Solteronas por decisión
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Solteronas por decisión

La liberación de la mujer moderna

Lo que las mueve es llegar a los treinta sin tener un esposo e hijos que sean el centro de su existencia.

Pero, al mismo tiempo, esto representa un dolor de cabeza para estas mujeres que se ven acosadas por preguntas impertinentes como: “¿Para cuándo el novio?”, “¿Para cuándo la boda?”, “¿Para cuándo el niño?”. Expectativas que se llenan con miles de oportunidades más por delante.

La soltería pasó de ser un estado preocupante a una elección propia de cada mujer.

La brecha sociocultural que se desarrolló a principios de siglo XXI generó fuentes de oportunidades de crecimiento.

La vida planeada que tenía cualquier mujer antes de nacer, ahora es obsoleta.

“No casadas”. Foto: Gettyimages

LAS VARIANTES

Existen concepciones y estereotipos que a través de los años se moldean a nuevas experiencias y necesidades que el entorno sociocultural determina. También se encuentran los que desde su raíz llevan un trasfondo peyorativo.

Spinster (solterona) es el término que se les ha atribuido a las mujeres de edad media a avanzada que no han contraído matrimonio y no tienen hijos.

Solían ser mujeres sin casar que se dedicaban al hilado y la costura; se les daba reconocimiento por dedicarse al oficio más honorable al que podían aspirar. Para el siglo XVI, ya sólo eran solteras.

La escritora Kate Bolick, en su ensayo Spinster: la construcción de una vida propia, hace un análisis referente a estereotipos británicos, provenientes del siglo XV.

Definía el concepto spinster (solterona) como quienes a los veintiún años aún no contraían matrimonio.

A los veintiséis eran llamadas thornback (mantarrayas), referencia a un pez plano, espinoso y letal.

Para los treinta ya eran old maid (moza vieja), una versión madura de la mujer virginal que difícilmente dejaría de serlo.

La historiadora Lee Chambers-Schiller dio a conocer el “Culto a la bendita doncellez”, que no era un culto tal cual, pero fue llamado así debido al pánico que generó en la población, pues no se había visto algo como aquello.

Mujeres entre 1780 y 1840 en Nueva Inglaterra que se negaban a casarse y a tener hijos a cambio de sacrificar su independencia.

Las caracterizó su necesidad por cultivar su “Yo” y el análisis de cómo la condición del matrimonio las limitaría a la domesticidad, con lo que no estaban de acuerdo sin importar qué beneficios económicos o políticos pudieran tener.

Foto: kmn04books.wordpress.com

DE SOLTERONA A CARROÑA

Entre todos los significantes que la soltería puede tener, la principal y favorita fue y sigue siendo charogne (carroña en francés), una mujer de la tercera edad, de un nivel socioeconómico medio-bajo y que en toda su vida nunca cumplió las expectativas que se esperaban de ella.

México ha sustituido estos prototipos de mujer por otros que cumplen las mismas características, como “quedada”, que se le atribuye a mujeres solteras que sí desean concretar un matrimonio y debido a su avanzada edad (a partir de los treinta) es poco probable.

Gracias a la liberación de la mujer moderna, estos estigmas han ido desapareciendo, y se ha dado paso a nuevas tendencias que ofrecen la oportunidad de tomar una libre decisión.

Hoy, la soltería concibe diversos conceptos, aquellas quienes anteriormente sólo eran encasilladas bajo un calificativo, ahora pueden darle la interpretación deseada, pues esto es una elección personal.

Carolyn Heilbrun, autora feminista de estudios académicos, calificó como “mujer ambigua” a aquellas que no eligen poner a un hombre como el centro de su vida y que fomentan el desarrollo personal como seres individuales con decisiones basadas enteramente en sus gustos y necesidades.

Donde los roles ya establecidos, como el matrimonio y la maternidad, no tienen cabida de momento y nada garantiza que algún día lo tendrán. Consideran que implementar estos estereotipos de esposa y madre en niñas a muy temprana edad, atrofia su desarrollo creativo, laboral, emocional y personal.

MARAVILLOSA AUTOSUFICIENCIA

Lejos de intentar restar crédito a quienes han decidido vivir en matrimonio, se trata del reconocimiento de lo provechosa que puede ser la soltería.

No se habla del éxito basado en ella, sino de la posibilidad de decidir qué hacer con su vida sin ningún estereotipo de por medio.

Cada día son más las mujeres que buscan su independencia, pese a la presión que representa vivir en un mundo donde se les cataloga dentro de la función de servir a alguien y procrear.

La escritora, profesora y filósofa francesa feminista Simone de Beauvoir, en su obra El segundo sexo, se refiere a la maternidad como una limitante.

Al intentar separar esto de la feminidad, se resta valor a la mujer, una idealización como único distintivo femenino. Niega la existencia del instinto maternal como natural, y lo considera parte del discurso dominante, pues la capacidad de dar a luz es algo biológico, pero volver este el papel primordial para la mujer es cultural.

La condición de soltería ha tomado un rumbo contrario al que muchos aún lo siguen atribuyendo.

Spinster pasó a ser una oportunidad para todas, sin importar su estado civil.

Se trata sobre la individualidad y el autodescubrimiento.

Para quienes deben reconocer dónde termina el papel de madre o esposa, para continuar con lo que son de tiempo completo: ellas mismas.

Quienes son solteras tienen la oportunidad para reflexionar sobre la necesidad humana de disfrutar de la soledad, y ser consiente de que el único acompañante que tendrán toda su vida pese a cualquier cosa, son ellas.

Para la sociedad, estar en pareja se supone es lo que se debe alcanzar para ser feliz, completo y realizado, creencia universal glorificada y respaldada por la dependencia emocional fomentada en programas de televisión y películas donde las protagonistas se encuentran desdichadas por haber perdido o nunca encontrar al amor de su vida; aunado a la creencia popular de que una mujer no es adulta hasta que contrae matrimonio y tiene hijos.

En la actualidad, muchas han optado por vivir solas, cosa que apenas hace 20 años era difícil de ver.

Tener la experiencia de vivir sola, cubrir todos sus gastos y disponer de su tiempo y soledad a su antojo, es lo que Kate Bolick califica como parte de la realización y crecimiento individual al que antes no tenían posibilidad de aspirar.

La señora Heaton de 106 años de edad. Cuando le preguntan sobre su esposo, ella comenta: “Nunca tuve uno, por eso tengo esta edad”. Foto: Sheffi eld/Swins

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