Población asexual
Sexualidad

Población asexual

Decir no al sexo

Sigmund Freud estudió el devenir sexual del ser humano, sus características principales y sus conflictos, hasta concluir que la sexualidad desempeña un rol determinante en la vida y la psique del ser humano.

Hoy en día, se sorprendería de saber que, en el primer cuarto del siglo XXI, el sexo no provoca ni trasnocha al uno por ciento de la humanidad. Para estos millones de mujeres y hombres, la libido no es una energía vital del carácter y Eros no está infranqueablemente unido a la relación corpórea entre dos.

Esta consideración resulta ser una gran paradoja en un mundo que ha estimulado la hipersexualidad como norma, pero esa rareza desnuda una realidad que parece no tener reverso: la cuarta dimensión sexual. A las tres primeras, heterosexualidad, homosexualidad y bisexualidad, las une el deseo por otro, pero la asexualidad no tiene ataduras: en ella la atracción sexual por alguien es inexistente.

¿QUÉ ES?

El colectivo define la asexualidad como la falta de atracción sexual por personas del mismo o distinto sexo, de manera estable en el tiempo y no como consecuencia de una enfermedad o cualquier otro impedimento. Son personas mental y físicamente sanas que, sencillamente, dicen no sentir ninguna necesidad ni interés por mantener relaciones, lo que no quiere decir que muchos de ellos no deseen pareja, otro tipo de intimidad con otra persona o que no sean capaces de enamorarse.

En una sociedad hipersexual, el asexual suele ser cuestionado sobre su decisión de no hacer nada para estimular su libido. Foto: Gettyimages

La cuarta orientación es un grupo de personas que gana cada vez más adeptos en el mundo y que se han organizado para defender la asexualidad como una nueva forma de identidad. Actualmente, el número de individuos que se identifican como asexuales aumenta cada día, y su principal plataforma virtual, la Asexual Visibility and Education Network (AVEN, por su siglas en inglés), fundada en 2001 por el joven estadounidense David Jay, cuenta con más de 90 mil integrantes que se comunican en 16 idiomas.

Según Tony Bogaert, profesor de Ciencias de la Salud Comunitaria y Psicología en la Universidad de Brock en Canadá, el uno por ciento de la población es asexual. De las personas que no se sienten atraídas por nadie, muy pocas son capaces de reconocer que lo son. También hay investigaciones que indican que al menos el 5 por ciento de toda la población en el mundo es asexual y aunque existen tratamientos médicos que ayudan a aumentar la libido, muchos se niegan a tomarlos porque no consideran que sea un problema, sino más bien parte de su identidad.

ORIENTACIÓN O TRASTORNO

Las personas asexuadas no quieren ser consideradas enfermas ni catalogadas con diagnósticos médicos (deseo sexual hipoactivo o trastorno por aversión al sexo). También rechazan interpretaciones psicológicas que explican su problema como el resultado de las defensas: la represión, sublimación o desplazamiento del deseo hacia otros objetivos.

Ellos definen su asexualidad como una de las tantas formas de identidad y son congruentes con su forma de sentir. Defienden las relaciones vinculares basadas en el romanticismo sin tender a lo erótico como objetivo prioritario.

“A diferencia del gobierno, los asexuales no te joderemos”. Marcha de asexuales en Londres. Foto: Nick Duffy

No obstante, muchos problemas que aquejan al deseo son provocados por trastornos médicos (endócrinos, efectos adversos de fármacos, entre otras), así como psicológicos (traumas sexuales, parejas conflictivas, violencia, poca estimulación, rutina). Es fundamental el descarte de estas y otras causas que pueden disminuir el deseo carnal.

Reconocerse como asexuados implica asumir esta condición como un aspecto de la identidad en general y aceptar que no es una forma rígida, sino que está sujeta a variaciones según el momento de vida y las relaciones amorosas. Pero el denominador común seguirá siendo un nivel bajo de atracción y la movilización de otros recursos afectivos.

Los objetivos que persiguen quienes se autodefinen como asexuales, son la visibilidad y normalización de su orientación, que las instituciones la integren y la reconozcan; trabajar para que la educación sexual recoja toda la diversidad de orientaciones, incluyendo la propia, y que la falta de atracción sexual deje de estar incluida en los manuales de psiquiatría como trastorno o disfunción mental.

Las presiones en este sentido han dado ya algunos frutos y la última versión del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) presentado por la Asociación Americana de Psiquiatría el 18 de mayo de 2013, ha eliminado de su listado el Trastorno por Aversión al Sexo que sí recogían ediciones anteriores.

Todd Chavez, uno de los personajes principales de la serie Bojack Horseman, visibiliza algunos de los problemas a los que se enfentan los asexuales, incluyendo la aceptación propia. Foto: EFE/EPA/Franck Robichon

VARIACIONES DE ASEXUALIDAD

La comunidad acoge en realidad una multiplicidad de orientaciones y preferencias, las cuales se resumen del modo siguiente:

Asexuales: personas que no sienten ninguna necesidad ni interés por mantener relaciones, ya sea con personas del mismo o distinto sexo.

Autosexuales: personas que sí experimentan sensaciones sexuales, pero no sienten ninguna necesidad de compartirlas con otras personas.

Demisexuales y Grey-A: situados en una zona gris o intermedia, entre la sexualidad y la asexualidad, donde las relaciones son esporádicas. Necesitan de momentos o personas muy especiales, o bien se encuentran abiertas a la sensualidad corporal antes que centradas en la genitalidad. Pueden pasar años antes de que una persona demisexual pueda sentir atracción física hacia su pareja.

El problema estriba en saber si es una verdadera y auténtica identidad sexual que tenga que ser reconocida y aceptada por la ciencia y la sociedad, y en caso de serlo qué consecuencias puede tener para nuestras maneras de concebir y vivir la sexualidad.

Conviene darse cuenta que al abordar este tema no se está tratando con problemas que refieren a órdenes de la realidad, sino con la naturaleza humana y el diseño cultural de realidades que en el transcurso del tiempo podrían modificar su estructura. El interés de este tema recae en saber si este movimiento social puede conseguir resignificar el sentido de la identidad sexual y a través de ella los modos de ser y pensar de los miembros de la especie humana.

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