Criticar o gobernar
Opinión

Criticar o gobernar

Jaque Mate

Siempre es más fácil criticar que gobernar. Lo han sabido los políticos que, después de buscar el poder durante años o décadas, cuestionando de manera sistemática a los gobernantes en funciones, alcanzan finalmente el poder.

Le ocurrió a Vicente Fox, quien hizo campaña en el 2000 contra el PRI y afirmó que los problemas del país se solucionarían cuando el partido hegemónico fuera expulsado de Los Pinos. Enrique Peña Nieto ganó los comicios del 2012, en cambio, porque convenció a los electores que los priistas, en contraste con los panistas, sí sabían gobernar. No sorprende que Andrés Manuel López Obrador haya ganado la elección del 2018 tras afirmar que había que acabar con el “PRIAN” y que una vez que él estuviera en el poder pondría fin a la corrupción y a la inseguridad para empezar la “cuarta transformación” del país.

Las cosas, sin embargo, nunca son tan fáciles. Es muy sencillo criticar a un gobierno desde la oposición, pero una vez que el nuevo gobernante toma el poder se da cuenta de que las dificultades de manejar un país como México son enormes.

Como los presidentes anteriores, López Obrador presenta siempre una visión optimista de lo que está haciendo su gobierno. Dice que recibió un país destrozado, pero añade que ahora sí “vamos requetebién”. La realidad es mucho más complicada. Si bien la bolsa y el peso se han fortalecido ligeramente, y la inflación se ha mantenido bajo control, temas de los que, a propósito, se enorgullecían previamente los gobiernos “neoliberales”, la economía real se contrajo ligeramente en el primer trimestre del 2019 y los empleos, si bien siguen aumentando, no lo hacen al ritmo de antes.

En otros temas, los saldos del nuevo gobierno son mucho más cuestionables. La cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México tendrá un costo muy elevado, no sólo por los montos necesarios para saldar los bonos que ya se habían emitido para financiar la construcción, sino porque se perderá la oportunidad de tener un hub, un centro de conexiones, que impulse la expansión de la industria aeronáutica y del turismo.

El fin de las nuevas licitaciones para la exploración y desarrollo de pozos petroleros tendrá un impacto negativo, tanto como el uso del capital de Pemex no para producir petróleo crudo, sino para construir una refinería que parece destinada a perder dinero.

Tendrá efectos dañinos, asimismo, la eliminación del presupuesto de promoción turística, tan necesario para contrarrestar la imagen de violencia que se ha generado para el país. Usar en cambio recursos para construir un tren de 150 mil millones de pesos en la península de Yucatán, el cual perderá irremediablemente dinero, es también otro error.

El recorte al gasto público es necesario. Desde hace mucho tiempo hemos tenido un gobierno obeso. Pero los recortes parecen hechos con machete y no con bisturí. La reducción a los recursos de salud, por ejemplo, ha tenido ya consecuencias dramáticas en la población más necesitada. Lo peor es que lo que se ha ahorrado en medicamentos y equipos para la salud se está usando para cancelar el aeropuerto y otros gastos innecesarios.

El gobierno apenas empieza. Muchas cosas pueden cambiar. López Obrador quiere realmente dejar huella y transformar al país. Quizá no todas sus ideas sean buenas. Pero tiene todavía mucho tiempo para corregir errores y ayudar a construir un México mejor.

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