Voyeurismo
Sexualidad

Voyeurismo

Una mirada al deseo

Nada hay más natural para la especie humana o incluso más indispensable para la supervivencia primitiva o animal que el mirar, pero, con el desarrollo y la complejización de la mirada a partir del impulso de los medios de masa, la cultura condena este acto en ciertas circunstancias y ciertas intensidades, como las que involucran el largamente debatido sentido de la visión sobre el cuerpo.

Son formas en las que sus imágenes asumidas como reales y vivas tienen la propiedad de despertar el deseo del espectador: “al percibir el cuerpo como algo real y vivo, somos capaces de desearlo”, dice David Freedberg, profesor de la Cátedra Pierre Matisse de Historia del Arte y Director de la Academia Italiana de Estudios Avanzados en América en la Universidad de Columbia, Estados Unidos.

Esta relación entre la mirada con la curiosidad y el deseo, está en la base de la prohibición de las imágenes, por eso el contacto visual instaura un tabú, como se constata en muchas culturas que desaprueban la mirada fija en tanto revela un exceso de intimidad, de sexo o de expresión demasiado libre de las emociones.

¿QUÉ ES EL VOYEURISMO?

La palabra voyeur, de origen francés, deriva del verbo voir (ver), junto con el sufijo de agente eur, y su traducción literal es “el que ve”.

Según el ámbito clínico, un voyeur o voyeurista es aquel individuo que busca obtener excitación sexual observando a personas desnudas o que realizan alguna actividad sexual, sin embargo, la conducta no implica ninguna acción carnal posterior por parte del que observa.

Este comportamiento puede llegar a alcanzar el grado de parafilia, considerándose en ocasiones como un trastorno. El llamado trastorno de voyeurismo implica llevar a cabo los impulsos y fantasías de tipo voyeurista sin el consentimiento de la otra persona; experimentando un malestar significativo o un deterioro funcional debido a tales deseos o impulsos.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

¿CONDUCTA O TRASTORNO?

No todas las prácticas voyeuristas pueden considerarse patológicas. Es cierto que si nos ceñimos a la definición tradicional de parafilia: comportamiento sexual cuya fuente principal de placer se sitúa fuera del coito, el voyeurismo puede ser considerado como tal.

Ahora bien, ni todo comportamiento voyeurístico es parafílico, ni todas las parafilias pueden considerarse patológicas por sí mismas. Todo dependerá del grado de interferencia en la vida sexual y no sexual de la persona, y del posterior malestar o deterioro de ésta.

La mayoría de quienes tienen intereses parafílicos no cumplen los criterios clínicos para el trastorno. Estos juicios se resumen en dos puntos: en el primero los comportamientos, deseos o fantasías de la persona le provocan un malestar clínicamente significativo, un deterioro funcional o causan daños a terceros; en el segundo, este conjunto de comportamientos debe darse durante más de seis meses.

El anhelo de observar a otras personas en contextos sexuales es muy frecuente, y no puede ser considerado anómalo en sí mismo. Estas conductas tienden a comenzar en la época adolescente o a principios de la vida adulta.

Sin embargo, si durante el transcurso de este periodo se convierte en patológico, el afectado acaba invirtiendo un tiempo considerable en la búsqueda de oportunidades para mirar a otros, obstruyendo el resto de responsabilidades o actividades diarias.

SÍNTOMAS Y SEÑALES

Habitualmente, una persona voyeurista o voyeur tiende a observar la escena sexual desde cierta distancia y, ocasionalmente, escondido. Observa a través de resquicios o cerraduras o mediante la utilización de objetos como espejos o cámaras.

Este comportamiento se acompaña, ocasionalmente, de actividades masturbatorias, pero no es una condición necesaria para la práctica del voyeurismo. Además, el riesgo de ser descubierto actúa como potenciador de la excitación.

A menudo, esta disposición voyeurista se acompaña de tendencias exhibicionistas. Es decir, la persona disfruta de mostrarse, de forma más o menos abierta, semidesnudo o completamente desnudo. Tanto el voyeurismo como el exhibicionismo poseen un gran componente compulsivo e irrefrenable.

En ambos, antes y durante cada comportamiento sexual, aumenta la tasa de sudoración y la tasa cardíaca ante la aparición de estímulos relacionados con dichas actividades; efectos que desaparecen tras la realización del acto voyeurista.

“Mirar sólo es el principio” es el slogan de la obra de teatro Vooyeur que se presenta en Madrid. Foto: YouTube/kosova-sot.info

Es necesario distinguir también entre voyeurismo y la sola excitación por contemplar un cuerpo desnudo. La principal diferencia estriba en que en el primero no existe conocimiento y/o consentimiento por parte de la persona observada, mientras que en el resto de actividades íntimas se da por sentado que sí la hay. Tal contemplación de la desnudez es una parte dentro de la actividad sexual, y no la totalidad de esta.

Por lo que respecta a las características de personalidad de un voyeurista, estas conductas suelen relacionarse con personas que han sido tímidas durante la adolescencia, siendo necesario destacar que no son sujetos propensos a poseer rasgos especialmente patológicos.

Otro término relacionado con esta práctica, pero algo diferente, es el candaulismo, nombre que proviene del personaje histórico Candaules, último rey de la dinastía Heráclida. Esta expresión hace referencia a un comportamiento en el cual se obtiene placer al observar a la pareja manteniendo relaciones sexuales con otra persona.

PERSONALIDAD DEL VOYEURISTA

Suelen ser tímidos y reservados en la adolescencia, cuando tienen verdadera dificultad para relacionarse con personas y les cuesta “ligar”. Muchas veces, este hecho no les importa, ya que recurren a la pornografía para estimular su vacío emocional.

Se sienten introvertidos y tienen una baja autoestima. Además, van necesitando sensaciones fuertes a nivel sexual que confunden con necesidades emocionales, por lo que se va estableciendo una “dependencia” y adicción a experimentar novedades continuamente.

Cuando tienen pareja, la mayoría esconde estas conductas. A veces encuentran a un tercero que comparte sus ideas y con ellos desarrollan sus fantasías de forma obsesiva.

El voyeur puede sentir vergüenza, miedo o ansiedad ante el coito, pero todas éstas son reacciones de algún trauma previo. Es la pareja quien suele pedir ayuda cuando se da cuenta del problema, aunque es difícil notarlo, pues el voyeur trata de ocultarlo.

El síntoma principal es que pierde el interés sexual genital, porque lo único que le produce placer es ver. Suele ser cariñoso y detallista con su pareja, le disgusta hacerlo a oscuras y adora hacerlo frente espejos.

En ciertas culturas, el voyeurismo está considerado una perversión y en varios países se califica como un delito sexual. Reino Unido agregó este comportamiento al Sexual Offences Act of 2013, criminalizando así el acto de observar a alguien sin su consentimiento. A finales de 2005, Canadá promulgó una ley similar, declarando el voyeurismo como un delito sexual y EE.UU también penaliza esta práctica en nueve de sus estados.

Candaules, rey de Lidia, muestra a su mujer escondiendo a Giges, uno de sus ministros, mientras se va a la cama, pintura de William Etty también conocida como La imprudencia de Candaules. Foto: Tate Britain

Comentarios