Juicios entre pensamiento y obra
Reportaje

Juicios entre pensamiento y obra

Facturas ideológicas

La ideología, para la Real Academia Española, es un conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, un colectivo, grupo político o religioso, o incluso una época. Sin embargo, con el paso del tiempo la mayoría de los individuos identifican la ideología como esas ideas con las que podemos, o no, estar de acuerdo, pues existen ideologías tan diversas como las personas. Esto, por lo tanto, se convierte en un factor muy importante en cuanto a la toma de decisiones, tanto para elegir por qué partido político votar como para otro tipo de esferas, como qué música escuchar.

La ideología ha sufrido de varios cambios en su significado, que constantemente se reformula para adquirir nuevos que se adapten a su época. El concepto de ideología cambió por completo cuando el pensador, socialista y activista revolucionario de origen alemán, Karl Marx, la utilizó en sus obras. En muchos casos usa esta palabra tomándola como ideas ilusorias que, dependiendo del medio, se construyen como un mecanismo de dominación, por lo que se asocia con la distorsión de la realidad.

Pero, para otros autores, el término era importante para dilucidar el origen de ciertos problemas y conocer su funcionamiento, su mecánica, pues al rastrear y entender los planteamientos ideológicos se encontraría también la influencia de sus elementos dentro de aspectos culturares y sociales.

A pesar de que en el transcurso del desarrollo humano el concepto se ha modificado, hay algo en lo que parece existir acuerdo: sigue refiriéndose a un conjunto de ideas. En muchos casos, no sólo en la actualidad sino desde hace mucho tiempo, el término se usa de manera peyorativa para hablar de ideas que se consideran “incorrectas”, por ello conocer la ideología de alguien se ha vuelto controversial desde que los medios de comunicación facilitaron el intercambio desmedido de información.

Por estas razones, un factor ideológico repercute directamente y puede transformar por completo la forma en que se percibe a un creador, ya sea de un libro, la letra de una canción o hasta en la intención de construir un edificio, sin embargo, es difícil conocer la ideología de un autor, sobre todo en épocas donde la comunicación no era tan fácil como hoy en día. No obstante, el debate siempre ha existido y se ha hecho presente en más de una forma.

Foto: Shutterstock/DepositPhotos

¿SE DEBE JUZGAR AL AUTOR DE UNA OBRA?

Mucho se habla de la forma en que se debe juzgar, criticar u opinar de una obra. Esta discusión, que no se ha interrumpido desde que empezara ya hace siglos, nunca llegará a una conclusión concreta. Sin embargo, un aspecto en el que hay consenso es en que la intención al crear una pieza en todas sus formas siempre es la misma, comunicar o expresar algo. En consecuencia, y ya que además existe una gran multiplicidad de receptores, eso quiere decir que cada uno interpreta la obra de diferentes maneras, sin importar si conoce al autor o no. Por ello es lógico que se hable de tener enfoques distintos cuando se habla de una creación, pero ¿cómo separar a la obra del autor? ¿Es posible?

En el aspecto que nos atañe por el momento, el estudio de una obra creativa tiene dos lecturas extremas: tomar en cuenta la ideología del autor o no hacerlo para nada. Desde luego hay otras: alguno puede considerar que la ideología de su ejecutor es un factor secundario, o sin importancia aunque reconozca que existe, o simplemente no formularse esa pregunta. Por otro lado, hay lecturas en las que siempre se le podrá ligar a la ideología del artista. Es un hecho que una obra puede estar basada por completo en una ideología, ejemplos claros son aquellas que son políticas y que explican las diferentes corrientes a defender, sea fascista, socialista, comunista, etcétera, donde el enfoque para juzgar la obra viene unido inextricablemente a llevar a juicio al autor, su contexto, su vida, su entorno.

Juzgar es una acción subjetiva, por ello también esta influenciada por las preferencias de quien realiza el juicio. Por más que se intente ser objetivo, no es lo mismo juzgar un texto donde se habla de la guerra sin haberla vivido, a alguien que la juzga después de vivirla. Esta última postura es más difícil; empero, la interpretación de una obra no es pensable sin tener al menos algunos antecedentes de ésta, y aunque, sin tener una historicidad de ella y del autor, esto sería más difícil cuando se compara, valora y jerarquiza.

Disociar la obra del autor puede incluso verse como algo utópico, pues en realidad es bastante difícil, por esta razón es más frecuente hablar de tener un enfoque donde se tomen ambos elementos juntos. En cierto sentido son dos caras de la misma moneda, pues todo lo que realiza un creativo implica una relación sujeto-objeto y pretender que el crítico o analista puede ser cien por ciento objetivo no es más que una fantasía.

Avelina Lésper, crítica de arte que defiende la postura de que una obra “debe hablar por sí misma” sin intervención del autor para aclarar su mensaje. Foto: Comentar y Express-Arte

¿LOS PECADOS DEL PENSAMIENTO PESAN MÁS QUE LA OBRA?

