Limpiar y ordenar
Nuestro mundo

Limpiar y ordenar

Nuestro mundo

Lo que es afuera es adentro, si tus emociones tienen orden, si tu espíritu ha recibido alimento, si tu mente tiene límites, es muy probable que tus relaciones sean sanas, que haya un ritmo de vida propicio para observarte y frenar tus impulsos, también es factible que en tu entorno las cosas estén en su lugar, que no escondas la basura bajo el tapete, que tires todo aquello que está caducado, que no acumules lo inservible, en dos palabras, que haya orden y limpieza en tu entorno.

Ahora que se ha puesto tan de moda las técnicas de la gurú del orden Marie Kondo, viene al caso pensar en lo que nos cuesta tener un cajón ordenado, arreglar el closet para que tengas a la mano todo lo que usas, que sepas bien a bien con que cuentas y con que no. Metaforizar estas acciones también es conveniente.

Susana es mi amiga desde que estábamos pequeñas, la recuerdo con los zapatos del colegio sin bolear, a veces se sostenía las calcetas largas con ligas porque el resorte estaba vencido, perdía todos los inviernos sus suéteres ; cuando crecimos su closet tenia miles de cosas que no se ponía, que no usaba porque nunca las encontraba, ¡claro! El caos era mucho. El coche que le compraron sus papás era la envidia de todas, poco a poco ese deseo de tener un coche igual desapareció porque el coche se convirtió en una rara combinación de closet, escritorio y bote de basura. Le gustaba pedir prestada ropa que nunca devolvía, no porque quisiera quedársela, sólo era resultado de su desatención.

Susana se casó, tuvo hijos y nunca pudo enderezar el barco del desorden. Su vida transcurría entre pañales, citas con el médico, casa, marido, etc. Su esposo le puso un ultimátum, o era más limpia o se iría, me consta que lo intentó, un día, dos y al tercero vuelta a lo mismo. Ahora comprendo que siempre se sintió muy sola, que sus padres estaban ocupados en sí mismos, que quien la atendió fue una persona ajena a quien le pagaban por darle lo elemental para su sobrevivencia. Susana sufrió mucho el abandono de ella misma, dice que aún y con todo, ha sido feliz, me quiero quedar con ello.

Tengo otra amiga a la que adoro, ella es controladora por naturaleza, puede estar hasta la madrugada acomodando cajones, poniendo en bolsas, bolsitas y bolsotas ropa, comida, enseres domésticos, etcétera. No permite que sus hijos se sienten en la cama, ella misma no lo hace, aprendió bien la lección de que las camas son para acostarse y dormir, en ocasiones su obsesión sube de tono, no puede conciliar el sueño si sabe que no puso los zapatos que se quitó en el cesto que tiene para llevarlos a su lugar, porque ella ha hecho que toda la familia se quite los zapatos en la entrada de la casa para no llevar bacterias y suciedad a los espacios, cuando recuerda que no lo hizo, debe hacerlo al instante no importa la hora que sea.

Orden, limpieza, organización, obsesión, control, desahogos, vacíos, son palabras que son comunes a un tipo de personalidad, así como lo son desorden, suciedad, desorganización, indiferencia, abandono para otro tipo de personalidad.

Quedarnos con el “así soy yo”, “no pasa nada” “si me quieren se van a acostumbrar” es derrotarse antes de empezar a ver con claridad la necesidad de encontrar un punto medio que nos haga más agradable la vida.

Si la casa huele rico pero tus emociones son malolientes tarde o temprano la incongruencia pasará la factura. La rigidez del control hace que tu cuerpo también sea rígido, que no haya flexibilidad en tus articulaciones. La soltura de dejar pasar todo, hace que te desparrames en la vida, estás disperso. La verdad es que encontrar el punto medio es como encontrar una aguja en un pajar.

Sucede que uno de los servicios en auge es el de “organizar closets, vestidores y bodegas”. Llega una persona y a su criterio acomoda, tira, moderniza, etc. Creo que es un signo de nuestros tiempos, queremos que alguien venga y nos acomode la vida, cuando no hay nada más grato que sentirte capaz de crear armonía y paz.

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