La Tierra en agonía
Reportaje

La Tierra en agonía

El germen de la contaminación mundial

Las recientes imágenes que circulan en las redes sociales y en los medios de comunicación tradicionales, relacionadas a la abrumadora cantidad de plástico flotando o sumergida en los mares, son muestra del nivel de contaminación mundial ocasionada por las actividades humanas. La contingencia ambiental que soporta la Ciudad de México es otro rasgo del comportamiento de una sociedad que rechaza, omite o desconoce estrategias para reducir las emisiones contaminantes. A nivel regional el destino que se da a los desechos, tirándolos a los ríos, el bajo volumen de aguas negras tratadas para su reutilización, el uso de cerca de doscientas fórmulas de pesticidas prohibidos en otras latitudes y el desaprovechamiento de los residuos orgánicos para producir energía, son conductas que aminoran la calidad de vida y desestabilizan el equilibrio ambiental. La exacerbada contaminación provocada por la humanidad no le da tregua al planeta para recuperarse. Las acciones de remediación no han prevalecido sobre las que generan más contaminación, y, acaso lo más grave, es que la sociedad se está acostumbrando a vivir entre su basura. El mundo se halla en una etapa de fiebre ocasionada por una grave enfermedad que solo se curará eliminando el virus que la ocasiona.

Raúl Martínez Fraire es campesino del Valle de Ciudad Juárez, Durango, al sur de la Comarca Lagunera. La zona es conocida por ser el área de hortalizas de la región; en sus tierras crecían pepino, lechuga, zanahoria, coliflor, cilantro y rábano, entre otros productos, incluido el tomate. Al tiempo la superficie agrícola se redujo y algunos cultivos fueron sustituidos por forraje debido a la demanda del mercado. El que desapareció por completo por causas diferentes a la comercialización fue el tomate: “Desde que se instaló la termoeléctrica cae un polvillo negro, muy finito. Sí salía la flor de la planta, pero antes de que apareciera el fruto, tiraba la flor”, recuerda el campesino Martínez Fraire en clara alusión a la contaminación del aire causada por la planta generadora de electricidad llamada Guadalupe Victoria, construida cerca de su área de cultivo. Aquel residuo altamente contaminante proviene de la ignición del combustóleo, producto derivado del petróleo que utiliza la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para alimentar los motores de las termoeléctricas.

El combustóleo que se produce en el país está constituido en promedio por un 85 por ciento de su peso por carbono, contiene además hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, azufre y en pequeñas cantidades vanadio, níquel y sodio, define la guía para elaborar el inventario de emisiones de gases por la operación de centrales de generación que consumen combustibles fósiles de la CFE. Al quemarse para dotar de energía a las fábricas termoeléctricas arroja a la atmósfera Gases de Efecto Invernadero (GEI) compuestos por bióxido de carbono, metano, óxido de nitrógeno, así como bióxido de azufre y partículas suspendidas como el hollín que se posa en las hojas de las hortalizas cultivadas en el valle y que llegan a la mesa de los habitantes de la Comarca Lagunera a través de los productos que logran madurar.

Una fábrica contribuye a la polución del aire al este de Pekín, China. Según el diario español El Mundo, esta provoca unas 700 mil muertes al año. Foto: Peter Parks/peru21.pe

Los combustibles fósiles como el combustóleo, no sólo contaminan el aire, también el agua y el suelo son afectados por los aceites quemados que se desechan. “La contaminación del aire, ocasionada por la quema de combustibles fósiles en plantas de energía, humos industriales y vehículos automotores, es responsable de la muerte de alrededor de medio millón de personas en el mundo y también causa entre cuatro y cinco millones de casos de bronquitis crónica, así como millones de casos de otras enfermedades graves”, reveló un estudio de 2011 de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Constantes y abundantes emisiones como la de la termoeléctrica Guadalupe Victoria en Lerdo, Durango, y pequeños, pero no por ello menos contaminantes, incendios ilícitos de llantas y desechos de poliuretano ocasionados intencionalmente en el lecho del río Nazas entre los municipios de Torreón, Coahuila y Gómez Palacio, Durango, así como las fundidoras de fierro de las áreas industriales de la zona conurbada, son fuentes altamente contaminantes que sumadas, forman una nube que ocasiona enfermedad y muertes, incluso los metales pesados llegan a alojarse en el cerebro humano.

