Amanecer en el Zócalo
Opinión

Amanecer en el Zócalo

Miscelánea

Me importa mucho que la verdad me sea concedida. Elena Poniatowska

Una mañana tuve que pararme como merolico frente a la puerta del Palacio Nacional, para arengar, llena de vergüenza, a los que iban pasando. Gracias a Dios, Martí Batres es un gran orador y le hacen rueda, pero escuché a una señora de mandil comentar: “Par de güevones, pónganse a trabajar. […] ¿Por qué estoy en esto? ¿Cómo empezó todo? ¿Por qué sigo en esta parrilla de carbones ardientes?, se pregunta Elena Poniatowska. Y sigo transcribiendo de su libro testimonial Amanecer en el Zócalo.

El domingo 3 de abril de 2005, el candidato de izquierda, a quién apenas conocía por el periódico La Jornada, llamó por teléfono: “Quiero verla ahora. ¿Puedo ir a su casa? Somos vecinos”. Eran las diez de la mañana. Me asusté y de inmediato llamé a Mane y a Jesu. Sonó el timbre de la casa. Tardé en abrir y parados en la puerta, estaban juntos y sonrientes Mane mi hijo, y Andrés Manuel. Nadie quiso café, lo cuál agradecí porque de la emoción lo habría tirado.

— Quiero que me ayude en lo del desafuero.

— ¿Yo? Pero si no sé ni organizar mi casa. Imposible adivinar que a partir de ese domingo, cambiaría mi vida. 

— Quiero que seas mi asesora, hagas propuestas y te entrevistes con el mundo de la literatura, del arte y de la ciencia para hacer un proyecto de cultura; me pidió, tuteándome, en su segunda visita.

¡Madre de los apachurrados! ¿Podía yo decir que no? Ahora que lo pienso sí, pero no me atreví. Solo sé decir que sí, esa es la gran tragedia de mi vida ¿Se tira usted de la más alta montaña? Sí. ¿Se puede meter a esa ola del tamaño de una casa? Sí. Todos los desafíos son buenos. Aunque no tenga paracaídas, me tiro.

Cuando por fin se despidió le pregunté a Jesu: “¿Y ahora qué hago?”, me contestó “no te preocupes, no ha de ser tan difícil. Pero sí, fue muy difícil […] 29 de julio de 2006: “Hace siete días AMLO me pidió que hablara el domingo 30 desde el templete.

— No puedo, salgo de madrugada a la Universidad de Banff, es una invitación que acepté hace ocho meses.

— Sí puedes, deja tu viaje, el chiste es que tu hables.

— Cambiar el boleto me cuesta 589 Dólares y debo pasar la noche en Vancouver, el hotel cuesta 170 dólares más el taxi… ¡Esto va a salir en casi mil dólares!, me alarmo. […] Los nervios no me dejan, duermo mal. Por fin en la madrugada decido suspender le viaje. […] Y allá vamos: Los Gómez, los Sánchez, los Pérez, todos somos López.

Sábado 29 de julio de 2006. Llega Andrés Manuel desde la calle de Madero, por ese camino de excepción, abierto entre la multitud. Nadie sonríe como él. La gente pobre lo ve como remedio a todos sus males. AMLO abraza a cada uno como si fuera un tesoro.

A veces aburre con su cantinela porque es terco como una mula y se sabe una sola canción: la de la democracia, y la repite hasta el cansancio. Quiero destacar la presencia de mucha gente humilde, del pueblo pobre, que es la base de nuestro país y nuestro movimiento […] repite AMLO. […] Lo único que no me gusta de él, es cuando habla con el yo mayestático.

— ¿Quién es “nosotros”?  le pregunto y entonces se le cierra la cara.

— La verdad soy un guajolote, cor, cor, cor, cor, cor. ¿A qué sombra me arrimo? Si fuera fiel a mis orígenes le habrá dado el voto a Santiago Creel, […]  escribe Elena.

Ante las críticas groseras que provoca la posición ideológica de Elena, he querido transcribir para usted pacientísimo lector, estos fragmentos que trasmiten sus dudas, sus miedos, y a pesar de todo, su profunda convicción. Como la mayoría de los mexicanos, está convencida de que hacía falta un cambio y lo impulsa con congruencia y honestidad.

A Elena le duele México: la desigualdad, la pobreza, los jóvenes sin futuro. La conozco hace más de cuarenta años, siempre laboriosa, cálida y bondadosa. Nunca ha perseguido el hueso ni recibido ningún dinero del gobierno. Yo no voté por el ganso cansado, pero defenderé por los medios a mi alcance, una democracia que ofrece a todos los ciudadanos el derecho de elegir al candidato de su preferencia.

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