El imperio de la cultura fan
Reportaje

El imperio de la cultura fan

El juez del entretenimiento

Cualquier persona que tenga un negocio del tipo que sea o que haya trabajado en servicio al cliente en algún momento de su vida sabe la importancia de viejas consejas como “el cliente siempre tiene la razón” o “al cliente lo que pida”. Desde luego, no perder de vista esas consignas es capital si se desea tener una empresa exitosa y llegar a más compradores pero, evidentemente, seguirlas se complica cuando no se está enfrentado a un cliente individual sino a una gigantesca masa de consumidores con personalidades, preferencias, identidades y exigencias de lo más variopintas. Claro, hay múltiples estrategias de mercadotecnia que ayudan a atraer y mantener el interés del público, ninguna es infalible y la gente, impredecible, a menudo da sorpresas.

Dentro de las diversas modalidades y tipos de audiencias con las que es necesario lidiar cuando se trata de productos diseñados para el gran público, existen al menos dos categorías clave, muy similares e interconectadas. Suelen encontrarse como sinónimos, pero en general se acepta que existen diferencias.

FAN VS FANDOM

La primera es fan, así, a secas. Se acepta que el término es una apócope de “fanático”, que deriva del vocablo latino fanaticus, que a su vez proviene de fanum: templo, y que de forma general significaría “perteneciente al o servidor del templo” aunque rápidamente cobró el sentido de “delirante o lleno de fervor religioso”; hasta la fecha sigue aplicándose a quienes exhiben un apasionamiento excesivo por creencias, ideologías, etcétera. Ya no sólo en la esfera religiosa. En adición, su uso suele estar teñido de matiz negativo, pues se asocia a los fanáticos con prácticas intolerantes y una marcada falta de respeto a cualquier punto de vista que pueda diferir de aquello que defienden.

En consecuencia, al hablar de ciertos productos culturales de consumo popular (deporte, música, cine, televisión, etcétera) es común asociar a los fans con personas que llevan su afición demasiado lejos y que pueden terminar completamente obsesionadas con todas las consecuencias que implica, incluida la violencia. Otro lugar común es pensar en los fans como seguidores incondicionales de aquello que les apasiona. Lo anterior sucede precisamente porque una de las bases de ser fan es el establecimiento y mantenimiento de relaciones de familiaridad no recíprocas con personas famosas; esto lleva a crear vínculos de lealtad con aquello que admiran porque ese algo o alguien adquiere una importancia sustancial en el día a día del aficionado, convirtiéndose en parte de su identidad, y dadas ciertas características de personalidad, esos factores pueden crear un cóctel peligroso.

La segunda categoría se liga a la anterior: el cada vez más mencionado fandom. El vocablo surge de la contracción de las voces inglesas “fan” y “kingdom” (reino fan). El fandom básicamente señala a los seguidores de un grupo musical, un actor, una obra de ficción, en otras, pero considerados como un grupo. Así mismo, suele usarse para designar al conjunto de actividades, comportamientos y prácticas culturales de esos grupos.

Foto: GettyImages/Luis Parejo

Es un concepto similar a la “base de fans” o los clubes. Los fandoms son comunidades organizadas, reguladas internamente por sus propias normas, en ocasiones incluso hay personas que fungen como moderadores para tratar de mantener al colectivo lo más armonioso que se pueda. Otro rasgo destacable es que promueven y proveen fuertes sentimientos identitarios, empáticos, de camaradería y de solidaridad entre sus miembros.

Según el diccionario Merriam-Webster, el primer uso conocido de la palabra fandom data de 1903, como una forma de referirse a un colectivo de fans, que en su origen estaba ligada específicamente al ámbito deportivo.

Ya mencionado, con frecuencia y durante mucho tiempo las apreciaciones exteriores sobre los fans han estado marcadas por una visión desfavorable. Aun admitiendo que existen individuos que “se van al lado oscuro” y desarrollan comportamientos poco saludables, es más correcto pensar en los fans simplemente como seguidores, aficionados o admiradores de algo o alguien. Son personas que disfrutan ciertos pasatiempos, se mantienen al tanto de las actividades profesionales de sus artistas preferidos o siguen los partidos de un equipo pero de manera casual, sólo como una forma de entretenimiento.

