Isidore Lucien Ducasse
Literatura

Isidore Lucien Ducasse

Un misterio literario

Sin duda el siglo XIX francés ha sido uno de los mejores de la literatura. Grandes renovaciones del lenguaje, pero especialmente de la concepción de lo poético, ocurrieron en aquella época, las cuales derivaron en corrientes estéticas y filosóficas como el surrealismo y el existencialismo. Son comunes las menciones de autores como Stephan Mallarmé, Jean Arthur Rimbaud, Paul Verlaine, Víctor Hugo, pero casi siempre la tradición, lo que sea que signifique, se olvida de uno de los más revolucionarios: Isidore Lucien Ducasse.

Seguramente pocas personas ubicarán el nombre de Ducasse en la historia de las letras mundiales, y ese es el motivo de esta remembranza. Ducasse quizás es el autor más misterioso de este tiempo. Sus únicas obras son Los cantos de Maldoror, publicados en 1868 y Poesíes, publicado pocos meses después. Los cantos aparecieron bajo el seudónimo del Conde Lautréamont, mientras que el segundo libro con su nombre real. Pero volvamos al escritor de carne y hueso.

¿Qué se sabe de él? Casi nada, a pesar de la importancia de su primer libro. Fue rescatado por los surrealistas, particularmente por André Bretón, quien durante los años veinte se sentía hastiado de la literatura excesivamente realista de las décadas previas. Encontrarse con Los cantos de Maldoror fue un despertar, según se entiende por algunos de sus comentarios. El libro fue publicado con un tiraje raquítico de forma privada. Pero más allá de eso, la literatura francesa como institución pareciera no tener mucho interés en Ducasse.

Por otra parte, tampoco la tradición latinoamericana se ha interesado mucho por él. Escribió en lengua francesa y probablemente esa sea suficiente causa como para que la literatura latinoamericana no lo considere parte de su corpus, pero habría que reconsiderarlo, debido a que Ducasse es un escritor nacido en Uruguay en 1846. ¿Esa visión dislocada mucho tendrá que ver con el hecho de que nuestro autor nació en el continente americano? Será complicado comprobar si su innovación poética está relacionada con su origen geográfico y cultural; sin embargo, estas cuestiones no pueden dejarse así tan a la ligera.

Amor predador, de la serie Los Cantos de Maldoror de la artista contemporánea Rain, donde retrata pasajes del libro de Ducasse. Fotos: Haven Art Gallery

Era hijo de un diplomático francés. Su madre murió cuando tenía la edad de dos años. Vivió toda su infancia en Uruguay durante la Guerra Grande. Permaneció en tierras americanas hasta la adolescencia, cuando su padre lo envió a Francia. Estudió el bachillerato en París. Comenzó a estudiar derecho, la carrera de los escritores hasta hace unas generaciones. Su padre enviaba dinero desde Montevideo para su manutención. Por desgracia, Ducasse no dejó un diario, no tenemos muchas cartas. Da la impresión de que se trataba de un misántropo, lo cual es evidente en su obra. Por las sombras de su vida se entrevé una crisis. A la edad de dieciocho o diecinueve decide volver a Uruguay. Como se sabe, en aquel tiempo este viaje únicamente se podía hacer en barco. ¿Qué tanto este viaje y su cercanía con el mar (alrededor de tres meses) influyó en la perspectiva poética que desarrolló posteriormente sobre lo acuático? No lo sabemos, son puras conjeturas.

LA OBRA

La obra de Ducasse se inserta dentro de la corriente de los poetas malditos. Es en toda la palabra uno de ellos. La peculiaridad es que su poesía básicamente está escrita en prosa, y precisamente ahí está su aportación a la tradición literaria. Ducasse modificó el concepto de lo poético con Los cantos de Maldoror. No podemos decir que se trata propiamente de una novela, aunque en la forma se parece mucho a eso. Se divide en capítulos que se titulan Cantos; hay narración, un relato, pero lo más interesante del texto no es en sí la anécdota, sino la mirada, la imaginería, el surrealismo. Ducasse escribió la primera narración netamente surrealista.