Agnes Soares experta regional de epidemiología ambiental de la Organización Panamericana de la Salud, asegura que el 80 por ciento de las personas que vive en las ciudades respira emisiones por arriba de los límites permisibles a nivel mundial. Esta organización levantó un censo en tres mil ciudades en el mundo, entre los datos sobresalientes está el hecho de que las urbes en América se “estancaron” en sus índices de contaminación, si bien es cierto no incrementaron los niveles, tampoco se han reducido. Para el estudio se clasificaron las ciudades americanas por sus ganancias económicas. “No hubo incremento en la contaminación en los países económicamente bajos y medios”, señaló la experta, y acotó: “En los países de ingresos altos sí hubo variaciones. Argentina, Canadá, Chile, Estados Unidos, Uruguay y Venezuela, representaron una disminución en la contaminación”.

Se monitorearon 524 ciudades americanas entre 2008 y 2013. Las que tienen menores ingresos económicos poseen automóviles que contaminan en demasía, aunque las fuentes emisoras son diversas. Para frenar esta polución se requiere, primero (señaló la funcionaria de la organización internacional) reconocer el riesgo que acarrea la contaminación en el aire y tratar el tema con acciones prácticas, como establecer un sistema de transporte público de calidad; una segunda acción sugiere establecer reglamentación sobre la calidad de los vehículos particulares, y, especialmente, producir una estrategia de comunicación de riesgo dirigida a la población, en la que se aborde con seriedad el impacto a la salud causado por respirar aire contaminado. Esta comunicación, puntualiza Agnes Soares, no debe darse sólo en momentos de contingencia ambiental, sino debe hablarse constantemente del significado de la contaminación del aire.

Foto: Colombia/laud.udistrital.edu.co/adelantosdigital.com

La problemática queda irresuelta no por la falta de tecnología, sino porque no se manifiesta voluntad política de los gobiernos y empresarios, afirmó la experta de acuerdo a lo publicado en El combate a la contaminación del aire en las ciudades de las Américas avanza a dos velocidades: Organización Panamericana de la Salud (BBC).

Un par de decisiones políticas ejercidas en México confirman lo expuesto por la analista: la aprobación de la construcción de la termoeléctrica en Huexca, Morelos, que utilizará probablemente combustóleo, y la continuidad en la venta de carbón mineral para abastecer a las carboeléctricas de Coahuila, desplazan las alternativas para la generación de energía limpia. La política federal continuará con la emisión de los gases de efecto invernadero a la atmósfera, pese a que hay nuevas revelaciones adversas sobre el aire que respiramos.

METALES PESADOS EN EL CEREBRO

La Ciudad de México al igual que Tokio en Japón y Los Ángeles en Estados Unidos, tienen un grave problema de contaminación del aire causado por las emisiones de los automóviles.

En México circulan arriba de 30 millones de automotores y en la capital de la república son alrededor de 6 millones de vehículos los que emiten constantemente bióxido de carbono y metano.

En la primera quincena de mayo de este año los 21 millones de habitantes del valle de México padecieron una contingencia ambiental sin precedentes que paralizó por una semana las actividades normales de la urbe. La severidad de la crisis obligó a las organizaciones civiles Red por los Derechos de Infancia en México, Greenpace y a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, a pronunciarse por la aplicación de medidas urgentes para frenar la polución.

Entre las principales demandas resaltó el desfase de las Normas Oficiales Mexicanas que regulan los límites permisibles de emisiones contaminantes y de la calidad de combustibles, así como las de salud ambiental, normas que aceptan niveles por arriba de los estándares internacionales reconocidos por la Organización Mundial de la Salud.

