La persuasiva voluntad de Leni Riefenstahl
Cine

La persuasiva voluntad de Leni Riefenstahl

Una cineasta polémica

El valor de ciertas obras es difícil de aquilatar por la interferencia de la calidad moral de sus creadores. Se trata de un debate añejo. Uno del que probablemente nunca nos desprendamos. ¿Qué tanto debemos tomar en cuenta las acciones o posturas personales de un artista en relación con su trabajo? En el mundo del cine brotan casos sin parar. Una ejemplo ya casi trillado, pero esclarecedor, lo encontramos en la figura del polémico Roman Polanski.

El director de origen polaco, luego de drogar y violar a una menor de edad, se ha encontrado prófugo de la justicia estadounidense desde entonces. Tanto antes como después de su deleznable crimen, Polanski ha dirigido cintas de una altísima calidad. Algunas de ellas como El bebé de Rosemary (1968) o El inquilino (1976), mantienen incólume su reputación como obras maestras. Sin embargo, ello no ha frenado a algunas personas a la hora de clamar que los filmes de Polanzki sean revalorados bajo la luz de su condición como violador. O que su carrera en la industria cinematográfica debió de ser truncada a manera de castigo.

Aunque el caso de Polanski es difícil, no es el más escabroso. La disyuntiva que presenta la directora nazi Leni Riefenstahl es todavía más compleja. Esto debido a la influencia del trabajo propagandístico de la cineasta alemana en la Segunda Guerra Mundial, uno de los eventos bélicos más devastadores de la historia reciente. Y es que su cine posee un elemento clave que lo diferencia del de Polanski: fue hecho con la intención de ser un instrumento de persuasión. Su eje principal era reforzar el aura de superioridad de Hitler y el partido nazi. Sin embargo, el trabajo de Rienfestahl no se limitó a un despligue burdo de adulación. Su genio la llevó a realizar aportaciones fundamentales para el lenguaje cinematográfico. En otras palabras: el séptimo arte sería incomprensible sin los avances logrados por Riefenstahl.

Riefenstahl dirige Triunfo de la Voluntad, protagonizada por las principales figuras del Partido Nazi, 1934. Foto: History Today

La impronta dejada por la directora germana en el cine es indeleble, pese a su vinculación con el partido nacionalsocialista. Tanto su obra como su persona siguen siendo objeto de admiración y repudio. Recién el año pasado, el sitio de análisis cinematográfico Movies On Chatham publicó un artículo que ostentaba el dramático título Leni Riefenstahl: contribuyente mayor a la historia del cine. ¿Podemos perdonarla? Una muestra de la incomodidad que sigue generando una de las cineastas más brillantes de la historia.

LA LUZ AZUL

Helene Bertha Amalie (Leni) Riefenstahl nació el 22 de agosto de 1902 en Alemania. Su familia era acomodada gracias a que su padre, Alfred Theodor Paul Riefenstahl, era dueño de una compañía exitosa. Su madre, Bertha Ida Scherlach, fue costurera antes de casarse y quería que su hija se dedicara al arte. En cambio, el padre de Leni deseaba que terminara por encargarse de su negocio. Leni tuvo, además, un hermano menor llamado Heinz, quien a la postre moriría combatiendo en la Segunda Guerra Mundial.

Desde niña, Leni mostró talento para las artes. Sus primeros escarceos creativos se dieron en la pintura y la poesía. Comenzó a ser evidente que tomaría el camino anhelado por su madre. Pero sus pasiones no sólo fueron de naturaleza intelectual, pues también se avocó con dedicación a la gimnasia y la natación. El padre de Leni siempre se mostró en contra de las inclinaciones artísticas de su primogénita. Así que dependió de la madre darle empuje a su talento.

La montaña sagrada. Foto: Parufamet

A la edad de dieciséis años, tras ver una obra de teatro de Blancanieves, Leni se vio motivada a involucrarse en las artes escénicas. A raíz de esto, su madre la inscribió en clases de danza y ballet en las cuales, con prontitud, llegó a ser una pupila ejemplar. Así inició su fructífera carrera como bailarina. Viajó a través de Europa trabajando para el director de teatro Max Reinhardth, por lo cual recibía una paga sustanciosa. Sin embargo, una serie de lesiones en un pie amenazó su desempeño como bailarina. Lejos de arredrarse por la adversidad, se centró en un nuevo interés para tratar de aplacar su desasosiego creativo: el cine. La primera vez que se sintió atraída por las películas fue cuando se dirigía a una cita con el médico y vio un póster de la cinta La montaña del destino (1924), de Arnold Fanck.

