El tequila en las paredes de Tequila
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El tequila en las paredes de Tequila

Asombra cuánta historia y cuánta expresión de la voluntad estética se encuentra en Guadalajara. Me gusta pensar que es mi Florencia del Renacimiento italiano por las pinturas de Orozco, la literatura de Yáñez, la música de Moncayo, la arquitectura de Luis Barragán y porque queda cerca de Tequila.

A los nombres anotados antes se pueden sumar muchos, muchos más que han hecho de Guadalajara un emporio cultural, pero ahora hay que ir a Tequila. En carro se llega en menos de una hora; en autobús que sale de la central camionera vieja se pasa uno dos horas. Va ranchando. No hay directos. En los dos medios y en Van de turismo he ido; en el tren tequilero no porque es caro. En el carro o en el autobús se puede llegar hasta el centro histórico de la población. Las Van de turismo lo dejan a uno a pocas cuadras del centro, al comienzo de una calle principal que desemboca en el mero centro.

Con la necesidad de caminar por esa calle le hacen a uno un favor. Puede avanzar entretenido en los muchos negocios que ofrecen tequila, obsidiana en piedra y artesanías y otras artesanías. Hay mucha obsidiana que acarrean del cercano Volcán de Tequila. Mas también hay una curiosidad histórica que ver. En las paredes de cualquier finca se encuentran adosados, un poco más alto de la estatura promedio, azulejos con la historia del tequila. Un turista común no los ve y mucho menos los lee, aunque tengan curiosos contenidos como los del que tiene como título “Las virtudes medicinales del tequila”.

En ese cuadro de cerámica tipo Talavera se entera uno que en 1637 el presidente de la Audiencia de Guadalajara “defendía el mezcal [tequila] por los múltiples beneficios que aportaba a la salud”; que un semanario español del siglo XVII decía que el tequila “se tiene por estomacal, fortificante y sobre todo muy sana, y la recetan a los enfermos”.

Mis andanzas por Tequila y mi curiosidad me llevaron hasta otro cuadro de talavera ya abrumado por el caudal de información y los tequilas pal cansancio y pa la calor y no supe dónde quedó pero anoté que altos jerarcas locales del virreinato y de la religión consideraban que la bebida “usada con moderación no era nociva sino saludable para los indios y las demás personas”. (La mano de obra de los indios, estimulada por el tequila, edificó pequeñas y grandes obras).

En otra calle uno tiene de título “Bondades medicinales del vino mezcal”. Informa que en 1651 un médico español oyó que el tequila, entonces llamado mezcal, servía para la cura de algunas enfermedades. Lo tomó recién salido del alambique servido en un cuerno a manera de copa y se declaró “complacido de aquella bebida tan especial”.

Otro mosaico informa que el nombre náhuatl del tequila, mexcalli, que significa “agave cocido en horno de piedra” se modificó “al incorporar la destilación en su proceso de manufactura, tomando el de ‘vino de mescale’, corrupción castellana del término nahua original con el que fue conocido en los siglo XVI y XVII. Durante este periodo se simplifica el apelativo por ‘vino de mescal’ o ‘de mexcal’, y ya en el siglo XVIII se conoce sólo como ‘vino mezcal’, siendo el fabricado en la jurisdicción de Tequila el más apreciado de todas las provincias de la Nueva Galicia”.

La caminata por el centro histórico de Tequila puede llevar hasta la folclórica estatua de la diosa del tequila, Mayahuel (nombre para su futura hija), que en realidad fue secuestrada de la cultura de los aztecas. Entre ellos tenía como una de sus potestades ser madre de los dioses de la embriaguez.

Y para quienes piensan que la Revolución Mexicana no transformó nada, en el museo del tequila se lee: “Con la Revolución Mexicana (1910), se retoman los valores populares en el tequila y éste se llega a convertir en un símbolo de unidad y orgullo nacional”.

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