De acuerdo a los tres organismos civiles, en México “mueren cada año al menos mil 680 niñas y niños menores de cinco años de edad por enfermedades relacionadas con la mala calidad del aire; el número de muertes atribuibles a esta causa se ha incrementado en 60 por ciento entre 1990 y 2015, debido a las altas concentraciones de contaminantes, la gran mayoría vinculadas con el uso de transportes como automóviles” (revista Proceso 15 de mayo de 2019).

Foto: Nagy-Bagoly Ilona/RF/Thinkstock

El 53 por ciento de las muertes por asma ocurrió en menores de cuatro años de edad, revelaron las fuentes citadas, a causa de la alta exposición al dióxido de nitrógeno que “se relaciona con diversas enfermedades de las vías respiratorias”.

Si el dato no es alarmante, valdría la pena observar las imágenes que la NASA publicó respecto a aquel episodio de polución atmosférica acontecido el 12 de mayo pasado en el valle de México: la imagen satelital muestra un par de densas nubes de esmog y de humo ocasionado por el parque vehicular y los incendios en el sur del país; cubren por completo la región centro del territorio nacional.

Una causa del incremento en la emisión de gases, “sospecha” el gobierno de la Ciudad de México, es la circulación fuera de la ley de por lo menos 169 mil vehículos que habían sido rechazados en las verificaciones.

No sólo estos transportes, sino el resto de fuentes de contaminación, expiden gases y partículas suspendidas, las cuales llegan hasta el cerebro humano, revelaron autopsias practicadas a personas que habitaron la megalópolis mexicana.

La OMS categorizó a las partículas, llamándolas PM 2.5 como las responsables en la aparición de cáncer a largo plazo, informó por su parte la investigadora de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Ana Rosa Moreno Sánchez.

La integrante del equipo del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático de las Naciones Unidas, explicó: “las partículas que normalmente se miden en el ambiente, de 10 micras, son las que contienen los mocos, de esta manera se filtran. Sin embrago entre más pequeñas sean, más peligro representan para la salud porque van directo a los pulmones”, declaró para el portal México Ambiental, en el que se afirma que en México ocurren 21 mil muertes al año a causa de la mala calidad del aire.

Para abonarle a lo dicho, la investigadora se refirió al estudio realizado en Inglaterra que consistió en el análisis después de la muerte, de los cerebros de habitantes de la Ciudad de México y de otras zonas urbanas inglesas. “En los cerebros de las personas mexicanas se encontraron metales pesados y la única explicación era que en el aire había partículas de éstos”.

Fue la Universidad de Lancaster, de Inglaterra, la que analizó muestras de 37 personas, 29 de ellas de entre 3 y 85 años de edad que vivieron y murieron en la Ciudad de México; los investigadores descubrieron que pequeñas partículas de metal que se desprenden de los gases de la combustión pueden introducirse por la nariz “y viajar hasta el cerebro humano”; en el portal de Aristegui Noticias se incluye la declaración de la profesora Barbara Maher, principal autora del estudio: “Es la primera vez que vemos estas partículas de contaminación dentro del cerebro humano. Es un hallazgo que plantea toda una nueva área de investigación para entender si estas partículas de magnetita están causando o acelerando enfermedades neurodegenerativas”.

Contaminación en Ciudad de México. Foto: Santiago Arau/Twitter

CUARTA ZONA MÁS CONTAMINADA

Aún más dañino que el escape de un automóvil resultan ser los gases expulsados por los mamíferos, y en la Comarca Lagunera la magnitud de este problema propició que la región fuera catalogada como la cuarta zona más contaminada, de 241 en el mundo, por emisiones de amoniaco.

