La revaloración de un artista underground
Arte

La revaloración de un artista underground

El enfant terrible del arte norteamericano

Durante la década de los ochenta apareció una nueva enfermedad que propagó temor a nivel mundial. El VIH/Sida, muy pronto, se convirtió en una epidemia feroz. Además, contribuyó a que la comunidad gay fuera todavía más atacada y marginalizada, pues el virus de reciente aparición era visto como un padecimiento que afectaba sólo a las personas homosexuales. Por si esto fuera poco, en Estados Unidos, el presidente en turno era el conservador Ronald Reagan, cuya postura ante la enfermedad fue de indolencia.

La apatía del gobierno estadounidense fue tal que, como se aprecia en audios incluidos en el documental When AIDS Was Funny (Cuando el VIH/Sida era gracioso), de Scott Calonico, el secretario de prensa de Reagan, Larry Speakes, solía bromear con los reporteros acerca del tema. En las grabaciones, además, se escucha cómo Speakes niega categóricamente saber algo respecto al SIDA.

Fue en este contexto que el artista y activista gay, David Wojnarowicz, desarrolló una obra abundante, contestataria y polifacética. Pese a la calidad y relevancia de su trabajo, fue ignorado por un largo periodo. Hasta hace relativamente poco se ha comenzado a reconocer su legado.

Sin título, obra de Wojnarowicz en la muestra de arte Art Basel in America, Miami Beach, 2015.

CERCA DE LOS CUCHILLOS

David Michael Wojnarowicz nació en Nueva Jersey, Estados Unidos, el 14 de septiembre de 1954. Tuvo dos hermanos mayores. Desde temprana edad se enfrentó a la adversidad. Su padre, Ed Wojnarowicz, era un marinero alcohólico que maltrataba física y psicológicamente a su esposa e hijos. Por su parte, Dolores McGuiness, la madre de David, era negligente. Mostraba desinterés por el futuro artista y sus hermanos. En cambio, prefería pasar el tiempo con sus amantes. Lo inevitable terminó por suceder: los progenitores de David se divorciaron. Tras la disyunción del matrimonio, Dolores se quedó con la custodia de los niños y se los llevó a vivir a Nueva York.

Fue ahí, en la gran manzana, donde Wojnarowicz explotaría sus dotes como artista. Pero antes de eso se introdujo en los bajos fondos de la ciudad. Cabe señalar que el Nueva York de aquel entonces era muy diferente, pues adolecía de una grave inseguridad. Los crímenes raciales y contra personas homosexuales todavía eran muy comunes.

Para Wojnarowicz, el vagabundeo por los lugares más sórdidos se hizo habitual. A los doce años, un hombre le pagó por tener sexo con él. Así fue como empezó a prostituirse. También se inició en el mundo de las drogas a temprana edad, convirtiéndose la heroína en su principal adicción. Su caótica vida adquirió sentido hasta que el arte se cruzó en su camino.

Esto ocurrió gracias a que cursó estudios en la High School of Music and Art de Manhattan, aunque nunca se graduó. Pese a ello, desde entonces, ya era notorio que su mente rebozaba de ideas por ser expresadas. En su libro Close to the Knives: A Memoir, escribió: “El infierno es un lugar en la Tierra. El paraíso es un lugar en tu cabeza”. Estas palabras parecen hablar de su situación. Sobre cómo se encontraba sumergido en un ámbito decadente, pero en su interior había una creatividad efervescente.

Arthur Rimbaud in New York (baldosas, pistola),1978. Foto: Art Basel

La obra de Wojnarowicz es impetuosa y desparpajada. A lo largo de su carrera trabajó con desenfado en diversas áreas artísticas: literatura, música, cine, pintura, dibujo, performance y fotografía. Su primer escarceo creativo se dio con la formación de la banda post punk 3 Teens Kill 4, que llegó a publicar el EP No Motive.

