Magalí Arriola
Entrevista

Magalí Arriola

Crítica de arte y curadora independiente. La mexicana Magalí Arriola trabajó durante más de tres años en la Fundación Jumex Arte Contemporáneo, donde estuvo a cargo de exposiciones de artistas como James Lee Byars (co-curada con Peter Eleey y co-producida con MoMA-PS1), Guy de Cointet y Danh Vo, así como exhibiciones colectivas con piezas de la colección. Fue curador en Jefe del Museo Tamayo entre 2009 y 2011, con exposiciones y proyectos de artistas como Roman Ondák, Joachim Koester, Claire Fontaine, Adriá Julia y Julio Morales.

Entre sus proyectos independientes destacan El dulce olor a quemado de la historia, (octava Bienal de Panamá, 2008); Prophets of Deceit (Wattis Institute for Contemporary Art, San Francisco, 2006); What once passed for a future, or The landscapes of the living dead (Art2102, Los Angeles, 2005); Cómo aprender a amar la bomba y dejar de preocuparse por ella (CANAIA, México DF/Central de Arte at WTC, Guadalajara, México, 2003-2004); Coartadas (Instituto Cultural de México, Paris/Witte de With, Rotterdam, 2002). De 1998 a 2001 fue curador en jefe del Museo Carrillo Gil en la Ciudad de México, y fue curadora invitada del Wattis Institute for Contemporary Art en San Francisco en 2006. Magalí ha escrito para libros y catálogos, y colaborado para revistas como Mousse, Manifesta Journal, Afterall y The Exhibitionist, entre otras.

Dialogamos con la curadora mexicana a propósito de la obra Actos de Dios, del artista mexicano Pablo Vargas Lugo, una instalación que representará a México durante la 58 Bienal de Venecia, que será inaugurada el próximo mes de mayo en uno de los foros internacionales más importantes para el arte contemporáneo y cuya filmación se realizó en el Pueblo Mágico de Cuatro Ciénegas, Coahuila.

¿Qué tan difícil es el proceso curatorial de una obra que representa a México en Venecia?

En cuestiones de trabajo curatorial depende mucho del tipo de proyecto, el primero que trabajamos nosotros fue una exposición de Pablo en el museo Carrillo Gil de la Ciudad de México, como a mitad de su carrera. Realmente fue hacer una selección del trabajo que ya existía, y creo que en aquella época trabajamos literalmente con tres pesos, si recuerdo bien. Digo, obviamente son pesos de aquella época, pero el presupuesto era de seis mil pesos, a esos niveles. Nos subimos Pablo y yo en una camioneta y fuimos a recoger obra en Guadalajara, que es donde estaban la mayoría de los coleccionistas, y yo creo que se produjo una pieza o dos quizá, pero era realmente poco y de un escultor.

La curadora Magalí Arriola y el artista Pablo Vargas Lugo. Foto: El Universal/Berencie Fregoso

Este tipo de curaduría es completamente diferente: uno, por las dimensiones del proyecto, y dos, porque todo es producción nueva, entonces partimos de la idea original del artista, que nació cuando tenía como veinte años y desde ahí empezamos un trabajo de interlocución y retroalimentación. Él me da una idea o yo se la arrebato o se la complemento; él me dice que no y yo argumento por qué. Es como realmente se ha ido construyendo la propuesta, y bueno, cada quien aporta su punto de vista, los pro y los contras, todo en relación a muchas cosas. No sólo en cuestión de producción en términos de financiamiento, por aquí o por allá, sino que también cómo se contextualiza, en relación a qué, es decir, una cosa es exponer en el museo Carillo Gil en la Ciudad de México, otra cosa es exponer en la Tallera en la ciudad de Cuernavaca y otra es exponer en la Bienal de Venecia.

¿Dónde está el reto principal?

El contexto que tienes alrededor en Venecia es completamente diferente. Los interlocutores no son sólo a los que ya estás acostumbrado en la Ciudad de México, que es la escena física local. La Bienal de Venecia es tener todo un contexto aparte. Cuando originalmente presentas el proyecto te piden que respondas de alguna u otra forma, no es que forzosamente te tengas que adecuar al planteamiento de la exposición central, pero sí un poco estar en diálogo con eso.

Hay muchos factores que tomar en cuenta que son los que permiten precisamente acotar la pieza, contextualizarla. Es como echarle distintas gotas de agua y distintos elementos que van a permitir que la pieza crezca hacia distintas direcciones y que tenga otros tipos de reverberaciones. Esa es mi visión como curador, decir “si tú como artista sólo respondes a tus propios impulsos y premisas, acabas en un diálogo de sordos que no va a tener mucha repercusión”. Es, decir tienes que ver más allá de todo lo que tienes como artista, y como curador también, aunque son dos actividades diferentes vienen de un mismo lugar. Cada quien tiene sus formas de pensar, pero vamos, si tú y yo no tenemos un punto en común para dialogar, no vamos a llegar a ningún lado.