El amoniaco afecta la calidad del aire y tiene implicaciones para la salud humana y la esperanza de vida. El exceso de amoniaco en el medio ambiente también contribuye a la acidificación y eutrofización (acumulación de residuos orgánicos que propician la proliferación de algas, como el caso del sargazo en el caribe mexicano) de los ecosistemas, y al cambio climático. Las emisiones generadas por los humanos superan a las naturales y en su mayoría se originan en actividades agrícolas, domésticas e industriales”. Revela el estudio publicado en la revista Nature.

Se produjo un mapa de alta resolución de amoniaco atmosférico obtenido durante una década de observaciones satelitales diarias. Se reportaron 248 hotspots o puntos con mayor concentración, con diámetros menores a 50 kilómetros asociados a una sola fuente puntual o un grupo de fuentes puntuales agrícolas e industriales, con la excepción de un punto que emite amoniaco de forma natural. Los autores de esta investigación son Martin Van Damme, Lieven Clarisse, Pierre-Francois Coheur entre otros.

El lugar más contaminado del mundo por emisiones de amoniaco es un pueblo de apenas 257 habitantes en el estado de Colorado en Estados Unidos. Se trata de Eckley, en el condado de Yuma. La superficie de la zona habitada es de 1.24 kilómetros, cabe en la menor de las superficies de cultivo regadas con el sistema de pivote central.

Alrededor de este pequeño caserío norteamericano enormes áreas de cultivo circulares se destinan a la siembra de maíz, aprovechado en una amplia diversidad de productos alimenticios, tanto para los humanos como para los animales.

La segunda y tercera zonas contaminadas con amoniaco son también norteamericanas y agrícolas, se trata de los pueblos Bakersfield y Tulare, las regiones más extensas en el valle de San Joaquín en California. Bakersfield es la capital del condado de Kern, California; aquí viven poco menos de cuatrocientos mil habitantes. La tecnificación en los casos norteamericanos posibilita a pocas personas abrir extensas áreas de cultivo.

Mapa de concentraciones de amoniaco en la atmósfera. Refleja 242 fuentes puntuales (círculos negros) y 178 zonas de emisión más grandes (rectángulos blancos). Foto: Martin Van Damme y Lieven Clarisse/elindependiente.com

Sigue en la lista Torreón ocupando el cuarto sitio con alta presencia de amoniaco en el ambiente. El estudio identifica a la zona de la Comarca Lagunera bajo el nombre de una de las ciudades conurbadas. En la serie de fotografías con las que ilustra las emisiones se lee: “En el siglo 19, el área ya era un centro de cría de animales (entonces se llamaba apropiadamente el Rancho de Torreón), y cumple este rol hasta hoy. Las imágenes muestran algunos de los grandes corrales de engorda justo al norte”.

El artículo científico, los mapas y las fotografías satelitales se pueden consultar en www.nature.com bajo el título Industrial and agricultural ammonia point sources exposed.

La Comarca Lagunera es la principal cuenca lechera del país, es también un hotspot de contaminación de amoniaco, y podría ser la principal generadora de energía si se aprovechasen los desechos de las vacas. Pero esto no ocurre, no por falta de tecnología, sino de visión para desvelar la oportunidad.

De acuerdo al censo de Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural en 2017 en la Comarca Lagunera existían 829 mil 938 vacas lecheras y ganado destinadas a la producción de carne. Además de 60 mil 438 cerdos, 5 mil ovejas y 416 mil 820 chivas.

El total de bovinos genera cada día más de 16 millones de kilos de estiércol. Ese desecho podría transformarse en biogás o en energía eléctrica.

La tecnología para obtener energía de los desechos se llama biodigestor. Desde los setentas en el siglo pasado China comenzó con la construcción de biodigestores domésticos, veinte años más tarde por lo menos 5 millones de hogares cuentan con uno del que obtienen energía. Alemania y España son otras dos naciones que en los ochentas emprendieron su uso con éxito.

En el Diagnóstico general de la situación actual de los sistemas de biodigestión en México, de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, se confirma que sólo existen 64 biodigestores en la región lagunera, aunque no define si están operando.

