Aceptar la imperfección
Familia

Aceptar la imperfección

Los límites de la realidad y la vida

Los expertos en estudios socioculturales advierten sobre la coexistencia y convivencia, en múltiples espacios organizacionales, de cuatro generaciones distintas: los Baby Boomers, la Generación X, la Generación Y o millenials y la Generación Z.

Se llama Baby Boomers a los nacidos entre 1946 y 1964; pertenecen a la Generación X los nacidos entre 1965 y 1980; se conoce como millenials a los nacidos entre 1981 y el 2000; finalmente, los centennials o Generación Z, nacieron entre el 2001 y 2016. Estos últimos representan el 32.8 por ciento de la población total en el país. Además, poseen una serie de características psicológicas que los hace distintos a todos sus antecesores (incluidos los millenials): son sumamente autocríticos, más cautos y menos idealistas, menos egocéntricos y más maduros, impacientes, autodidactas, cuidadosos de su reputación en redes sociales, deseosos de cambiar el mundo y altamente preocupados por el futuro (Walter Thompson Intelligence, 2015).

Esta nueva generación parece ser más consciente de la limitación de oportunidades para alcanzar el éxito y está más dispuesta a aprender de los errores. En otras palabras, posee mayor conciencia del límite, sin embargo, los centennials no son menos propensos a anhelar la perfección y morir en el intento.

Generación Z. Foto: 123rf/Shutterstock/Depositphotos

ANTROPOLOGÍA DEL LÍMITE

Muy atinadamente señala Ricardo Peter, en su obra Líbranos de la perfección, la necesidad de facilitar en las nuevas generaciones la reflexión sobre el hombre desde una perspectiva distinta, desde el concepto del límite.

La razón es simple. La limitación, precariedad o insuficiencia es la dimensión natural en la que el hombre nace, crece, se mueve y experimenta a sí mismo. La realidad y la vida son limitadas, dígase lo mismo, sobre las capacidades y posibilidades del hombre. Por ende, la perfección es sólo una ilusión que puede convertirse en una obsesión que aniquila la funcionalidad, espontaneidad y capacidad de disfrute.

Si el hombre es capaz de experimentarse como insuficiente y necesitado, entonces el límite puede convertirse en fuente de apertura, de encuentro y comunicación, de crear, hacer historia, desear, relacionarse con otros y trascender.

NUEVA PEDAGOGÍA

Desde esta óptica, la nueva tarea de la escuela y la familia es enseñar al niño y adolescente a reconocer sus limitaciones, pues éstas le pueden ayudar a redefinir, cada vez que sea necesario, el significado de su vida, de sí mismo y del mundo que le rodea.

Foto: aulaintercultural.org

En este contexto, el concepto de límite no implica necesariamente que se le supere sino, fundamentalmente, que se le acepte. Admitir con él la propia humanidad es el primer paso para una actitud resiliente. Existen limitaciones insuperables, como las enfermedades terminales y la muerte, ante las cuales sólo cabe la posibilidad de aceptarlas con dignidad.

LA PERFECCIÓN

La perfección es el ideal más inadecuado para el género humano (May, 2000). Toda mejora real puede conseguirse al margen de ésta. La tendencia intencional a ella es una obsesión que le resta a la persona la posibilidad de disfrutar lo que realmente es y posee.

En psicología, el perfeccionismo consiste en la creencia de que se puede y debe alcanzar la perfección. En su modalidad patológica es la convicción de que cualquier cosa por debajo del ideal es inaceptable y repudiable.

Romper con este fenómeno implica cambiar las estructuras cognitivas y de comportamiento, las cuales están motivadas por una serie de miedos que son expresión de ese otro temor que provoca la conciencia de limitación, por ejemplo, el miedo a errar, a salirse del esquema, a perder el control sobre el futuro, a lo diferente, al ridículo, a los momentos de crisis, al optimismo, etcétera.

Existe una alternativa diferente al camino de la perfección y ésta consiste en hacerse lo más humano posible.

Foto: GettyImages

CONCIENCIA DE LÍMITE

Para aceptar la imperfección típica de su humanidad, la persona requiere alterar sus esquemas cognitivos incluyendo el concepto de límite, lo cual abre la posibilidad de reconocer el lado positivo del error. De este modo, la persona modifica sus sentimientos, actitudes y comportamiento perfeccionista.

Según Peter, la inclusión del límite en la estructura mental sigue un itinerario. Todo comienza por reconocer las estructuras o esquemas cognitivos perfeccionistas para luego revisarlos y automotivarse a la práctica de esquemas alternativos más realistas.

De esta forma se va gestando en la persona la conciencia del límite, que tiene la función de asumir lo que se considera negativo y hacer que brote la clemencia o misericordia en relación a la propia realidad. Es un modo de funcionar en términos humanos. Un modo de estar de acuerdo con la humanidad, es decir, con la vulnerabilidad del hombre.

La conciencia del límite activa la capacidad de aprender del error, de comportarse con optimismo y de un modo proactivo, flexibiliza los esquemas cognitivos y posibilita la integración de todos los elementos de la vida y les otorga una nueva dirección. Por tal motivo, saber lidiar con la imperfección, le abre al hombre las puertas del cielo.

Bien lo decía Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotiva Conductual: “Se produce ansiedad cuando las personas se exigen hacerlo todo bien y sienten que no tienen valor suficiente como seres humanos si no lo hacen. Deberíamos renunciar a la ambición de vivir una vida perfecta y darnos cuenta de que siempre solemos actuar de forma imperfecta, pues somos falibles como seres humanos, y podemos aceptarnos con esas imperfecciones”.

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