Nach, el almanauta
Entrevista

Nach, el almanauta

El alma del poeta se orienta hacia el misterio

Antonio Machado

En la antigua bodega de la Nave Lewis se ha programado una serie de conferencias con los artistas invitados a la séptima edición del Festival Pa'l Norte. Mientras tanto, en el exterior, la noche de marzo arroja ligeras lluvias intermitentes. Más de 200 mil almas abarrotan los jardines del Parque Fundidora de Monterrey. Un porcentaje de este mar de gente está atento al escenario donde el rapero Nach trazará una nueva navegación musical alrededor de la media noche.

El viaje de Ignacio Fornés, mejor conocido como Nach, comenzó en Albacete, España, en 1974. Después la corriente de la vida lo llevó al barrio de San Blas, en el puerto de Alicante. En dicha costa conoció el hip hop y la expresión musical del rap con la que fabricó su barco artístico.

Un día comenzó a grabar álbumes y a embarcarse en aventuras más allá del Mediterráneo. Cuando menos lo esperó, su bajel ya había tocado puerto en rincones de la península Ibérica y de Latinoamérica.

A mediados de 2018, Nach publicó Almanauta, su reciente material discográfico. En él, abre el telón de su alma y describe su exploración como una peripecia acuática. Surcarla implica entender lo efímero de la existencia en el océano de lo eterno. Una existencia incoherente en aguas donde se pesca el arte que alimenta al ser.

El arte de Nach son las palabras. A través de su discografía utiliza las oraciones que le permiten navegar. Incluso en 2016 lanzó Hambriento, un libro de poemas, donde ya “Petit Bateau” versaba su travesía a bordo de una embarcación de emociones.

Entonces, para Fornés el alma es un mar, y las historias griegas afirman que al mar hay que respetarlo.

El artista es un “almanauta”, va sobre una galera musical y apunta la proa hacia el horizonte infinito. Al igual que el océano, su nave tampoco es inmóvil; puede mutar en el aventurero Argo o en el desorientado Holandés Errante. En el mundo nada está quieto y las aguas del alma guardan tesoros desconocidos.

Foto: wegow.com

No obstante, lo extraño remite a la incertidumbre (por eso Orfeo calló a las sirenas y evitó sucumbir ante las olas). Para un náutico el miedo es un ancla que detiene la marcha de su barco, mas el océano del alma sigue en movimiento y lo desafía. El ser humano ve naufragio en él porque el dolor que presagia es el clima del que emanan las tormentas.

El cielo regiomontano frena sus lloviznas. Poco antes de su concierto, el almanauta aparece en la Nave Lewis para ofrecer una rueda de prensa ante los medios de comunicación. La primera cuestión trata sobre si la obra de Antonio Machado (poeta andaluz que abordó el tema del alma) influyó para que se interesase en construir su concepto. La respuesta es negativa: “Ni lo había pensado hasta que me lo has dicho”.

Nach supone que Machado, al igual que otros poetas españoles, pudo influir en su inconsciente, pero asegura que Almanauta refiere más a una cuestión personal.

Es una iniciativa de buscar sentido a un algo tan minúsculo e inmenso incrustado en nuestro interior, de qué manera eso funciona dentro de nuestras emociones y cómo, en este océano enorme que es nuestra alma, intentamos navegar por él”.

El almanauta también es una especie de periodista. Una vez en alta mar, busca la verdad dialogando con el ser que habita en su interior. Lanza preguntas y, como los vientos, en ocasiones las respuestas son impredecibles. El interior puede contestar con silencio. La alerta es indispensable para escucharlo. En las aguas, el explorador también debe amainar el tiempo del yo entrevistado, quien a veces bucea ocupado en sus remolinos y no puede prestar atención al navegante.

Al terminar la rueda de prensa, Nach acepta entablar una breve conversación con este medio. Comparte una ración de su alma en la antesala de los camerinos. No habitúa atender preguntas previo a una presentación y recalca: “Antes de los conciertos suelo estar un poco en mi mundo”.

El rapero y poeta español toma asiento en una pequeña escalinata. Advierte que dispone de poco tiempo. Durante 10 minutos abre su intimidad y bajo su gorra deja ver las facciones de un almanauta a punto de izar vela. La arena de su playa cae en el reloj. Un nueva odisea sonora está próxima; en aquel escenario aguarda otro puerto que no admite retrasos.

