Guardia Nacional
Opinión

Guardia Nacional

Jaque mate

Yo no sé si la Guardia Nacional vaya a ser realmente la solución a los problemas de inseguridad que aquejan a nuestro país, pero sí estoy dispuesto a darle al presidente López Obrador el beneficio de la duda. No hay reto más grande para el gobierno ni para el país. Es un tema, por otra parte, en el que dos gobiernos anteriores, el de Felipe Calderón y el de Enrique Peña Nieto, sufrieron rotundos fracasos.

Es significativo que tres gobiernos consecutivos de tres partidos distintos, el PAN, el PRI y Morena, han considerado que la solución a la inseguridad es tener una policía preventiva nacional militarizada.

Calderón lanzó los primeros patrullajes del Ejército y la Marina en Michoacán, en diciembre de 2006. Se apoyó a todo lo largo de su sexenio de estos cuerpos militares en sus esfuerzos por contener la creciente violencia. Enrique Peña Nieto mantuvo el uso de las fuerzas armadas e incluso trató de eliminar las dudas sobre la legalidad de esta función al impulsar la Ley de Seguridad Interior. Lo curioso del caso es que la oposición a esta medida provenía de Morena y de distintas organizaciones de izquierda, las mismas que exigían que la Sedena abriera sus cuarteles para buscar en sus mazmorras a los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.

Una vez que López Obrador llegó a la Presidencia, sin embargó, cambió su actitud. Propuso en particular crear la Guardia Nacional, que no es otra cosa que una policía militarizada como la que rechazaba la izquierda en el pasado. Esto sugiere que López Obrador sí sabe modificar sus opiniones, como lo hizo también ante el libre comercio y la relación con el presidente estadounidense Donald Trump. Otra posibilidad es que el presidente siempre haya sido partidario de una policía militarizada, pero no lo haya hecho público cuando él y su partido se oponían a todo lo que hacían los gobiernos del PRI y del PAN.

No me queda claro que la sola creación de una nueva policía federal, para reemplazar a otra que ha estado operando desde hace años, aunque con menos elementos, 30 mil, vaya a resolver los graves problemas de la inseguridad y la violencia. Los 50 mil elementos con los que empieza la Guardia o los 70 mil que se espera tenga en el futuro no son suficientes para frenar una enfermedad tan profunda.

Tampoco me parece que los programas sociales, como plantea el presidente López Obrador, vayan a revertir el problema. Es falso que los pobres comentan más crímenes, en comparación con su número en la sociedad, que las clases medias o los ricos. Los estudios sociales de los reclusos no sugieren que los más pobres sean más violentos que el resto de los mexicanos. Tampoco los estados más pobres, como Yucatán o Chiapas, tienen mayores incidencias de inseguridad o de violencia. Son los estados que registran producción, transporte o tráfico de drogas, como Guerrero, Tamaulipas, Sinaloa, Guerrero o Colima, los que sufren una peor situación en materia de seguridad.

En este caso hay que apoyar al presidente. Quizá el problema más serio que sufre el país es el de la violencia y la inseguridad. López Obrador prometió acabar con ellas y es una promesa de campaña que no podemos olvidar. El presidente debe tener la oportunidad de aplicar sus propuestas de solución. Hasta este momento, la principal iniciativa que ofrece es la Guardia Nacional. Si bien es virtualmente la misma propuesta de los dos gobiernos anteriores, que la izquierda cuestionó en el pasado, quizá ahora funcione en un nuevo régimen que goza de un respaldo popular muy amplio.

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