Alejandro Vera
Entrevista

Alejandro Vera

Desde hace 10 meses, aproximadamente, Alejandro Vera radica en Zagreb, Croacia, donde estudia con Berislav Šipuš en la Academia de Música de la Universidad de Zagreb. Nacido en Torreón, Coahuila, en 1990, cuenta con la Licenciatura en Música y Composición bajo la enseñanza de Roberto Carlos Flores en la Universidad Autónoma de Nuevo León.

En julio de 2013, fue elegido para participar en un curso de composición musical para cine en la Fondazione Accademia Musicale Chigiana en Siena, Italia, con el Maestro Salvatore Sciarrino y Luis Bacalov. En 2014, fue seleccionado para participar en el curso de composición “Synthetis 2014” en el Palacio de Radziejowice, Polonia, con Zygmunt Krauze, Chen Yin, Pawel Hendrich, Alessandro Solbiati y Paul Patterson.

Un año más tarde, fue seleccionado para participar en el curso de composición en el Conservatorio Nacional de Música de Ciudad de México con el maestro Baca Lobera. También, recibió clases magistrales con prestigiados compositores internacionales como Julio Estrada, Emmanuel Nunes, Ante Knešaurek, Carola Bauckholt, Pedro Oliviera, Philip Grange, Eugenio Toussaint, Rodrigo Sigal, Gerardo Tamez, Donald Buchla, Emil Awad, Francisco Núñez, Roberto Morales, Eduardo Caballero y Ricardo Martínez, entre otros.

Fue ganador del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico “Jóvenes Artistas” Coahuila 2011, primer lugar en el concurso “Producción Musical CONARTE 2013” y ganador de la beca del Centro de Compositores Nuevo León 2015. Recientemente, obtuvo el PECDA de “Creadores con Trayectoria”. Las piezas que compuso para este programa se interpretarán en Saltillo y Torreón el 19 y 21 de julio, respectivamente. Próximamente, saldrá a la luz un disco de su proyecto solista de rock, llamado Robin Flynn, totalmente diferente de su parte clásica, algo que nunca dejó de lado y que grabó en Monterrey, antes de irse a Zagreb, y que está mezclando Jake Carmona (ganador de un Latin Grammy) en Los Ángeles, California, quien ha trabajado con División Minúscula, Los Claxons, Warning Band y Mutum, entre otros.

Su música ha sido interpretada en diferentes países como Estados Unidos, Colombia, España, Polonia, Italia y Croacia, y por ensambles como Cuarteto Cromano, Trío Siqueiros, Wilfrido Terrazas, Dziolak/Stankiewicz Duo, Octeto Chigiana, Cuarteto de Flautas Monochromia, Maciej Frąckiewicz, Quinteto de Alientos Prana, Marco Malaigia, Emma Štern, Doble Viento, Orquesta de Cámara de la Facultad de Música, Orquesta Juvenil de la UR, Orquesta Juvenil de San Pedro y Eusebio Sánchez.

Además, ha hecho trabajos para el Tecnológico de Monterrey, Universidad Autónoma de Nuevo León, Cuarteto Cromano, Trío Siqueiros, Juanmanuel Flores, Rabbit Coffee Studies, Cerberus Films, Puppet Productions y Clear Make Up, entre otros. Aparte, ha participado con su música en el Festival de Cine de Monterrey, Festival de Cine de Morelia y el Festival Lumiere de Cartagena de Indias en Colombia.

Foto: Cortesía de Alejandro Vera

Sus padres, Miguel Ángel Vera Jáquez y María Urista de Vera, ambos comerciantes, siempre lo apoyaron en la decisión de dedicarse a la música, desde que tomó entre sus manos por primera vez la guitarra. “Claro que para ellos fue un poco difícil cuando les dije que acabando la preparatoria y el Técnico en Música (en el Centro de Iniciación Artística Pilar Rioja) me iba a ir a estudiar la Licenciatura en Música y Composición a Monterrey”.

