La Casa Lobo
Cine

La Casa Lobo

La terrorífica e hipnótica animación que retrata la dominación

En ocasiones la creatividad hace que se concreten formas poco exploradas de exponer una misma idea, y la riqueza que surge nos hace evaluar la obra como una indudable aportación.

En el caso de La Casa Lobo, de los chilenos Joaquín Cociña y Cristóbal León, filman un proyecto en stop motion que usa la fabricación rústica de personajes de papel maché con los que escenifican un paisaje cambiante. En él cuentan una historia onírica sobre la mente y la dominación para analizar un contexto sociopolítico.

La idea de hacer una película ni siquiera estaba tan instaurada como proyecto principal, sino que de ella nacían a la par instalaciones de museo que satisfacían más a los creadores que el mismo rodaje.

Según los cineastas, al percatarse de que lo que estaban filmando funcionaba también como parte de instalaciones artísticas y al ver que mucho del material resultante no era usado para el filme pero les gustaba incluso más, decidieron llevar todos estos procesos a espacios museísticos. El rodaje fue realizado en museos de natal Chile pero también de México y otros países de América Latina y Europa, concretamente Hamburgo. De manera que tuvieron un taller ambulante por cinco años, durante los que exponían tanto su proceso creativo como sus esculturas y otras piezas.

El resultado de todo esto es una narración caótica contada mediante planos secuencia aparentes. La animación fue realizada con una factura rústica, notoriamente artesanal y con figuras de tamaño real.

Trabajo en set de La Casa Lobo. Fotos: Cartoon Brew

Su ritmo es hipnótico y su narrativa tan poco ortodoxa, que no puede adscribirse sino a un cine experimental con cierto parecido al del surrealista Jan Svankmajer. Se acerca al cuento de hadas y a lo mítico para hablar del origen de algunos problemas sociales, sin despegarse de su génesis en el comportamiento y la mente.

SURREALIDAD ENTRÓPICA

La historia nos presenta a María, quien se encuentra con dos cerditos a quienes cuida y quiere guiar para convertirlos en “seres mejores”, según explican los creadores. Conforme pasan los días, los animales se convierten en niños.

María trata de proteger a estos nuevos personajes del lobo, un ser al que todos temen y que se presenta únicamente como una voz durante muchas escenas de la película. Para no encontrarse con él, se refugian en una casa y se alimentan con lo que hallan allí, pero dificultades como el hambre y la desconfianza en las decisiones que toma la protagonista complican el destino de todos en el lugar.

En sus escenas más complejas hay movimiento de los elementos del interior del hogar, que se desmantelan u organizan conforme avanza la narración. Las paredes de igual forma se pintan con personajes cuyo siguiente movimiento se va superponiendo a la anterior imagen.

No importando mucho su continuidad lógica, los personajes aparecen a veces como juguetes de plástico con ropa de tela, o como dibujos pintados en las paredes y muebles, que se mueven como si se tratara de proyecciones o fantasmas, y por último como muñecos de papel maché.

Foto: Cultural Hater/Cortesía de la producción de Casa Lobo

Lo burdo de éstos contrasta con lo complejo de algunas escenas, donde la manipulación de muchos objetos a la vez fue necesaria para crear las atmósferas entrópicas que se presentan, y todo parece desplazarse sin sentido pero hallando su lugar al siguiente momento.

Todo esto hace posible que La Casa Lobo sea leída como una película de terror, aunque en su propósito se puede entrever algo diferente. Se envuelve en un aura de fábula sobrecojedora que no duda en usar la fantasía, como si se tratara de un cuento infantil primitivo que no intenta en ningún momento ser amable.

La inquietud producida, ya sea por la factura rústica como ya se mencionó, mostrando cinta adhesiva o plástico sin ser reticente a que se note poco cuidada, hace que se presente como una historia completamente irreal y producto del juego espontáneo de niños.

Evoca en el espectador cierta sensación de pérdida de la inocencia, tema cautivador y difícil que es tópico para mucha de la fantasía y terror en el cine. Además, durante los diálogos persisten voces extrañas que no pronuncian bien su idioma, así como susurros, sollozos y canturreos.

Este conjunto logra crear tensión en ocasiones difícil de enfrentar, pero como ya se dijo, no es el único objetivo de la película. En realidad parece que los recursos se utilizan para lograr una narrativa hipnótica cercana a la ensoñación, y debido a que este terreno no es amable ni lo infantil tiene que serlo siempre, el filme toma un camino confuso que también es bastante sugerente.

Foto: Amazon

Las tomas llevan al espectador de un momento a otro de manera pausada; los pasajes oníricos construidos advierten que uno de los temas puede ser la mente y algunos de sus procesos y dificultades.

En ocasiones las voces que se han mencionado, una de hombre y la otra de María, la protagonista de esta historia, se responden como si formaran parte de una familia disfuncional, en la que la relación es frágil y violenta. María toma decisiones que cree más convenientes y a veces fracasa, con lo que la voz masculina se enfurece e interviene para “arreglar” lo que se hizo.

Todo esto se desarrolla desde el interior de la casa que bien puede simbolizar este vínculo, pero también el mundo interior.

ESCAPAR DE LA DICTADURA

Ambos parecen pertenecer a una dualidad que forma parte de una misma mente que, como cualquiera, contiende consigo misma y trata de tomar las decisiones correctas. Si se toma en cuenta esto, los directores chilenos encontraron una manera efectiva para plantear lo que buscaban.

Y sin embargo, como ya se ha sugerido, tampoco el mundo interior es el tema central aunque sí es su medio principal. Al final las formas de dominación y lo que puede haber de subjetivo en ellas, termina siendo el tema con el que se desarrolla el clímax y el final.

Las voces mencionadas, a su vez intervienen tanto en un español extrañamente pronunciado como alemán, haciendo notar que la trama toca el tema de un proceso de colonización y de la idiosincrasia que subyace en ella.

Foto: Cultural Hater/Cortesía de la producción de La Casa Lobo

Chile vivió tortura, esclavitud, violaciones y exterminios que cohartaban tajantemente las libertades de su población y la sumían en el miedo durante las dictaduras de Paul Schafer y Augusto Pinochet; la primera en 1961 y en una población más limitada, y la segunda desde la década de los setenta hasta los noventa en todo el país. La dominación vivida en esos momentos históricos es la que se representa en La Casa Lobo.

Tanto María como el Lobo intentan tomar decisiones; María trata de transformar en seres mejores a quienes ve como cerdos, enseñarles las costumbres que ve como únicas posibles.

Los fracasos que devienen se ven con culpa, como una falta de responsabilidad cuando se trata de la voz más amable, pero también, en una especie de parte opuesta de la dominación, como una voz agresiva y mucho menos empática que podría recordar a la fuerza militar o gubernamental.

La Casa Lobo, no importando si se lee desde el punto de vista de las culpas familiares o de la colonización, es una pesadilla que habla de un paternalismo intrínseco en el ser humano. Habla de este factor y sus consecuentes acciones, donde una sociedad entera es partícipe. Es un proceso que permiten todos y al que no se le encuentran cosas que condenar, salvo cuando aparecen resultados inesperados y tanto la víctima como el victimario se reconocen parte de un sistema inestable en el que ninguno puede anteponerse como libre o más capaz.

Comentarios