¿Cómo definir el concepto del almanauta?

Almanauta es el ser que navega por el océano del alma. El océano del alma es un núcleo que no sabemos bien dónde se encuentra dentro de nosotros mismos y, al mismo tiempo, es un océano inmenso de emociones y sensaciones a nivel psicológico, espiritual y vital. Es tan inmenso que muchas veces está en tempestad y a veces está en calma; que algunas veces podemos domar, otras no; que de él podemos pescar y sacar un montón de cosas que realmente nos sirven. Todo eso me parece fascinante. Siempre he reflexionado mucho sobre el concepto del alma, no desde un punto de vista religioso, sino desde un punto de vista, supongo, más espiritual o más de salirme un poco de mí mismo para entenderlo.

Es un concepto que siempre me ha atraído mucho. También creo que se asemeja al estilo que tengo de hacer música, el cual es siempre como muy enfocado a las sensaciones y a las emociones. De allí surgió el nombre.

Entonces, ¿el alma tiene similitud con el mar?

Sí, para mí muchísima. Es lo que te he dicho. Es un océano enorme, casi infinito y que al mismo tiempo está ubicado en un punto mínimo de nuestro cuerpo. Siempre he visto el alma como un océano donde puedes encontrar cualquier cosa: puedes perderte, estar a la deriva mucho tiempo, navegar sobre tormentas o en la calma y en la paz más absoluta. Y eso también depende de ti, que sepas llevar tu barco.

¿Por qué las personas deberíamos convertirnos en almanautas?

Porque a mí lo que me da pena hoy en día es que (y lo entiendo) vivimos en una sociedad muy robotizada donde la tecnología y las máquinas nos van comiendo camino. No es algo de lo que yo reniegue porque también estoy ahí metido, pero eso hace que muchas veces estemos más pendientes de la superficialidad, de lo que hay afuera de la caja, antes de lo que hay en el envoltorio; de dar una imagen antes de hablar de lo que sentimos. Eso nos ha convertido en seres miedosos, en seres que no somos capaces de mirarnos a nosotros mismos y reconocernos. Es algo que me da pena, porque perdemos un poco esa parte humana que viene desde nuestro pasado primitivo y nos ha hecho quienes somos. Me da pena que eso se pierda. Me da pena que no miremos hacia nosotros mismos.

Antonio Machado alguna vez escribió que “sólo el poeta puede mirar lo que está lejos dentro del alma”. ¿Qué es lo que has divisado en tu travesía personal?

Creo que he encontrado un conocimiento de mí mismo que tiene su parte buena y su parte mala. La parte buena es que he aprendido a conocerme mucho mejor, a aceptarme mucho mejor, a empatizar con el otro mucho mejor, a ser mucho más abierto, tolerante, a sentirme mucho más en el planeta en el que vivimos. Y la parte mala es que también me ha traído vértigo, dolor, incertidumbre sobre quién soy, qué hago aquí, qué es ser humano y toda esa cuestión filosófica en la que acabo en una espiral que, psicológicamente o emocionalmente, me duele.

Si la poesía ha sido considerada como un medio para conocer el alma, ¿el rap, en tu caso, ha fungido como un bajel en el que surcas sus aguas?

Para mí sí, siempre lo ha sido. Incluso he pensado que ese barco llegue a puertos a los que nunca pensé que podía llegar, que ese barco mire hacia lugares que si nunca me hubiera dedicado al rap no podría haberlos mirado dentro de mí mismo y dentro de otros. Y eso me ha aportado muchísimo como ser humano. También me ha permitido aportar a otros, que es lo bonito que tiene esto de hacer rap. Puedes entretener y eso está muy bien, pero haber conseguido algo más allá, que pueda intervenir para bien en la vida de otro de muchas maneras, no tiene precio para mí, tiene un gran valor.

Foto: Daniel Ferná ndez Pé rez

En tu poema “Petit Bateau” también hablas de un barco donde “no hay más expectativa que comer lo que se pesca”. ¿Qué es lo puede pescar un almanauta?

