Amor y paz
Opinión

Amor y paz

Miscelánea

El mentiroso se complace en una realidad ficticia;

su mentira se vuelve el equivalente de las alucinaciones de aquél que delira.

Ikram Antaki.

Al grito de amor y paz, nos estamos matando. ¡Corrupción! ¡Corrupción!, acusa nuestro amado líder mientras premia con puestos de poder, a corruptos y delincuentes cuyo sitio debe ser la cárcel. Nada nuevo: “un político que no miente, es un pobre político”. Llamar a un gato “gato”, en política puede tener consecuencias desastrosas.

Según encuesta del Washington Post, Trump declara 29 cosas que no son ciertas por día. La cuota de nuestro ganso no le pide nada, llevamos un buen récord: estudio realizado por el Reuters Institute le dio a México el segundo lugar en exposición a noticias falsas. Y ¿por qué no?, si la educación de varias generaciones de mexicanos ha estado en las sabias manos de Elba Esther Gordillo, quien hoy, a la sombra de la IV Transformación recupera su enorme poder.

La verdad, la congruencia; ¡patrañas decimonónicas! Se miente mas de la cuenta, por falta de fantasía, también la verdad se inventa. La vida no me ha puesto en la necesidad de mentir a lo grande, todo se limita a mi afición a inventar historias, y a mentir en legítima defensa: “Yo no fui”, gritaba cuando mi abuela me perseguía con la chancla; porque ella tenía otros datos. Papá engañaba a mamá. Mamá dijo una mañana: voy al mercado, y se largó a Madrid. Así se ha usado en mi familia, así, la contundencia con que los mayores afirmaban una cosa y hacían lo contrario.

De eso se tratan nuestros usos y costumbres. ¿Qué haríamos sin esa fabrica de mentiras que es la publicidad? No es que creamos, por ejemplo, que la pasta de dientes que asegura blanquearlos en siete días, los blanqueará de verdad, y sin embargo la compramos. Las mujeres sabemos por experiencia que la carísima crema que asegura desaparecer las arrugas, lo único que de verdad ofrece en su extravagante envase, es la ilusión. ¿Qué te hiciste que te ves tan joven?, le miento a alguna amiga para levantarle el ánimo. ¿Y por qué no? La cortesía se sostiene en mentiras. Quién nos soportaría si después de una noche de insomnio en que la realidad nos aplasta, en lugar de saludar con un buenos días a nuestro jefe, lo saludáramos con el “¡vete al carajo!”, que es lo que nos pide el cuerpo. “Encantado de conocerte”, decimos a cualquier desconocido sin que de verdad estemos ni lejanamente encantados; pero sabemos que en esas mentirijillas se apoya nuestra convivencia. Andar por el mundo a verdadazos nos crea problemas.

Yo por ejemplo, me callo respetuosamente cuando escucho a un viejo amigo, mentiroso contumaz, afirmar: “Yo nunca miento”. Vivimos en un mar de mentira existencial. Tolerancia no significa que te acepto sino que te tolero. ¡Qué feo!, ¿no? Aparecer siempre bondadoso y feliz, regalar sonrisas; eso es lo que se estila aunque nos esté llevando el diablo. Las fotos de nuestros amigos en Facebook no dejan lugar a dudas: “Un plácido domingo en familia”, y hasta el perro se muestra sonriente. Otra amiga aparece en la pantalla de mi teléfono comiendo unos suculentos langostinos. La vida es bella. Dios la ama.

Alguna vez dijo Anatole France: Sin mentiras, la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento. Bastaría con preguntarnos qué sería del arte, el cine, la literatura, qué de todos esos mundos falsos que se construyen a partir de la imaginación. Decir que hay que ponerse las pilas, que la situación está del carajo; es inaceptable. Además de rayar en la descortesía, acusados de conflictivos y tóxicos corremos el riesgo de ser eliminados de nuestros grupos sociales. ¿No acaso nuestro ganso acepta con una sonrisa beatífica y absoluta honestidad los resultados de sus consultas, decididas por el pueblo sabio? Aceptar dócilmente la mentira es fundamental para la tranquilidad. Lo ayuda a uno a reírse de lo que debería hacernos llorar.

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