La ira de Spike Lee
Cine

La ira de Spike Lee

Treinta años de habitar la crisis de raza en Estados Unidos

A principios de 2019, cuando Spike Lee no escuchó su nombre para recibir el Oscar a Mejor Película decidió abandonar la sala. Algunos medios dijeron que no logró salir por completo y otros refirieron que el director afroamericano se quedó de espaldas mientras eran otros quienes recibían la estatuilla.

La molestia del creador neoyorkino, bautizado como Sheldon Jackson, no era gratuita. La apertura para los temas raciales en Estados Unidos va en aumento pero no es suficiente, el ganador absoluto para una película que superficializa estos temas lo ha dejado en claro y la Academia mostró miedo de reconocerlo.

Además, Lee mostró rechazo debido a que es la segunda ocasión en que los votantes entregan el premio a una producción que esconde los verdaderos demonios de la dualidad racial. La primera sucedió en 1990 cuando su película Do the right thing (Haz lo correcto, 1989) perdió en la categoría a Mejor Guion Original ante un filme que toca de manera condescendiente la amistad entre un chofer de raza negra y una mujer blanca adinerada, Driving miss Daisy (El chofer y la señora Daisy, 1989). Escenario inverso 30 años después con Green Book (Una amistad sin fronteras, 2018) y su BlacKkKansman (Infiltrado del Kkklan). Aunque al menos no se fue con las manos vacías.

Spike Lee posa con su Oscar a Mejor Guion Original. Foto: EFE/Nina prommer

CRÓNICAS DE BROOKLYN

En una reciente entrevista, el director y comediante Jordan Peele afirmó que nunca tendría protagonistas blancos en sus películas debido simplemente a que “no encontraba una razón para hacerlo”. Y aunque Hollywood niegue que existan problemas raciales en la industria, también se mostró renuente a la idea.

Sin embargo, construir un casting de sólo afroamericanos sin que la película pertenezca a la corriente Blaxploitation (películas de género que retuercen el estereotipo étnico), fue un logro que Spike Lee ya había culminado en 1987, donde llevó a la pantalla la vida común de una joven de color negro en las calles de Nueva York, producción que sobresale por ser una comedia romántica y al mismo tiempo un ensayo para dar fuerza a un personaje casi extraño para la industria del entretenimiento: una mujer negra con independencia tanto económica como sexual.

Por otro lado, la segunda mitad de los ochenta forjó a uno de los íconos de raza negra más poderosos y sobresalientes del ámbito deportivo, Michael Jordan, quien en su disputa extra cancha por encontrar al patrocinador más adecuado para sus tennis, contó con Spike Lee como su realizador visual y creativo, lanzando una de las campañas duales más exitosas de la época moderna.

Ya en los noventa, entre el afable fenómeno de Fresh prince (El príncipe del rap, 1990) y la percepción violenta del gangsta rap, la cultura afroamericana fue presa de una red de prejuicios monótonos que terminó por encasillarla. Bajo esta tendencia, Lee surgió como un creador que no sólo redefinió la estética de su raza sino que revistió películas, comerciales y videoclips de elementos para apreciar una cultura rica en colores, música y sobre todo, estilo.

SUPREMACÍA NEGRA

Con Do the right thing, Spike Lee como actor y director, lanzó una contestaria visión de una sociedad racista, entornada en un barrio pobre de Nueva York en un día caluroso, donde la cotidiana pulsión de la ira culminó en un conflicto entre negros, latinos, asiáticos e italoamericanos, sectores que cohabitan en el reformado glosario de familias en Norteamérica. El filme desborda hip hop, soul y jazz, distinguiéndolo como un artista de vibrante pasión rítmica.

En sólo tres años, Lee consolidó su casa productora 40 Acres and a Mule Filmworks (40 acres y una mula), nombrada así como recordatorio de la única propiedad que el gobierno estadounidense entregaba a los esclavos una vez liberados, y de esta manera se encumbró como uno de los realizadores más prolíficos de la década de los noventa.