¿La química además debe notarse en la obra y su contexto?

Como artista y como curador tienes que estar al pendiente de esa química con el mundo exterior. En proyectos como este debes tener esas antenas bien puestas para que tenga un impacto y una interlocución con el estado de Coahuila.

Conferencia con Magalí Arriola en SOMA México. Foto: SOMAmexico/Twitter

Desde aquí estamos trabajando con la escena artística de México, pero también con el contexto internacional, porque si no realmente es como aventar una piedra al vacío y realmente no va a haber ningún eco. Es lo que hay que cuidar mucho, y a mí lo que me parece interesante es precisamente este tipo de ecos y de discusiones que puedas provocar, porque si no yo creo que todo esto sería muy aburrido. Este tipo de discusiones es lo que va a provocar que la pieza tenga algún impacto y que realmente se vuelva sabroso, tanto el proceso de producción como el proceso de recepción, los cuales son momentos distintos.

¿Fue arriesgado entrarle a un soporte nuevo?

La propuesta tiene un soporte interesante, vanguardista, porque me imagino que en la Bienal mucho de lo que se va a presentar tiene que ver con soporte audiovisual, lo que también es voltear a ver la nueva era, pero también lo que está haciendo Pablo como artista contemporáneo mexicano, reitero, porque además se van a presentar muchos artistas contemporáneos de todas partes del mundo.

Es decir, qué tipo de diálogos puedes provocar o quieres provocar, ya que son dos cosas diferentes y no tienes el control de ninguna de las dos, pero sí puedes aventar las perchas y hay maneras de hacerlo. Yo creo que unas son más pertinentes que otras, hay maneras más interesantes o más convencionales que otras, y más en un tema tan específico como este.

Utilizando elementos de una puesta en escena ¿cómo le haces para que no se vuelva una pastorela?

Creo que es interesante la curva, porque también es un tema universal, entonces permite una lectura interesante, una película, religión, historia. Creo que ahí es donde tienes que estar todo el tiempo, uno avienta una idea y hay que estarla como cachando, es un estira y afloja. Creo que lo más sano ha sido meter a un montón de interlocutores, porque si te vas dando cuenta, me parece que la prueba y ensayo es la única manera donde uno puede entender qué es lo que está pasando ahí afuera, hablando con los demás; el mito del artista genio ya no existe. Tú puedes estar haciendo tus dibujitos, digo, habrá quien esté haciendo cosas increíbles, pero realmente pienso que para que esto tenga algún tipo de relevancia y de pertinencia, tienes que estar probando que haya alguien allá afuera que te conteste y te esté remitiendo y echando la bolita, entonces, eso ha sido una parte muy linda de todo el proceso entre él (Pablo, artista) y yo (Magalí, curadora); además hemos estado sumando un montón de gente. También es el tipo de proyecto, el cual es una filmación.

Ovipositor/Labor, obra de Pablo Vargas Lugo. Foto: Cortesía Art in Spaces/whitebalance.com.mx

Tener muchas voces también es arriesgado...

Claro, es un reto escuchar al de vestuario que de repente te dice "la idea que tú tienes sobre esto no sirve"; luchar contra las reverencias universales sobre todo porque Actos de Dios ya para empezar tiene un título fuerte porque es Dios, no estás diciendo cual Dios, y también que el espectador se reencuentre con su concepto de una manera reflexiva. También ha sido natural la forma en la que nos hemos encontrado en este proyecto. Porque trabajar con un curador que apenas es la primera vez que trabajas, es más arriesgado, acá algo muy importante es que decides como curadora que te avientas un "tirito" y no estás trabajando con cualquiera. Porque además este tipo de proyectos con el alcance que tiene pasa una vez. Es una experimentación que tiene que salir a la fuerza.

Y la integración regional, con todos los que se involucraron ¿cómo estuvo?

Fue sorprendente, más porque el escenario de Cuatro Ciénegas es mágico por naturaleza, y siempre que se apuesta por un trabajo, se tiene que contar con el apoyo de quienes están tras telones y quienes participan directamente. Por ejemplo, los actores entendieron muy bien cuáles eran las necesidades del proyecto, aportaron desde su lugar. Pero además también participó mucha gente en el área de vestuario, de la propia filmación, y eso enriquece el diálogo porque a fuerza tienes que escuchar y ver el trabajo de todos los que participan, más porque el escenario es casi como un mismo protagonista de la obra. La verdad fue muy enriquecedor trabajar en un lugar de México que tiene historia. Pablo desde un inicio realizó una lectura propia del lugar donde iba a narrar su historia.

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