Psiconautas, los niños olvidados
Cine

Psiconautas, los niños olvidados

Una animación que retrata los problemas actuales

La fantasía muchas veces es metáfora de lo que existe en la realidad, pues se permite narrar de manera un poco más desentendida temas importantes que permanecen en una segunda lectura. A su vez, crea imaginarios enteros con personajes que no existirían en esta realidad ni responden a la lógica de esta, resultando en una gran amplitud para las posibilidades narrativas.

En el caso de Psiconautas, los niños olvidados, no se trata de una fantasía despreocupada ni desenfadada y tampoco tiene reparos en entablar temas controvertidos.

El largometraje de los españoles Alberto Vázquez y Pedro Rivero, está hecho a partir de una novela gráfica homónima y escrita por el primer creativo; ha contado con una adaptación a cortometraje y se distingue por utilizar personajes animados de apariencia inocente para hablar de un desastre medioambiental y económico, del uso de drogas e incluso de la marginalidad que sufren los desplazados de una sociedad.

Para el animador Alberto Vázquez, los temas difíciles y de hasta cierta misantropía no son nuevos; en su premiado cortometraje Sangre de unicornio ya había realizado una historia que presenta una especie de mito antropogónico con influencia del mito bíblico de Caín y Abel.

DOS AMIGOS

En él, nuevamente personajes tiernos con rasgos humanoides denotan características oscuras de la psique humana, como el desprecio, el orgullo, la vanidad y la venganza.

Psiconautas va más allá de lo contado en su cortometraje para mostrar más rasgos que complican la existencia humana. Se centra en factores ya no tan propios de la mente individual sino de la colectividad y de los peligros sociales.

Los directores Pedro Rivero y Alberto Vázquez, ganadores del Goya 2017 al mejor largometraje animado por Psiconautas, los niños olvidados. Foto: EFE/Quique García

La película comienza en una isla en la que ha ocurrido la explosión de una fábrica, misma que era la principal fuente de empleo para quienes vivían en los alrededores. A partir de esto, además del empobrecimiento, surge depresión y drogodependencia entre los habitantes más viejos y consecuentemente aparecen problemas familiares y psicológicos en los pobladores más jóvenes. En ellos se centra la línea narrativa principal.

Se nos presenta la protagonista Dinky, una ratona que junto con sus amigos rechazados y abusados por otros compañeros de la escuela, planean huir de sus padres y de la isla para buscar libertad y mejores oportunidades.

Quienes la acompañan en su propósito son un zorro pequeño, el más infantil e indefenso del grupo, y una coneja que padece de alucinaciones auditivas, razón por la que es vista con desconfianza y temor en el aula. Dentro de lo poco que se cuenta de ella, se narra una lucha con la enfermedad mental que resulta exitosa. Este padecimiento se muestra como una dificultad de la que se puede tomar control, lo cual no es una manera común de representar los trastornos psicológicos en el cine.

Por otro lado, Birdboy, un niño aún más aislado que mantenía antes una relación amorosa con Dinky, vive escapando de la policía y sufriendo una adicción a las drogas. Lucha además con su lento y tortuoso intento por aprender a volar, habilidad con la que mejoraría su situación.

Quienes intentan cazarlo son dos perros, un policía experimentado y su hijo aprendiz, que poco a poco deberá normalizar la violencia para emplearla en aquel mundo feroz. Ellos, aunque nunca se hace visible en alguna escena, piensan que Birdboy vende drogas al igual que lo hacía su padre.

LEJOS DE CASA

Es en el clímax del filme donde reside tal vez el principal acierto, que es mostrar las periferias de la isla con mayor detenimiento que en la novela gráfica. Ahí, Dinky y sus amigos se encuentran con ratones que sobreviven encontrando cobre en la basura para cambiarlo por monedas o pegamento para inhalar.

Foto: IMDb

Un ratón manco que comienza hablando con ellos con amabilidad, los guía por el mundo del basurero. Poco después de que les exige de manera agresiva dinero por haberlos ayudado, se revela que es hermano de un miembro de la comunidad; se suponía que había dejado la isla y tenía éxito en la ciudad.

Al avanzar más por su camino, se encuentran con el resto de ratones a quienes, marginados, no les queda más que vivir entre la basura que afirman es generada por la isla donde viven los demás. Debido a esto desarrollan un profundo odio hacia los habitantes más afortunados y generan su propia forma de organización donde reina una ley poco ortodoxa que corta las manos de quienes roban y despoja de sus pertenencias a quienes se adentran a su territorio.

MUNDO PERDIDO

Los ratones autonombrados “niños olvidados” creen que los personajes principales son intrusos e intentan robarles, y no conformes con esto, tratan de llevarlos ante su líder y piden a gritos una tortura pública.

Esto retoma el gran dolor al que están sometidos y el profundo resentimiento que guardan para aquella sociedad que los ha dejado de lado. Los personajes, sean niños olvidados, policías o padres de familia, buscarán culpables para la terrible situación en que se encuentra su mundo, pero no habrá a quién señalar.

El enemigo de todos es algo invisible a lo que no se puede culpar fácilmente, es una visión equivocada del progreso en la que la brecha social juega un papel importante. Y sin embargo quedan imposibilitados para cambiar su futuro, tanto quienes pueden mantener una casa como quienes viven entre la basura.

Foto: IMDb

Psiconautas, los niños olvidados recibió varios premios en festivales europeos e internacionales, entre ellos el Goya para mejor animación. Contiene varias líneas narrativas donde se observan las relaciones que mantienen sus personajes y donde se hace énfasis en la degradación y deshumanización de una sociedad y cómo esto lleva a la marginalidad y la violencia.

Pero además de esto construye su propio imaginario, pues trata de manera bastante ambiciosa un mundo donde se contraponen lo natural y lo artificial en una destrucción medioambiental, y donde Birdboy, muy al estilo de Sangre de Unicornio, cuida a las pocas aves que quedan, concretando un personaje trágico pero también mítico.

Tiene un papel en el que provee, como le es posible, los incentivos que necesitan los demás y los cambios que requiere su entorno, como si fuera enviado de manera inexplicable para estas tareas. Es un personaje ambivalente que lucha con una parte oscura de sí mismo y del que no se explica mucho.

La película critica la ingenuidad con la que se adquieren comodidades que contaminan el ambiente, con personajes de plástico infantilizados como el “señor reloggio” o el “pato hinchable”, que aparentemente tienen vida.

Relaciona lo sórdido y tétrico con lo aparentemente inofensivo y colorido para representar una pérdida de la inocencia, de manera que logra anteponer un mundo idealizado, una fantasía compleja y sugerente de la que apenas se lanzan detalles, a la visión ya mucho menos optimista del abuso y el desastre con resultados distópicos.

Si bien presenta problemas de adolescencia, un viaje del héroe y un tópico ya muy presente en la cultura popular como lo es el futuro postapocalíptico, todo es conjugado de manera ingeniosa y, más importante aún, dejando entrever que es una historia profundamente humana.

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