Norman Mailer, rebelde americano
Literatura

Norman Mailer, rebelde americano

El escritor como gallo de pelea

Siempre he sentido que mi relación con Estados Unidos es análoga a un matrimonio. Amo a este país. Lo odio. Me enfado con él. Me siento próximo a él. Me fascina. Me repele. Y es un matrimonio que ha estado funcionando durante unos 50 años de mi vida de escritor.

Norman Mailer

Noviembre de 1960, el escritor que a través de un texto publicado en la revista Esquire le dio el impulso necesario a John F. Kennedy para contender por la presidencia de Estados Unidos, había acuchillado a su segunda esposa Adele Morales, en lo que fue descrito como una “enorme borrachera” en la casa de ambos en Broadway y Calle 94.

Aunque Morales decidió no presentar cargos, el autor norteamericano fue internado en un centro psiquiátrico por 17 días, en donde fue diagnosticado con diversos trastornos mentales pero al mismo tiempo le funcionó para ser invitado a una entrevista en televisión al día siguiente. Mailer ya había alcanzado la fama para entonces, pero la agresión le dio latente notoriedad en programas amarillistas y prensa de farándula.

El escritor estadounidense, nacido en el año de 1923, se convirtió en un híbrido entre periodista, novelista y además, un personaje público. En 1948 publicó Los desnudos y los muertos, y por 11 semanas estuvo al tope de los libros más vendidos en la lista del New York Times. Un best seller entonces, de un autor que regresó de la guerra para comenzar a escribir sobre la naturaleza bélica de la política.

OBJETOR DE CONCIENCIA

Luego de su muerte por insuficiencia renal en el 2007, su amigo el también escritor y periodista Pete Hamill, publicó un texto sobre su relación con Mailer: lo describe como un hombre de dos personalidades tan lejanas como repletas de contrastes entre sí.

Mailer era el hombre público y Norman el privado”, sentencia desde las primeras líneas. Las diferencias radicales entre ambas acepciones de su mente se configuraban en arranques de ira de uno y momentos apacibles del otro. El borracho con acento texano de Mailer y el autor dedicado de Norman... “pero yo quería a Norman”, plasma en el texto.

Norman Mailer y su esposa Adele en la corte. Foto: Anthony Camerano/AP

El escritor norteamericano nació en New Jersey pero creció en Brooklyn y terminó por madurar en la Segunda Guerra Mundial donde fue apostado en Filipinas en la cúspide del enfrentamiento. Sin embargo, a pesar de los fragmentos combativos de su personalidad, fue una de las principales voces opositoras de las propuestas bélicas de Estados Unidos, comenzando con el hecho de que fue reclutado casi a la fuerza y así lo hizo notar desde el momento en que tuvo respuestas contrarias a sus publicaciones.

Este enfrentamiento con la política exterior de su propio país se mantuvo aún cuando Mailer se extinguió, pero la relación y los interminables pasajes de su literatura donde aborda los sórdidos personajes del gobierno estadounidense fueron el motor de sus palabras por gran parte de su carrera. La guerra sigue aunque su vida ya no.

Luego de hacerse de un nombre como un escritor redituable, comenzó con viajes hacia Europa y México donde se nutriría de cualquier corriente social y artística. Desde entonces, comenzó a explorar sus filias por la existencia creativa, confeccionando biografías de elementos trascendentes en sus propios ejes de historia: Picasso, Marilyn Monroe, Muhammad Ali y desde el otro espectro de la psique al asesino Gary Gilmore y Lee Harvey Oswald. “Los grandes egos deben ser descritos por otros grandes egos”, escribió sobre el contenido de las biografías publicadas, de nuevo asumiendo su rol de escritor como gallo de pelea.

HÉROE EXISTENCIAL

A través de tres artículos titulados Superman va al supermercado, Mailer redefinió el concepto de la personalidad política, asumiendo como al perfecto demócrata a John F. Kennedy, quien a la postre sería nombrado presidente de Estados Unidos, un hito universal y a quien el autor se refirió como un “héroe existencial”. Con este texto fueron asentadas las bases estilísticas del Nuevo Periodismo. Tiempo después, su hambre voraz por hilvanar un glosario que ayudara a entender los cambios en su tierra, lo llevó a detallar una biografía sobre su ejecutor, Lee Harvey Oswald.