Por otro lado, los fans que en adición forman parte de un fandom suelen exhibir un grado más alto de compromiso en sus aficiones, invierten más tiempo y dinero que los aficionados a secas y uno de sus sellos distintivos es que se involucran de lleno en el colectivo al que pertenecen, no sólo consumiendo pasivamente, sino discutiendo, reseñando, criticando, especulando e incluso generando contenidos nuevos basados en aquello que siguen.

Un dominio de Internet que ilustra estas dinámicas se llama FANDOM (https://es.fandom.com/explore-es), y se define como: “la voz de los fans del entretenimiento. Un lugar donde los fans pueden discutir, encontrar y compartir conocimientos sobre cualquier tema”. De acuerdo a su información, alojan a más de 385 mil comunidades y más de 50 millones de páginas. El formato utilizado es el llamado “wiki”, un sitio web basado en principios cooperativos, lo que significa que los usuarios pueden crear, editar, corregir o eliminar contenidos directamente desde el navegador, sin necesidad de recurrir a programas o códigos especiales, lo que permite que las interacciones sean rápidas y fáciles.

Dado que prácticamente todo y todos son objeto potencial de fandom, sus cifras no parecen descabelladas. También es cierto que, como en todo, hay algunos más populares que otros y en tiempos recientes se ha difundido la costumbre de ponerles nombres que permiten identificarles eficientemente.

Algunos de los más famosos dentro de los productos ficcionales son: Star Wars, Waries; Star Trek, Trekkies; El Señor de los Anillos, Ringers; Los juegos del hambre, Tributes; Doctor Who, Whovians; Harry Potter, Potterheads; The Walking Dead, Walkers; Game of Thrones, Thronies; Sherlock Holmes, Sherlokians o Holmesians.

El club de fans de Star Wars celebra el Día de Star Wars frente al Coliseo romano, Italia, 2014. Foto: GettyImages/Tiziana Fabi/AFP

En cuanto a personas reales están los fans de Lady Gaga, Little Monsters; Ed Sheeran, Sheerios; Justin Bieber, Beliebers; Selena Gómez, Selenators; Adele, DayDreamers; Britney Spears, B-Army; Madonna, Madders; One Direction, Directioners.

Además existen otras categorías, como groupie, que tradicionalmente designa a mujeres jóvenes cuyo objetivo generalmente es establecer relaciones amistosas y/o sexuales con músicos famosos, aunque en sentido más amplio se refiere a quienes siguen a un cantante o grupo musical durante sus giras con la esperanza de llegar a conocerlos en persona. En Occidente, la palabra otaku engloba a quienes tienen por afición el anime, el manga y la cultura japonesa en general. Gamers son los apasionados de los videojuegos, existen subdivisiones como casuales, regulares, hard core y profesionales. Geeks, aunque su uso difiere del significado en inglés, que es más amplio, en español se usa para referirse a los apasionados por el desarrollo tecnológico y los gadgets. Los aficionados a los trenes (railfans) forman un gran grupo con varias ramas tales como: restauración de trenes, seguimiento de trenes, fotografía ferroviaria o modelismo; son de los fandoms activos con mayor antigüedad.

Ya que una lista exhaustiva sería imposible de realizar, sirva esto como una pequeña muestra del amplísimo abanico de posibilidades de apasionamiento que tiene la especie humana.

ANTES COMO AHORA

Una de las consecuencias directas del aumento en la eficiencia y el acceso en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) es la agilización de las vías de diálogo. Evidentemente los fans han aprovechado los canales que se les ofrecen para manifestarse, por lo que se han vuelto mucho más visibles y difíciles de ignorar, dado que también facilitan que personas con intereses comunes ubicados en puntos muy distantes alrededor del globo puedan conectarse entre sí y, en este caso, como en tantos otros, la unión hace la fuerza.

Quizá es precisamente por la atención que sus actos reciben en la actualidad, que parece algo muy propio de las épocas recientes, pero de hecho el fenómeno fan no es algo tan novedoso, en realidad han estado presentes más de lo que parece, sus rastros se remontan cuando menos al siglo XIX.

Mucho antes de que la “Beatlemanía” estuviera en el mapa, tres grandes músicos y compositores fueron objeto de atenciones desmedidas por parte de sus admiradores.

