La sexualidad en el espectro autista
Sexualidad

La sexualidad en el espectro autista

Lo relacional ante las necesidades especiales

La sexualidad es un tema vital del que, sin embargo, no se habla lo suficientemente claro en muchas dimensiones. En el caso de personas con discapacidades o trastornos, se tiende a ignorar este aspecto humano que es parte del desarrollo integral del individuo.

En este escenario, una comprensión de la sexualidad como el ámbito extenso que es, ayuda a prevenir embarazos no deseados, violencia de género, abusos, discriminación, entre otras dificultades. Por eso hablar del tema contribuye al bienestar de las personas, en especial de aquellas que pueden ser vulnerables.

El espectro autista es un grupo de trastornos del neurodesarrollo que, si bien se puede confundir con una discapacidad intelectual, afecta en cambio la interacción social y la comunicación.

Las posibilidades del desarrollo mental y biológico en personas con autismo, incluyendo la sexualidad, podrían equipararse a las de alguien sin esta condición, sólo que la rutina y la dinámica familiar deben cambiar para adaptarse a las necesidades diferentes.

Lo que ocurre con la sexualidad en un individuo con este trastorno es que se infantiliza y se hace a un lado. Lo mismo se puede ver en otros padecimientos que tienen que ver con una dificultad mental.

La sexualidad no es únicamente lo que respecta al coito, sino a la identidad y la forma en que una persona se relaciona de manera integral con los demás, así como la manera en que hace saber sus afectos. Por ello, se trata también de hablar de bienestar emocional, inclusión y sanas relaciones interpersonales.

UN ASPECTO INDESPRENDIBLE

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la sexualidad es un aspecto indispensable del ser humano y está presente durante toda su vida. En este concepto se incluye el sexo, la identidad y el género, pero también los aspectos relacionales y reproductivos como el erotismo, el placer, la vinculación afectiva y la orientación sexual.

Las demostraciones de afecto pueden complicarse para quien se encuentra en el espectro autista, pues se les dificulta definir los límites del espacio personal. Foto: 123RF

El erotismo se refiere a la capacidad de sentir deseo y placer durante el coito, la vinculación afectiva a las relaciones significativas, y la reproducción implica la maternidad deseada y la manera en que se decide tener hijos. Todo esto debe tomarse en cuenta en personas dentro del espectro autista.

Además, es un tema de derechos humanos. La Convención Internacional de las Personas con Discapacidad alude al tema de la sexualidad y hace hincapié en el derecho a la salud sexual, la protección contra explotación y abuso, entre otros derechos.

En cuanto al autismo, se sabe que puede ser transitorio o permanente, y que puede conllevar limitaciones en las habilidades motoras y sensoriales, pero más aún en las sociales. Debido a que la comunicación se ve afectada, todo lo que se haga mediante este proceso, como la educación, se verá ante nuevas dificultades.

La expresión de la sexualidad también se ve comprometida, por supuesto. En consecuencia, los obstáculos se reflejan en la vinculación afectiva, el erotismo, la reproducción y el género: todas las vertientes antes mencionadas de la sexualidad.

HABLAR CLARO

Como con cualquier otro niño, es importante hablar con el que padece autismo sobre estos aspectos, lo más claramente posible. La paciencia en este caso será aún más vital para que pueda aprender y se pueda expresar.

Lo primero es que identifique las partes de su cuerpo con los nombres correctos y las funciones que tienen, incluyendo sus genitales; todo con la intención de valorarlo y cuidarlo. Además, debe existir la aclaración de que nadie puede tocar ninguna parte de él si no hay un consenso y que en caso de que ocurra, debe acudir a sus padres.

La comunicación clara y directa sobre sexualidad ayudará a evitar abusos hacia cualquier niño. Foto: Shutterstock/123RF/Depositphotos

También hay que hacerle saber los límites que debe establecer para no correr peligro de abusos, como lo es cerrar la puerta de baños, duchas y dormitorios, sobre todo si no se encuentra en casa. Asimismo, enseñar la importancia de cuidar el espacio personal propio y de los demás, hablando de las consecuencias negativas que trae su invasión, tales como molestia o incomodidad.

Cuando el niño tiene la edad suficiente (alrededor de los 11 años, cuando se presenten rasgos propios del inicio de la adolescencia) hay que explicarle que la confianza hacia los demás crece paulatinamente y que únicamente cuando hay suficiente se puede hablar con libertad de sexo o mantener expresiones de afecto como caricias y besos.

En cuanto a las relaciones, es necesario abordar cómo se dan de manera sana, entendiendo por esto, a grandes rasgos, que cada miembro de la pareja deberá respetar la libertad del otro y comunicar sus límites.

Todo esto dependerá de lo que cada padre haya aprendido sobre relaciones, así que habrá que tomarse un tiempo para cuestionarse esto y, de ser necesario, buscar a un psicólogo que guíe el proceso.

Lo central cuando se trata de autismo es enseñar al niño a que pueda explicar con naturalidad su condición y hablar con sinceridad de las dificultades que podría tener para expresarse.

Una vez iniciada la adolescencia y el interés por las relaciones amorosas, hay que tener en cuenta algunos rasgos de las personas con autismo. Ellos tienen necesidades sexuales que no distan de lo común, y de hecho en general no presentan hipersexualidad ni asexualidad.

Sin embargo, las conductas sexuales que presentan pueden ser consideradas anormales, pero hay que comprender que es debido a sus dificultades en la interacción social.

Las personas con autismo pueden tener conductas sexuales inapropiadas por su falta de comprensión social, pero estas usualmente se pueden resolver sin mayores problemas. Foto: GillbergCentre/Twitter

Según Christopher Gillberg, investigador del espectro autista, entre estos comportamientos se encuentra la tendencia a la masturbación en público y una conducta sexual inapropiada, tal como realizar frotamientos o acercar los genitales a los demás. Ante esto habría que reaccionar de manera tranquila, buscando que se disculpe y enseñando por qué incomoda lo que hizo.

Estas acciones disminuyen con una educación adecuada. La expresión de la sexualidad para jóvenes y adultos autistas es inmadura o falta de experiencia, según las investigadoras Mergaret Dewey y Margaret Everad, pero no hay riesgos de encontrar mayores dificultades o conductas de riesgo.

En cuanto a la frustración sexual, los hombres con autismo tienden a padecerla más que las mujeres, debido a las dificultades en la expresión del deseo y la falta de experiencia sexual.

Las soluciones a los problemas, no únicamente los relacionados con la sexualidad, están en una educación temprana adecuada y en la atención necesaria a las conductas del niño y del adolescente.

La información que se emita como padres debe ser confiable y transmitida de forma natural, en un momento apropiado, pero sobre todo teniendo la empatía y el cariño como valores principales. Actualmente existe la información necesaria para que las personas autistas puedan tener una vida lo más normal posible, pero como en todo trastorno, depende mucho de las redes de apoyo con las que cuente y de trabajar constantemente en estar bien informados acerca de las necesidades que presentan.

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