Éxodo sin salida
Reportaje

Éxodo sin salida

El camino a la “salvación”

A inicios de año, el presidente Andrés Manuel López Obrador declamó en medios nacionales e internacionales que las puertas del país estaban abiertas, que las políticas migratorias de México serían amigables y que cualquier migrante era bienvenido por acá y sería recibido con visas de trabajo y buenas oportunidades.

López Obrador tomó un megáfono, se acomodó en Ciudad Hidalgo a costas del río Suchiate e hizo el llamado migratorio más grande que ha tenido este país.

En los años 2012 y 2013, era muy común que las épocas en las que más afluencia de migración había, eran, por ejemplo, cuando algún medio de comunicación salía con una historia de ‘la frontera de Estados Unidos está dejando pasar mujeres embarazadas’ y de repente tenías un subidón de mujeres embarazadas migrando; y a veces eran rumores, tonterías que salían en los medios. Los rumores controlaban el flujo migratorio totalmente […]”.

El que habla es Daniel Ojalvo Cordero, español del municipio de Cáceres que no lleva en sí un título colgado. La entrevista que fundamenta este texto duró unas tres horas y Daniel siempre quiso mantener en secreto sus estudios, que son varios. Sólo se supo que estudió fotografía y algo de sistemas.

Lo importante sobre Dani, como te deja llamarlo después de un ratito de conocerle, es que desde los dieciséis trabaja para ayudar a la gente. Entra a esa edad a los Scouts europeos y a la Amnistía Internacional, una organización global que defiende, o intenta defender, los derechos humanos en distintas partes del orbe.

Con el tiempo, Ojalvo Cordero forma parte de una red de organizaciones de cooperación internacional que tienen el fin de asistir a gente que quiere hacer bien social en el mundo.

En 2011, Alejandro Solalinde Guerra se pone en alto riesgo por su trabajo con migrantes en el albergue Hermanos en el Camino, en Ciudad Ixtepec, Oaxaca. Por su defensa ardua de los derechos humanos alcanza un peligro fuerte contra su vida; tanto, que es llamado a España con la excusa de que cruzará el Atlántico nomás para dar unas conferencias en Europa. Solalinde en realidad es exportado por su seguridad.

Entonces es cuando Dani se involucra en el proyecto de Alejandro.

Guardia Nacional de México realiza operativo en el Río Suchiate, donde se encargan del control migratorio en la frontera México-Guatemala. Foto: EFE/STR

En 2012, vendría a México a colaborar en el albergue con otro grupo de españoles; algunas de las memorias que tiene desde hace siete años servirán para ayudar a construir una imagen nítida de la realidad que vive el migrante en nuestro país, gracias a su visión bien entrenada después de unos cuarenta años de andar en esto de la misión asistencialista.

Los rumores controlan el flujo migratorio”, inaugura Dani mientras se devora una tlayuda oaxaqueña durante la seria plática.

El problema de la migración ahora mismo es que está en un punto de transición. Los flujos migratorios se regulan por lo que se transmiten entre los migrantes de boca a oreja. Lo que van escuchando y se van encontrando en el camino”.

En Hermanos en el Camino, les llegaron temporadas de ‘tipos’ de migrantes.

Platica Daniel que uno de esos titulares mediáticos emitió una vez algo como “si llegas con un menor a la frontera te dejan pasar al país estadounidense”.

Y te llegaba gente de repente al albergue, y a la hora de registrarse había una señora con un hijo, otra señora con un hijo, un señor, con un hijo: qué hostias. Y ya cuando llegaban, te enterabas que los tres hijos eran hermanos de la misma madre, y que la madre se los alquilaba a otros para cuando llegasen a la frontera decir que es suyo”.

Para los migrantes, hacer declaraciones públicas con esa resonancia significa más que demagogia; es un verdadero llamado a la salvación, a otra vida, una que no pueden tener en sus países. Entender que no se van a regresar por ninguna razón, porque están siendo forzados a huir de sus hogares, es crucial para poder resolver la migra irregular en México.

NO ME REGRESO NI MUERTA

En 2013, otra colaboradora del albergue Hermanos en el Camino comenzó un proyecto en un WordPress donde redactaba historias y relatos sobre la gente que pasaba por el albergue en Ciudad Ixtepec.

Los migrantes refugiados en el albergue Hermanos en el Camino recibirán capacitación laboral y 5 mil 500 pesos mensuales como parte del Programa de Emergencia Social, que entró en vigor en marzo de 2019. Foto: El Universal

Martha Pskowski es la inventora de este sitio que duró un par de años y luego se suspendió.

