Edi Kistler
Entrevista

Edi Kistler

Músico, multinstrumentista y productor, Edi Kistler invoca ritmos ancestrales africanos en las improvisaciones en vivo de su más reciente proyecto: King Edi K. En su música, el afrobeat se viste con sonidos electrónicos y se baña en ritmos latinos, continuando la constante mutación que lo ha mantenido vivo.

El compromiso del exbajista de Liquits con la música negra culmina con la creación de su sello discográfico independiente: Matanga, que busca difundir talento nacional y extranjero con estas influencias africanas. Desde su inauguración a finales de 2017, ha impulsado varios proyectos nuevos cuyas propuestas fueron compiladas en el álbum Collection 1, disponible en plataformas de streaming en Internet.

Posterior a un taller de producción impartido como parte del Ciclo de Jazz y Música del Mundo en Torreón, Coahuila, Edi accedió a una charla con Siglo Nuevo en la que revela la evolución de esta parte de su carrera musical. El 11 de julio, King Edi K se presentará en esta ciudad, en el Teatro Isauro Martínez.

¿En qué momento nace tu pasión por el afrobeat?

Mi pasión por el afrobeat es a consecuencia de estar grabando el primer disco de Liquits en el bosque de New Jersey. El productor, Andrew White, es mi mentor en la producción. Es mi maestro en muchas cosas y fue quien me introdujo de lleno a la música negra, aunque desde antes yo era fan del funk porque como bajista es probable que caigas en estudios de este género. Entonces yo ya había tenido esos acercamientos a la música, pero ya con él conocí a un montón de exponentes de África y de Jamaica y fue cuando descubrí el dub, que es como romper el reggae en pedacitos instrumentales y efectos, y descubrí a Fela Kuti, el mayor exponente de afrobeat de Nigeria.

¿Qué representa para ti este ritmo en la cultura latinoamericana?

Cuando empecé a descubrir música de África vi que sí era cierto eso de que la habían traído a este continente y se había convertido en la salsa, en el merengue, en la cumbia. Cuando dicen los Chemical Brothers que ahí empezó todo, tienen razón. No sólo la humanidad ingresó desde África, sino que de ahí se esparcieron ritmos que con un poquito de cambios se convirtieron en nuestra música folclórica. Creo que es súper importante como legado lo que la música africana le dio al mundo, aunque ni siquiera recordemos que viene de ahí.

Foto: Cortesía de Edi Kistler

¿De qué forma exploras el afrobeat en tus shows en vivo? ¿Cómo vas construyendo la improvisación para darle ese sonido que te caracteriza?

Lo que intento es traerlo al mundo actual. No es un refrito de lo que ya se hizo en África en los años sesenta, sino que es influenciado por ese sonido y esa energía, buscando con elementos electrónicos cómo hacerlo un poco más digital y más secuenciado. Voy armando loops (secuencias de sonido) con el bajo, la guitarra y el teclado en vivo, me cambio un instrumento por otro y voy sacando diferentes sonidos. Es muy interesante porque el público ve cómo una canción se gesta de la nada, aunque yo tengo en claro más o menos a dónde voy. Los arreglos los tengo en la cabeza, pero vamos desde cero a perseguirla y empiezo a dirigir a la banda para que vayan entrando cuando yo siento que es el momento adecuando, les voy marcando los cambios. Entonces se vuelve una improvisación con una guía, no sólo mía sino de la canción que estamos tratando de hacer.

La música electrónica ha llegado a impregnar prácticamente cualquier género, ¿qué papel crees que juega en la preservación o, de lo contrario, la corrupción de los ritmos tradicionales?

El pulso que tiene la música electrónica y la potencia que destaca en las bocinas nos hacen bailar irremediablemente y eso es lo que incorporo a estos ritmos africanos de percusión y de acordes, que tienen novenas y muchas séptimas que le dan un carácter incierto de si son felices o tristes. Eso es algo muy bonito de esas notas, le cambian el carácter y ya no sabes muy bien si se sienten las dos emociones. La música electrónica viene a dar la fuerza que probablemente ya estamos acostumbrados a escuchar.

La industria musical va cambiando constantemente de acuerdo a las necesidades del mercado, ¿qué necesidades llega a cubrir Matanga?