¿Cuál es tu recuerdo más temprano de que te haya llamado la atención la música?

Recuerdo que un día, llegando de la escuela, estaba en cuarto o quinto año de primaria, prendí la televisión y estaba un video de Blink 182 y me acuerdo que me llamó demasiado la atención. Yo sé que de niño escuchamos otras cosas, pero me acuerdo que oía esas guitarras, su vibra punk rock, y me gustó demasiado. Desde ahí empecé a escuchar música y fue cuando me empezó a llamar la atención tocar guitarra. Además de Blink 182, escuchaba a Limp Bizkit, Korn, Papa Roach y otras bandas.

También tengo otro acercamiento de parte de mi padre, que escuchaba mucho a The Beatles y Bee Gees, pero los Bee Gees de niño nunca me llamaron la atención. The Beatles sí, de hecho, me hice fanático de ellos, totalmente. Y el otro fue mi hermano, que él escuchaba muchísimo a Michael Jackson y también me hice gran fan de él. Actualmente, todavía lo soy.

Recuerdo también que cuando tuve mi primer guitarra era muy niño y toqué hasta en los coros de la Pereyra, acompañaba a cantantes, y me dije a mí mismo que me quería dedicar a esto, no quería más. La música llegó para mí y me pegó. Claramente era un niño y no sabía que existía todo un estudio formal de la música, entonces yo quería ser lo típico que le pasa a mucha gente: ser rockstar, tocar la guitarra, estar en una banda de punk rock, lo que sea, y por ahí seguir. Ya después, mi papá me invitó a un concierto de la Camerata de Coahuila y para mí abrió una paleta de colores en mi vida de forma impresionante y fue cuando me dije que quería tocar todos los instrumentos. Obviamente, eso no es posible, y me acuerdo mucho también, creo estaba en secundaria, que a mí se me ocurrían muchas cosas, escuchaba melodías en mi cabeza para instrumentos específicos: “quiero que esto lo toque un chelo, quiero que esto lo toque un oboe o un clarinete”. Obviamente yo lo quería tocar, pero no iba a poder estudiar todos los instrumentos. Ahí fue cuando ya me empecé a deslizar a la composición. Qué tal si tú lo escribes y alguien más, un profesional en el instrumento, lo interpreta.

Foto: Cortesía de Alejandro Vera

A la par de estar estudiando, ¿entraste a alguna academia de música?

Cuando me dieron mi primera guitarra, me metieron a las clases de la Pereyra. Luego, como me empezó a interesar mucho más, mi papá me metió a la escuela del Maestro Juan Carlos, ahí empecé a leer con partituras. Ya en vez de ser guitarra popular me fui a guitarra clásica. Duré como un año. Luego me empezaron a interesar todos los instrumentos y estudié el violín tres o cuatro años en el CINART, y cuando empecé a hacer el técnico en música, a los 15 o 16 años, fue cuando dije que quería estudiar composición. Entonces “colgué” el violín y me dediqué al piano.

¿Cuáles fueron tus primeras impresiones al llegar a estudiar a Monterrey?

Tenía 18 años. Contrario a lo que se piensa, tienen muchísima cultura, apoyan demasiado al arte y la cultura; hay muchísimas presentaciones, conciertos, exposiciones, encuentros de teatro, óperas, tienen todo. También veo que los músicos tienen una vida más normal. Además de eso, cuando ya estaba en la carrera, fui con dos amigos de Torreón a aplicar e íbamos muy nerviosos, pues era una ciudad más grande, con escuelas de música y teníamos el miedo de no saber a qué nos íbamos a enfrentar y contra quién. Al final, todo salió muy bien. Por ejemplo, yo estudié música porque quise entender toda la música, porque la amo y quería saber todo de ella. Además de eso, quería que todo el mundo escuchara mi música, pero en la carrera me encontraba a personas como violinistas que querían tocar en orquestas, acordeonistas que tocaban este instrumento porque les gustaba el folklore de Nuevo León y querían tener la técnica. Me topé con diferentes pensamientos que tenía cada músico y para mí era súper extraño, porque en Torreón es prácticamente como “vivir el sueño”, dices “estudiar música” y como que quieres estudiarla porque quieres seguir el sueño de hacer música original, que escuchen tu proyecto. Estuve cinco años en la universidad y nueve viviendo en Monterrey. Algunos de mis maestros fueron Roberto Carlos Flores, de composición; Eduardo Caballero, de orquestación; Svetlana Pyrkova, de literatura musical; Jorge Gómez, de electroacústica y Natalia Tibets, de piano.