En una de las historias, Martha escribe sobre Armando, un migrante hondureño que viene del municipio Progreso, del Departamento de Yoro en aquél país.

Armando fue un chico que por 2013 duró un año en el albergue oaxaqueño por estar esperando papeles para convertirse en un paisano mexicano.

Tenía veintitrés en ese entonces y a esa edad había sido deportado cinco veces de Estados Unidos. La última, fue puesto preso, porque era mayor de edad, y humillado por los oficiales de Arizona que lo desnudaron y lo dejaron en calzones rosas. Después de un rato, lo deportan a Yoro por quinta vez en diciembre del 2012.

De vuelta en su país, Armando declara a Martha que fue cuando “empezaron los problemas en su barrio: atracos, extorsión, ‘impuestos de guerra’; no fue posible quedarse fuera del conflicto”.

En esos tiempos, Honduras era el país más violento del mundo, cosa que no ha cambiado mucho. Tenía en promedio ochenta homicidios por cada cien mil habitantes.

Quisieron matarme varias veces. Cuatro veces. Una vez, estuve con una amiga, nos persiguieron, me tuvieron en sus manos pero no me pudieron matar; me caí enfrente de su casa: la mataron. Me dispararon, pero me escapé”, explicó el joven hondureño.

Del recabado de historias que cuenta, Daniel Ojalvo Cordero arma una conclusión indispensable para el entendimiento del problema migratorio: “un migrante que se va de su país por violencia, no se regresa ni de coña”.

Hay dos tipos de razones fundamentales por las que un migrante decide cruzar las para nada acogedoras vías de migración que tiene México: economía y violencia.

Foto: German Andino/Twitter

En países como Honduras, El Salvador y Guatemala, donde la Mara Salvatrucha 13 y el Barrio 18, entre otras bandas delincuenciales, controlan política, economía y modos de vida. No hay opciones.

La cuota que llaman “impuesto de guerra” es una amortización de una deuda que no tienes con el Estado, pero sí con las organizaciones ultra criminales que tienen cooptado totalmente al país. Son entidades donde el estado de derecho está muerto.

El “impuesto de guerra” es la mano que alza un malandro tatuado de gotas debajo de los lagrimales y un dieciocho en la cara; que lleva un fusil M-16 en la espalda con toda su banda cerca por si hubiera enfrentamientos, como si fuera zona de guerra.

La cuota es para los negocios que hay en esos países, y se paga sí o sí, porque si no, sin aviso te truenan los sesos para que tú seas la advertencia del vecino, para que vea lo que pasa si no liquidas.

Y es que, si viene un cabrón todos los días que te dice que te va a matar, y en México te dicen que tienes una mínima posibilidad de sobrevivir, pues te lanzas, no hay más”, comparte Daniel Ojalvo.

Según Médicos Sin Fronteras (MSF), una organización humanitaria que ofrece atención médica y psicológica a los migrantes, en su informe anual de 2016; de 467 encuestados, el 50.3 por ciento de los entrevistados mencionaron que huyen de su país por ataques directos a su vida, amenazas o extorsiones. 43.5 perdieron un familiar en un incidente violento. El resto emigraron por razones económicas.

El justificante del éxodo en el Triángulo Norte centroamericano es un híbrido entre la pobreza y la violencia.

Sin embargo, aquellos que se inclinan a migrar sólo por fines económicos, tienen más probabilidad de arrepentirse y regresar a su país de origen. Para representar el fenómeno, el español ajusta una anécdota precisa.

Migrantes hondureños abordan un avión de la Policía Federal para retornar a su país de origen desde Villa Hermosa, Tabasco, julio 2019. Foto: EFE/Sedena

En el Instituto Nacional de Migración (INM) Mexicano, existen agentes especiales que se hacen llamar Grupo Beta, ellos realizan operativos en distintas zonas del país para asistir a los migrantes que están en México. Apoyan en temas de salud, abusos, atención psicológica, canalización a casas migrantes o albergues, etcétera.

Una de sus facultades es lo que llaman “retorno asistido”; en éste, un migrante puede solicitar que se le regrese a su país y, de manera gratuita, las camionetas del Grupo Beta recogen y llevan a la persona de regreso a su frontera.