La Fiebre de Liszt en París, Francia. Foto: adobe.com

El violinista italiano Niccolò Paganini (1782-1840) fascinaba y seducía al público con la calidad de sus composiciones, el grado de complejidad técnica de sus interpretaciones y su excéntrica apariencia. Cuando aumentó su fama y popularidad, se fabricaron perfumes con su nombre. Su talento era de tal magnitud y resultaba tan impresionante que se especulaba con que sólo podía deberse a una intervención sobrenatural, se decía que las cuerdas de su violín eran en realidad cabellos del diablo. Posteriormente se le atribuyó un pacto demoníaco para conseguir sus dones, el rumor tuvo tal influencia que tras su muerte se le negó entierro en lugar sagrado, contraviniendo los ritos católicos.

La “Lisztomanía”, también llamada “fiebre Liszt”, en honor al pianista austrohúngaro Franz Liszt (1811-1886), es el ejemplo cumbre de la locura del público de la época. El término fue acuñado por el poeta y ensayista alemán Heinrich Heine en 1844, aunque los episodios de frenesí desmedido registrados datan de 1841. Liszt se convirtió en un auténtico ícono, al punto de que comenzaron a usarse camafeos y prendedores con su retrato. Las cuerdas de piano que reventaba en sus interpretaciones eran altamente apreciadas para ser transformadas en el hilo de una pulsera. Si sus seguidores lo avistaban por las calles, lo perseguían, le lanzaban ropa durante sus conciertos y al finalizar se arrojaban sobre él, dispuestos a enzarzarse en auténticas batallas campales tratando de conseguir alguno de sus guantes o sus pañuelos. Otras personas llegaban al extremo de guardar las colillas de sus puros o los asientos del café que bebía en frascos o medallones. Cabe aclarar que esta condición fue considerada una enfermedad real, con riesgo de contagio y visos de epidemia, y no como una simple moda pasajera.

Johann Strauss hijo (1825-1899), autor del vals Danubio azul, sufría tal acoso de sus admiradoras que alguna vez se vio obligado a disfrazarse de anciana para poder abandonar el teatro. En su afán por complacer al público, entregaba mechones de su cabello cuando se le solicitaba, pero al aumentar su fama, aumentaron las peticiones y el músico comenzó a cargar mechones de pelo de su perro.

Todas estas acciones resultan muy similares a las que los fanáticos contemporáneos llevan a cabo, desde arrojar ropa interior al escenario durante los conciertos, hasta acampar para conseguir boletos, un autógrafo o simplemente poder contemplar a su personaje favorito. Los agregados de interacción que permiten plataformas como Instagram, Facebook o Twitter, propician una indefinición entre vida pública y privada, otorgando una sensación de mayor proximidad entre las estrellas mediáticas y sus seguidores.

EL LADO OSCURO

Indiscutiblemente, las manifestaciones desagradables, violentas o incluso patológicas de los fans existen y se dejan sentir en un rango variado de niveles que pasan por aquellos que provocan, insultan o menosprecian a quienes los critican o simplemente no comparten sus opiniones, hasta individuos que acaban protagonizando auténticas tragedias. La mayor parte del tiempo, dirigen su ira y sus ataques hacia personas a las que ven como sus antagonistas aunque, irónicamente, a veces se vuelven contra los sujetos de su admiración.

Autoridades trasladando el cuerpo de John Lennon. Foto: GettyImages

No faltan ejemplos de fans que han acosado, amenazado, atacado o allanado el hogar de sus ídolos. El ineludible, por conocido, es el asesinato de John Lennon a manos de Mark David Chapman, obsesionado con el cantante, The Beatles y la novela de J. D. Salinger El guardián entre el centeno.

Incluso sin que terminen en muerte, hay otros casos de auténtico terror, como el incidente de 2014 en el que un admirador de Sandra Bullock, Joshua James Corbett, entró a casa de la actriz llevando una metralleta en la mano. Bullock se encerró en su closet y logró llamar a la policía. El intruso fue arrestado y durante la investigación salió a la luz que planeaba atacarla sexualmente. El año pasado, Corbett se suicidó tras un enfrentamiento con la policía.

Las representaciones ficticias de fans que se dejaron llevar a extremos enfermizos tampoco escasean.

El rey de la comedia (The King of Comedy, 1982) es un filme de Martin Scorsese en el que Rupert Pupkin (Robert DeNiro) encarna a un cómico amateur desesperado por conseguir una oportunidad de triunfar y, obsesionado con obtener la recomendación de su gran ídolo, el exitoso presentador Jerry Langford (Jerry Lewis), urde un plan para secuestrarlo.