¿Cómo se juzga una obra? ¿Quién la juzga? ¿Por qué y para qué lo hace? No hace tanto tiempo que la figura del autor ha cobrado peso. Podríamos ubicarlo cerca de los albores de eso que se ha dado en denominar La Modernidad frente a lo que ocurría con los creadores en La Antigüedad, por ejemplo. Es cierto que la crítica ha sido una presencia constante, pero sin duda sus reglas para emitir juicios no tomaban mucho en cuenta al artista. Si nos situamos en la época actual, aunque no necesariamente en la crítica académica especializada, no es difícil ver que incluso la vida privada de cualquier creador de contenido va a ser juzgada; cualquiera que se expone al público puede recibir críticas o halagos por su actuar, su pensamiento o su intimidad.

Quien vaya a juzgar una obra puede valorarla en función de lo que crea conveniente, y no faltan las teorías al respecto. Algunas opinan que la perspectiva ideal al abordar una pieza con afanes de estudio, ya sea literario, científico, evaluativo, etcétera, es desprenderse de todo lo subjetivo. Apreciar de forma estética debe depender únicamente de sus características, no de la ideología del autor, pues en teoría debería ser irrelevante.

Como sabemos que el ser humano no puede desprenderse de todo lo subjetivo, también existen otras formas de realizar la misma tarea, como aquellas en que los juicios deben resaltar la ideología propia del autor, sus pensamientos, posiciones políticas, decisiones e incluso vida privada. Estos enfoques, en pocas palabras, consideran que es necesario conocer lo más que se pueda de su contexto familiar e histórico, pues esto ayuda a comprender e interpretar dos acciones que son en principio subjetivas.

Del mismo modo, muchos textos a lo largo de los siglos han sido escritos con muchísima carga ideológica, cosa que bien vista no es tan rara. Los autores plasman sus ideas, sus pensamientos más profundos, haciendo difícil separar lo que crean de lo que creen. Los juicios, en este caso, deben separar la ficción de lo real en la construcción de una obra, donde el hilo entre cada uno puede ser muy sutil, por más que se sepa que autor y obra no son lo mismo.

Una visitante observa dos cuadros del artista italiano Caravaggio, considerado uno de los más grandes exponentes del arte barroco a pesar de haber sido prófugo de la justicia tras haber cometido un asesinato. Foto: EFE/Robin Van Lonkhujisen

Los “pecados” del artista pueden pesar o no pesar en su obra. Hay tantas piezas que no tienen una relación directa con la vida del autor, pero también hay autores que plasman por completo su vida. Sí, hay obras que impactan por la perversidad de sus ideas, sea que los creadores estén o no de acuerdo y no siempre es tan fácil dilucidarlo.

EL ARQUITECTO FASCISTA QUE AMABA A HITLER

Charles-Édouard Jeanneret-Gris, mejor conocido como Le Corbusier, es un arquitecto francés que dejó una enorme e importante marca por sus peculiares formas de construcción.

Si bien Adolf Hitler y Le Corbusier tienen similitudes muy marcadas, como el antisemitismo de ambos personajes, desde luego hay diferencias. Sin embargo, puede decirse que en cierto sentido el francés tenía ideas igual de radicales que el alemán. Le Corbusier creía que las ciudades eran horribles, buscaba destruir el pasado, pues para él eso condenaba a las sociedades a cometer errores en un círculo vicioso. Basado en dicha idea, su posición era reconstruir las ciudades a partir de un plan preciso, donde no hubiera improvisación.

Abiertamente partidario de la ideología de Hitler, para muchos separarlo de su obra, de tanto peso dentro de la arquitectura, es difícil, ya sea para intentar desacreditarlo o no. Se sabe que muchos de sus edificios están por completo ligados a la forma en que pensaba. ¿Su pensamiento entendido negativamente pesa más que las aportaciones que logró? Muchos dirán que sí, pero eso no quita que sus ideas fueron revolucionarias en su área.

En 1925 realizó el Plan Voisin que planteaba la destrucción de cuarenta hectáreas en París para poder limpiarla de la podredumbre y así construir una ciudad ideal que no se pudo concretar. Los hilos y formas que Hitler y Le Corbusier tejieron fueron muy distintos, sin embargo, sus motivaciones y objetivos resultan muy similares.

Maqueta del Plan Voisin de Le Corbusier, 1925. Foto: thecharnelhouse.org

Colaborador del nazismo y el fascismo, Le Corbusier no fue castigado a diferencia de muchos otros, pero él jamás logró consumar su plan. Aunque el fin puede o no justificar los medios, ¿el creador es menos importante en la arquitectura al conocer estos detalles? La verdad es que no, pues sus avances se consideran revolucionarios. Con la expansión industrial, el francés pudo concebir ideas que permanecen hoy en día. En su libro Hacia una arquitectura, ya habla de las casas en serie, de la construcción de nuevas vías para facilitar la comunicación de Francia con el mundo, de ver a las viviendas como una máquina y reconoce, sobre todo, la importancia de la geometría.

Le Corbusier, por más fascista que fuera, sigue siendo considerado el padre de la arquitectura racionalista y sus ideas se siguen aplicando hoy en día, incluso con obras consideradas por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como patrimonio de la humanidad.