Un día, Dani despedía a siete jóvenes que habían desistido de seguir su camino hacia Estados Unidos y optaban por regresar a casa. Los iban subiendo a las camionetas del INM. Mientras el extranjero español veía esto, sale una mujer a la puerta del albergue, lleva un bebé en brazos y se acomoda al lado de Dani; enseguida, le pregunta que quiénes son esos y que a dónde van. Entonces el voluntario europeo explica a la señora lo del “retorno asistido”. La madre mueve a su bebé de un brazo al otro y luego, jura Dani, observa a su pequeño con mucho amor y sin más le regresa la vista al interlocutor para contestarle con una mirada definitiva: “yo no me regreso ni muerta”. La centroamericana abraza a su hijo como si aprovechara las horas con él, se da la vuelta y regresa al refugio que ojalá le diera un breve respiro antes de prepararse para subirse otra vez al Desarmador.

EL DESARMADOR

Los hondureños son los que, según Dani, llamaban Desarmador a lo que en México conocemos como La Bestia, el transporte ferroviario mexicano de carga que al pasar por la frontera sureña se llena de miles de almas centroamericanas que de caer a las vías quedarían desarmados de sus partes como muñecos de plástico.

Antes de 2014, cuando Enrique Peña Nieto inauguró el programa Frontera Sur con la idea de frenar el flujo y de abolir el problema migratorio, era posible imaginar a unas mil quinientas personas derramadas en el techo de un vagón de Ferromex. Todos arrejuntados, acompañados, siguiendo la ruta de la máquina que entra a México por dos ciudades: Tenosique (Tabasco) y Ciudad Hidalgo (Chiapas), ésas se siguen y coinciden en Medias Aguas (Veracruz), una parada después de Ixtepec (Oaxaca) viniendo por Ciudad Hidalgo.

Foto: El Universal

En Lechería, Tultitlán (Estado de México), el tren se parte en tres rutas hacia Querétaro, Irapuato y Guadalajara. De Irapuato, el Desarmador llega a la frontera norte hasta Ciudad Juárez. Por Querétaro, se vuelve a dividir en San Luis Potosí, donde uno de esos pedazos alcanzará la frontera en Piedras Negras y otro se volverá a dividir en Monterrey para llegar a Estados Unidos por Nuevo Laredo o Reynosa. Por la ruta jalisciense, La Bestia se dividirá en Sonora para dejar dos puntos fronterizos, Calexico (Baja California) y Nogales (Sonora).

Previo al Frontera Sur, en 2013, reportaba el Instituto Nacional de Migración una entrada de 140 mil “migrantes en situación irregular”, que no es más que la manera oficial de llamarle “forzada”; no obstante, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) dio más fidelidad a las cifras reales que difundieron organismos de la sociedad civil en ese entonces: 400 mil personas migrantes en su Informe Especial sobre Secuestro de Migrantes en México (2011).

La Red de Documentación de las Organizaciones Defensoras de Migrantes (REDODEM) mide cada año el tránsito y las características de los migrantes que pasan por los albergues, comedores, casas o estancias que pertenecen a esa red; luego publica un informe que involucra bases de datos de unas veintitrés instituciones de asistencia.

Según data en el informe de la REDODEM de 2014, el tren había sido hasta 2010 la ruta principal que tomaban los migrantes para llegar a Estados Unidos; no obstante, en el sexenio de Felipe Calderón la situación persecutoria de las autoridades migratorias se agravó.

Es entonces que los albergues empiezan a detectar una dispersión en las comunidades de viajantes, aunque no se marca notoriamente hasta que Frontera Sur clausura con brutalidad al Desarmador con montones de policías cuidando la estructura férrea.

Daniel cuenta que llegaban al albergue víctimas de los ganchos largos que utiliza la policía para arrancar como piojos a la gente de La Bestia. Dijo que entraban con la piel perforada de todas partes por el duro garfio con el que las autoridades “cuidaban” a los migrantes que iban montados sobre la máquina de FerroMex. El fuerte refuerzo policíaco provocó una dispersión grave.

Foto: EFE/Gustavo Amador

Entre 2013 y 2014, REDODEM midió un 13 por ciento de gente que optó por caminos alternos. Entre 2014 y 2015, la situación aumentó un 9 por ciento. En 2016, el informe de la red especificó que 70 por ciento de los detenidos por el Instituto Nacional de Migración fue fuera del tren, en carreteras mexicanas.

A DÓNDE VA EL MIGRANTE FORZADO

En los informes anuales, podemos ver el avance migratorio en México de hasta hace dos años medido por la REDODEM: en 2014, transitaron 31 mil 894 personas por esos albergues; en 2015, 30 mil 351 y en 2016, 34 mil 234. Mientras que en 2017 se contaron 28 mil 288.