Leni fue a ver la película y muchas otras. También comenzó a asistir a eventos relacionados con el cine. En uno de ellos trabó amistad con el actor Luis Trenek, quien apareció en La montaña del destino. Por esta relación logró conocer a Arnold Fanck, por quien ya profesaba una gran admiración. Gracias a esto, Leni pudo arribar a la industria del cine. Con la guía de Fanck aprendió sobre actuación y técnicas cinematográficas. No pasó mucho para que comenzara a actuar en las cintas del aclamado director. La que le otorgó más fama internacional fue La montaña sagrada (1926), en la que tuvo el papel estelar.

La oportunidad de Leni de dirigir su primera película, La luz azul, ocurrió en 1932. Su ópera prima fue, en general, bien recibida. Una reseña para el diario The New York Herald Tribune señaló: “Es notable la forma impecable en que esta chica interpretó el rol principal, además de haber coescrito el guion y dirigido”. Nada mal para una neófita. Pero no todas las reacciones fueron halagadoras. Al respecto, Leni acusó a los críticos judíos de menospreciar su cinta.

Detrás de cámaras de La luz azul. Foto: IMDb

La película, con trazas de cuento de hadas, atrajo la atención de Hitler, quien invitó a Leni a una reunión. Además, se dice que el führer veía en la cineasta a la quintaescencia de la mujer alemana. Para esto, Leni ya estaba fascinada con la figura del líder nazi desde que lo vio dar un discurso en el Palacio de los Deportes de Berlín.

ARMA PSICOLÓIGICA

La imagen siempre ha sido un pilar de la propaganda. Los medios visuales son muy útiles para transmitir ideas y evocar sentimientos. En el mundo impreso existen ejemplos memorables, como el emblemático afiche del Tío Sam señalando con su dedo índice, mientras que abajo se lee la frase “Te quiero a ti para el ejército estadounidense”. Es lógico, por lo tanto, que el cine, un medio más expresivo y contundente, fuera aprovechado por los políticos.

En el cine de propaganda, como en cualquier otro subgénero, hubo realizadores que despuntaron, que imbuyeron sus películas de calidad artística. A esta categoría pertenece, por mencionar un solo director, el ruso Serguéi Eisenstein cuya película, El acorazado Potemkin (1925), todavía es considerada una de las mejores películas jamás hechas. Lo anterior sirva para subrayar la noción de que un producto creativo puede sobrepasar las constricciones que se le impusieron en un principio y trascender por su valor artístico. Tal fue, por supuesto, el caso de las películas dirigidas por Leni después de conocer a Hitler.

Cautivado por la joven directora, el dictador alemán le ofreció dirigir el filme de propaganda La victoria de la fe (1933). En un comienzo, Leni se mostró reticente a encargarse del proyecto por creer que no contaba con la destreza necesaria. Sin embargo, terminó por acceder. La filmación tuvo sus obstáculos, pero a fin de cuentas Leni logró salir airosa de la encomienda. Gracias a ello pudo hacer su siguiente película, la cual sería su primera obra maestra: El triunfo de la voluntad (1935).

Escena de Triunfo de la voluntad. Foto: Roger Viollet

En ella ya encontramos a una Leni en pleno uso de sus facultades creativas. La cinta es una crónica del congreso del partido nazi en Nuremberg. Se trató de un evento clave al cual asistieron alrededor de 700 mil personas. Hubo discursos de Hitler y otros altos mandos nazis como Rudolf Hess y Julius Streicher. La estetización de la figura de Hitler como líder supremo fue primordial. Para ello, Leni puso en juego innovaciones técnicas pasmosas, como realizar travellings alrededor del Tercer Reich, lo cual le dio un dinamismo nunca antes visto a las imágenes. Pero este no fue el único avance, hubo muchos otros, como el uso de lentes especiales, ángulos inusuales o la fotografía aérea.

El impacto de El triunfo de la voluntad fue inmediato. La película cumplía formidablemente con su propósito de mostrar el liderazgo de Hitler y el poderío alemán. Tanto así, que el director norteamericano Frank Capra dijo que la película era una “arma psicológica”. Incluso, Capra realizó una serie de siete documentales bajo el título Por qué luchamos (1943-1944), como respuesta al trabajo de Leni, pero al mismo tiempo, influido por éste.

Desde su estreno, El triunfo de la voluntad ha sido cuestionada por servir a un propósito pernicioso. Sin embargo, tiempo después, Leni negó conocer el genocidio perpetrado por Hitler. Tales declaraciones han sido puestas en entredicho por muchos, como Susan Sontag. La ensayista estadounidense señaló que Leni estaba imposibilitada a declararse en la inopia con respecto a los objetivos del nazismo debido a la esencia propagandística de sus filmes.

