Detrás de F. Scott Fitzgerald y Zelda Sayre
Literatura

Detrás de F. Scott Fitzgerald y Zelda Sayre

El curioso caso de la pareja ideal

Dentro de todas las interesantes, tormentosas y aclamadas historias que contó el famosos autor F. Scott Fitzgerald, tal vez la más borrascosa y difícil de creer, es su vida y la relación con su esposa Zelda Sayre.

Descritos como “la pareja que marcó la época de los veinte” por sus fiestas, derroches, literatura y su estilo de vida, son reconocidos por sus cartas de amor. Pero el par tuvo mucho más que sólo momentos de novela romántica para contar, incluyendo el desenlace oscuro que tuvo su historia.

Con intención de indagar en esa historia manchada de drama, destellos mitómanos, enfermedades psiquiátricas, alcoholismo y en algún punto, innegablemente, de mucho amor, se hará hincapié en los momentos más interesantes del relato digno de novela épica, intentando explorar la universalidad que hizo a estos personajes tan redondos, complicados y brillantes.

EL INICIO

En cuanto se conocieron, el escritor reconocido por obras como El Gran Gatsby y El curioso caso de Benjamin Button, se vio atraído, convencionalmente, por una mujer bella y de espíritu ligero, pero ella era todo antes que un cliché.

Zelda Sayre era hija de uno de los principales juristas de Alabama y desde muy joven había disfrutado rebelarse en contra de su crianza. Estaba convencida de que el papel de la mujer no era mantener tranquilo y cómodo a un hombre; debía ofender, molestar y provocar desastres.

Era casi predecible que terminara enamorada de un soldado con sueños de escritor y una carrera trunca en Princeton, alcohólico, con complejo de inferioridad e inseguridad, pero con un talento y capacidad para la literatura que fueron notables desde su niñez. Mientras, ella demostraba ser exactamente lo contrario, con sus pasos siempre seguros y su personalidad vibrante.

Escena de Z: The Beginning of Everything, basada en la vida de Zelda. Foto: IMDb

LA UNIÓN

Cuando le propuso matrimonio a Zelda ésta no aceptó, por falta de dinero del autor. Scott hizo del éxito su prioridad para poder estar con ella, sus conocidos aseguran que desarrolló una obsesión.

En la correspondencia de ese momento, el autor evidencia su interés con frases como: “ahora entiendo por qué guardan a las princesas en torres”, a lo que ella contesta que está cansada de que le escriba cosas que sus acciones no reflejan. Demostrando lo adelantada que se encontraba la joven en cuanto a lo que la mujer le debía a un hombre, irradiaba la fuerza de espíritu que la caracterizaba. No fue hasta que él publicó su primera novela que Zelda aceptó casarse.

De la noche a la mañana se convirtieron en celebridades y así gastaron el dinero hasta que no pudieron financiar vivir en Estados Unidos y decidieron irse a París con su hija, convirtiéndose en parte de la Generación Perdida, conformada por los escritores estadounidenses que vivieron en Europa en los veinte.

DECLIVE

Las obras literarias de Scott dan una puerta abierta a su vida ya que, como decía su amigo y peor crítico Ernest Hemingway, Fitzgerald no sabía separar su drama personal de sus escritos. Los años que prosiguieron estuvieron llenos de problemas y destrucción. Gracias al alcoholismo, las fiestas y la agenda social, la pareja gastó todo su dinero y las novelas de Scott dejaron de venderse como antes, y además comenzó a experimentar bloqueos que le impedían escribir. Los problemas económicos se intensificaron. A esto se aunó el diagnóstico de esquizofrenia de Zelda, quien a pesar de no presentar la mayoría de los síntomas, fue internada y tratada en repetidas ocasiones con muchas recaídas.