No obstante, la ACNUR, Agencia de la ONU para Refugiados, calculó quinientos mil migrantes que cruzaron de manera irregular la frontera sur del país en 2016, cien mil más que en 2011. La ACNUR aclara que sólo 8 mil 043 provenientes del Triángulo Norte de Centroamérica aplicaron asilo en México. De medio millón de gente que cruza el Triángulo y entra al país, sólo 34 mil fueron medidos por una mayoría de albergues nacionales. En 2015, se registraron 190 mil 366 migrantes indocumentados detenidos por las autoridades. No es ni la mitad: ¿dónde están los demás?

Muertos, muchos de ellos, y sepultados en quién sabe dónde. El gobierno afirma que el número de cuerpos sin identificar en el país rodea los veintiséis mil. Muchas asociaciones civiles de asistencia migrante afirman que un gran número de viajeros son secuestrados para trabajo forzado o usados para trata de personas o tráfico de órganos.

EL PERFIL DEL MIGRANTE

En todos los informes revisados de 2013 a la fecha, el perfil migrante es muy apegado a los porcentajes del trabajo de la REDODEM de 2017 publicado en 2018. Esto es, que el 92.27 por ciento de ellos son hombres, 7.49 son mujeres y 0.24 se identifican como otro.

Una mayoría importante proviene de Honduras, 69.05 por ciento del total; luego de El Salvador, 10.32 por ciento, y después de Guatemala, 9.96 por ciento. El sobrante porcentual proviene de países sudamericanos y de la migración interna mexicana.

Protesta en Ciudad de México contra la deportación de niños migrantes. Foto: Xinhua/laizquierdadiario.mx

El migrante, en su mayoría, es soltero (54.4 por ciento en 2017), otra gran parte se considera en unión libre (26.3 por ciento) y una tercera es casado o casada (9.89 por ciento).

Casi todos acabaron la primaria nada más (26.18 por ciento), o la dejaron inconclusa (21.82 por ciento) o no tienen estudios (20.43 por ciento); más pocos tienen secundaria (11.48 por ciento) y secundaria inconclusa (11.48 por ciento); la porción más pequeña tiene el bachillerato (5.69 por ciento), el bachillerato inconcluso (3.56 por ciento), licenciatura (3.56 por ciento) o licenciatura trunca (1.08 por ciento).

De los migrantes registrados en REDODEM, 56.94 por ciento tienen edades entre 18 y 30 años, 22.99 entre 31 y 40, y 8.84 entre 41 y 50. Hay un 5.86 que tiene entre 11 y 17 años de edad.

De los 28 mil 288 migrantes recopilados en 2017, 639 son niños de entre cero y diez años, y 156 son adultos mayores.

De los 2 mil doscientos niños y adolescentes que se cuentan transitando por los albergues del país, 46 por ciento viajan solos.

De aquéllos, más de 300 son niñas y mujeres jóvenes, con mayor índice de vulnerabilidad de violencia; de ellas, se encontró que 72 por ciento viajan solas; un porcentaje mayor a los varones de esas edades, quienes 61 por ciento viajaban acompañados de un adulto.

FRONTERA SUR

El tren tenía sólo una cosa buena: la autoprotección. Si te juntas con mucha gente es difícil que te asalten. Aunque cuando los asaltaban era un horror, te llegaban mil gentes (al albergue) macheteadas, baleadas: el crimen organizado los hacía pedazos; les quitaban todo lo que habían ahorrado, lo que la familia llevaba tiempo juntando con la esperanza de agarrar a la cabeza familiar y mandarlo a la frontera y que llegue a Estados Unidos, encuentre trabajo y mande dinero desde allá”.

Decenas de migrantes centroamericanos en las góndolas de ”El Desarmador”, abril 2019. Foto: EFE/Carlos López

Los riesgos de subir al tren eran muchos hasta 2014. Los grupos migrantes vivían fuertes violaciones a sus derechos humanos, pero, cuando el tren se volvió más peligroso para migrar, la gente entró a una situación más intensa. Comenzó a caminar por rutas cuya geografía desconocía, regiones inhóspitas del país con amplios peligros naturales como mínimo, porque sobre todo recibían agresiones más duras del crimen organizado o, la nueva: de particulares.

Qué es lo que pasa cuando llega el programa, que la gente empieza a llegar caminando. No cambia nada la cantidad de gente que llega al albergue, sólo se retrasa porque tarda más. Los grupos se empiezan a dispersar. Vemos grupos de cinco o de seis. El crimen organizado cambia los puntos de asalto y nace un nuevo perfil de delincuentes: el criminal menor, que normalmente no asaltaría un grupo grande pero que ahora los pueden asaltar con el mínimo armamento; ahora teníamos conjuntos de asaltantes novatos que sólo necesitaban un machete o un cuchillo para quitarles todo: crece el riesgo de violencia, de violaciones a las mujeres y de asesinatos”.

