Apropiación cultural
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Apropiación cultural

El robo de tradiciones y costumbres

En el mercado internacional confluyen intereses que pueden chocar, por lo que los productos pueden estar en una marea de problemas éticos e incluso tener que enfrentar litigios. Al parecer no cualquier influencia ni cualquier forma de tomarla para realizar un artículo, es válida.

Un plagio por supuesto es un delito, pero hablamos de una influencia, un elemento tomado no arbitrariamente y con la intención de ser acreditado como creador de algo que no nos pertenece.

Con el celoso copyright ya habíamos visto esta protección de derechos creativos de empresas grandes, pero importan también aquellos derechos que no tienen una sola persona detrás, sino un grupo étnico.

Nos referimos a la apropiación cultural. Aquellas expresiones típicas de una región, también se protegen de ser usadas como parte de otra creación, pero, más importante aún, de que se lucre con ellas de manera injusta.

Esto es posible gracias a la importancia que se le está dando a evitar el racismo, y al margen de que se trate de una protección válida, las consecuencias son diversas.

Subyace en este tema algo más profundo. El profesor de filosofía de la Universidad de Victoria, James O. Young, en su libro Apropiación Cultural y las Artes, menciona la apropiación como un fenómeno que se da cuando se adoptan o usan elementos de una cultura por parte de otra a la que no pertenecen.

En sí, no engloba un componente ético fuerte acerca del respeto con que se toman estos elementos. Habla más del fenómeno como un simple proceso común en toda sociedad y, de hecho, en toda creación.

Sin embargo, se le ha dado una connotación negativa cuando una cultura mayoritaria toma como suyas prácticas de una cultura minoritaria.

Colección primavera-verano 1967 de Yves Saint Laurent (izquierda), inspirada en expresiones culturales africanas, como las esculturas de la comunidad Bambara en Mali (derecha). Foto: Museo Yves Saint Laurent

CASOS

En 1967 el diseñador de moda Yves Saint Laurent lanzó la colección africana primavera-verano, que fue una de muchas inspiradas en regiones como Mali.

La colección Yoruba de Alexander McQueen del año 2000 utilizó aros para el cuello, perforaciones y hasta máscaras africanas.

Y por haber utilizado símbolos religiosos como imágenes de la virgen María o el Sagrado Corazón, Jean Paul Gaultier, entre muchos otros, han sido acusados de hacer apropiación cultural.

También en el año 2008, Urban Outfitters se inspiró en los nativos americanos, lo que inició demandas por parte de los navajos. A partir de ese momento se logró registrar este tipo de patrimonio con derechos de autor para iniciar procesos legales en contra de la apropiación.

MÁS ALLÁ DE LA COPIA

La expresión más individual de la apropiación puede parecer algo sin importancia, pero esto se pone en cuestión por varias razones. Cuando se hace burla de elementos étnicos, por ejemplo, estaría claro que se está transgrediendo a un grupo y a una cultura.

Un caso sería reconocer que la utilización de rastas ha sido motivo de acoso policiaco en Nigeria para evitar los cultos “ajenos” a la sociedad nigeriana, mientras que la adopción de éstas por alguien con otro estatus social no genera estos problemas, e incluso, se aplaude.

Tal es el caso de la actriz californiana Zendaya en la entrega de los premios Oscar en 2015. Su peinado dejó de manifiesto una enorme brecha social.

Es entonces cuando aparece una banalización de este elemento que simboliza parte de la historia de un pueblo e incluso su visión religiosa y del mundo; se le despoja de su significado original y se transforma en un producto más para los reflectores.

La diseñadora francesa Isabel Marant, en 2015, usó los diseños hechos en un principio por la comunidad indígena mixe de México, replicándolos en una colección suya. En este caso no se trataba de un hecho ambiguo, sino que lo lucrativo del producto lanzado y el plagio hicieron eco.

En estos casos no sólo es una curiosidad o una utilización basada en la ignorancia, sino que quienes deberían obtener beneficios por su trabajo, no son remunerados y se les arrebata su labor.

Otro escenario es el de los bordados de la comunidad indígena de Tenango y la apropiación por parte de la cadena española Mango, los diseños huicholes usados por Dior, entre otros.

La ventaja de las marcas más reconocidas es notoria. Los casos pueden perderse fácilmente debido a la marginalidad de algunos grupos y al poder que estas empresas tienen.

Por eso, que un civil común pero de un estrato más alto o de un país con mayores oportunidades incurra en la utilización de elementos de otras culturas puede ser mal visto, pero es también natural que la influencia se dé en tantos caminos que no sea controlable.

La actriz Zendaya en la entrega de los Premios de la Academia, 2015. Foto: Jason Merritt/Gettyimages

POSIBLE REPARACIÓN

El remedio para esto está en informarse sobre los orígenes de los productos. Se puede separar su utilización banal de su significado real, anteponiendo el respeto por estas costumbres, admitiendo su origen y utilizándolas ya no con todo su contenido, pero sí como símbolo de admiración.

Se puede tomar influencia de algún tipo de música, artículo textil o, en general, cualquier tipo de material producido antes por alguien más, porque es así como surgen nuevas expresiones: mediante la reinterpretación y al añadir otros valores estéticos e incluso otra intención completamente diferente.

La relación que existe entre dos creaciones se puede explicar, la mención de la influencia se convierte en un elemento importante que permite que la pieza anterior continúe con su existencia y atraiga también miradas nuevas hacia ella.

Todo termina por expresarse en la gran multiculturalidad en la que estamos viviendo.

La influencia no es sino un proceso normal de cualquier creación, puesto que “nada surge de la nada”. Lo que se puede rescatar es que la apropiación cultural hace que cuestionemos hacia dónde está nuestro foco de atención, si en la cultura principal que todos seguimos en los medios masivos, o en aquellos microrrelatos que tanto han enriquecido al mundo a lo largo de su historia.

Es como si no pudiéramos tomar en cuenta un uso o costumbre por lo que en verdad significa, y como si, fuera de las pantallas más impresionantes y más luminosas, no existiera nada.

En Japón se ha gestado una tribu urbana que imita la cultura chicana. Foto: Jacob Hodgkinson

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