Desde luego, olvidarse de Rimbaud sería una falla, pues con el poema Vocales, en el que cada letra es un color, y con el poema más extenso Barco ebrio, el amante de Verlaine ya también está haciendo surrealismo, mucho antes que los surrealistas; sin embargo, Ducasse complementa, pero no sólo eso, profundiza. Lo que en Rimbaud apenas son intuiciones geniales, en Ducasse es todo un largo camino. Son los primeros autores que dan rienda suelta al inconsciente. Los cantos de Maldoror es una obra onírica.

Ilustración de Salvador Dalí para una edición de Los Cantos de Maldoror publicada tras el redescubrimiento del texto por André Breton. Fotos: Werner Bokelberg

¿Pero de qué trata propiamente el libro? Maldoror es el ser más maligno sobre la Tierra, es una especie de ángel caído, un espíritu que ronda la existencia humana, que se encarna en diferentes tiempos y que entra a la verdadera realidad del mundo, una completamente desolada donde Dios apenas si es un pordiosero. La realidad como la conocemos es un engaño, propone el texto, Maldoror lo ha descubierto. Es un desengañado, un traicionado por los hombres, pero en especial por lo divino, y por esta razón ha decidido hacerse maligno, en un afán de venganza. Su maldad no es del todo pura, más bien está teñida por la melancolía.

De esta manera Maldoror dicta al Conde Lautréamont el texto, el cual es el mismo que nosotros leemos. Ahí nos enteramos de la existencia de este ser maligno, pero sobre todo es un puente para advertir la verdad de las cosas. Es aquí donde la narración deja su parte anecdótica para volverse surrealista.

Es una obra que apela más a las sensaciones y las atmósferas, a las visiones. Pintores como Salvador Dalí basaron algunos de sus cuadros en fragmentos de la literatura de Ducasse. Fue él quien les abrió los ojos a las percepciones y símbolos emanados del inconsciente. Es famoso el grabado que el artista español realizó emulando el pasaje donde Maldoror se convierte en una especie de tronco donde las alimañas y otros seres se alojan a vivir sobre él por mil años.

LA RECEPCIÓN CRÍTICA

Ducasse era un joven desconocido que deseaba hacerse un lugar en la carrera literaria. Escribió Los cantos de Maldoror, y dado el tema y la forma de su texto, ningún editor quiso publicarlo. Seguramente, a no ser por la valoración surrealista de autores como André Bretón, difícilmente se publicarían en nuestro tiempo. Se trata de un libro obsceno y desbordante, pero precisamente ahí está su belleza y carácter artístico. Casi al inicio dice: No es bueno que todo el mundo lea las páginas que siguen; sólo algunos saborearán sin peligro ese fruto amargo. Por lo tanto, alma tímida, antes de adentrarte más por semejantes landas inexploradas, dirige hacia atrás tus pasos y no hacia delante.

Hombre-pelícano convertido en faro, ilustración de René Magritte para Les Chants de Maldoror. Fotos: Iván Moure Pazos

Ducasse no tuvo otra opción que publicarlo con sus propios recursos, primero de manera completamente anónima, y después bajo el seudónimo del Conde Lautréamont. Se sabe que envió un ejemplar a su padre, quien no encontró muy placentero el libro. Escasamente se vendió en el momento y hasta hubo un punto en el que fue retirado de los estantes por considerarlo poco apropiado. Sin embargo, si revisamos la historia de la literatura, esto es hasta cierto grado normal. Los cantos de Maldoror es un libro adelantado a su época, y es probable que aún tenga mucha resistencia con algunos lectores actuales, porque plantea otra idea de lo literario, ya no como mero entretenimiento, sino como una herramienta para explorar lo humano. Gran parte del arte y la literatura del siglo XX se desarrollaría bajo esta premisa. Ducasse fue un precursor en ese aspecto. El libro, al cabo de la muerte de su autor, fue olvidado hasta que unos años después encontró lectores más propicios.

En cambio, Poesíes, una colección de poemas tradicionales con metro y rima, tenía un tono completamente contrario. No se sabe la razón del cambio tan drástico. Bretón aseveraba que ambos libros debían leerse a la luz del otro.

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