En cambio en la ficha pública 231389 del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, se realizó un muestreo a 90 biodigestores construidos en La Laguna, los resultados indicaron que solamente el 12 por ciento de aquéllos, es decir 13, generan electricidad. El 33 por ciento están inactivos y el 55 por ciento queman gas sin beneficio.

Sistema biodigestor. La primera biobolsa de México se colocó en Jalisco en 2007. Foto: sistemabiobolsa.com

La contaminación en el aire es un veneno invisible, como lo son las micropartículas de plástico que se han detectado en los alimentos.

PRIMER LUGAR EN DESECHOS DE BOTELLAS

En el planeta se generan más de dos mil millones de toneladas de basura al año y la cantidad irá en aumento, revela el Banco Mundial, organismo que asegura que la cifra se disparará hasta los 3 mil 400 millones de toneladas para el año 2050. “En el informe señala factores problemáticos como el plástico, del que en 2016 se generaron 242 millones de toneladas de desechos”, se lee en el texto de la institución internacional difundido por la BBC de Londres.

Los países de América Latina que más basura generan por persona, de acuerdo a la misma fuente, son México en primer lugar con un promedio de un kilo con 160 gramos al día en 2018, cifra que supera en cuatrocientos gramos la que calculó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Acaso por ser visible, las masas de basura son más impactantes que los gases y partículas suspendidas en el aire, las cuales respiramos todos los días.

Son los hogares el principal lugar de generación de basura, y es también el valle de México donde se obtiene casi el 30 por ciento del total de desperdicios de acuerdo al INEGI. Le siguen Jalisco, Veracruz, Guanajuato y Nuevo León como las entidades más productoras de desechos.

El dato alarmante es que el 87 por ciento de los tiraderos de basura son a cielo abierto y sólo el 13 por ciento se consideran rellenos sanitarios. Esto impacta en los suelos y el aire. La basura orgánica genera lixiviados, escurrimientos que se filtran hacia los mantos acuíferos, donde subyace el agua que se extrae para consumo humano.

Los tiraderos a cielo abierto, así como los drenajes urbanos en malas condiciones, son dos fuentes de contaminación del agua subterránea.

Para ejemplificar sirva el caso de Gómez Palacio, ciudad conurbada de la Comarca Lagunera en el centro norte del país. Según la información del director del Sistema Descentralizado de Agua Potable y Alcantarillado, el arquitecto Adelmo Ruvalcaba Nieto, existen dos mil kilómetros de tubería de drenaje, únicamente en la zona urbana de la ciudad donde viven alrededor de 260 mil personas. Es una red añeja que presenta en múltiples puntos fugas de aguas negras. Estas aguas negras, así como los lixiviados de la basura, se filtran hasta contaminar los acuíferos.

Foto: sertox.com.ar

El Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, el área científica de la Comisión Nacional del Agua, confirmó en diversos estudios la contaminación de los acuíferos por E. coli, una bacteria que vive en los intestinos de las personas y los animales.

En el Diario Oficial de la Federación de diciembre de 2015 se publican los estudios técnicos de las aguas nacionales subterráneas, específicamente del acuífero principal de la Comarca Lagunera, y se destaca que, además del alto contenido de arsénico, “la presencia de coliformes fecales y totales se registró en algunas muestras de agua subterránea”, los cuales “rebasan los límites máximos permisibles establecidos por la Norma Oficial Mexicana nom-127-SSA1-1994”.

Y en la superficie los plásticos que se degradan por efecto del sol llegan hasta los alimentos.

Por cada habitante de México se producen 200 botellas de PET, reveló la directora general para el Cambio Climático de la Secretaría de Medio Ambiente, Sandra Leticia Guzmán Luna.

Se estima que al año se producen 300 millones de toneladas de plásticos de los cuales un alto porcentaje termina en los ríos, lagos, lagunas y mares, y también, en los alimentos.

La Universidad de Alicante, en España, revela que se han encontrado microplásticos en el 90 por ciento de la sal que consumen los humanos, publica la revista National Geographic.