En el 2013, fuiste elegido para participar en cursos de composición con Salvatore Sciarrino y Luis Bacalov, ¿cómo se dio esto?

En Siena, la Academia Musical Chigiana organiza uno de los cursos de música más famosos e importantes en el mundo, no solamente de composición, sino también de todos los instrumentos, dirección orquestal y dirección de coros. Mi maestro de composición me habló de este curso y me preguntó que si quería aplicar, sólo había que ver los requisitos. Para el curso de Salvatore Sciarrino, era una pieza para cuarteto de cuerdas y una pieza para instrumento solista. También vi que en la Academia había un curso de música para cine con Luis Bacalov, y él pedía una pieza para orquesta. Envié todo lo que me pidieron y fui elegido para los dos. Salvatore Sciarrino es uno de los compositores más importantes de música contemporánea de Italia y Luis Bacalov (f) fue un argentino que hizo la música de la película Django y de Kill Bill y ganó el Óscar por El cartero.

Foto: Cortesía de Alejandro Vera

¿Y del curso “Synthetis”? Al que fuiste elegido en 2014…

Después del curso de Italia, regresé a Monterrey a terminar la carrera y de inmediato apliqué para este curso en Polonia y también me eligieron. Es en una ciudad muy pequeña, al lado de Varsovia, llamada Radziejowice, pero más que un curso era una residencia. Teníamos clases todos los días con cinco compositores diferentes daban las y durante tres semanas tuvimos que estar componiendo una pieza que interpretarían al final. Éramos alumnos de 16 nacionalidades y yo estaba muy orgulloso porque habíamos dos mexicanos, Cristina García, que estudió en Canadá, pero era de CDMX, y yo. Había polacos, alemanes, franceses, japoneses, de Singapur, colombianos, de todos lados, y ya cuando acabó el curso, regresé a Monterrey para empezar a trabajar.

¿Qué sientes cuando escuchas tus creaciones interpretadas por orquestas, cuartetos, ensambles?

Tengo bien marcado el día en que tocaron por primera vez una pieza mía, una suite para chelo que hice para el primer semestre de la carrera, y ese día pude ver reflejado todo el trabajo, todos los sentimientos que quise mostrar a la gente, se me hacía increíble cómo podía expresar muchas cosas, lo que estaba pasando en mi vida en ese entonces sin decir ninguna palabra, solamente con sonidos y música. Estaba al borde de la felicidad, a punto de explotar de lo increíble que estaba viviendo al escucharla en vivo. Actualmente, me sigue pasando lo mismo. Me acuerdo de los últimos ensayos que tuve con el Quinteto Prana, tuve que detener el ensayo para decirles que estaba explotando de felicidad, estaba sonando impresionante y no podía con eso. Cada vez se va haciendo más normal, cada vez es distinto, como que ya todo es más maduro. Por ejemplo, estaba haciendo una recapitulación de los conciertos que he tenido con ensambles que han tocado mi música y, quitando los de la escuela, creo que estaba llegando a los 50 conciertos.

¿Cómo es tu proceso de composición?

