Vivir para preguntar
Nuestro mundo

Vivir para preguntar

Nuestro Mundo

¿Por qué es tan difícil convencer a alguien que lo que afirma sucedió no fue como esa persona lo cuenta? ¿Por qué hay quienes escuchan y ven lo que quieren y no lo que realmente es? ¿Por qué alguien qué está en un error no es capaz de reconocerlo como tal y siempre lo justifica? ¿Por qué creemos que nuestra manera de vivir es la correcta y la de los demás es equívoca? ¿Por qué le pedimos a los otros lo que sabemos no nos pueden dar? ¿Por qué ponemos en un predicamento a las personas de elegir bando? ¿Por qué vemos con suspicacia a quien nos corrige o nos quita una venda de los ojos? ¿Por qué inferimos que un comportamiento necesariamente lleva a otro? ¿Por qué nos cuesta tanto perdonar?

¿Por qué nos hacemos historias de todo y de todos? ¿Por qué pensamos en negativo en lugar de positivo? ¿Por qué nos reímos cuando no tenemos ganas de hacerlo? ¿Por qué decimos que estamos bien cuando es todo lo contrario? ¿Por qué usamos tantas frases hechas que suenan huecas? ¿Por qué criticamos a quien rompe las reglas? ¿Por qué queremos más fácilmente a algunos y otros en automático los rechazamos?

¿Por qué nos gusta más un color que otro? ¿Por qué preferimos al calor que al frío? ¿Por qué nunca nos pondríamos una camisa de bolitas? ¿Por qué nos gusta sentarnos en algún lugar especial? ¿Por qué nos enojamos cuando alguien nos gana ese lugar? ¿Por qué pensamos que nos irá mal si nos levantamos con el pie izquierdo? ¿Por qué decimos que si cuando queremos decir que no? ¿Por qué nos desanima tanto el comentario dicho por alguien a quien estimamos? ¿Por qué preferimos un camino que otro? ¿Por qué vemos la vida en gris? ¿Por qué tiramos el tiempo a la basura? ¿Por qué nos dan flojera tantas cosas? ¿Por qué creemos que nos vemos bien cuando nos vemos tan mal?

¿Por qué somos tan diferentes, aunque seamos hermanos? ¿Por qué enjuiciamos la conducta de los demás? ¿Por qué no me gusta la palabra tolerar? ¿Por qué me molesta que alguien pueda ver en mí lo que trato de esconder? ¿Por qué me gusta Cat Stevens y otros lo odian? ¿Por qué me gusta tanto el café? ¿Por qué me sulfuran las personas ventajosas y oportunistas? ¿Por qué, por qué, por qué tantas cosas?

Creo que el principio de la reflexión es preguntarnos, de ahí parte la vida, los asombros, las certezas, las ilusiones, el autorreconocimiento.

Me da miedo darme cuenta que para la mayoría de mis preguntas no encuentro respuesta o no tiene caso buscarla. ¿Será que tengo demasiado tiempo para entrar al juego de las interrogantes? ¿Será que en realidad nunca cesan? ¿Por qué hice esto o aquello, por qué no elegí lo de más allá, por qué no defendí, arrebaté, lloré, supliqué, me rendí, por qué me encontré con tal persona y no con otra, por qué nací donde nací, por qué no luché más por mis ideales? ¿Para qué vivo, para qué hago lo hago?

Hay quien dice que la calidad de tu vida está determinada en gran medida por la calidad de las preguntas que te realices a ti mismo.

Hay preguntas inconfesables, preguntas que están dentro de nosotros y que ni si quiera nos atrevemos a formularnos porque creemos que violentamos nuestros valores y principios éticos, pero cuando creemos que ya no nos inquietan vuelven a aparecer.

¿Hay preguntas inútiles? Sí, ¿Hay preguntas profundas? Sí, ¿Hay preguntas que sólo nos llenan de angustia y es mejor obviarlas? Sí.

Parte de mi ejercicio profesional es preguntar y eso me hace estar convencida que de la claridad de la pregunta, surge la claridad de la respuesta. Seamos directos al preguntarnos, alejémonos de la pregunta rebuscada, de la pregunta que sugiere la respuesta, preguntar es buscar y el que busca casi siempre encuentra.

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