El paraíso perdido
Opinión

El paraíso perdido

Miscelánea

El espíritu vive en sí mismo,

y en sí mismo puede hacer un cielo del infierno,

o un infierno del cielo.  

John Milton

Una mañanita alegre, anticipando la placidez de unos días de amistad, de sol, playa y largas conversaciones rociadas con vino que propicia las confidencias; emprendí viaje a Acapulco, acompañada de las queridas amigas que me visitaban de Torreón.

Tempranito, acordamos para llegar al puerto a tiempo de darnos el primer chapuzón. Al volante la eficiente Mo, yo copilotando a su lado de la manera más errática posible. Tomar la autopista urbana fue muy sencillo; peeeero, al pasarnos de la salida indicada, aparecimos en Xochimilco. También ahí hace agua, pero no el mar que teníamos previsto. Perdido el norte y también el sur, preguntando -porque así nos han dicho que se llega a Roma- de pronto un policía de tránsito, bigotón y mantecón, nos hizo la amenazante señal: oríllese a la orilla. ¿Qué pasó?, nos preguntábamos hasta que Mantecón nos informó: dieron una vuelta prohibida en el carril del Metrobús. ¡¿Qué?¡ ¡¿Cómo?! ¿Dónde está la señal? Sus documentos por favor, ordenó.

Frustrado al comprobar que todo estaba en orden, tomó su teléfono y llamó: -Pareja, manda la grúa para que recoja aquí un vehículo infractor. Quedará detenido en el corralón tres meses porque así lo señala la Ley. ¡Lean aquí!, dijo ofreciéndonos el reglamento de tránsito. Pero nosotras no estábamos para leer. Oiga oficial, perdónenos, sólo por esta vez, no hay que ser, rogó la tercera amiga desde la ventanilla de atrás, mientras discretamente le ofrecía un billete de cien pesos. ¿Qué, me está ofreciendo una limosna? Y yo: ¿oiga usted, oficial, por qué en lugar de esperar a que se dé uno la vuelta prohibida, no se para en el lugar indicado para evitarla? Y Mantecón en el teléfono: pareja… aquí unas damas me están ofreciendo cien, luego quinientos… ¿Ya viene la grúa?

Está bien, dije yo, levante la infracción y la pagamos. Imposible, esto no es infracción, debo remitirlas al corralón. Primero me ofrecen cien pesos, luego quinientos ¿acaso no saben que en México ya no existe la corrupción? Le repito, oficial: levante la infracción. De ninguna manera, las tengo que remitir al corralón porque así indica la Ley. Tres meses de arresto al vehículo y una multa como de 6 mil 500 pesos, dijo contundente, mientras ofrecía una libreta negra a mi tercera amiga que desde la ventanilla de atrás insistía en ofrecerle “una disculpa”.

Póngalo aquí, ordenó Mantecón. Un billete de mil pesos y la Ley se inclinó a nuestro favor. Corruptoras pero contentas retomamos la ruta hacia el paraíso. Ignorábamos que lo peor estaba por venir. En la primera caseta de la carísima Autopista del Sol, unos encapuchados nos exigieron dinero. Echamos unas monedas al bote y seguimos hasta llegar a Chilpancingo, donde un tráiler atravesado en la autopista colapsaba la circulación. Cientos de autos parados porque nuevamente unos encapuchados, exigían sabrá Dios qué, para liberar el paso.

Después de hornearnos una hora en el auto, con sed, aguantando la pipí y una horrorosa sensación de desamparo, apareció un hombre que nos dijo: si se arriesgan a seguir por la carretera vieja, síganme. Sin pensarlo ni una vez, lo seguimos por un camino que bordeaba un cerro y que claramente conducía al secuestro. Las tres lo pensamos pero ninguna se atrevió a mencionarlo para no exacerbar el miedo. Después de tragar polvo un buen rato, desde su auto el hombre nos indicó: den vuelta a la derecha en la carretera, es más largo pero van a llegar. El buen hombre, no nos dijo que de tramo en tramo nos iban a detener encapuchados para exigir peaje.

Ya oscurecía cuando llegamos a la Joya del Pacífico, en otros tiempos el glamuroso Acapulco de María Bonita, de Tarzán, de los luna-mieleros John y Jackie Kennedy, de Liz Taylor y Richard Burton. Paraíso perdido para nosotros, que gracias a Dios, llegamos sin mayor desgracia que lamentar. Con la primera cerveza brindamos por la suerte de vivir en un México donde ya no existe la corrupción y todo es amor y paz.

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