Tiempo de guamúchiles
Nuestro mundo

Tiempo de guamúchiles

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Como cabellera desparpajada por el insomnio disparándose a todos lados, así veo desde mi ventana del segundo piso el enmarañado ramaje del guamúchil de la esquina. Desde el suelo lo han torturado varias veces amputándole brazos robustos, parece que con la intención de desaparecerlo. Nunca han consumado la tarea. Allí sigue el guamúchil revitalizado por las injustas mutilaciones y lanzando al aire sus ramas anarquistas.

Igual que los mayos y junios de cada año, el guamúchil se motea con vainas rizosas de extraños matices rosáceos por los que en algunos rumbos del occidente de la república las llaman camarones de árbol. La vaina encierra una capa algodonosa, compacta y dulce, que cubre una semilla como las de los tamarindos. La maciza capa blanca es un rico fruto. Tal vez no sea fruto, sino flor. En alguna ocasión escribí del higo llamándole fruto y un lector conocedor me explicó que los higos no son frutos, sino las flores de la higuera.

Por todo Torreón, y supongo que por toda la comarca, de orígenes ignotos han aparecido guamúchiles. Muchos ciudadanos que han de ser demasiado urbanizados los desaparecen de sus banquetas. Quizás haya razón. Trasudan una resina por supuesto pegajosa y en cierta temporada sus fragancias dulzonas y penetrantes no son agradables. Pero siempre aparecen nuevos Guamúchiles por unos y otros rumbos. Son alimento especial para las abejas productoras de miel.

Textos serios dicen que el guamúchil es una leguminosa nativa de México, Centro y Sudamérica. Por ello son variados los nombres que le da el pueblo. Según los entusiastas colaboradores del féisbuc, los indígenas coras de Nayarit, los llaman mamurri catanari; en Michoacán se conocen como pinzan, chiminango y gina; en algún otro rumbo reciben el nombre de guamaras; lo de camarones de árbol, por engarruñados, ya quedó anotado; el nombre científico es Pithecellobium dulce. Es probable que mucho de este párrafo sea impreciso.

Es tan popular el fruto del guamúchil (que aquí se desdeña como las moras de la primavera tierna), que se le encuentran más cualidades que a los productos milagro que anuncian en la televisión. Por el rumbo de Mexicaltzingo, en Guadalajara, sus vendedores ponen alteros que desaparecen pronto a pesar del precio alto que les fijan. Por allá el guamúchil es muy buscado. Lo comen al natural pero también como principal ingrediente de un pastel. Hacen pastel de guamúchil a pesar de lo impertinente que es para el que lo consume y para la atmósfera de quienes lo rodean: los guamúchiles producen flatos de mayor potencia y cantidad que los de los frijoles. Según la sabiduría popular, después de ingerirlos se deben pasear en la boca diez semillas durante diez minutos para evitar los incómodos gases.

Los guamúchiles no sólo son golosina y alimento. Los procuran también por sus cualidades medicinales. Según la conseja popular que nutre féisbuc, sirve (anoto sus cualidades tratando de enmendar la forma caótica en que me aparecieron) para limpiar de parásitos el estómago y el tracto intestinal, estimula el sistema digestivo, alivia la indigestión y la diarrea, es bueno contra la presión alta, acelera el parto y detiene un posible aborto, limpia el hígado, calma el dolor de dientes y el de oídos, sirve contra la colitis, la cáscara se hierve y es buena para lavar heridas.

El fruto del guamúchil, según las apreciaciones populares, es prodigioso como alimento y como auxiliar en la salud. En mayo de plenitud primaveral y en junio con su día del padre y su solsticio de verano se pueden recoger de las ramas o del suelo abundantes guamúchiles. Se le podría preparar a papá un pastel de guamúchil, con la advertencia de su desatenta producción de incomodidades para quienes los consumen y los aires de los alrededores, aparte de ofrecerle un frutero colmado.

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