Algo importante es la inmediatez que necesita el artista para sacar algo. Cuando yo estuve en disqueras trasnacionales con Liquits, hacer un disco tomaba por lo menos un año. El que revise la carrera de la banda se va a dar cuenta de que hay un álbum nuevo cada tres años, y eso no era por flojos, es porque toma un año componer todo, revisarlo, editarlo. Luego hay que mezclar y masterizar. En fin, es un proceso largo y caro porque estás todo el año gastando, pero la industria, gracias a Internet, se aceleró. Ahora yo puedo terminar una canción esta tarde y compartirla mañana. Hay posibilidades muy diferentes a las que yo tuve antes.

Foto: Cortesía de Edi Kistler

Matanga está tratando de sacar música a través de sencillos que aceleran esos procesos para que el artista pueda gastar el dinero en una canción, que implica mucho menos tiempo, e invertir otra parte en promoción para que el tema no se quede estancado. Antes pasaba que gastabas todo tu dinero en la grabación del disco y ya no tenías ni un peso para promoverlo. Matanga ayuda a administrar gastos: tenemos un equipo de gente que va consiguiendo entrevistas y realiza pautas con una estrategia para llegar al público adecuado a través de Internet. Yo, como productor, acelero el proceso para que la música esté lista lo más pronto posible.

Hablando de sencillos, el sonido de Matanga está muy bien definido en el álbum Collection 1. Aparte de este sonido unificador, ¿qué filosofía es la que permea en el sello?

Yo creo que es música positiva que aunque puede hablar de tristeza, transmite cómo usarla para tu bienestar, conocimiento y evolución. Por otro lado, hay un barniz con influencias negras. Todas tienen ese brochazo, unas más que otras, pero es la música que me inspira a crear este sello y trato de que poco a poco cobre esa identidad. Difícilmente diría que el sello va hacer sólo música negra, pero es una oportunidad de compartir mucho talento mexicano e internacional. En cuanto a géneros, Matanga trata de hacer un puente entre la influencia del pasado con el presente, y también entre lo africano y lo latino.

¿El modelo de Matanga tiene influencia de sellos de otros países que tal vez no sean tan comunes en México?

En mi inspiración hay un sello jamaiquino que se llama Soul Jazz Records, que edita todo lo que hacen en Studio One, donde Marley grabó muchos discos. He tenido la oportunidad de estar en tiendas de vinilos en Estados Unidos y he encontrado discos de este sello. Lo compras sin escucharlo sabiendo más o menos qué es lo que te llevas y eso lo lograron teniendo una identidad y la confianza de las orejas que los escuchan, por ser constantes en una calidad y en un género.

Troyan Records también es un sello que me parece es de Inglaterra y edita cosas de Jamaica. Lo que me gusta de ellos es que tienen una identidad clara, mas no es el modelo que usa Matanga para sacar discos. Matanga es un sello boutique que está tratando de sacar cosas con un estándar de calidad y una vibra especial que aporten a la escena en México algo nuevo. No estamos sacando música de headliners que la gente ya conoce, sino que es un semillero de talento y creo que ese es el eje del sello.

Foto: Cortesía de Edi Kistler

¿Cómo defines tu relación con la producción?

Afortunadamente ya son muchos años involucrado en producir. Compramos con Liquits una grabadora hace muchos años y ahí aprendimos a grabarnos a ocho canales. Los Beatles grababan a cuatro canales y son impresionantes. Hoy en día en Pro Tools tienes infinitos canales, pero luego eso nos hace menos creativos y creo que esas limitantes que tenían ellos los hicieron muy creativos.

En fin, hicimos muchos experimentos con esa máquina y te estoy hablando de que eso fue a finales de los noventa, entonces desde ahí empecé a grabar demos de amigos y de Liquits. Hay una diferencia en términos de ser músico y ser productor, a veces me siento como caballo a punto de salir a correr, cuando los veo tocando algo digo “¡ay yo les ayudo, yo puedo!”, “yo te paso de nivel” como si estuvieras jugando un videojuego, pero me aguanto lo más que puedo. Lo que hago es, por ejemplo, lo que hacía Jackie Mittoo. Él era el tecladista de los Skatalites y trabajaba en Studio One como productor. Venían las bandas con él y a todos les grababa al final un teclado y empezó a crear un sonido en todas estas grabaciones de muchísimos artistas. Ahora que escucho y reviso la música instrumental de Jamaica, algo tiene que la conecta: son sus teclados. El productor estaba ahí y decía “le falta esta figurita” y ayudaba muchísimo a la canción. Algo así hago yo, estoy escuchando la canción y como músico aporto el elemento o el eslabón que le falta.

