Percy Bysshe Shelley
Literatura

Percy Bysshe Shelley

Muerte y genio poético

Espero con ansia la disolución del cristianismo” es una de las ideas contenidas dentro de un panfleto que escribiera y publicara un estudiante de la Universidad de Oxford en 1811. Ese sería el inicio de una de las obras poéticas más importantes de Occidente. Las autoridades académicas lo expulsaron, debido a que el panfleto de marras infringía el código moral de la institución, la cual aún enseñaba teología como una de las disciplinas más importantes. Según Percy Bysshe Shelley, el cristianismo resultaba una limitante moral para el desarrollo de las capacidades humanas.

Se vivía una época de cambios. La Inglaterra de principios del siglo XIX fue propicia para la aparición de una generación de poetas que no sólo revolucionaron la poesía lírica sino incluso la concepción del arte en su totalidad. Se trataba de un movimiento estético y, como es sabido, todo cambio estético implica a su vez un cambio ético.

Ya desde años anteriores en el siglo XVIII, la obra de William Blake, así como la de Samuel Taylor Coleridge y su rosa de los tiempos, fueron arando el terreno para que posteriores figuras pudieran cosechar los descubrimientos que su exploración estética empezaba a tener, que llegaría hasta la filosofía y la concepción del mundo de un hombre como Friedrich Nietszche.

Percy Bysshe Shelley, en el panfleto que dio por terminada su carrera como académico y lo convirtió en un paria intelectual, argumenta que la religión institucionalizada es falsa y mediocre, debido a que desvía a la humanidad de la verdad. No está totalmente en contra de la presencia de una divinidad, sino asevera que las concepciones de la religión institucionalizada crean una idea maniquea y fallida de lo que se supondría es lo más puro y trascendental.

UNA NUEVA ÉTICA

Shelley estaba en la búsqueda de una nueva ética donde los principios de la vida serían dictados por la creación poética. La verdad de las cosas no se encuentra en los mandamientos bíblicos ni en las doctrinas de las escrituras, sino en las intuiciones y revelaciones que la misma poesía genera cuando se logra que el lenguaje entre en el estado de trance necesario.

William Blake, con sus Proverbios del infierno, ya había comenzado a hacerlo una generación previa: “El camino del exceso lleva al palacio del saber”. Lo mismo pasó con la obra de Samuel Taylor Coleridge y su poema “Kubla Khan”. Lo que estos poetas no sabían era que estaban descubriendo el inconsciente, de ahí la capacidad reveladora que su poesía tiene para señalar la realidad humana de mejor manera que la mayoría de los textos religiosos.

Virgilio y Dante en las puertas del Inferno, dibujo de William Blake.Foto: william-blake.org

La vida de Percy Bysshe Shelley resulta memorable por sí sola. Fue un aristócrata inglés, heredero de una pequeña fortuna, la cual despilfarró a lo largo de su corta vida en la búsqueda de la poesía. Se casó con Harriet Westbrook en 1811, hija de un burgués dueño de posadas, con la cual se fugó, actividad escandalosa para las buenas conciencias del momento. Con ella intentó tener una relación de amor libre, donde Shelley inmiscuyó a uno de sus amigos; sin embargo, Harriet se negó, lo que tal vez propició que poco a poco perdiera el interés en ella; el poeta había tomado como misión vital llevar la experiencia humana hacia otras direcciones, donde la moral de la insipiente burguesía y la rancia aristocracia no tuviera dominio. Durante este periodo, Shelley ya había formado parte de grupos radicales políticos, así como escrito algunos de sus más memorables poemas y una novela gótica titulada Zastrozzi. Sin embargo, aún faltaba el encuentro más significativo de su vida: Mary Wollstonecraft.

NUEVA LITERATURA

Mary Wollstonecraft es la autora de Frankenstein o el Prometeo moderno. En 1814, Percy Bysshe Shelley se separó de su primera mujer y partió con Mary a la Europa continental. Fue entonces que la escritora adoptó el apellido de su marido, por el cual es más célebre. Al enterarse de la circunstancia, Harriet Westbrook decidió quitarse la vida. Percy mostró escaso remordimiento. No obstante, aquí se omite cualquier tipo de juicio.

