Constructivismo ruso
Arquitectura

Constructivismo ruso

La estructura como elemento físico y político

El siglo XX es conocido por sus innovaciones artísticas y arquitectónicas, en las que la visión de cada comunidad se veía expresada e intentaba mostrar lo más avanzado de su sociedad: esto decantaba en movimientos que incluso mostraban visiones políticas, como es el caso del Constructivismo.

Tras el término de la revolución rusa en 1917, la visión socialista se empeñaba en demostrar su valía como nuevo régimen. El ahora estado soviético intentaba transformar Rusia y trasladarla hacia nuevos horizontes.

El país ya no únicamente buscaba su propia funcionalidad, sino algo más ambicioso. Buscando un lugar al nivel de los países occidentales, debía partir desde una sociedad principalmente agraria para comenzar a hacer uso de sus avances técnicos, creando estructuras que pusieran de manifiesto sus capacidades.

DEL PINCEL AL LADRILLO

El movimiento surge primero como una vanguardia artística que en un principio no obedecía tanto a su posterior orientación política y social, de la mano de figuras clave como el pintor, escultor y arquitecto Vladimir Tatlin, entre otras figuras también multidisciplinarias como Liubov Popova o Naum Gabo.

Escultura sin título de Naum Gabo. Foto: Jannes Linders

El movimiento se da a conocer en 1920 a partir de un manifiesto, como ocurre con las demás vanguardias. Es escrito por el último autor mencionado y Antoine Pevsner, quienes obtuvieron influencia del gigante de estos movimientos: Picasso.

El Constructivismo fue ideado con una expectación que de hecho fue superada; se plantea como una oposición al arte concebido hasta el momento, y de manera especial al futurismo y cubismo, a los que consideraba poco efectivos para perseguir sus objetivos.

En el caso especial del futurismo, su aire revolucionario fue tomado como influencia pero se intentó llevarlo más lejos.

Con esto, carga consigo un sistema de creencias entero alrededor de lo creativo, pues fue considerado que no se podría iniciar una revolución a base de las palabras de un manifiesto; así terminó delimitándose un símbolo de modernismo concebido desde la perspectiva socialista y concretamente soviética.

Por esta razón, pronto dejaría de ser un movimiento puramente artístico, es decir, dedicado a la creación de una expresión más personal y sin una función específica, para pasar a lo puramente funcional y generar diseño industrial e infraestructura.

El primer grupo de trabajo de constructivistas, formado por siete influyentes artistas, entre ellos Aleksei Gan, Alexander Rodchenko y su esposa Varvara Stepanova, rechazó las Bellas Artes para dar prioridad al diseño gráfico, la fotografía, los carteles y la propaganda política, posición que se vio decantada también hacia otros creativos que daban forma a su país mediante infraestructura.

El resultado es un ritmo armónico y orgánico de sus construcciones sumamente cuidadas y estructuradas, que hacen visible un notorio dominio del espacio pero, más importante aún, del orden de las formas.

Los ideales del socialismo ruso albergaban un rechazo a la clase burguesa y a su dominio, cosa que se vio reflejada en el estilo manejado. El exceso decorativo y la ornamentación era algo sin cabida en el constructivismo, sin embargo las formas geométricas y bloques daban lugar a un orden no visto antes.

Torre diseñada por Vladimir Tatlin. Foto: PTC Community

ELEMENTOS

En el caso de la obra pictórica se tiende a la geometría y al uso reservado del color, elementos encontrados también en la arquitectura que, además, abraza una naturaleza escultórica que hace notar sus formas frecuentemente equilibradas y rectas.

Basándose en la simplicidad, pero a la vez buscando ideales unificadores y complejos para una sociedad, sus edificios tienen una identidad que recae en los espacios compartidos y comunitarios usando materiales modestos como el ladrillo o el hormigón. Todo esto se adecúa perfectamente a los ideales socialistas que debían reflejar.