Lo que venga. Pueden salir las cosas mejor, pueden salir peor. Puedes tener más fama o más repercusión, pero lo realmente importante es conformarte con lo que hay, con las pocas cosas que te da la vida y realmente saberlas valorar. Creo que es eso, intentar ser feliz con lo que se pesca. Creo que todo el mundo está pensando en tener más, en ambicionar, en tener cosas materiales cada vez más y más… y no se dan cuenta que lo que tienen es ya suficiente. Y eso es un poco mi filosofía de vida. Tampoco quiero tener ni el mejor coche, ni la casa más grande, ni las gafas más caras, quiero simplemente ser feliz con lo que haya.

¿Crees que esta expedición es solitaria?

Sí, en cierto modo ha sido un viaje solitario. No sólo en dedicarme a la música, sino en mis reflexiones, en mis historias mentales. Es algo que dialogo conmigo mismo. Me peleo mucho conmigo. Me reconcilio con mi persona o vuelvo a caer en los mismos errores de antes. Es un diálogo constante en el que, cuando crees que superas algunos obstáculos que has conocido, vuelves al “punto de partida”. Pero no es el punto de partida, lo ves como tal, pero no lo es. Ese juego contigo mismo es parte de la vida. Hay gente que lo tiene de manera más intensa y hay gente que no tanto. En mi caso es un diálogo bastante constante y a veces agotador.

El mar es inestable, constantemente existen tormentas y naufragios. ¿Cómo escucharse a sí mismo en el desorden?

Hay que ser sincero y honesto con uno mismo. Ser capaz de decirse las verdades. Porque en el fondo nos las decimos, pero muchas veces no las podemos escuchar por miedo. Es quitarse ese miedo y realmente afrontar esas verdades que uno sabe que existen y con ellas tirar para delante. Al final se van a descubrir tarde o temprano.

La frase de Herman Melville sobre que “los ojos son la ventana del alma” se valida en tu obra. En piezas como “Los dos lados del telón” (con Enrique Bunbury) invitas a observarte tras bambalinas.

Lo intento hacer mucho porque quiero que conozcan esa parte que no ven, y esa parte tiene muchas dudas, sacrificios, sudor, incertidumbre. Y también hay muchas ocasiones en las que tu autoestima no está en el mejor momento, tu ego no está en el lugar que corresponde. Lo que quiero es que el público nos vea como personas normales haciendo lo que hacemos y también hacerles descubrir un poco esa parte más íntima, más vulnerable. Para mí es muy importante que ellos lo sepan también. No me sentiría yo mismo si sólo les ofreciera mi parte más de levantar la cabeza y estar en el escenario, en la calle o que sólo conocieran mi parte pública. Me interesa que conozcan esa parte más personal que no está exenta de vulnerabilidad, de duda o de incertidumbre.

Tomando en cuenta este lado oculto, ¿se podría mirar al alma en otra perspectiva, como una especie de galería subterránea?

He pensado más en el alma como un concepto en movimiento constante. El ser humano está siempre en movimiento. Nunca he considerado que el alma sea como una galería, unas catacumbas o algo subterráneo.

Foto: El Descafeinado Magazine

¿Tal vez subacuática?

Podría ser… podría ser que dentro del agua estás también buceando y sintiendo esa claustrofobia, pero todo lo que veo tiene que ver mucho más con la superficie que con la parte subterránea. No sé por qué, supongo que es como yo funciono.

Un verso tuyo afirma que aceptas a la vida “como una jaula inmensa de la que sólo nos libra la muerte”. ¿Converges con la idea platónica de que el alma sólo es libre al desprenderse del cuerpo?

También hay otro poema que habla sobre que realmente nuestra verdadera esencia, nuestra verdadera vida, es la del alma entre las vidas que vivimos. Entre esas vidas el alma aprende a tener más luz, a aprender a crecer o a evolucionar. Supongo que es una idea, no sé si es así o no, pero es algo que me cuestiono. Yo lo veo más así, como el alma entre las vidas que tenemos, donde esta se encuentra creciendo y formando parte de algo mucho más grande que yo, mucho más grande que algo que pueda concebir.

En unos minutos emprenderás otro viaje sonoro junto a más almanautas. ¿Qué esperar del concierto de esta noche?

Espero estar tranquilo, concentrado, disfrutar del show y que la gente disfrute. Para mí no hay más secreto que darlo todo y disfrutar. Si esa fórmula se cumple creo que la gente va a sentir lo que yo en el escenario.

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