¿No ha habido hasta el momento objeciones de las bandas?

(…) Desde que vas con un productor creo que es importante que tengas confianza en él, que le dejes hacer su chamba. Me ha pasado que no quieren que muevas algo y te sientes como atado de manos. Al final el que tiene una visión de a dónde llevar la canción es el productor, entonces si no le das esa soltura nunca vas a saber a dónde la quería llevar. Se vale probar y no me he sentido incómodo de proponer ideas que sumen a la canción, al final yo les digo: “mi cliente es la rola, no el artista”.

Después de estar trabajando tantos años con disqueras grandes, ¿piensas seguir en el camino independiente?

Creo que ya no hay de otra, yo no le veo mucho sentido actualmente a que una banda la metas en una disquera grande donde ya no hay mucho dinero para invertir, no como había antes. Te vas a meter a una fila de espera en una línea de proyectos.

Foto: Cortesía de Edi Kistler

Todo el dinero que yo recibí de las disqueras se los debo en términos de regalías. No es que tenga que ir a pagar cuota mensual, pero las grabaciones deben ese dinero al sello. Yo trato de hacerlo más trasparente, más inmediato y que el negocio sea muy claro desde el principio, pues la lana que pone el artista no se la da a la disquera, se la da al proyecto, a su propia canción y ya no la debe. Es un poquito como administrarles la claridad de dónde poner el dinero.

¿Qué metas a futuro visualizas para Matanga y tu proyecto King Edi K?

Matanga tiene muchos proyectos en puerta, va a sacar varios discos. Mencioné que somos una disquera de sencillos, pero no es lo único que hacemos. Cuando un álbum es excepcional y vale la pena grabar todo junto, simplemente se hace. El primer lanzamiento que vamos a hacer después de la colección es un disco con cuencos del Tíbet para meditar, para dar un giro a lo que la gente espera ver del sello. Participé como productor e instrumentista, aprendí a tocar los cuencos con María Gordoa, ella es quien me instruyó en ese arte; fue mi guía espiritual durante las sesiones y yo su guía musical. Es un intercambio muy bonito, el proyecto se llama Florecer (…), ya existe en CD, pero Matanga está ayudando a llevarlo a lo digital para distribuirlo y publicarlo.

Después de eso viene el disco de Origami, es un proyecto mío con otro artista, es música electrónica con instrumentos en vivo. Luego viene el de Hamurabi, que es una banda más rock alternativo, y otro sencillo de las bandas que están en la colección. El álbum de King Edi K está en etapa de producción, lo estamos terminando, quiero compartirlo este año. Ya está toda la composición hecha, pero falta tocar la sesiones con todos los músicos.

Existen elementos multidisciplinarios en Matanga, ¿hay algún proyecto que involucre otras artes?

De entrada, a todos los proyectos les ayudo a que tengan una dirección creativa en cada sencillo. Se busca un artista para las portadas, puede ser un fotógrafo, un pintor, un ilustrador, un diseñador, etcétera. Siempre hay una parte visual unida a la canción, eso es importante. Para la primera colección de Matanga invitamos al artista visual Pedro García 'el Mala', que hace la portada de portadas.

Además está el proyecto de Hamurabi, que son varios músicos de bandas conocidas, pero se enmascaran. Hamurabi es el que va liderando, pinta cuadros y este personaje cobra vida en pinturas al pastel. La idea que estoy impulsando es una exposición de los cuadros de Hamurabi donde se aparezca la banda y toque el disco, sería como un performance. Vamos a empujar esto para que la gente sepa que lo hace; aunque nadie sepa quién lo hace, el arte esta ahí. Matanga trata de darle una salida; si implica ir a una galería, lo vamos a hacer.

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