De esto resultaron edificios del gobierno, centros de enseñanza, grandes fábricas, con el suficiente espacio y luz para el trabajo árduo; la funcionalidad y practicidad eran necesarias y expresas.

En 1923 fue fundada la ASNOVA (Asociación de Nuevos Arquitectos), por los arquitectos Nikolái Ladovsky y los entonces considerados racionalistas Vladimir Krinsky o Nikolái Dokuchayev. Basándose en la psicología Gestalt, propusieron una forma de organizar los espacios de manera que fueran “psico-organizativos”, es decir, que facilitaran y fomentaran la organización y el trabajo.

Posteriormente, en 1925, otra visión del constructivismo se dio en el Grupo OSA (Unión de Arquitectos Contemporáneos, por sus siglas en español). Fue fundada por Alexander Vesnin y Moisei Ginzburg, y a pesar de ser multidisciplinaria y tener en cuenta otras formas de arte, su idea principal fue realizar una arquitectura puramente funcional para satisfacer necesidades reales.

El primer proyecto constructivista, la Torre de Tatlin en San Petersburgo ideada en 1919 por el futurista Vladimir Tatlin como un monumento, contenía ya mucho de lo que estaba por construirse; en él se concebían los materiales comunes, el vidrio y acero, y el uso del espacio comunitario, además de su uso político y comunal. No fue terminado, pero fue un punto de inflexión.

Planetario de Moscú, proyectado por Mikhail Barsch and Mikhail Sinyavsky’s como parte de los trabajos del Grupo OSA. Foto: Agazaclick

IDENTIDAD RUSA

Terminado en 1927 en Moscú por Konstantín Mélnikov, El Club de Trabajadores Rusakov es un ejemplo de los clubes de ocio que se construyeron para los obreros. Demostraba la nueva idea del trabajo, más humano y planteado como una nueva ética que intentaba alejarse del anterior dominio de la clase burguesa.

Por otro lado se encuentra el conjunto de viviendas Narkomfin, pensado para empleados del Comisariado de Finanzas. Aunque naturalmente pone mayor énfasis en ofrecer espacios individuales, es claro el uso de zonas comunales, como la planta hecha para el ingreso de los usuarios. Cuenta con dos bloques perpendiculares, vinculados por un puente aéreo.

El bloque más grande es alargado y dirige hacia las viviendas separadas y además un pasillo conectado con escaleras que sirve al mismo tiempo para dos niveles de la construcción.

La forma en que se daba estructura a una utopía socialista era notoria y el idealismo era exacerbado. El ejemplo extravagante de esto es el proyecto no realizado de viviendas en el aire, la Ciudad flotante de Gyorgy Krutikov.

Su diseño planteaba una solución soñadora al hacinamiento y agotamiento de los recurso por medio de urbanismo móvil, en un momento de la revolución donde parecía que un avance enorme llegaría.

El constructivismo dio lugar a las creaciones posteriores de una interpretación internacional del movimiento iniciado en Alemania, pero también de una de las formas más populares e importantes de concebir la arquitectura: el racionalismo. Con lo que se pone de manifiesto su innovación a partir de la búsqueda de una identidad.

Es interesante porque pocos elementos artísticos y arquitectónicos de naturaleza vanguardista tienen esta repercusión tan colectiva y delimitada, siendo que más bien se enfocan en mostrar una visión mucho más individual y “libre”.

De este modo, la arquitectura del constructivismo se vuelve la infraestructura de un sistema entero, tan propia de una idiosincrasia y, por supuesto, es un recordatorio de una de las formas de esperanza que se han forjado a lo largo de la historia.

El resultado político, extrañamente, es un vuelco a la intención inicial: la dictadura. Pero existen otros resultados, como lo son los artísticos, que generan influencia y podrán ser reinterpretados para ser representantes de otra esperanza y otro momento.

Club de Obreros Rusakov por el arquitecto Konstantin Melnikov. Foto: 123RF

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