Maniac
Cine

Maniac

Una visión peculiar de la distopía

Los futuros en los que la humanidad alcanza dificultades enormes son muchos en la ficción, y reflejan la sociedad de cambios en la que estamos inmersos. Para hablar de temas como problemas medioambientales y políticos, este tipo de narraciones pueden ser muy convenientes.

Pero cuando se trata de las relaciones interpersonales, las historias se enfrentan a dificultades grandes para reflejar las complejidades que estas implican. Maniac no sólo abarca este terreno, sino que a pesar de ser una ciencia ficción bastante pesimista, se enfoca en ofrecer una serie llamativa en la que conviven una estética retrofuturista y kitsch, y refleja una visión extraña y cómica del mundo en el que vivimos.

Maniac es el nombre de esta miniserie estadounidense basada en una producción noruega del mismo nombre. Es escrita por Patrick Somerville y dirigida por Cary Fukunaga. Un atractivo que tiene, es ser protagonizada por Jonah Hill y por la ganadora del Oscar, Emma Stone.

Es una comedia negra que aborda temas de ciencia ficción con mucha libertad; sin intentar ser realista en ningún momento respecto a la mente o la manera en que se investigaría en el futuro. Pero refleja temores y problemas inminentes.

Patrick Somerville, creador de la serie. Foto: Michele K. Short/Netflix.

TEMÁTICA

Los protagonistas son una pareja que en un principio parece destinada a encontrarse; o por lo menos es lo que piensa Owen (personaje de Jonah Hill), a lo que Annie (interpretada por Emma Stone) se nota reticente e incluso amenaza con matarlo “con una pistola”.

En el mundo que muestra la serie, los habitantes tienen dificultades financieras importantes y la brecha socioeconómica se hace visible en la relación que tiene el personaje Owen con su familia, formada por empresarios ricos que viven con lujos brindados por las elevadas ganancias y que incluso acceden a ser salvados de problemas legales y de índole penal.

Pero la mayoría de los personajes viven al borde de la quiebra, pidiendo dinero prestado y llevando a cabo extorsiones y fraudes para sobrevivir. Ofrecen servicios muy requeridos por la población a cambio de dinero. Estos varían desde hacerse pasar por amigos de alguien, fingir una relación y continuar las conversaciones con naturalidad para suplir faltas de convivencia, hasta vender su imagen para publicidad.

Maniac nos lleva a un mundo donde las personas pueden recluirse en una máquina, sin quedarnos claro si se convierten en una o si pueden pasar su consciencia al interior de una.

Por otra parte, algunos personajes como el jugador que reta al dealer de Annie en una partida de ajedrez, una especie de robot con forma de oso de felpa y personalidad competitiva y agresiva, es un elemento kitsch o de mal gusto, pero diseñado así de forma deliberada. Los productos graciosos o de apariencia tierna que consumimos hoy, allí se muestran avanzados en tecnología y a veces con consciencia propia a la par de los humanos.

Foto: Michele K. Short/Netflix.

Owen y Annie, cada quien por su cuenta, se encuentran en una ciudad a la que intentan sobrevivir. Esta vez, él pierde su trabajo y ella busca su siguiente jugada para continuar ganando dinero y, tal vez, seguir pagando la adicción que constantemente intenta dejar.

Este escenario los lleva a un laboratorio en el que esperan someterse a pruebas médicas. No se trata de fármacos para malestares del cuerpo, sino destinados a la salud mental y con los que ellos y el resto de sujetos de prueba experimentan alucinaciones que construyen mundos enteros.

Los videos con los que los psiquiatras dan la bienvenida y envían instrucciones a los participantes, tienen una resolución de programa de los años noventa, y las animaciones que se presentan en ellos parecen hechas con bajo presupuesto. Nuevamente una estética de “mal gusto” aparece como algo que llamará la atención de los examinados.

Esto no se puede ver como una coincidencia, puesto que establece una relación de dominación por parte de la empresa farmacéutica. No se busca en los sujetos de prueba un interés por algo bien hecho, sino algo meramente llamativo; parece admitir que en ellos no hay preocupaciones profundas y que son la parte más manejable del sistema con que se mueve ese mundo.

Escena de Maniac. Foto: Michele K. Short/Netflix.

Es en esta parte se advierte que el probar medicamentos no es el objetivo principal de estos psiquiatras, pues las pastillas son un medio para indagar en la mente.

La computadora que utilizan para analizar a los examinados está programada basándose en el cerebro de la madre de uno de los científicos que estuvieron inmiscuidos en la fundación del proyecto. Una actualización en la máquina hace que tenga emociones y por tanto la capacidad de adquirir enfermedades psicológicas como la depresión, lo que desencadena problemas técnicos graves.

El primer fármaco utilizado lleva a los pacientes a experimentar nuevamente un momento de sus vidas, pero tras las fallas, las alucinaciones se van tornando confusas, construyendo realidades alternas en las que los protagonistas se encontrarán y cambiarán su personalidad notoriamente dependiendo de la historia que interpretan.

REFLEXIÓN

La serie no busca tener cuidado con los mundos que crea. Puede ofrecer un episodio con una historia medianamente seria, con magia, sectas, misterios intrincados y de apariencia noir; como puede ofrecer segmentos deliberadamente cursis y sin sentido basados en El señor de los anillos.

Termina existiendo un enlace hecho por un destino manifiesto en la historia de estos dos personajes; esta relación se presenta como un delirio de Owen, quien, necesitado de afecto y con problemas mentales en puerta, busca respuestas en la imagen publicitaria para la que Annie vendió su rostro.

La frágil relación con la realidad que presenta este personaje advierte el vínculo que tendrá con ella durante las alucinaciones. En estos mundos extraños, los dos pondrán de manifiesto las dificultades personales que tienen y hace relucir que los problemas familiares de ambos son lo que desencadena su estado actual.

Annie tiene un duelo que no ha resuelto: el de su hermana. Su culpabilidad por haberla tratado mal crece constantemente y trata de vencer su orgullo para, finalmente poder ofrecer las debidas disculpas.

Pero no solo esto, no se trata de poder despedirse y de mejorar esta relación aunque sea en las alucinaciones (parecidas más a sueños), sino que lucha con su propio miedo a la muerte, tratando de aceptarlo.

Por su parte, Owen lucha constantemente con una relación difícil con toda su familia, de la que se siente ajeno. Pero más aún, con su hermano, que es sumamente dominante y llega a ser abusivo con todos a su alrededor, manipulándolos para que encubran sus conductas de acoso y abuso sexual.

Ambos han sido puestos forzosamente en las mismas realidades y queda en ellos forjar una relación fuerte en la que puedan avanzar durante los siguientes obstáculos.

Foto: Michele K. Short/Netflix.

Envolviendo estas tramas, está la participación de los doctores, que intentan resolver el problema técnico y llevar el experimento a sus últimas consecuencias; tendrán que decidir entre dejar a todos sus sujetos en el sueño, o salvar su proyecto y su equipo.

Maniac es una comedia que a pesar de su extravagancia no deja fuera temas profundos y humanos, y juega con la distopía de una manera poco vista. Aborda las figuras paternas y los problemas heredados, además de tocar el tema de la autoayuda (aunque sea en pocos momentos), lo cual pone de manifiesto que la naturaleza humana es mucho más rara que todas sus tramas, y que en nuestra existencia hay lugar para la comedia a pesar de todo.

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