Los muchos Trump
Opinión

Los muchos Trump

Jaque Mate

No es que haya muchos Donald Trump, sino que el presidente de Estados Unidos cambia de forma radical sus actitudes y desplantes.

Trump es el hombre que dijo al lanzar su campaña presidencial de 2015-2016: “Los mexicanos no son nuestros amigos, créanme… Están trayendo drogas, están trayendo crimen, son violadores, y algunos, supongo, son buena gente”. Es quien se preguntaba cuánto tiempo Estados Unidos seguiría mandando dinero a “nuestros enemigos, o sea, a México y otros”.

Sin embargo, Trump también dijo en San Diego el 27 de mayo de 2016: “Creo que los mexicanos van a terminar amando a Donald Trump”. En marzo de 2018 se refirió a Enrique Peña Nieto como “alguien que es realmente un buen tipo”, pero en agosto declaró: “Me gusta México. Me agrada su nuevo líder. Creo que podría ser estupendo. Un poco diferente a nosotros. Creo que me va mejor con él que con el capitalista. Él sabe que México necesita a Estados Unidos”.

Es el mismo Trump que afirmó el 2 de junio de 2019 que “México es un ‘abusador’ de los Estados Unidos, tomando pero nunca dando”. Y el que dijo el 6 de junio: “Ellos [los mexicanos] nos necesitan, nosotros no los necesitamos. Nos robaron 32 por ciento de nuestro negocio de automóviles”.

Supongo que alguien podría acusar a Trump de ser inconsistente, de dar bandazos, y no faltará quien diga que es bipolar o incluso multipolar. Pero más bien parece un político nato, de esos que dicen en cada ocasión lo que les viene en mente o lo que piensan los puede beneficiar más.

Trump ha jugado siempre con el temor que la migración mexicana genera en los estadounidenses. Los mexicanos dicen que no lo entienden, pero también reaccionan con miedo y rechazo a los extranjeros que se asientan en el país. Muchos anglos se sienten invadidos por una cultura extraña que domina de forma creciente sus ciudades y comunidades. Samuel Huntington, el ya fallecido sociólogo e historiador de Harvard, lo expresó en el libro de 2004 Who Are We (¿Quiénes somos nosotros?), en el que planteaba que los nuevos inmigrantes mexicanos no se estaban incorporando a la cultura general de los Estados Unidos como otras oleadas de inmigrantes. La propia identidad de los estadounidenses está en peligro, afirmaba, ante la migración de millones de mexicanos que mantienen sus tradiciones y cultura en la Unión Americana.

Las estadísticas nos dicen, sin embargo, que los inmigrantes mexicanos sí se han aculturado en los Estados Unidos más o menos al mismo ritmo que los alemanes, irlandeses, judíos e italianos que llegaron con anterioridad. Al igual que todos, por otra parte, han mantenido rastros de su identidad cultural.

Trump sufrió una derrota en un juicio en México antes de entrar a la política y arrastra agravios personales que ha generalizado a todos los mexicanos. Al mismo tiempo se da cuenta de que no le conviene mostrar una discriminación abierta hacia los mexicanos ni romper relaciones con su vecino y uno de sus principales socios comerciales. Pero eso no le ha impedido utilizar a México como el villano que le permite ganar votos y popularidad entre la población más conservadora y retrógrada de los Estados Unidos.

Su agresividad no es sistemática porque su propia personalidad es volátil, pero también porque es una pose política. La campaña de 2016 le demostró que la fórmula más exitosa para ganar votos era atacar a México. Y ahora que se acerca la campaña de 2020, quiere utilizar la misma fórmula para quedarse en la Casa Blanca.

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