Con Mary empezó la creación de una nueva literatura. Conocieron en Suiza a Lord Bryon y a John Polidori. La noche del 17 de junio de 1816 quedará registrada por la eternidad en la historia de la literatura, si es que a alguna acción humana puede dársele dicho adjetivo. Era la clásica noche tormentosa donde unos amigos se juntan a contar historias de terror. Estimulado por la tertulia, Lord Byron reta a los presentes a invertir la madrugada escribiendo narraciones del mismo corte. Todos aceptan.

Prometeo encadenado por Rubens & Snyders. Foto: tertulia-animal.blogspot.com

Lord Byron y Percy Bysshe fracasan y apenas esbozan textos mediocres. Lo contrario ocurre con Polidori y Mary. En esta jornada es cuando se gesta y casi se redacta por completo uno de los clásicos más leídos: Frankenstein. Pero no sólo eso, otra figura de la literatura gótica que desembocaría en novelas como Drácula de Bram Stocker, también tiene su origen. Polidori crea al vampiro.

Después de unas semanas, los amigos se dispersan. Lord Byron iría a Grecia, donde pocos años después moriría. Polidori no cuenta con mejor destino, pues se suicidó en 1821.

Percy y Mary se dirigen a Roma, en busca de la herencia del imperio que construyera Julio César.

UN NUEVO POETA

Los autores mencionados a lo largo de esta semblanza resultaban unos completos desconocidos para la época. De ahí su carácter romántico, pues apostaron sus existencias en algo que aún no tenía forma ni valor más allá de ellos. Eran seres solitarios que creían en la eternidad y vivían a contracorriente de la sociedad. No contaban con el glamour de los escritores renombrados de siglos posteriores. Ellos estaban fundando la literatura moderna y la idea que ahora tenemos del poeta, como ser libre y efímero.

En Roma conocen a otro de los grandes, al autor de Oda al ruiseñor, uno de los más bellos poemas de la lengua inglesa: John Keats, quien padecía de tuberculosis. Buscando mejores climas había emigrado de Londres a la capital italiana. Sin embargo, no encontró la salud y murió a la edad de 24 años. Shelley, embargado por el dolor, escribe uno de sus más grandes textos: Adonis: una elegía por la muerte de John Keats. Para Shelley, el nuevo poeta es alguien como Keats, y lo equipara al personaje mitológico. Keats había quedado huérfano de madre y en el poema Shelley le crea una. Oh, weep for Adonais -he is dead! Wake, melancholy Mother, wake a weep! Se trataba de una obra de largo aliento, que incluso Mick Jagger en conciertos de los Rolling Stones recitaría al público contemporáneo.

Percy Bysshe Shelley moriría un año y medio después, dejando uno de los poemas teatrales más bellos de la literatura anglosajona. Nos referimos a Prometeo desencadenado. El movimiento romántico intentó recuperar la grandeza de la poesía antigua, y otro hombre que buscó la tragedia como lo entendieron los griegos fue Goethe y su Fausto. En este caso Shelley hace una reescritura de la obra de Esquilo, Prometeo encadenado, con lo cual contradictoriamente, recuperando lo antiguo, moderniza la forma de escribir poesía.

Funeral de Percy Shelley por Louis Édouard Fournier, 1889. Foto: actuallynotes.com

Una tarde, durante su estancia en los alrededores de Roma, saldría a la mar en un pequeño velero. Se avecinaba una tormenta, pero el poeta de espíritu aventurero decidió no hacer caso a las advertencias. Su cuerpo fue hallado poco tiempo después a las orillas del mar. Lord Byron se presentó en el funeral y fue él quien propuso que se incinerara el cadáver del autor de Ozymandias en la playa, a la usanza de los héroes mitológicos. Así lo hicieron. Sacaron su corazón y lo guardaron como símbolo del genio poético, mientras el fuego resplandecía frente a las olas que iban y venían hasta la eternidad.

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