De acuerdo a datos del informe de MSF, en mayo 2017 se determinó que el 68.3 por ciento de la gente que entrevistaron sufrió algún tipo de violencia en México.

Según los registros de Médicos Sin Fronteras, 44 por ciento de los afectados fueron golpeados, 40 por ciento habían sido zarandeados, empujados o estrangulados y un 7 por ciento fueron blanco de disparos. Además, el 38.7 por ciento de quienes sufrieron algún incidente vivieron dos delitos y 11.3 por ciento sufrieron más de tres. Muchos de ellos fueron forzados, en su migración, a vivir agresiones sexuales, relaciones sexuales no deseadas u obligadas a cambio de cobijo, protección o dinero. Estamos hablando del 31.4 por ciento de las mujeres que fueron entrevistadas por MSF y 17.2 por ciento de los hombres.

Por su parte, la REDODEM midió un alza significativa entre 2014 y 2017 de violación a derechos humanos contra migrantes. En el primer año del Frontera Sur, 2 mil 316 personas (7.2 por ciento) fueron víctimas de algún delito; en su penúltimo año, subió a 3 mil 177 (11.2 por ciento) pasando por 5 mil 298 (15.4 por ciento) en 2016.

Si, como dice la CNDH, como mínimo 500 mil migrantes andan en tierras mexicanas, esto significa que entre 36 mil y 77 mil de ellos están siendo abusados en este momento.

Autoridades ecuatorianas afirman secuestro de más de 16 migrantes en México por el grupo criminal “Los Zetas”, julio 2018. Foto: borderlandbeat.com

EL LLAMADO

Todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en la Constitución, así como en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte. Además gozarán de las garantías para su protección cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que la propia Constitución establece”, dice el artículo primero de la Constitución Política mexicana.

La pregunta del millón es si el nuevo gobierno está ya cumpliendo las normas máximas que rigen nuestro país.

En mayo de este año, el New York Times publicaría un artículo de título AMLO engañó a una multitud de migrantes, escrito por el periodista Oscar Martínez desde El Salvador.

Como dice Oscar, el presidente de la república presumió lujos para los migrantes que no podía respaldar. Ofreció trabajo, permisos de estancias y más bonanzas; no obstante, la demagogia llevó la palabra de oro a las brasas.

Andrés Manuel hizo el llamado y los centroamericanos respondieron.

En el albergue Hermanos en el Camino, a cuyos registros se tuvo acceso para este reportaje, existieron en 2018, en todo el año, 3 mil 588 migrantes; como sabemos, en su mayoría hombres jóvenes. En el primer semestre de ése año se contaron mil 728.

Para este año 2019, tan sólo en el primer semestre, de enero a junio, han sido refugiados 4 mil 050 migrantes.

Esto es un gordo incremento de 42.6 por ciento más de migrantes. En términos presuntamente nacionales, serían 213 mil personas más buscando llegar a Estados Unidos, o sólo huir de la muerte.

Foto: EFE/Shenka Gutiérrez

El presidente de la República logró atraer mucha gente con su eco pero, ahora que están aquí, ¿qué?; muchas asociaciones encargadas de asistir a migrantes han afirmado que el gobierno mintió con vileza.

Al llamado que acudieron los centroamericanos fue sólo sarcasmo. El nuevo gobierno mantiene la cacería.

De la voz de Dani suenan las verdades de quienes viven en el éxodo: los policías no te arrancan del tren, pero hacen plantones muy cerca de él para mantenerse a la vista, induciendo terror en los viajeros. Muchos dicen que por miedo se avientan del tren sin saber cómo va a estar la caída.

Siguen las violaciones a derechos humanos por parte del crimen organizado, de particulares y de las autoridades que juraron salvaguardar las vidas y el respeto a las garantías individuales.

Ojalvo Cordero insiste en que, si bien las organizaciones aún se mantienen en una incógnita, lo que muestran los datos siembra una difícil conclusión: que esta nueva época ha tomado lo peor del antes y del durante de Frontera Sur. Porque ahora que el tren ha recobrado pasajeros sin visa, también los suelos de México son recorridos a pie hasta los albergues en búsqueda de agua, salud y bondad humana.

Mientras Andrés Manuel firma cheques de millones de dólares para fomentar la no migración en los países del Triángulo Centroamericano, en México, miles de personas están siendo violentadas horrorosamente por compatriotas suyos.

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