Misery, novela de Stephen King, llevada a la pantalla grande por Rob Reiner en 1990 con James Caan y Kathy Bates en los papeles estelares, centra su argumento en un famoso escritor, Paul Sheldon, que tras sufrir un terrible accidente automovilístico recupera el sentido en la aislada vivienda de Annie Wilkes, una exenfermera obsesionada con una serie de libros que Sheldon concluyó, matando a un personaje llamado Misery. Wilkes anhela que retome su obra y lo tortura para obligarlo a cumplir sus deseos.

En el deporte también está presente la violencia fanática, uno de los grupos más sonados y tristemente célebres son los hooligans ingleses, seguidores radicales de equipos de fútbol que suelen enfrentarse a los seguidores del equipo contrario, provocando disturbios, actos vandálicos y distintos tipos de ataques. En 1985 en el estadio de Heysel en Bruselas, Bélgica, durante la final de la Copa de Europa (hoy la UEFA Champions League), ocurrió una avalancha provocada por las agresiones de la facción radical de Liverpool hacia los aficionados del equipo rival, Juventus de Turín. El saldo final fue de 39 personas muertas y 600 heridas.

Los ultras, las barras bravas, la hinchada y las torcidas organizadas son categorías más o menos equivalentes. La denominación ultras se utiliza en Europa, Asia y África; las barras bravas y los hinchas son propios de Hispanoamérica, mientras que las torcidas son brasileñas. En México se usa más el término “porras” y en general son más pasivas aunque sí existen barras bravas con miembros que provienen de pandillas; la violencia no es tan extraña.

La policía intenta contener a los hooligans y ultras en el estadio Heysel durante un partido entre Juventus y Liverpool, Bélgica, 1985. Foto: Guardian.com

Ante estos problemas sociales, diversos países han implementado medidas de seguridad que van desde revisiones en la entrada de los estadios hasta la imposición de multas, sanciones y vetos para minimizar los riesgos de que se cometan agresiones.

Como se ha visto en los breves ejemplos mencionados, la “mala prensa” que rodea a los admiradores no es del todo gratuita.

FANS PRODUCTORES

La realización de estudios serios de corte científico-académico sobre el fenómeno fan es más reciente y, como cabe esperar, los enfoques de los trabajos han cambiado poco a poco. A los fans se les ha estudiado principalmente desde la mercadotecnia, la comunicación y la sociología.

Los primeros trabajos sobre audiencias tendían a identificarlas como consumidoras pasivas y manipulables que se limitan a recibir el mensaje y asimilarlo sin cuestionarlo ni tener interacciones subsecuentes con él, a lo más tomar e integrar algunos de los datos ofrecidos.

Posteriormente llegan los trabajos centrados en las audiencias activas, usan sobre todo métodos sociológicos y etnográficos. En ellos, se pone énfasis en las formas en que los receptores analizan, decodifican y reinterpretan los mensajes subjetivamente, a menudo adecuándolos a sus intereses, identidad, contexto, aspiraciones sociales, etcétera. Una generación de este tipo de estudios está representada por John Fiske, Jon Tulloch y Janice Radway.

Fiske, académico británico experto en medios, estudios culturales, cultura popular y semiótica, propone que los fans se apropian de los textos que consumen y los transforman generando tres tipos de productividad:

1. Semiótica. Los fans crean “significados de identificación y experiencia social” a partir de lo que consumen. Es una actividad interna e individual. Un ejemplo famoso tiene que ver con un grupo de mujeres aficionadas a la novela rosa. Si bien un análisis de las narrativas demostró que el discurso de los textos era primordialmente patriarcal, el estudio de la comunidad lectora arrojó que sus miembros construían un significado distinto porque, en su condición de amas de casa abnegadas, el acto mismo de leer por placer adquiría una connotación combativa.

Foto: lancelotdigital.com/baleike.eus

2. Enunciativa. “Es el uso de un sistema semiótico (habitualmente, pero no exclusivamente, lenguaje verbal), que es específico de su hablante y su contexto social y temporal”. En este caso los fans dejan que el mundo sepa sus gustos a través de distintos recursos como pueden ser el habla o la apariencia. Un ejemplo común es portar la camiseta de su equipo favorito y los diálogos que se establecen a partir de ese hecho.