Scott Fitzgerald y Zelda Sayre con su hija. Foto: Hulton Archive/GettyImages

Aquí se desarrolla la polémica más intensa en cuanto a estas lumbreras; ¿quién apagó a quién? Discutiendo esos primeros años en los que Fitzgerald se veía como un hombre acomplejado y con carencias mientras Zelda se veía completa y segura, se cuestionaba qué cambió este último supuesto, intentando culparlo a él pero nunca con certeza. Hay muchas personas que ilustraban a Scott como un tirano autoritario que reprimía los esfuerzos que realizaba su esposa por independizarse, así como impidió cualquier expresión artística de su parte.

OTRA VERSIÓN

Hay, por otro lado, muchas cosas de las que sí se puede tener certeza, como el plagio que se vivió: Zelda no sólo era la musa de su esposo, sino que escribió parte de sus libros, ya que Scott copiaba cartas o escritos del diario de Zelda en sus obras literarias sin reconocerla nunca, a lo que ella hacía alusión burlona al decir cosas como que su esposo parecía creer que “el plagio comienza en casa”.

Zelda vivió en instituciones psiquiátricas, con terapia basada en shocks de insulina y medicamentos como morfina y más inhibidores que ella describía como “un tipo de castración”.

Su esposo, mientras tanto, siguió en el alcoholismo y tuvo amantes muy conocidas. Mientras, seguían escribiéndose cartas en las que se podría decir que se reflejaba amor, o tal vez una codependencia arrasadora.

Aunque Fitzgerald la detuvo de publicar casi toda su vida, para cuando Zelda escribió su libro de memorias (Resérvame el Vals, 1932) no pudo detenerla, pero lo intentó. Scott se molestó porquee ella estuviera usando su historia para ese libro, pues era el material que él usaría para su compendio Suave es la noche. La obligó a deshacerse de las partes de la historia que él quería, suprimiéndola nuevamente.

Foto: raptisrarebooks.com

Las cartas que Zelda le escribía a su esposo eran censuradas por sus cuidadores y mucho se ha dicho de que se deben considerar los textos que escribe un prisionero a su secuestrador, pero seguían expresando mucho amor. Decía que ella no se arrepentía de las peleas, que eso es lo que los había mantenido juntos, pero también expresó sus ganas de divorciarse en repetidas ocasiones. Sin embargo, por la ausencia que tenía de cualquier independencia económica, jamás fue posible.

Pero existe otra cara de la moneda defendida por Hemingway, quien describía a Zelda como “alguien que está celosa de tu trabajo, quiere competir contigo y te arruina.” Él la veía como un agotamiento para su esposo, la consideraba el némesis de Scott, recordando esa primera propuesta de matrimonio rechazada por dinero, cuestionando los intereses de la mujer.

Hemingway también habla en su obra autobiográfica de lo devastado que estaba su amigo, ya que Zelda siempre lo menospreciaba por su físico, sus logros y su literatura. fomentando inseguridades y frustrándolo al punto en que él ya no podía escribir, quitándole lo que más le importaba. Se cree que con los conocimientos de hoy, Zelda habría sido diagnosticada con desorden bipolar.

No sabremos nunca quién fue el culpable, pero sí que ambos se apagaron. Uno de los únicos autores que marcaron época para Estados Unidos murió creyéndose un fracaso, deprimido y sin ningún premio o reconocimiento serio. Falleció a los 44 años por un repentino ataque al corazón, arrastrado por la bebida. Y su musa, la mujer que decía que tenía tanto confeti adentro que podía parir muñecas de papel, muere ocho años después, calcinada en un incendio del hospital psiquiátrico, sedada e irreconocible.

Seguramente la respuesta a todas las dudas se encuentra en algún lugar en medio de ambas versiones, pero el mejor resumen que se puede dar está en la frase del libo El gran gatsby escrita en la lápida que ambos comparten: “Y así seguimos, luchando como barcos contra la corriente, atraídos incesantemente hacia el pasado.”

Foto: Jay Henry/Wikimedia.org

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