Eso depende mucho de la persona que está pidiendo la pieza. Por ejemplo, este diciembre tengo un estreno en Tucson, Arizona, y luego la van a tocar en Los Ángeles, California, y la persona que me está comisionando la pieza es la primer cornista de la Sinfónica de Arizona. Ella me dijo que le gustó mucho mi música, que la pieza la quiere para corno, violín, viola y chelo, y lo único que me pide es que tenga algo mexicano porque en el programa quiere mencionar que la música que le hicieron tiene un toque mexicano. En este caso, es totalmente libre, yo puedo hacer lo que quiera, pero sé que tengo que usar ritmos mexicanos, algunos intervalos que den sonoridad de melodías mexicanas o tal vez efectos que se usaron en la música prehispánica. Ya si la pieza es totalmente libre, puedo hacer lo que yo quiera.

Foto: Cortesía de Alejandro Vera

Primero, no fuerzo nada, yo sé que la inspiración puede llegar hoy, mañana o en tres meses. Hay muchas personas que dicen que la inspiración no existe y estoy de acuerdo de los dos lados, yo siento que la inspiración sí existe y a la vez siento que no, que también es mucho trabajo, y que si ya sabes cómo manejar los sonidos, pues sabes crear música. En mi caso, si me piden una pieza para dentro de tres meses y la idea me llega un mes antes, ese mes trabajo súper duro, porque no quiero forzar nada. Salgo a caminar, pienso mucho, o por ejemplo, si tengo un sentimiento muy fuerte en ese entonces, a lo mejor lo uso y me baso en eso. O a lo mejor, estoy leyendo algo y me encantó algún personaje. También, me ha tocado hacer música para cortometrajes y ahí me tengo que basar totalmente en lo que estoy viendo, ahí no puedo hacer lo que yo quiera. Obviamente, puedo usar elementos que me gustan, pero me tengo que basar en la imagen, porque a veces puede ser que ponga de más o ponga de menos y no funcione, y ahí lo realmente importante es la imagen. También, tuve la oportunidad de hacer música para dos videojuegos, una app de zombies de un chavo de Torreón, Gerardo Valdés, y literal me dijo que no me podía enseñar el juego, que todavía no lo acababan, pero era de zombies y querían sonidos “muy de Nintendo”.

¿Cuáles son los consejos que te han dado otros músicos o compositores que tratas de aplicar a tu trabajo?

Uno de los consejos que más quedaron marcados en mi vida ha sido el de Salvatore Sciarrino, en una clase privada que tuve con él. Me citó a las seis de la mañana, simplemente para decirme que así tuviera la melodía más sencilla, así tuviera el pasaje más complejo que haya hecho en mi vida, que si la densidad musical más densa, siempre tratara de ser original. Entonces, yo cada vez que compongo algo, lo hago y lo toco en el piano y digo: “Es muy buena la idea, ahora, ¿cómo puedo hacer que esa idea proponga, que le dé algo más a la música en la vida?, ¿cómo puedo mostrarle a la gente que esa idea suene a Alejandro Vera y no suene a otro compositor?”.

¿Y tú qué le aconsejarías a un joven que quiere dedicarse a la música, pero que no sabe por dónde empezar?

El primer consejo que le daría a alguien que se quiere dedicar a la música sería que definiera a qué se quiere dedicar en ella. Por ejemplo, si llega alguien y me dice que su sueño es tocar en un mariachi, yo le diría que no se meta a un conservatorio, porque ahí va a aprender la técnica perfecta del violín y el mariachi no la necesita. Sí tiene que sonar bien, pero tiene que ser un poquito sucio, más tradicional, es folklore. Yo le aconsejaría que buscáramos a un profesor o a alguien que se dedique al mariachi y que te enseñe qué es lo que tienes que aprender. Cuando yo estaba en CINART, ese consejo me lo dio Raúl Jáquez, y es muy cierto, porque por ejemplo, si alguien quiere tocar en una orquesta, obviamente su camino es meterse a un conservatorio, pero si llega alguien y me dice que quiere hacer rock, quiere tocar punk toda su vida, que estudie con Jorge de Llano en Torreón, que es un guitarrista muy bueno, que te enseñe a tocar punk y a trabajar duro.

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