Hikikomori
Familia

Hikikomori

El síndrome del aislamiento social

Seguramente cualquiera ha tenido la intención de quedarse en casa por varios días, recuperarse y no hacer prácticamente nada que pudiera ser provechoso. Esto puede ser muy útil a veces y hay quienes sus momentos libres los emplean de esta manera, pero hay quienes todo el tiempo están aislados. Al principio lo deciden, pero pronto parece no haber otra opción.

El llamado hikikomori es un término proveniente de Japón que da nombre a un síndrome que está teniendo más difusión últimamente. Consiste en mantenerse alejados de otras personas recluyéndose en su cuarto. Un mal que, si bien no se conoce con un nombre recordable en otros países, nos afecta.

El vocablo es relativamente nuevo, se acuña en el año 2000 por el psiquiatra Tamaki Saito, y puede agruparse con otros que definen más problemas de actual difusión, como el moving (acoso laboral) o el burn out (agotamiento).

LAS CIFRAS

Se le llama hikikomori a alguien que ha pasado en su habitación o casa un mínimo de seis meses. El ocho por ciento de ellos pasa 10 años en esta condición y la mayoría se relaciona únicamente por medio del Internet.

La interconección fácil y los videojuegos, así como la capacidad de consumo de una familia, sin duda hacen posible que el síndrome exista. Japón es un país con alto consumo de servicios y productos vía Internet y además sus habitantes tienen suficiente poder adquisitivo; sin embargo, el síndrome tiene características que se pueden presentar en infinidad de regiones.

Se sabe que en Japón este síndrome alcanza a medio millón de su población y afecta a jóvenes de hasta 24 años de edad, siendo que el 34 por ciento es de entre 20 y 24 años, otro 30 por ciento es de entre 15 y 19, y sólo el 12 por ciento tiene de 14 a 18 años.

Sin embargo, si bien el problema es mayoritariamente de jóvenes, un 22 por ciento excede los 25 años. Hasta los 29 hay un 8 por ciento de la población, hasta los 34 hay un 4 por ciento y a partir de los 35 años el porcentaje se eleva hasta el 10 por ciento.

Foto: japantimes.co.jp/Julia Nascimento

Las edades en que se presenta son difíciles. La adolescencia como inicio del síndrome, sumado a las dificultades propias de esta edad y a las formas de entretenimiento e hiperconexión, hacen posible que sea más atractiva la vida tras las pantallas. Del mismo modo, los logros relacionales, académicos y laborales no alcanzados o las dificultades para socializar a una edad como los 39, pueden sumarse en una crisis que termine en aislamiento social.

TIPOS

En 2010, el gobierno de Japón hizo saber que la mayoría de los llamados hikikomori salen para pasar el tiempo o comprar, pero no trabajan ni estudian. Este primer tipo recibe también el nombre de niito, aunque no todos ellos padecen el síndrome.

El nivel de aislamiento tiene que ver precisamente con el contacto personal que tienen ellos, mismo que se ve reducido al no realizar estas dos actividades fundamentales para alcanzar una buena salud mental.

Tanto el trabajo como el estudio brindan un sentido a la persona mediante motivación en metas y proyectos que pueden impulsar al individuo. Mucho del trabajo en psicología cognitivo conductual, y más recientemente en la psicología positiva, tiene que ver con esto; utilizando conceptos como el clima laboral y el compromiso con el trabajo para mejorar la productividad.

Las actividades recreativas también necesitan una participación de otras personas como es el caso de la música o los deportes. El problema se presenta cuando las redes de apoyo se limitan a actividades donde el contacto personal es mínimo o se da entre mensajes; los llamados hikikomori evitan esto tanto con personas de su edad como con familiares.

La comunicación cara a cara es mucho más significativa que la realizada por Internet. El contacto visual y físico, así como el lenguaje corporal, nos mantienen motivados y de buen ánimo. Las redes de apoyo son uno de los principales factores que hacen que una persona se recupere de dificultades y enfermedades físicas y mentales.

Ayako Oguri hace llegar una carta a Masahiro Koyama, de 40 años, quien se ha encerrado en su habitación durante diez años. Foto: witness.worldpressphoto.org

Entre los niito, 153 mil únicamente sale a comprar, 47 mil no salen de su habitación y 35 mil no salen de su casa en ningún momento, pero pueden moverse por las habitaciones.

ORIGENES DEL PROBLEMA

Una de las razones por las que se origina este problema son las altas expectativas. Esto tiene un peso social fuerte en Japón, aunque no se puede decir que en otros países como el nuestro no se presente. Cuando un joven no pasa a la universidad su autoestima es afectado, sobre todo si se esperaba mucho de él.

Otra razón es el bullying o acoso escolar, así como el moving o acoso laboral; esto mantiene a los jóvenes con miedo e incluso vergüenza por expresar el abuso y con reticencia a volver al salón de clases o al trabajo.

Y como último desencadenante está el que parece ser el más sencillo: la desgana. En casos más problemáticos, la decisión personal de no establecer contacto ni hacer lo que todos consideramos normal o parte de nuestras vidas.

Sin embargo no hay que subestimar esto, puesto que ambas pueden ser producto de una anhedonia: síntoma de la depresión que hace sentir desmotivación, perder el interés por lo que antes era placentero.

El hikikomori se presenta más en hombres que en mujeres, según la encuesta del 2016 del Gabinete Oficial Japonés. Así mismo, son mayoritariamente graduados (poco más del 60 por ciento) y se encuentran desempleados (un 67.3 por ciento).

Un factor preocupante es la duración del aislamiento. El 12.2 por ciento presentó un lapso de seis meses a un año, mientras que el 28.6 por ciento duró de tres a cinco años en el encierro. El porcentaje más alto, el 34.7 por ciento, presentó un hikikomori más grave, en un tiempo de más de siete años.

Como es bien sabido, la depresión es una enfermedad que afecta también a esta población y que en los casos más graves lleva al suicidio.

Riki Cook, estadounidense-japonés de 30 años, ha sido hikikomori por tres años. Su familia vive principalmente en Hawái y él vive solo en Japón. Foto: witness.worldpressphoto.org

En México es posible que quienes puedan ser considerados hikikomori sean identificados entre pacientes con depresión o síndrome de Diógenes, que se refiere a una afectación de acumuladores de objetos con tendencia a vivir entre desorden e incluso suciedad después de un suceso traumático, como la pérdida de un familiar.

Según la Organización Mundial de la Salud, en México la depresión es considerada el mal del siglo y se presenta en 10 millones de personas. Esto sin olvidar que los jóvenes que no trabajan o estudian (población cercana al síndrome del hikikomori) suman 3.9 millones de acuerdo con la Encuesta Nacional de Educación y Empleo realizada en 2018 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Muchas enfermedades mentales tienen el peligroso estigma de parecer depender totalmente de la voluntad de quien las padece, como si se tratara de un problema de actitud que debe resolverse por cuenta propia y con un cambio voluntario de ánimo.

Nada más alejado de la realidad. Cuando suceden cosas anormales en el comportamiento de alguien, las redes de apoyo deben actuar y hacer intervenciones para mejorar la salud, buscar a un especialista que pueda ayudarlos para que así se puedan evitar problemas como el del hikikomori, que no son más que una puerta a dificultades más graves como la depresión o la ansiedad.

Está en nosotros poner especial atención en lo mental, comprendiendo que las enfermedades psicológicas imposibilitan la vida diaria como cualquier dificultad física.

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