En 1992, para cuando Lee había estrenado un musical sobre la dinámica racista en las universidades norteamericanas (School Daze, 1988) y un drama sobre la relación de un hombre de color y una mujer blanca (Jungle Fever, 1991), trabajó en lo que sería su proyecto soñado y hasta la fecha, una de sus obras maestras: Malcolm X, un biopic que sin consideraciones retrató la vida del activista afroamericano y sus relaciones con la Nación del Islam, la sociedad negra y el Ku Kux Klan. El filme comienza con segmentos de la brutal grabación de varios policías golpeando a un joven afroamericano desarmado, para luego mostrar en primer cuadro una bandera de Estados Unidos en color negro, el eterno estado de luto y una de sus armas visuales más distintiva.

Malcolm X. Foto: IMDb

La rebelión contra el racismo sistémico y externo es un elemento que no sólo impregna sus películas, sino que ejerce cierto protagonismo adyacente, desde comentarios sutiles entre personajes hasta acciones concretas como el asesinato de una mujer u hombre afroamericano. Sin embargo, sobre todo, Spike Lee es un adorador de la cultura norteamericana y el verdadero “american dream” que fue particular en películas de la época dorada del cine de su país y como lo hizo notable particularmente en dos filmes: Summer of Sam en 1999 y 25th Hour (La hora 25, 2002), dos avistamientos hiperrealistas de la gente neoyorkina posterior a una crisis o un estado de miedo, como lo fue la presencia de un asesino serial y la caída de las Torres Gemelas.

AMOR Y ODIO

Debido a su frenético proceso de producción, Lee sufre de emprendimiento apresurado, por lo que se encamina en proyectos donde el resultado final descubre la falta de cuidado tanto en el guion como en la dirección, a pesar de ello, suele conectar batazos de manera periódica evitando caer en baches de intrascendencia, como ha sucedido con otros realizadores.

Fue así que la persona detrás del bodrio que fue el remake de Oldboy (Cinco días de venganza, 2013) y la flojísima Chi-rac en el 2015, tomó impulso y poderío social para producir la más que oportuna BlaKkKansman, filme que evocó la reciente marcha de supremacistas blancos en el estado de Georgia, una situación que de nueva cuenta hace eco en la sociedad contemporánea, vistiendo de luto por segunda ocasión la bandera de las barras y las estrellas.

Esta particularidad de afrontar temas sensibles le ha provocado más de un enfrentamiento con voces igualmente influenciadoras, como Clint Eastwood y en general toda la derecha republicana, segmento encabezado por Donald Trump, quien de manera irónica consideró el discurso de Lee en los Oscares como un mero producto del odio.

Fotograma del documental If God Is Willing and da Creek Don’t Rise y When the Levees Broke: A Requiem in Four Acts, que aborda la vida de las comunidades afroamericanas tras el huracán Katrina. Foto IMDb

No obstante, a pesar de sus encuentros tras el micrófono con las voces más conservadoras de su país, Lee es una imagen que aboga por el derecho de las comunidades afroamericanas menos favorecidas y que ha retratado en la dupla de documentales When the levees broke (2006) y en If God Is Willing and da Creek Don't Rise (2010) que abordaron las consecuencias de la crisis humanitaria tras el huracán Katrina.

Es precisamente la disyuntiva entre el “amor y odio” que también existe en sus filmes, el dilema de la libre elección, la cual no es inherente de las razas, sino del respeto por el otro, hacer lo correcto. Un día después de la entrega de los Oscares, Lee publicó un video donde viste la playera de su nueva producción Da 5 bloods, en la que retoma un tema que abordó años atrás en Miracle at St. Anna (2008): el envío de hombres negros al frente de batalla, tomando esta vez la batuta de la nueva generación de creadores afroamericanos que revisten el conservadurismo de ritmos y colores. Otra vez, la bandera norteamericana está por pintarse de negro.

Spike Lee y el actor John David Washington en el rodaje de Blackkklansman. Foto:EFE/David lee

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