El estigma de ser diferente
Sexualidad

El estigma de ser diferente

Violencia en las terapias de conversión sexual

En 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) decidió eliminar la homosexualidad del Manual de Diagnóstico de los trastornos mentales (DSM) e instó a rechazar toda legislación discriminatoria en contra de la comunidad homosexual.

Posteriormente, el 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) excluyó la homosexualidad de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud. Ambas decisiones se basaron en una completa revisión de la producción científica existente.

A pesar de todo ello, parecen persistir tratamientos que prometen “curar” la homosexualidad con las llamadas “terapias de conversión”. Ante esto, la postura adoptada por la APA en 2009 declaraba del todo inadmisible que los profesionales de la salud mental indicaran, instaran o hicieran creer a sus pacientes que es posible modificar su orientación sexual y convertirse en heterosexuales mediante algún tipo de intervención terapéutica o tratamiento.

Dicha declaración tiene como base 83 estudios acerca del cambio de orientación sexual que llevan a concluir que no existe ninguna evidencia científica de que una persona homosexual pueda dejar de serlo, más bien por el contrario, los fallidos esfuerzos por conseguirlo suelen derivar en problemas de ansiedad, depresión y suicidio.

Foto: Latuff

¿En qué consisten?

A principios del siglo XX, cuando la homosexualidad era considerada como una enfermedad mental, se llevaron a cabo varios métodos que prometían curar una condición que era catalogada como un padecimiento y no como una orientación sexual.

Uno de los intentos más extravagantes por dar una cura salió del endocrinólogo austriaco Eugen Steinach, nominado en seis ocasiones al premio Nobel. En los primeros años del siglo XX, propuso trasplantar los testículos de un hombre heterosexual al escroto de un homosexual.

También se encuentran los tratamientos religiosos en que las terapias incluyen rezar oraciones y consumir medicamentos. Por ejemplo, la ingesta de 75 miligramos de Ludomil al día y 20 miligramos de Dogmatil, que son utilizados para tratar desórdenes neurológicos o psicológicos.

Otro tipo de tratamiento fue el de aversión, el cual consistía en inyectar al paciente grandes cantidades de adrenalina y una vez que ésta le provocara un miedo extremo, proyectar entonces imágenes de contenido homoerótico para provocarle rechazo a las mismas. Otro fue la castración química, que a pesar de que es un método prohibido, se tiene registro del uso de inyecciones o la ingesta de medicamentos que disminuyen la producción de hormonas y por lo tanto la libido natural.

También se encuentra la aplicación de inyecciones intramusculares, usualmente empleada para tratar cáncer y padecimientos relacionados con el sistema reproductivo.

Asimismo, las pláticas y terapias, promovidas principalmente por instituciones y organizaciones religiosas, en ocasiones se realizan con el consentimiento de los asistentes, pero muchas veces son disfrazadas de terapias psicológicas o de autoayuda, cuando en realidad son ponencias de conversión sexual.

Foto: apotheke.com.ua

TERAPIAS EN MÉXICO

Felipe Gaytán Alcalá, doctor en sociología por el Colegio de México, dice que las terapias de conversión en el país abordaron más el tema de la culpa y la utilización de medicamentos placebos.

Señaló que en el siglo XX no existía una clínica establecida que curara la homosexualidad en México; sin embargo, al país llegaban franquicias de médicos que promovían el tratamiento por una temporada y que después regresaban a Estados Unidos.

Señaló que pocas veces se utilizó la violencia física en esta clase de procesos, pero que, a través de un sentimiento de inferioridad, se reconstituía al individuo como persona moral cuando renegaba de su orientación.

La brutalidad de las clínicas de “conversión” para homosexuales en Ecuador. Foto: Paola Paredes

Robert Galbraith Heath aplicando un electroshock a una mujer lesbiana. Foto: elespanol.com

CLIENTES DEL MÉTODO

La mayoría de las ocasiones, quienes hacen uso de estos métodos no lo hacen por voluntad propia, sino porque son obligados y sometidos a hacerlo.

Sin embargo, sí existe un número de personas que acude por interés personal, pero impulsado por el rechazo familiar o social y la discriminación que todavía se vive hacia la comunidad LGBT.

Existen ya varios casos en la historia reciente de personas que fueron inducidas a este tipo de terapias y que acabaron perdiendo cientos de miles de dólares. En 2012, un hombre estadounidense demandó a un “terapeuta” por fraude: utilizaba su debilidad emocional para aprovecharse de ellos, los humillaba, los desnudaba e incluso llegó a obligarles a pegar a imágenes de sus madres para buscar la cura.

Toda una lista de acciones que acabaron por romperles por completo psicológicamente, ya que no avanzaban en lo que de verdad importaba: que se aceptaran como eran.

John J. Smid, el pastor que “curaba” la homosexualidad, pero se enamoró de un hombre y se casó con él. Foto: desastre.mx

Actualmente, sólo tres países tienen leyes explícitas que prohíben realizar estas prácticas: Brasil, Ecuador y Malta.

En México, el pasado 4 de octubre de 2018, senadoras de diferentes grupos parlamentarios presentaron una iniciativa para penalizar las prácticas que pretenden corregir la orientación sexual de las personas, misma que se turnó a comisiones para su dictaminación.

De acuerdo con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, existe violencia contra personas de la comunidad LGBT, o personas percibidas como tales, especialmente niños, niñas, adolescentes y jóvenes, dirigida a intentar modificar su orientación o identidad de género, a través del sometimiento a las llamadas “terapias de conversión”. Diversos actores han presentado iniciativas legislativas para reformar el Código Penal Federal y la Ley General de Salud, a fin de prevenir y sancionar estas prácticas.

Muchos se acercan a este tipo de terapias debido a las fuertes presiones que reciben en su entorno y al rechazo a su orientación sexual. Es mucho más probable que aquellos entornos que consideran la homosexualidad como una enfermedad mental o un pecado, ejerzan un mayor nivel de presión, pudiendo favorecer la génesis de conflictos internos, tal como la homofobia interiorizada, que coloca a quienes la sufren en una situación de mayor vulnerabilidad frente a quienes ofrecen soluciones falsas, milagrosas y evidentemente ineficaces.

El Consejo General de la Psicología recomienda intervenir en el sentido de la aceptación de la homosexualidad como forma de eliminar el conflicto interno, de manera que las personas vivan integrando su orientación de una forma asertiva.

Detrás de las terapias de conversión sólo hay ideología; los motivos para estigmatizar a las personas LGBT nunca son científicos. Cuando la ciencia estudia la transexualidad y la homosexualidad, es para ampliar los conocimientos sobre la naturaleza humana, no para modificar arbitrariamente la conducta y la identidad de las personas.

Bandera LGBT presente en una manifestación en Ciudad de México en la que exigieron justicia por los muertos y desaparecidos de su comunidad. Foto: EFE/Mario Guzman

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