La otra gran obra de Leni fue Olympia (1936), que estuvo dividida en dos partes: Olympia 1. Festival de naciones y Olympia 2. Festival de belleza. Se trata de un documental de los juegos olímpicos de 1936, que se llevaron a cabo en el Estadio Olímpico de Berlín. De nuevo, el objetivo fue ensalzar al nazismo, pero esta vez su poderío se mostró a través del deporte. El objetivo se cumplió cabalmente, Olympia contó con más innovaciones técnicas que ayudaron a enaltecer a los atletas germanos. Leni lo había logrado: se encontraba en la cima de su carrera.

Filmación de Olympia. La cámara apunta al atleta Archie Williams. Foto: Oympic Pride, American Prejudice LCC

BAJO LA SOMBRA DE LA ESVÁSTICA

La influencia de Riefenstahl ha demostrado ser duradera, al igual que la controversia en la que siempre se vio involucrada. Ya se ha mencionado la respuesta de Frank Capra a El triunfo de la voluntad con su serie de documentales. Otra reacción cercana fue la parodia hecha por Charles Chaplin en la cinta El gran dictador (1940). La burla de Chaplin al fascismo, inspirada en buena medida por las imágenes de Leni, no tuvo una buena acogida entre los nazis.

Es de especial interés lo que John Huston aprendió de Riefenstahl para plasmarlo en su película El halcón maltés, pues esta es una historia de corte noir. Una cinta que ya no se centra en la política. La influencia de Leni se infiltró en otras narrativas. Así, por ejemplo, vemos como uno de los personajes es captado por la cámara en contrapicada (de abajo hacia arriba) con el objetivo expreso de hacerlo ver poderoso. Como hizo Leni con Hitler.

La presencia de Riefenstahl no parece menguar. Todavía nos topamos con su legado de una u otra forma. En la película Bastardos sin gloria (2009), de Quentin Tarantino, presenciamos a dos personajes que discuten los méritos del cine de Leni. En una muestra más ilustrativa, tenemos una famosa toma de El triunfo de la voluntad que ha sido replicada en varias ocasiones. Se trata de un gran plano general en el que se aprecia al ejército alemán ordenado en bloques rectangulares perfectos. Al fondo, se ven tres estandartes con la cruz gamada. Un panorama similar se ve en El señor de los anillos, las dos torres (2002), Star Wars, el despertar de la fuerza (2015) y el último episodio de la serie Game of Thrones que se estrenó este año.

Riefenstahl con miembros de la tribu africana Nuba. Foto: Live Journal

Si bien Riefenstahl es un referente ineludible, las opiniones sobre la valía de su obra continúan divididas. Por un lado, hay personas que todavía lanzan comentarios laudatorios. En este grupo tenemos al reputado (y controvertido) director danés Lars Von Trier, quien aseguró que el nazismo dio algunas de las mejores imágenes del siglo XX, en alusión a Leni. En el otro extremo hay personas como el director y videoensayista Dan Olson, quien desestima por completo la importancia del trabajo de Leni, argumentado que lo suyo no fue un triunfo cinematográfico, sino un triunfo del presupuesto, el cual le permitió ejecutar técnicas ya existentes, pero que no fueron realizadas antes por ser onerosas.

Algo es incuestionable sobre la directora alemana: su paso por el cine fue extraordinario. En adición, su trayectoria vital fue la mar de interesante por sí sola, incluso después de la guerra. Tras el conflicto bélico, Leni fue internada en un hospital psiquiátrico por los franceses. Después fue enjuiciada varias veces para determinar su nivel de participación en el holocausto. Al final fue declarada “compañera de viaje”. Es decir, simpatizó con el fascismo, pero no fue una miembro formal de la organización nazi.

Tras su involucramiento con Hitler, las oportunidades de Leni de hacer cine se vieron mermadas con severidad, pese a sus intentos de desmarcarse del nazismo. Sin embargo, logró dirigir un par de documentales más. Uno sobre la gente nuba en África y otro sobre la vida subacuática. También se dedicó a la fotografía, gracias a la cual fotografió a Mick Jagger. Aventurera infatigable, a sus noventa años se dedicó al paracaidismo y el buceo. Finalmente, el 8 de septiembre de 2003, Leni Riefenstahl falleció a los 101 años mientras dormía, pero su sombra todavía cae sobre la cultura occidental.

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