Arquitectura gótica
Arquitectura

Arquitectura gótica

Torres que intentan llegar a Dios

La arquitectura gótica logra una marca bastante reconocible de un momento histórico, un paso de la humanidad y de su evolución.

Es impresionante ver lo que se lograba en esa época a nivel estético y técnico, siendo que otras disciplinas como la pintura y la escultura no se encontraban tan desarrolladas en estos sentidos. Que el gótico se encontrara después del auge románico y antes del importante periodo renacentista y barroco, hace pensar que era una etapa de efervescencia en que se estaba gestando la transición hacia un arte complejo y de alto nivel técnico.

Importantes estructuras alrededor del mundo se comenzaban a erguir para dar lugar a catedrales altas y dotadas de infinidad de detalles ornamentales. El estilo surge en el siglo XII, durante la alta edad media en Francia.

Se distingue por ser una especie de evolución de la arquitectura románica de procedencia latina y oriental, un estilo que buscaba ser equilibrado y armónico en sus valores estéticos, donde el ornamento no se anteponía por sobre los elementos constructivos.

En el caso del gótico, lo que ocurre es que hay un claro interés en lo ornamental y hasta subyace un carácter megalómano. Debido a que surge en una etapa en que las ciudades vuelven a presentar comercios sumamente redituables que las enriquecen y vuelven a ser destinos destacados, hay un crecimiento y distinción, y por lo tanto la amplitud y complejidad de edificios importantes (en este caso los religiosos) toman relevancia y dominan el espacio.

Catedral de Chartres. Foto: epilaarte2.blogspot.com

CONSTRUCCIONES

Sin embargo, es cierto que no por eso debe tomarse como exclusivo de las estructuras religiosas ni como una simple representación de este poderío; palacios, hospitales, castillos entre otras con fines económicos, políticos y militares se suman. Es por eso que el gótico debe tomarse más como algo propio de un momento histórico y sociocultural, de un tipo especial de idiosincrasia un tanto optimista y de una idea de progreso.

La primera de este tipo de estructuras fue la abadía de Sens. Aunque no encaja perfectamente con la entrada de la etapa, fue sin duda la que impulsó la construcción de la Catedral de Reims, la de Bourgues y la de Chartres, entre otras ya consideradas dentro de este marco.

Una de las más famosas es la de Chartres en Francia. Marcó un dominio técnico que se mostraría después en otras construcciones. Fue consagrada en el año 1260 en presencia del rey Luis IX y se encuentra a ocho kilómetros de la ciudad de París. En ella se presenta el carácter tripartita clásico del gótico: una fachada dividida en tres con dos torres y una parte central con un rosetón (una ventana circular calada y con vidrieras).

Su planta, que cuenta con cinco capillas semicirculares, tiene forma de cruz con una extensión de 28 metros y una bóveda que se alza a 36 metros de altura.

Con estas características es de esperar que haya servido de modelo para la construcción de otras catedrales que se hicieron posteriormente, como las de Reims y Amiens.

Esculturas a la entrada de la Catedral de Reims. Foto: Archivo Siglo Nuevo

UNA IGLESIA COLOSAL

Con una altura que llega a los 108.5 metros, un área de 11 mil metros cuadrados y una capacidad de 40 mil personas, la catedral de Milán es una de las más grandes del mundo. Se encuentra en Italia y data del año 1386, por lo menos como proyecto iniciado.

Está hecha con ladrillo recubierto por mármol y, como las demás catedrales, cuenta con espacios denominados naves. Estas ascienden a cinco, una central y cuatro laterales, lo que distingue de otras iglesias, que normalmente tienen tres. El espacio central y el más amplio tiene una altura de 45 metros.

Cuenta con pilares que toman mucha más presencia en toda la construcción, de modo que parece una estructura casi triangular con grandes ornamentos en punta; al menos 40 de ellos.

La gran belleza de la que está dotada es notoria también al interior, que tiene pilares de grandes dimensiones con doseles esculpidos con estatuas.

En ella se presentan también altos arcos de forma ojival y grupos de numerosos pináculos, chapiteles y cresterías, elementos que siguiendo el objetivo de encontrar nuevas alturas, se alzan con una parte superior puntiaguda. La Madonnina, una estatua dorada de Carlo Pellicani que representa la asunción de la virgen María, adorna el punto más alto.

Las bóvedas que forman el cielo raso son de crucería, lo que implica que sus aristas se encuentren.

La catedral de Milán. Foto: Get Around Italy

CAUDILLOS DE ARTE

Con los valores estéticos e innovaciones de las otras construcciones de su tipo, la Notre Dame de Estrasburgo alcanza los 140 metros de altura y data del año 1015, terminando en 1439. Una de las más conocidas, sin duda; integra elementos conocidos del gótico, desde ventanas altas, rosetón central y fachada tripartita, sólo que con una torre cargada hacia la izquierda.

A pesar de que las estructuras más conocidas y grandes se encuentran en Europa, alrededor del mundo se ubican otras no menos interesantes por su contenido, como la de San Miguel de Allende, la de San Miguel Arcángel, el Panteón Francés de la Piedad, entre muchos otros que pertenecen a un estilo neogótico, muchas de ellas en América Latina.

No es de sorprenderse que todos estos lugares resguarden además de historia, obras de las bellas artes como pinturas y esculturas que datan de muchas épocas vividas por sus sus muros, puesto que las mismas son ya una maravilla de la ingeniería y del sentido estético más elevado del medioevo y son los resultados de una evolución que, como ya se mencionó, iba camino a la Ilustración.

El pasado 15 de abril fue marcado por el suceso del incendio de la Catedral de Notre Dame en París, hecho que causó revuelo y controversia al ser comparado con otros eventos como la destrucción de mezquitas en Palestina, entre otras pérdidas arquitectónicas y artísticas.

Catedral de Notre Dame vista desde la torre de la Universidad Pierre y Marie Curie, en París, Francia. Foto: EFE/Etienne Laurent

Algo que no es fácil de denostar es que la pérdida de valores artísticos importantes es algo que resuena a pesar de la época y país, y recuerda que sucesos mucho menos fortuitos como las guerras, que destruyen productos culturales y “borran” de cierta manera su existencia, forman parte de un gesto de dominación aberrante.

PATRIMONIO CULTURAL

Hay que señalar que es hasta 1979 que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) nombra patromonio de la humanidad a la catedral de Chartres y hasta 1988 hace lo mismo con la de Estrasburgo; es así como ocurre con muchos de los tesoros que resultan del ingenio y capacidades humanos. La concepción de arte como la conocemos y de patrimonio como un valor cultural es algo relativamente reciente.

No es sino hasta 1972 que la Unesco reconoce la significación que tiene la identificación, protección y preservación del patrimonio cultural. Y es precisamente debido al interés simbólico que tiene para toda persona el hacer reconocibles las fuerzas que hacen posible la construcción y renovación.

Debido a que la obra de arte trasciende y transforma el pensamiento, propone innovaciones e inspira a continuar creando, se convierte en un producto propio de la humanidad entera que reivindica lo más rescatable de ella: la virtud, el talento y la creatividad por encima de la destrucción.

La pérdida de referentes artísticos e históricos empobrece al conjunto humano, y el mantenerse sin conmoverse ante éste y otros sucesos menos reversibles que deslavan grandes huellas culturales, implica una deshumanización a la que hay que resistirse por medio de la memoria y de la empatía.

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