Santo verano
Opinión

Santo verano

Miscelánea

¡Cuán inescrutable es la civilización en que los hombres trabajan y se preocupan hasta encanecer, por conseguir el sustento, y se olvidan de jugar! Lyn Yutang

Aunque los mexicanos no necesitamos pretextos para festejar: tres amigas juntas, el cumpleaños del perro, o esa magnifica aportación social de la ingeniería mexicana que llamamos “puente”; son suficientes para organizar un festejo. Para seguirlo qué mejor que la llegada del Santo Verano.

Merecidas o no, tenemos vacaciones, por lo que me permito sugerir que si usted, pacientísimo lector, tiene intención de disfrutarlas, no se exponga a quedar atrapado en cualquier carísima autopista, a merced de grupos de encapuchados que para extorsionarnos aprovechan la discapacidad de nuestro gobierno.

Renuncie a peregrinar por carreteras saturadas, al maltrato a que nos someten en los aeropuertos, a llegar agotado para amotinarse en cualquier playa. Si además de estas renuncias, todavía tiene valor para depositar su teléfono celular en el congelador, apagar su computadora, declararse en abstinencia digital y, por supuesto, en rigurosa cuarentena que impida la cercanía de cualquier zombi abducido por la tecnología. Le aseguro un total disfrute y aprovechamiento del ocio, ese ocio que a pesar de su mala fama, es el padre de la imaginación y la creatividad.

Aproveche estas vacaciones para restaurar el alma, tan amenazada la pobrecilla por nuestras circunstancias y la cotidiana ración de gansadas que debemos soportar, y que son un insulto hasta para una mediocre inteligencia como la mía.

Hágame caso, no se va a arrepentir. No se agite. No siga metiendo presión al enojo. Quédese en casita y permita que el verano le ofrezca sus dones. Todos necesitamos serenarnos, y qué mejor que la conjunción de las mañanas luminosas de agosto y las noches en que cómodamente, desde la ventana, vemos llover sin mojarnos.

Qué mejor descanso que sin salir de casa, viajemos a otros tiempos y a otros mundos transportados por un buen libro. Para estas vacaciones le sugiero La muerte de Virgilio de Herman Broch. Si usted es un buen lector, para Navidad estará leyendo las últimas páginas de esta apasionante novela.

Otra recomendación: si como el doctor de la Lama, usted no tiene una pileta en el traspatio, aún puede convertir en mágica cualquier noche. Siéntese bajo el cielo estrellado a escuchar un disco de Daniel Borenbaim (premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2002 por su profunda convicción de que: “La música es la mejor arma de construcción masiva”) o simplemente tiéndase bajo un árbol y recupere el asombro de mirar el cielo a través de la danza de las hojas al viento. Serénese. Protéjase del incesante griterío de las masas amasadas, del reguero de mocosos malcriados que aprovechan las vacaciones para gritar, chillar, y no se hartan de exigir a sus padres, que temen traumatizarlos si no se someten a sus caprichos.

Por favor, no pierda este inédito momento para restaurar su salud mental. Póngase sus pantuflas y vacacione en casita. Devuelva al ocio su verdadero sentido. ¿Sabía usted que las nueve décimas partes de los descubrimientos más importantes del mundo son realizados cuando el hombre de ciencia se halla tendido en su cama? ¿Usted no cree que si el ganso durmiera como Dios manda, nos ahorraríamos muchas gansadas? Y ahora, para terminar con mi filosofía de mercadillo, le recomiendo que haga lo que le digo y no lo que yo hago; porque fiel mi tendencia masoquista, ya me preparo para la mala vida empacando junto con los bronceadores, botellines de agua, una buena dotación de tortas, frutas, un rollo de papel higiénico, y hasta una bacinilla; porque la última vez, después de algunas horas atascada en la Autopista del Sol, tuve que orinar públicamente entre cientos de autos parados atrás y adelante del mío. Le aseguro que fue humillante, mejor no se exponga.

Comentarios