La funcionalidad del blockchain
Finanzas

La funcionalidad del blockchain

Cuando el dinero es vigilado por todos

Por supuesto, el Internet ha trastocado la forma de hacer las cosas en otros ámbitos. Así ha ocurrido también en el financiero.

El blockchain (o bloque de cadena) podría representar uno de los cambios más revolucionarios en la forma en que se maneja y se vigila el dinero.

Tiene el potencial de dejar obsoleto al sistema anterior, que depende de una burocracia anquilosada.

Para lograr un cabal entendimiento del blockchain es menester, primero, conocer sobre las criptomonedas.

Este tipo de dinero virtual es la parte medular del blockchain. Una invención marcada por la desconfianza y la controversia desde sus inicios.

El origen de la también llamada criptodivisa, es rastreable hasta 1983. En aquel año, el criptógrafo David Chaum creó el llamado e-cash o dinero electrónico.

La innovación del e-cash recaía en que, por primera vez, era posible el anonimato en una transacción electrónica, aunque todavía era centralizada.

Es decir, una persona, sin identificarse, podía llevar a cabo una transacción, pero todavía estaba sujeta a hacerla con un banco u otra institución.

Lo anterior caducó con la invención del bitcoin en 2009, la primera criptomoneda. Hasta el momento se ignora la identidad de su creador.

Sólo se conoce el seudónimo Satoshi Nakamoto detrás del cual podría estar un solo individuo o un grupo de personas. El gran salto que dio el bitcoin fue que eliminó la descentralización.

Ahora, cualquier persona estaba en la posibilidad de realizar transacciones sin un intermediario, como un banco, el gobierno, un notario o brókers.

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Primera o cina de cambio o cial de Bitcoin en el Gran Bazar en Estambul, Turquía, 2018. Foto: EFE/Sedat Suna

CAMBIO DE PARADIGMA

El blockchain consiste, básicamente, en un libro público y virtual de contabilidad.

Fue descrito por vez primera en 1991 por Stuart Haber y W. Scott Stornetta, pero hasta los avances de Satoshi Nakamoto su práctica fue viable.

El modelo del blockchain sobrepasa en funcionalidad a la actual forma de mover el dinero. Hasta ahora, se requería de un tercero que diera validez a un movimiento monetario.

Si un cliente A deseaba realizar una transferencia a un cliente B, tenía que recurrir a un banco. Éste restaba dinero de la cuenta del cliente A y sumaba la misma cantidad al cliente B.

En otras palabras, no existía un traslado físico de dinero, sino que había un cambio de balance en la contabilidad de los clientes.

Este proceso adolece de tres inconvenientes principales. El primero es la opacidad de la información que es manejada por el intermediario, pues sólo éste cuenta con la disponibilidad de todos los datos.

El segundo es que los bancos cobran una comisión por intervenir. El tercero corresponde a los problemas generados por el factor humano: burocracia, corrupción, lentitud, errores, entre otros.

El blockchain ofrece la oportunidad de establecer una dinámica independiente de los obstáculos existentes hasta ahora. Aunado a ello, posee la ventaja de garantizar seguridad, lo cual se logra debido a su estructura misma.

El blockchain se desglosa en una red de computadoras en la que la información contable es pública y descentralizada. A primera vista, estas aparentan ser desventajas, ya que los datos están expuestos y no hay quien se responsabilice de ejercer un control principal.

En realidad, son esas características las que fortalecen su modelo. El blockchain está construido por bloques interconectados en los que se depositan y se realizan los intercambios de bitcoins.

En cada computadora, o nodo, de la cadena existe una copia del bloque en el que se realiza la transacción; cabe recordar que la información es pública.

Los movimientos ejecutados están a la vista de todos, por lo que una acción fraudulenta es imposible.

Una objeción lógica sería decir que es inviable mantenerse al tanto de cada movimiento aunque haya muchos ojos mirando.

Tal inconveniente también está resuelto.

A cada bloque le corresponde un hash, un número irrepetible. Pero además cuenta con el hash del bloque previo, lo cual permite la conexión entre ambos.

Ahora bien, el hash se asigna de manera peculiar: se proporciona según lo que el bloque contenga. Además, los intercambios encriptados son confirmados por participantes llamados “mineros”.

En las computadoras de los mineros se realizan operaciones matemáticas complejas para confirmar las transacciones.

El cofundador y director de la empresa Blockchain (la mayor cripto-cartera del mundo), Peter Smith, en la segunda Web Summit 2018. Foto: EFE/Jose Sena Goulao

Esto implica, por lo expuesto con anterioridad, que si alguien trata de hacer un cambio indebido en las cantidades de bictoins, tal acción no podrá ocurrir.

Además, se emitiría una alerta a los integrantes de la cadena, por lo que todos sabrían que hay algo mal en ese bloque.

La arquitectura basada en la interconexión es lo que blinda las transacciones del blockchain y lo que también le permite ser independiente de una entidad central.

La ventaja de este sistema en el que todo funciona de forma virtual, es la exclusión de los inconvenientes causados por las personas.

Como lo expresó Satoshi Nakamoto: “El problema de raíz con las divisas convencionales es toda la confianza necesaria para que funcionen”.

En el blockchain no es necesario depositar confianza en los involucradas. El modelo obliga a que las operaciones sean infalibles.

MÁS ALLÁ DEL BITCOIN

Cuando se habla de blockchain, lo más usual es ejemplificar usando el bitcoin como moneda. Sin embargo, sus aplicaciones van mucho más allá. Los bitcoins son programables, por lo que pueden representar cosas diferentes.

Por ejemplo, dentro del rubro monetario, pueden ser pesos, euros, dólares, etcétera. Pero todavía hay más opciones.

Como lo expresó Gabriel Kurman, CEO y cofundador de Koibanx: “El bitcoin es sólo la punta del iceberg y es el primer caso de uso de la tecnología blockchain”.

Es amplísimo el abanico de cosas que un bitcoin puede representar. Entre algunas de las más notorias se encuentran: barriles de petróleo, acciones de una compañía, certificados de propiedad e, incluso, kilowatts de energía.

Estas posibilidades pueden tener repercusiones cercanas a los usuarios.

Una muestra de cómo nuestra vida cotidiana tiene el potencial de cambiar, se encuentra en el llamado Internet de las cosas (The Internet of things o IoT).

Este concepto (que ya ha comenzado a llevarse a la práctica), consiste en la interconexión e interacción de los objetos. Por ejemplo, de este modo un refrigerador estaría conectado a la red.

Una vez que el electrodoméstico detecte que se terminó cierto producto, sería capaz de avisar y gestionar, por sí solo, la compra de lo que falte.

Aquí entraría el blockchain, a través del cual se realizaría la transacción de forma segura, transparente y automatizada.

Es natural suponer un choque entre el viejo sistema y el que tiene el potencial de reemplazarlo. Sin embargo, de momento este no parece ser el caso.

Las instituciones ya existentes parecen estar optando por ser parte del cambio. Destaca el caso del banco HSBC que, junto a ING Bank NV, el año pasado realizó su primera transacción utilizando el blockchain. Esto podría ser un vistazo al futuro que se aproxima.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, durante el lanzamiento de la criptomoneda Petro al mercado internacional en 2018. Foto: EFE/Cristian Hernandez

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