3. Textual. “Los fanáticos producen y circulan textos que a menudo se elaboran con valores de producción tan altos como cualquiera que provenga de la cultura oficial”. Esos textos están basados en el fandom al que se pertenezca.

La capacidad creativa y la elaboración de contenidos originales, aunque basados en sus intereses, son de suma trascendencia para los fandoms. Es muy apreciada, llegando a constituir una de sus principales actividades y la prueba fehaciente se encuentra en la gran variedad de expresiones que admite, algunas son:

Fanzine, vocablo compuesto por la contracción de las palabras inglesas fan y magazine (revista de fans). Es una publicación periódica y temática (juegos de rol, ciencia ficción, terror, rock and roll, etcétera.), de tirada pequeña, autopublicada, gratuita o con un costo simbólico, realizada por y para fans.

Fanfiction o fanfic, se conforma por fan y fiction (ficción de fans). Son narraciones escritas por fans que toman como base historias y personajes pertenecientes a otros productos ficticios ajenos, generalmente literatura, cine y televisión; aunque también existen fanfics basados en personas reales, artistas famosos o personajes históricos, principalmente.

Fanart (arte de fans), es como se llama sobre todo a obras visuales (dibujos, ilustraciones, más raramente fotografías), basadas en universos ficticios preexistentes.

Vidding es la creación de videos musicales combinados con una mezcla de escenas de películas, series e incluso caricaturas para producir nuevas narrativas. La herramienta principal utilizada es la edición.

Shipping deriva de relationship (relación) y es una de las actividades más populares de los fandoms. En ella “emparejan” románticamente a dos personas o personajes ficticios. A menudo se desarrolla en creaciones de las categorías antes mencionadas.

Fanart de la villana de Disney Maléfica, realizado por Jirka Väätäin. Foto: 66.media.tumblr.com

Estas manifestaciones pueden llegar a ser mucho más relevantes de lo que parecen, desde fanfics devenidos en sagas famosas y exitosas como 50 sombras de Gray o After hasta creaciones de los fans integradas al producto original, por ejemplo, la secuencia de apertura para la octava temporada de Dr. Who o la integración de las teorías u opiniones de los fans, como en el largometraje Serpientes a bordo (Snakes on a plane, 2006).

EL PODER DEL FANDOM

Los fans están en el centro del huracán mediático. Casi tanto como sus objetos de admiración, sus opiniones y demandas cada vez se toman más en cuenta.

La tan esperada culminación de la serie de televisión de HBO, Juego de tronos dejó muy inconformes y decepcionados a muchos fans; tanto que rápidamente se creó una petición en la plataforma de Internet www.change.org pidiendo rehacer la octava temporada “con guionistas competentes”.

Muchas voces, incluidas las de algunos actores, se alzaron para repudiar dicha iniciativa, calificándola de “absurda” e incluso de “falta de respeto” para el elenco y el equipo técnico y creativo involucrado.

Es más que improbable que la petición, que hasta ahora cuenta con 1.6 millones de firmas, logre su cometido. La respuesta de HBO ha sido proponer los capítulos peor calificados por los fans y el guion del capítulo final para los premios Emmy.

A pesar de que, en esta ocasión, la demanda de los espectadores no sirva más que como un medio para expresar su desacuerdo, la presión de los fans se ha anotado más de un tanto a favor.

Se considera que el primer fandom de la era moderna es el conformado en torno al detective ficticio Sherlock Holmes, creado por el escritor escocés Sir Arthur Conan Doyle. Su primera aparición, en la novela Estudio en escarlata, data de 1887.

A pesar de su enorme éxito, Doyle nunca acabó de tomarle cariño a su personaje. Según su correspondencia personal, desde 1891 deseaba deshacerse de él porque estaba “desgastando su mente”. Dos años después cumplió su deseo en el relato titulado El problema final, haciéndolo morir en un enfrentamiento con su archienemigo el profesor James Moriarty. La reacción del público no se hizo esperar y, de la noche a la mañana, el escritor se vio saturado de correspondencia, en la que no se escatimaban los ruegos, insultos y amenazas, abogando por el regreso del detective. Miles de lectores decepcionados usaron brazaletes y crespones negros en el sombrero como señal de luto.