John F. Kennedy,1961. Foto: EFE

Al correr de los años y ante la presencia de una nueva guerra, la de Vietnam, Mailer resurgió como un abanderado de la crítica y promotor de su propio trabajo, terminando detenido cinco días por ser de los manifestantes que irrumpieron en el Pentágono para buscar el cese al fuego. El enfrentamiento no claudicó pero Los ejércitos de la noche salió de la imprenta en 1968.

El libro describe un testimonio a manera de crónica y al mismo tiempo, un ensamble de críticas delineadas para iluminar la opinión de los parias norteamericanos, aquellos que fueron descritos por E.L Doctorow como “todos los grupos de la vieja y la nueva izquierda, hippies, yuppies, weathermen, cuáqueros, cristianos, feministas y las más variadas tribus urbanas”.

Dividido en dos partes, Sueño Americano y Por qué estamos en Vietnam, Mailer logra una inmersión total en la disyuntiva eterna de los enfrentamientos con entramado meramente político. Él, como ex infante marino y novelista, recrea la voz de un periodista que se describe en tercera persona en el lugar de los hechos, una reforma a las reglas que abrió la puerta a más trabajos posteriores y que se diría por más de un crítico literario: fue el inventor de la novela de no ficción. Fuera lo que fuera, la obra ganó el premio Pulitzer, el National Book Award y por un tiempo reflejó el alma necia de un ego incontrolable, como se describiría a sí mismo en algunos pasajes del libro: “El Príncipe del Borbón” y “La Bestia”, segmentos en los que admitió haber estado “medianamente embriagado”.

Mailer, en la edición del 75 aniversario de Los desnudos y Los muertos escribiría a manera de prefacio y casi como despedida del mundo terrenal: “¡Hasta qué punto amaba a mi país -era evidente-, y hasta qué punto me repelía! Nuestro noble ideal de democracia era constantemente difamado, mancillado, explotado y degradado por un imparable patriotismo reflejo. Y con cada década que pasa nuestra tierra más expuesta a los estragos de la codicia”.

Norman Mailer y Muhammad Ali. Foto: AP

De regreso en 1950, cuando Mailer aún no era encerrado en un centro psiquiátrico o detenido en una marcha política, se vio como una presa encantada del jazz y la cultura afromericana que reptaba por las calles escondidas de Nueva York. De estas encarnaciones de la salvaje libertad que tanto anhelaba en Estados Unidos confeccionó un detallado ensayo sobre la nueva versión del joven americano que guarda ansia por convertirse en forajido: El Negro Blanco: Reflexiones superficiales sobre el hipster.

Si el destino del hombre del siglo XX es convivir con la muerte desde la adolescencia hasta la senectud prematura, la única respuesta vivificante es aceptar las condiciones de la muerte, convivir con la muerte como peligro inmediato, separarse de la sociedad, existir sin raíces, emprender ese viaje sin mapa a los rebeldes imperativos del yo”.

El ensayo, de profunda vena romántica, describe una Norteamérica en la incandescente posguerra y con una juventud que se defendería a sí misma antes que comenzar una guerra y que poco a poco, en las ciudades (Nueva Orleans, San Francisco, Nueva York) donde surgía el aroma a mariguana, se gestarían los íconos de la contracultura: “...en sitios como Greenwich Village tuvo lugar un ménage á trois, pues el bohemio y el delincuente juvenil se encontraron cara a cara con el negro, y el hipster fue un hecho de la vida norteamericana. Si la mariguana era el anillo de bodas, el hijo era el lenguaje hip”.

CANCIÓN DE VERDUGO

Aunque el ataque a su esposa Adele Morales fue un punto de partida en su arranque como vocero de su propia imagen, también lo afectó a lo largo de su carrera. Una ocasión al postularse como futuro alcalde de Nueva York junto al editor Jimmy Breslin. Elección que perdió y que revivió uno de los episodios que recordó con mayor amargura.

Norman Mailer y Jimmy Breslin reconocen la derrota por la alcaldía de Nueva York. Foto: Ed Molinari/NYDN

A pesar de que nunca tuvo la intención de lavar su imagen en caso de ser electo funcionario, Mailer realizó campaña como lo haría en otra actividad de su carrera: como gallo de pelea. Los diálogos contra su contrincante y hasta el eslogan “No more bull” (No más mierda), enaltecían sus actitudes de bravura, además, en una ocasión destacó que “él no era bueno como los otros candidatos” pero que a diferencia de ellos “él podía probarlo”.