Foto: bolsavegetaldemaiz.cl/EcoInventos

La publicación internacional resalta la afirmación del responsable de la campaña de residuos de Greenpace, quien afirma: “En España se venden 50 millones de envases de bebidas cada día, de los cuales 30 millones no se reciclan”. Algunos son consumidos por los peces que llegan a la mesa.

La basura también es una fuente de energía, de nutrientes para la agricultura y materia prima en el reciclaje. Es dinero que se deja ir a causa del desconocimiento o desinterés. Por ese desinterés se explica que exclusivamente cinco estados mexicanos destaquen por separar su basura, son Querétaro, Jalisco, Nuevo León, Distrito Federal y el Estado de México.

ISLAS DE BASURA

A finales del 90 se detectó una isla de basura flotando en el océano Pacífico, entre Hawái y California. El investigador zelandés L. Lebreton, encabeza al equipo que calculó en 79 mil toneladas de plástico el peso de esta gran mancha que cubre una superficie de 1.6 millones de kilómetros cuadrados, “una cifra dieciséis veces superior a la reportada anteriormente”, revela el estudio “Evidencia de que la Gran Isla de Basura del Pacífico está acumulando rápidamente plástico” publicado en Nature.

Más de tres cuartas partes de aquel lunar flotante se componen por escombros mayores a los cinco centímetros de tamaño y, al menos el 46 por ciento del plástico total son redes de pesca. “Los microplásticos representaron el ocho por ciento de la masa total, y el 94 por ciento lo conforman 1.8 trillones de piezas de plástico”, revela el análisis.

Nuestros resultados sugieren que la contaminación plástica del océano dentro de esta isla, está aumentando exponencialmente y a un ritmo más rápido que en las aguas circundantes”.

La información del artículo científico abruma por contundente: en la última década se ha producido más plástico que nunca, el consumo anual supera los 320 millones de toneladas; lo peor es que una cantidad significativa sirve para un propósito efímero, como las bolsas del mandado.

Alrededor del 60 por ciento del plástico producido es menos denso que el agua del mar. Cuando se introduce en el ambiente marino, el plástico flotante puede ser transportado por corrientes superficiales y vientos, recapturado por líneas costeras, degradado en pedazos más pequeños por la acción del sol, las variaciones de temperatura, las olas y la vida marina, o perder flotabilidad. Sin embargo, una parte de esos plásticos flotantes se transportan mar adentro”.

En el artículo describen la metodología y la estrategia para monitorear el gran parche de basura plástica, tanto por mar como por aire. Perfeccionaron sus sistemas de observación y de procesamiento de muestras, separaron los fragmentos, identificaron tapas de botellas, botellas y bolsas, así como “objetos raros”. Algunos fragmentos no los pudieron reconocer. Los pesaron, midieron, clasificaron por tipo de plástico, procesaron imágenes aéreas, diseñaron modelos numéricos; en total, invirtieron 12 años de su vida para demostrarle a la humanidad la cantidad de basura que arroja en su entorno:

A lo largo de 20 años, las islas de basura en el mar han orillado a 660 especies al borde de la extinción. Foto: agua.org.mx/AFP/Caroline

Estimamos un área de 1.6 millones de kilómetros cuadrados tienen concentraciones de plástico oceánico. Existen 1.8 billones de piezas de plástico que pesan 79 mil toneladas”. Al parecer no es la única isla de plástico en el océano, pero sí la más grande: se identificaron cuatro más flotando por los mares del mundo.

El panorama es adverso, a pesar de que existen marcos jurídicos impuestos para reducir el consumo, en algunos casos son letra muerta, como el uso de pesticidas prohibidos por su toxicidad y que sin embargo continúan aplicándose en las comarcas agrícolas.

El paradigma de una producción y consumo sin observar el impacto ambiental probablemente cambie cuando no haya marcha atrás en este proceso de contaminación intensa, ocasionado por una sociedad que cada vez más se acostumbra a vivir entre su basura.

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