¡Me dijeron jubilada!
Nuestro mundo

¡Me dijeron jubilada!

Hace días fui al supermercado, a las ocho de la mañana de un domingo, como te podrás imaginar a esa hora sales como Dios te da a entender, un regaderazo, ropa deportiva, lentes oscuros y tan tan. La verdad que para quienes trabajamos es la mejor hora de ir a hacer la compra, no hay gente, los pasillos son para ti, puedes bobear un poco sin molestar a nadie.

Fui a pedir algo de jamón de pavo para los sándwiches que siempre rescatan, era la dueña de todo ese espacio, de pronto una persona a la que vi de reojo, me recordó que estaba equivocada, era un señor al que consideré mayor quien se paró justo junto a mí, en ese momento me disgustó su cercanía, habiendo tanto lugar, no entendía por qué estaba invadiendo mi espacio vital.

La señorita detrás de los refrigeradores, ya cortaba mi producto y el señor al que llamaré “Azul”, porque traía una camiseta de ese color, voltea y me dice: “No pues usted tiene pinta de rica, me paro a un lado para ver si me atienden también”. Volteé y me reí porque me pareció absurdo lo que escuchaba, como iba sin gota de maquillaje, ojera al descubierto y la camiseta mal puesta, no me hacían ningún favor y así se lo expresé.

Luego “Azul” se descose y me noquea con lo que me suelta: “seguro usted ya esta jubilada”. ¡Qué! Volteo fuera de mí y le digo que cómo osa hacer una afirmación de ese carácter, sin conocerme, sin reparar que mis tratamientos antienvejecimiento sí han dado resultados. Me retiré en cuanto pude de ahí, con mi ego desinflado y con una lagrimita de Remy rodando por mi mejilla.

¡Me habían dicho jubilada! ¡Ganas tengo y años también, aunque me cueste reconocerlo! Cómo pude recuperé la vertical y caminé lo más derecha posible, sumiendo la panza, batiendo el cabello, aligerando el paso, todo para convencerme a mí misma que estaba muy lejos de eso que había creído “Azul” de mí.

Pagué mi compra y me fui a casa, desempaqué y de inmediato salí a trotar a mi querida colonia, ni las canciones que escuchaba a través de mis audífonos distrajeron las emociones que me había provocado el incidente mañanero. Sí, está bien, ya sumo años pero yo no me veo como ese señor metiche pretendió decirme, sí, está bien, tengo algunas arruguitas pero a mí me dijo un día un médico que era porque mi piel era muy femenina, que estaba llena de estrógenos y por eso era más delgada de lo común.

Sí, está bien, pero aguanto más que muchos jóvenes, ya quisieran algunos tener mi flexibilidad, sí, está bien, pero me veo mucho mejor que otras que tienen mi edad.

¿Cuántos años tengo? Es una pregunta frecuente, y mi respuesta siempre había sido los que me calcules, ¡ya no podré responder eso! Me están calculando más años de los que tengo.

Terminé mi marcha y llegué a casa agotada por las experiencias vividas, por los pensamientos recurrentes en torno a la edad, me di un baño y me eché a la cama. El mejor dormir para mí, es el que se presenta los domingos con la televisión prendida y sin el apuro de salir. Al despertar, tenía claro que somos ilusos cuando pensamos que sólo a los demás se les nota la experiencia acumulada, que la juventud no es eterna, que llegará un momento, tarde o temprano, que a pesar de las cirugías y el botox se notará lo que has vivido, que es una etapa distinta pero hermosa porque es el tiempo de la libertad, de la verdadera libertad.

Fantaseo con la posibilidad de tener menos años, pero conservar la manera en que hoy pienso, los afanes que hoy tengo, las amistades que me acompañan, las emociones atemperadas, la aceptación de lo que se presenta, la intuición desarrollada, el agradecimiento, las ganas de aprender, la necesidad de sostener a quien lo requiere, la vida en el presente.

Todo tiene su espacio y su momento y aunque nos parezca increíble, así como pasan las cosas es perfecto, tal vez quisiéramos hacer de lado las malas experiencias, pero entonces no seríamos humanos, seríamos cualquier otra cosa. La pre vejez y la vejez en sí son la preparación para el desprendimiento, para soltar el cuerpo físico y convertirnos e integrarnos a un todo que no tiene límite.

Por eso cuando me veas, no me digas que me veo increíble o cosas de esas, dime que te da gusto que este viva y será la vida lo que celebre en lugar de los cumpleaños.

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