Lucha económica entre dos potencias
Finanzas

Lucha económica entre dos potencias

Un futuro incierto

Una guerra comercial se produce cuando un país decide imponer aranceles, cuotas a la importación o cualquier otro tipo de barrera a uno o a grupos determinados de productos importados para proteger y desarrollar la industria nacional. La guerra toma poder cuando la nación que se ve más afectada por estas medidas responde con acciones en represalia a las mismas, que van desde la veda total o parcial de las principales mercancías exportadas por el primer país, que usualmente son las más importadas por el segundo, hasta subsidios en sectores específicos de su economía.

Estas barreras comerciales suelen ser muy poco productivas y más costosas que su antónimo, el libre comercio, debido a que el resultado de su aplicación entre los países partícipes de las mismas es un ejemplo vivo de la frase “ojo por ojo y diente por diente”, de modo que el objetivo principal se convierte en causarle al otro un daño igual o peor que el que se te está causando a ti.

Por ello, un déficit global en la balanza comercial estadounidense fue la principal razón que llevó al presidente Donald Trump a tomar medidas proteccionistas capaces de desatar una guerra comercial con algunos de los fundamentales socios económicos de los Estados Unidos, incluyendo a la República Democrática de China.

ORIGEN

En 2017, Donald Trump anunció un unilateral incremento de los aranceles de importación de acero (25 por ciento) y aluminio (10 por ciento) para todo el mundo, aduciendo que es un tema de seguridad nacional. China fue el país más afectado.

Hasta hace algunas décadas, EEUU era el principal productor de ambos insumos industriales básicos, pero el crecimiento de otros países, especialmente China e India, lo ha ido desplazando de ese sitio.

El conglomerado chino Tisco, el mayor productor de acero de alta calidad del país, ha desmentido que la guerra arancelaria con Estados Unidos esté afectando las cuentas de la empresa. Foto: EFE/Javier Castro

Al momento actual, China tiene más del 50 por ciento de la producción mundial de ambos insumos, mientras EEUU ha descendido al cuarto lugar en acero (precedido por Japón e India), con un 4.9 por ciento de la producción mundial, y al noveno en aluminio (precedido por Rusia, Canadá e India, entre otros) con un minúsculo 1.5 por ciento. Si la disputa fuese solamente por estos productos, al margen de su gran importancia, no debería alcanzar para desatar una guerra comercial. El problema con China es que el déficit comercial ha ido incrementándose en forma incesante hasta llegar a los 375 mil 200 millones de dólares, un 66 por ciento del déficit comercial total de EEUU (566 mil 000 millones de dólares).

Es por ello que EEUU no se limitó a las sanciones en acero y aluminio, sino que impuso aranceles a mil 300 productos chinos que afectarían exportaciones por hasta 60 mil millones de dólares. Aduce el gobierno estadounidense que China no cumple con el reconocimiento pleno de la propiedad intelectual y copia de desarrollos tecnológicos norteamericanos sin pago de regalías. Estas disputas se suman al argumento de que el yuan (moneda en curso china) está artificialmente devaluado para beneficiar sus exportaciones. China, por su parte, para contrarrestar las medidas tomadas por su contraparte, está aplicando aranceles a productos norteamericanos.

Éstos, las cuotas a la importación y demás medidas proteccionistas indicen directamente en el aumento de precios de los productos a los que fueron aplicados. Por ende, los consumidores tendrán que pagar más para obtener el bien o el servicio. Productos agrícolas como la soya, el maíz, el algodón y el tabaco serán impactados por los aranceles impuestos por China. Así como también carnes, productos químicos y plásticos, además de sectores como el aeroespacial y el manufacturero.

GUERRA TECNOLÓGICA

La guerra comercial entre EEUU y China ya es digital con el desarrollo de la tecnología 5G en el punto de mira, lo que ha causado temor entre los inversores de Wall Street que han penalizado con una rebaja del 15 por ciento en el último mes a las tecnológicas estadounidenses con intereses en China.

El promedio industrial Dow Jones desciende 1.95 por ciento en un arranque bursátil en el que cunde el pesimismo por el pulso comercial entre Estados Unidos y China, mayo de 2019. Foto: EFE/Justin Lane

El Fondo Monetario Internacional, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) e incluso los servicios económicos de la ONU coinciden en que la guerra comercial entre las dos economías más importantes del mundo va a perjudicar a los consumidores, a las empresas y, a la postre, al crecimiento económico global.

Lo que empezó como una revisión de un pacto comercial acotado en el tiempo, va camino a encallarse abruptamente, y el mandato presidencial de no vender componentes tecnológicos a Huawei por motivos de seguridad nacional ha llevado a una "guerra fría tecnológica" que no gusta nada a los mercados.

Según una nota del jefe de estrategia global de la banca de inversión Jefferies, Sean Darby, el incremento de los aranceles ha dado paso a una estrategia que busca "frenar a China como líder en el desarrollo del 5G".

Esta tecnología debe ofrecer un ancho de banda y una velocidad nunca vistas hasta ahora y a las que los expertos ligan estrechamente el desarrollo del Internet de las Cosas, el uso de vehículos autónomos y los proyectos relacionados con inteligencia artificial.

El punto débil para China es que este cambio de paradigma necesita en gran parte de las compañías estadounidenses de semiconductores y componentes, como Qualcomm, Nvidia, Intel, Xilinx, Skyworks Solutions y Macom Technologies. Y es que las empresas que fabrican chips para smartphones, videojuegos y centros de datos son las más expuestas a la guerra digital.

Estados Unidos fue responsable de aproximadamente la mitad de los 470 mil millones de dólares procedentes de chips vendidos en todo el mundo, y China fue su principal mercado, según recuerda el analista de Investing.com, Haris Anwar.

Luego de la salida de Estados Unidos del Tratado Transpacífico, 11 países firmaron el acuerdo. Foto: Vazquez Tercero y Zepeda/redalyc.org/vtz.mx/Linkedin

La firma que más se ve afectada en este fuego cruzado es Qualcomm. La compañía de San Diego, que efectuó dos tercios de sus ventas de su último año fiscal a China, ha perdido en un mes un 23.58 por ciento en el Nasdaq, un 18.76 por ciento sólo en el último mes.

FUTURO INCIERTO

Parece una paradoja que China, un capitalismo de Estado con crecimiento acelerado de las empresas privadas, se manifieste en su política comercial exterior como el país más liberal, mientras que Estados Unidos, que ha erigido como una religión la ausencia del Estado en la propiedad privada, pregona una posición proteccionista.

Con su estilo de gobierno, Trump se propone evitar un viraje en la relación de poder con China y busca reafirmar la posición de Estados Unidos como potencia hegemónica, al margen de las animadversiones que ello pueda producir entre sus propios aliados. Ese es el verdadero sentido de su slogan “America First” (Estados Unidos primero) con que inauguró su mandato. Ese es el sentido del muro con México, las disputas comerciales con China, las apuestas riesgosas con Corea del Norte y el retiro del Acuerdo Transpacífico, que son sólo algunos de los infinitos focos de tensión que ocupan a la superpotencia. Unas veces atendidos con la diplomacia de la presión económica, otras apelando a alguna de sus seiscientas bases militares esparcidas por el mundo, para decir la última palabra de la negociación. “La guerra es la continuación de la política por otros medios”, decía Carl von Clausewitz.

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