Más adelante experimentó con la fotografía. Fue entonces que creó una de sus primeras obras significativas. Se trata de una serie de fotos en las que captó imágenes de sus amigos posando en las calles de la ciudad usando caretas del poeta y enfant terrible, Arthur Rimbaud. El joven escritor francés era admirado por Wojnarowicz. No es de extrañarse: Rimbaud también fue un artista precoz con una trayectoria vital conflictiva.

FUEGO EN MI VIENTRE

Pese a lo antes dicho, Wojnarowicz entró de lleno a las artes visuales hasta que conoció al reputado fotógrafo Peter Hujar, quien sería una de sus grandes influencias y, a la postre, su amante. Fue gracias a Hujar que exhibió su obra por primera vez.

Las fotos de Wojnarowiz, en su mayoría en blanco y negro, muestran una amplia diversidad de escenas. Algunas son imágenes melancólicas de sus allegados. Otras, en cambio, son más viscerales, como el autorretrato en el que aparece con los labios cosidos. Unas más son paisajes con elementos inusitados, como un despeñadero por el cual cae un grupo de búfalos. Por último, están aquellas que escapan a la fácil clasificación y que fueron manipuladas con diferentes técnicas.

Buffaloes, 1988. Foto: Cortesía David Wojnarowicz/Gracie Mansion Fine Art

Las pinturas y el street art del multifacético artista, por su parte, son ricas en color y claras herederas del pop art. En esta vertiente de su trabajo expuso con más claridad temas sociopolíticos que tanto le preocupaban. Es aquí donde vemos un claro desafío contra la autoridad.

Aunque toda la obra de Wojnarowiz refleja aspectos autobiográficos, es en la literatura donde podemos acercarnos más a su persona y pensamiento. Su bibliografía es amplia, pero son tres los libros escenciales: Weight of the Earth, Memories That Smell Like Gasoline y el ya mencionado Close to the Knives. La escritura de Wojnarowicz es difícil de encasillar en un solo género. Su prosa, fragmentaria, se mueve entre las memorias, la narrativa, la poesía y el ensayo.

Sus textos han sido comparados con los de William Burroughs, Jean Genet y James Baldwin. En ellos, el lector se encuentra con palabras demoledoras, sin concesión. En Close to the Knives, por ejemplo, escribió: “Quiero vomitar porque se supone que, silenciosa y cortésmente debemos crear un hogar en esta máquina de matar llamada América. Y pagar impuestos para financiar nuestro propio lento asesinato. Y estoy sorprendido de que no estemos corriendo en las calles desesperadamente. Y que todavía seamos capaces de gestos de amor después de una vida de todo esto”. El trabajo de Wojnarowicz es tan extenso que un repaso minucioso del mismo requiere de más espacio. Baste añadir su labor en el terreno del cine experimental con cortometrajes como Fire in my Belly, Heroin o The Beautiful People. Peter Hujar falleció el 26 de noviembre de 1987 a causa del Sida. Fue un duro golpe para Wojnarowicz, quien tomó una fotografía de su compañero muerto. La imagen de Hujar, con la barba crecida y la boca entreabierta, como si durmiera, es tan conmovedora como descarnada.

Peter Hujar, 1986. Foto: Peter Hujar/LLC

Wojnarowicz murió el 22 de Julio de 1992, igualmente a causa del Sida. Apenas tenía 37 años. Si bien abordó en su obra la problemática de la enfermedad que lo mató, Wojnarowicz también se destacó como un activista que nunca se contuvo a la hora de señalar la apatía del gobierno ante la epidemia del VIH/Sida.

El arte de Wojnarowicz ha sido revalorado en nuestros días. Pero además, su espíritu insumiso es más relevante que nunca en Estados Unidos. Esto debido a la política ultraconservadora del presidente Donald Trump, quien ha mostrado desdén hacia a la comunidad LGBT+. Conviene traer a colación una de las frases de Wojnarowicz: “La historia me mantiene despierto de noche”. La historia, pletórica de injusticias que parecen repetirse.

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