Locura y horror en Juan López Moctezuma
Cine

Locura y horror en Juan López Moctezuma

Mundos confusos y oscuros desde la lente de un director mexicano

Antes un genio olvidado, Juan López Moctezuma formó un culto alrededor de su obra llena de horror y locura que llegó a servir de influencia para cineastas como Guillermo del Toro.

Encontró su base en las ráfagas surrealistas y fantásticas que parecen surgir iterativamente en México, como si fuesen parte del ideario inherente a todo tipo de artistas del país.

Gurú del horror en su turno, compartió sus dramatizaciones de clásicos góticos en su programa de corte tétrico llamado La llave, la nave, la clave, el ave del tiempo de Radio UNAM.

No conforme, laboró prolíficamente en ámbitos culturales diferentes; fue también locutor de un programa de jazz (género musical del que era conocedor), además de haber tenido la oportunidad de ser actor, pintor, productor, director teatral y guionista a lo largo de su carrera.

Los comics eran otro placer del autor. Comúnmente menospreciados, Moctezuma veía en ellos una manera de narrar que debía ser defendida. Hoy se consideran el noveno arte y están en constante comunicación con el cine (un arte bastante afín a su narrativa), compartiendo ideas.

López Moctezuma era todo esto: un gran optimista de la diversidad en las manifestaciones creativas y defensor de las “artes menores”, pero su sueño más deseado era convertirse en director de cine.

Estaba cerca, sin duda, pues fue parte importante del nacimiento de la televisión mexicana. Fue amigo de Emilio Azcárraga y se convirtió después en director de Televisa Europa.

El ámbito teatral lo armó de experiencia como ayudante del dramaturgo japonés Seki Sano; por él pudo conocer a Jodorowsky. Pronto se introdujo en el mundo del cine como productor de las primeras películas del chileno: Fando y Lis (1872) y El Topo (1970).

Alucarda, la hija de las tinieblas. Foto: Yuma Films

En este proceso conoció a cineastas como Rafael Corkidi, Paul Leduc, también a artistas plásticos como Leonora Carrington y Juan José Gurrola y hasta al psicoanalista Erich Fromm.

El panorama se estaba ampliando, y el siguiente paso era hacer una película. “El cine que yo acepto como mío es una especie de alquimia, de ciencia y artes ocultas”, afirmó alguna vez Moctezuma.

Para él, México es un país tan surrealista que sus esfuerzos por ser realista en su arte parecen anacrónicos. “Su arte popular está lleno de coqueteos con lo imaginativo”, por lo que la realidad que se muestra puede estar más deformada de lo esperado. Su propuesta es que el espectador se deje llevar por la irrealidad.

CAMINO A LA LOCURA

Moctezuma decidió incorporar a Rafael Corkidi como director de fotografía para su primera y una de sus películas más ambiciosas: La Mansión de la locura (1973).

El capitalino se inspiraba en clásicos de terror, pero para esta primera producción hacía una interpretación libre de un cuento humorístico de Egdar Alan Poe: El sistema del doctor Tarr y el profesor Fether. Aunque en La Mansión de la Locura se dejan ver temas más profundos y toma el tópico del viaje a un lugar desconocido liderado por un ser perverso que se podría ver en Drácula.

En la película, el viaje realizado es para visitar un manicomio y conocer el método del doctor que lo lidera, pero pronto se descubre que sus prácticas son poco ortodoxas y que el lugar tiene más el aspecto de otro mundo, uno surrealista, donde los enfermos mentales tienen completa libertad de actuar como les plazca. Esto es parte del método de sanación: reducir todo al absurdo.

Moctezuma es un director que transporta a lugares tan fantásticos como ominosos, lleva realidades imposibles a la pantalla; pero en su caso particular esto es acompañado por símbolos y mensajes que convierten sus obras en un producto artístico con varias lecturas por explorar.

“Hacer lo que quieras, será la ley absoluta” es una frase del famoso ocultista Aleister Crowley que aparece en la película. Esta ética trascendental (o libertad absoluta), es tomada por Moctezuma como un claro camino a la locura.

El método con el que se trataba a los enfermos mentales era, de hecho, que hicieran su completa voluntad. La locura pues, era algo que no debía ser curado. Lo erótico macabro de esta película y de posteriores como Alucarda (1977), pone de manifiesto que los personajes se saben acreedor de pulsiones internas que parecen incontrolables.

La pérdida de la razón hace posible una narración ilógica en un principio, llena de momentos humorísticos y música que bien podría estar en dibujos animados para niños.

Los saltos y gritos de algunos personajes pueden provocar diversión, pero poco a poco dejan entrever, con algunos efectos de sonido en sus voces, que hay algo más y que el espectador puede ser cómplice de la locura que rige el lugar.

Es entonces cuando se da a conocer un último método del doctor y el camino conduce a los calabozos del manicomio, donde un enfermo aparece en una cruz, débil por la falta de alimento y agua.

Las partes más oscuras de la película dejan ver también escenas relacionadas con lo místico. Aparecen ritos y vestuarios llenos de túnicas y desnudez, todo entre paredes que parecen grutas o templos de la antigüedad.

El reino de la locura aquí aparece más complejo, con un orden que parece estar en el principio de la humanidad, pero la única forma de escapar del lugar es por la fuerza.

Mary, Mary, Bloody Mary. Foto: IMDb

IMAGINARIO

Mary, Mary, Bloody Mary (1975) es su segunda película, en la que ya utiliza el mito vampírico, uno de los favoritos del director. En ésta, con un reparto internacional, llena las secuencias de la misma sangre y erotismo que colmarían el siguiente y su más ovacionado filme: Alucarda, aunque con una trama un poco más sencilla.

En ella, una estudiante padece el vampirismo como una enfermedad que le hace buscar sangre para beber y cambiar por completo su personalidad para seducir a sus víctimas.

Alucarda, la hija de las tinieblas (1977), es también inspirada en el cuento Carmilla de Sheridan Le Fanu, uno de los más significativos de la literatura de vampiros; a su vez se inspira en la historia real de la noble Elizabeth Bathory, quien se bañaba en sangre de mujeres vírgenes a fin de conseguir juventud.

Cuenta la historia de una joven que en un internado es poseída por el demonio, y poco a poco nos muestra un escenario completamente transformado por las fuerzas paranormales.

Pronto conviven en escena una cueva, mujeres crucificadas, ritos con cabezas de cabra, monjas que sufren combustión espontánea y ataúdes repletos de sangre donde duerme la hija de las tinieblas. El imaginario enorme de Moctezuma se ve en un esplendor poco experimentado en el cine.

La imaginación del director es tan impresionante que parecen pocas cinco películas en su filmografía. Sin embargo, sin intención reunió las características que tanto mitifican su obra y lo convierten en un fenómeno de culto.

Si bien su reconocimiento fue tardío y no gozó en vida ni en buena salud de sus proezas fílmicas, quedará siendo recordado por la huella que imprimió en la ficción más fantástica y violenta; una huella que tienen en cuenta cineastas que siguen moldeando el quehacer fílmico de la actualidad y que sin Juan López Moctezuma, no serían lo mismo.

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