestímulo son mercancía de gran demanda. Los libros de estos asuntos son los que más se venden y ocupan lugar preferente en las librerías.


Como dice mi amigo Jaime Muñoz, uno de nuestros mayores escritores, cualquier libro sirve de autoayuda. Y efectivamente, quién se podría imaginar que propondríamos como de superación personal la obra tan mencionada pero no tan leída de Sor Juana, escritora tan aludida pero no tan frecuentada.


Para ejemplificar cómo en la obra de La Americana Fénix resuenan sabias e inspiradoras palabras de autoayuda, iremos a un breve poema de seis cuartetas (= 24 líneas) entre las que se encuentran seis paremias estimulantes, frases de esas que buscan los lectores en los volúmenes de “crecimiento”.


Entre las palabras broncíneas de la Décima Musa que merecen un lugar en la memoria y en el alma, tenemos unas que hasta tintinean con los repiques conocidos de la palabra autoestima: “El que su cuidado estima / sus sentimientos no calle”.


Después de esa recomendación, consejo, provocación y en fin, estimulante proverbio, podemos citar otro verdaderamente provocador, subversivo y sedicioso que la monja habría escrito para animarse ella a hacer algo que le causaría pena: “que no es muy valiente el preso / que no quebranta la cárcel”.


Cabe aclarar que la palabra pena no significaba, como ahora, vergüenza, sino castigo (del latín poena y del griego poine: castigo, tormento). Viene al caso esta advertencia porque la monja de Nepantla se dice esta paremia de autoayuda: “que es lisonja de la pena / perder el miedo a los males”.


Pero con motivo del 324 aniversario de la muerte de la genial mujer vale la pena leer completo su poema. Es una de las “Tres ‘Letras para cantar’.”:


Afuera, afuera, ansias mías / no el respeto os embarace / que es lisonja de la pena / perder el miedo a los males”.


Salga el dolor a las voces / si quiere mostrar lo grande / y acredite lo insufrible / con no poder ocultarse”.


Salgan signos a la boca / de lo que el corazón arde / que nadie creerá el incendio / si el humo no da señales”.


No a impedir el grito sea / el miramiento bastante / que no es valiente el preso / que no quebranta la cárcel”.


El que su cuidado estima / sus sentimientos no calle / que es agravio del motivo / no hacer del dolor alarde”.


Mayor es que yo mi pena / y esto supuesto, más fácil / será que ella a mí me venza / que no que yo en ella mande”.


Como se ve, este poema lo escribe Sor Juana para su autoayuda pero contiene ideas y pasiones que son las de todos. Destaca su necesidad de darse valor para decir y hacer algo que le va a costar sufrimiento. Su autoestímulo puede servir a muchos a quienes les retiene el no saberse lo suficientemente fuertes para encarar una situación y menos si les causará pena, castigo, sufrimiento. Es vivificante la palabra de la ilustre muerta del 17 de abril de 1695.

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