A través de este desarrollo de personaje se atravesó con una de las voces más críticas del establishment: Susan Sontag, quien no sólo respondió a Mailer sobre el mismo ring mediático donde solía pelear sino que lo hizo con una fuerza y perspicacia que chocaron contra los argumentos sexistas del escritor neoyorkino.

En Prisionero del sexo, publicado en 1971 Mailer, escribiendo en tercera persona, despotricó contra la feminista punta de la segunda ola del feminismo Kate Millet, a quien llamó “una vaca gorda” a causa de sus ideas y críticas contra el material que él publicaba. La confrontación provocó en Sontag la necesidad de pararse ante la causa y sumarse a la lucha de sus colegas.

La lucha se realizó en una mesa redonda donde se encontraban todos los peleadores desde su esquina. La escritora recriminó además la manera en que, tanto Mailer como la mayoría de los medios y escritores hombres, se referían a las mujeres que se dedicaban a la literatura, cambiando el ‘lady’ (señora) por ‘woman’ (mujer) escritora. Sontag mantuvo una serie de publicaciones en medios para responder como Norman solía hacerlo: mediante la palabra impresa y el intercambio frente a frente en paneles públicos, otra práctica intelectual que terminó bajo el desdén de las redes sociales.

Sin embargo, las ideas patriarcales de Norman Mailer en sus textos bajaron de tono, pero su vida privada en ocasiones fue lo que más alimentaba la fuerza de su nombre en la prensa. Se casó en seis ocasiones y tuvo nueve hijos, uno de ellos adoptado de manera informal. Tuvo la idea de vivir con todos sus hijos y familia en una gran casa, donde él fuera su pilar.

Norris Church Mailer, actriz, modelo, autora y pintora, con Norman Mailer. Sería su sexta esposa. Foto: nytimes.com

A pesar de terminar cinco matrimonios de forma complicada, Hamill describió a Mailer como un hombre cariñoso en la privacidad y de cierta forma alimentó la carrera de sus exesposas aunque su ego terminara en algún momento por inmiscuirse. Por otro lado, sus novelas como Los tipos duros no bailan (1984) reflejaron dos temas arraigados tanto en su ficción como en ensayos: la violencia contra la mujer y la homosexualidad no explorada por el hombre macho contemporáneo.

Entre las anécdotas que Pete Hamill recoge en su texto, desde la esquina de su amistad, lo descubren como un hombre que vivió los excesos y la experimentación sexual de la mano de mujeres y hombres por igual.

El segundo episodio de su carrera, que lo llevó hacia la reclusión y la vergüenza pública provino directamente de la tendencia del Nuevo Periodismo de perseguir el crimen verdadero para llevarlo a sus páginas. Lo hizo con La canción de verdugo (1979) cuando se adentró desde distintas perspectivas en la vida del asesino convicto Gary Gilmore, quien posteriormente murió bajo la pena de muerte en el estado de Utah, Estados Unidos.

Como un pensador etiquetado como “conservador de izquierda”, no aprobó en su momento la pena de muerte y las condiciones del sistema penitenciario norteamericano. En lo que fue posiblemente un acto de redención, entabló una amistad epistolar con Jack Henry Abbott, mensajes reunidos en su libro En el vientre de la bestia (1981) y al que el periodista escribió una introducción. La publicación de la obra ayudó a que Abbott saliera de prisión antes de tiempo. De sus 31 años de vida, 22 los había pasado encarcelado, pero bajo los ojos de redención de Mailer, era un hombre listo para recibir la transformación. En menos de seis semanas volvió tras las rejas luego del asesinato de un mesero, a quien acuchilló en varias ocasiones. En 2002, Jack Henry Abbott se quitó la vida adentro de su celda.

Mailer anuncia su demanda contra el New York Post por relacionarse con los crímenes de Abbott. Foto: Bettmann

Dos años antes de su muerte, en el 2005, Mailer aguardaba junto a dos bastones la firma del contrato para ceder su archivo personal a la Universidad de Texas, sufre de artritis y de cansancio crónico, tiene 82 años y voltea hacia su sexta esposa, la pintora Norris Church Mailer: Si me ofrecieran una silla de ruedas, la rechazaría. Lo sabes, ¿verdad?".

Finalmente, en el 2007, el autor que escribió su propia versión de la historia bíblica (El Evangelio según el hijo, 1997) debido a que el original no le pareció convincente, murió a causa de una falla renal. Desde entonces, varias publicaciones de su archivo de 45 mil cartas se han puesto en circulación, el último round de un autor con aires de forajido.

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