“Creemos en Sherlock Holmes”. Aniversario de Sherlock Holmes en Londres, 2012. Los fans pedían salvar Undershaw, la casa de Sir Arthur Conan Doyle. Foto: movieviral.com/Baker Street Babes

Tras ocho años de resistencia casi heroica a la presión, Doyle publicó por entregas El sabueso de los Baskerville, novela ubicada antes de la “muerte” de Holmes. Por fin, en 1903, los fans ganaron la batalla con la aparición de La casa vacía, historia en la que se revela que el gran detective sobrevivió.

También en honor de Sherlock Holmes se escribieron algunos de los primeros fanfics desde 1897.

De entonces para acá las pruebas del poder de los fans para influir en el curso y destino de las producciones de su preferencia se han multiplicado exponencialmente.

En 1988 DC Comics aunció en la última página del número 427 de Batman: “Robin morirá porque el Guasón quiere venganza, pero tú puedes evitarlo con una llamada”; a continuación aparecieron opciones: “El Guasón falla y Robin vive” o “El Guasón tiene éxito y Robin no sobrevivirá” y un número telefónico para cada opción. El público decidió que Jason Todd, el segundo Robin, debía morir.

La efímera serie televisiva de ciencia ficción Firefly (2002-2003) combinaba elementos futuristas con elementos propios del cine del Viejo Oeste. Se filmó una temporada de 14 episodios pero la cadena FOX anunció su cancelación cuando se transmitía el capítulo 11. La movilización de los seguidores consiguió un triunfo a medias, no se filmó una nueva temporada pero sí una película, Serenity (2005). Cinco cortometrajes conocidos como Las sesiones de River Tam se realizaron para promocionarla y se llevó al mundo del comic entre 2005 y 2016.

El 11 de mayo del año pasado FOX también decidió no renovar la serie Lucifer para una cuarta temporada. Tras un tweet del mismísimo ángel caído, el actor Tom Ellis, que confirmaba los rumores de cancelación, los fans no tardaron en crear el hashtag #SaveLucifer (Salven a Lucifer) que muy pronto se volvió tendencia en Estados Unidos y Reino Unido, con aproximadamente un millón de menciones al día. El 15 de junio la movilización culminó con el anuncio de que Netflix sería el hogar de una cuarta temporada. El 7 de junio de este año se confirmó una quinta y última temporada. Parece que valió la pena, los fans siguen apoyando su serie y ahora ostenta el galardón de ser la serie más vista en modalidad maratón.

Antes de las redes sociales, las campañas de seguidores en favor de sus series recurrían a otras estrategias igual de efectivas: Stark Trek (1968) fue la primera en ser salvada por los fans, que realizaron acampadas frente a las oficinas de la cadena NBC; el envío masivo de cartas rescató a Viajeros en el tiempo (Quantum Leap), y el de objetos con valor simbólico salvó a otras. En el caso de Friday Night Lights fueron focos, y las cáscaras de plátano abogaron por Arrested Development.

Fila de espera para la salsa szechuan. Foto: reddit.com

Los seguidores de la caricatura Rick & Morty lograron torcer el brazo de McDonald's. El primero de abril de 2017 (el April's Fools Day, tradición similar a la del Día de los Inocentes) se transmitió un capítulo en el que Rick le asigna a Morty la misión de conseguir que el gigante de la comida rápida vuelva a vender la salsa Sichuan. Este aderezo de edición limitada acompañó a los McNuggets durante una breve temporada en 1998, como parte de una campaña conjunta con Disney por el estreno de Mulan. Los fans se apropiaron de la tarea, comenzaron las presiones y en julio un bote de salsa fue enviado a los creadores de Rick & Morty con motivo del estreno de temporada. Por fin, el 7 de octubre fue puesta a la venta en algunas sucursales de Estados Unidos y sólo por ese día, las existencias se agotaron rápidamente y en algunos casos los ánimos se calentaron, tanto que fue necesaria la intervención policíaca para apaciguar a la multitud.

El puntal del centenario poder de los fans y fandoms en la toma de decisiones radica en los réditos que como consumidores otorgan y queda claro que se consolida a ritmo vertiginoso gracias a las facilidades para ofrecer retroalimentación que proporcionan las nuevas tecnologías. Aunque es imposible complacer a todos los espectadores todo el tiempo, la fórmula sigue siendo válida: “Al cliente lo que pida”. ¿Hasta dónde llegarán las peticiones y qué tanto están dispuestos a ceder creativos y corporaciones para garantizar sus ingresos?

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