En el otro espectro se encuentra una petición que en abril del año en curso publicó el diario francés le Monde. Sus tres exigencias abogan por cobrar la deuda ideológica de la siguiente manera: que la fundación creada en su honor deje de recibir dinero público, suspender el proyecto de abrir un museo dedicado a su vida y obra, y retirar la estatua que lo recuerda en Poissy.

EL CASO DE WAGNER

Antisemita, considerado una inspiración para la ideología del nazismo, Richard Wagner fue un compositor alemán que sigue generando una gran fascinación. Escribió el ensayo El judaísmo en la música, una de las supuestas inspiraciones para la ideología nazi. No fue, ni en su momento ni en la actualidad, considerado una figura tan polémica por sus pensamientos, quizá porque en el mundo de la música la tendencia sea separar a la obra del autor.

El alemán es sin duda uno de los compositores más influyentes, quiso revolucionar el teatro y la ópera. En cambio, su participación en la revolución política tuvo más peso. La música, a diferencia de sus escritos, no es tan fácil de politizar. Tenga o no mensajes antisemitas, el debate no es tan grande porque la música es abstracción y su interpretación siempre es subjetiva, por lo que no todos conocerán sus ideas radicales contra los judíos.

La ópera Tristán e Isolda de Wagner fue prohibida en Israel por los escritos antisemitas del compositor. Foto: Timo Waltari /Flickr

Conocer su contexto resulta importante. Se sabe que él en realidad manifestó un fuerte “espíritu alemán”, confianza en su patria y en la fortaleza de ésta. Buscaba hacer lo correcto para su país aunque, al final, sabía que no poseía capacidades políticas que ayudaran a Alemania a prosperar. Llegó a declarar que sería imposible volver a levantarse de otra catástrofe y que la política era algo infructuoso y repugnante.

Por esa y más razones, se considera que a Wagner se le debe valorar por su obra, pues incluso él mismo intentó en algún momento separarse de la política y la ideología que apoyaba o apoyó en su momento. Sus opiniones personales, por más que puedan ser consideradas malas o erróneas, nada tienen que ver con la obra artística que legó, divorciada por completo de las ideas políticas y la moral.

Haya influido o no en Hitler, su música sigue siendo sublime y apela a las emociones humanas, no tanto a la racionalidad del ser.

LOUIS-FERDINAND CÉLINE

Diversos autores se ven envueltos en polémicas sobre la validez o incluso veracidad de sus obras, pues como muchos, sus ideologías no suelen ser las más aceptadas. Céline es un autor más que escribió obras antisemitas que siguen considerándose controversiales, a pesar de tener otras que se ostentan como algunas de las mejores de su natal Francia.

Su país de origen, para nada orgulloso de su ideología, se niega a homenajear su muerte. Es considerado no sólo antisemita sino también misógino, sin embargo, pocos se atreven a negar la grandeza de sus escritos, por más que lo describan como detestable. Con su moral cuestionable y sus panfletos incitando el odio a los judíos, pero con obras como Viaje al fin de la noche, es tan mal visto que editar sus libros en su país natal está casi prohibido, quizá porque resulta difícil e incómodo abordar sus ideologías. Aunque pronto todos sus textos pasarán a ser de dominio público, no deja de ser incierto qué pasará con sus discursos racistas; para muchos es mejor mantenerlo en cesura, para otros es una clara forma de coartar la libertad de los autores.

Louis-Ferdinand Céline. Foto: GettyImages

Si algo es claro es que su obra sigue siendo tan transcendental como cuando se escribió, por más que se intente callar su voz. En muchos países se reeditan sus panfletos a favor de Hitler, aunque con claras intenciones de análisis que respondan preguntas jurídicas, éticas y culturales. Se quiera o no, sirven al menos para dar un repaso a la historia que no debe repetirse.

Sus defensores, en acuerdo o no con sus ideas, consideran que la moral no es exigible en todos los ámbitos, por lo que negarse a leer a grandes autores por razones de ese tipo conduce a perderse de posturas diferentes, más allá del problema de considerarlas correctas o erróneas.

MILAN KUNDERA

Una controversia reciente involucró al novelista, ensayista, poeta y dramaturgo checo Milan Kundera. Conocido por ser anticomunista e incluso exiliado a causa de sus ideologías individualistas, no hace mucho se descubrió, después de revelarse la lista de colaboradores comunistas, que él fue delator de un espía contra el régimen en su país de origen. Kundera es famoso y reconocido por la calidad de sus obras, pero también lo era por estar en contra del régimen de su país con una firmeza tal que le llevó a perder su nacionalidad, por lo que la polémica no sólo levantó molestias en muchos lectores, también llevó a muchos críticos a considerar su obra como "hipócrita". Otros más mesurados señalaron que ahora sus textos deben ser estudiados bajo otra luz. El factor ideológico en Milan Kundera, a diferencia de autores con opiniones polémicas pero ya conocidas y que continúan siendo piezas claves reconocidas en sus áreas, cambia debido a la contradicción de sus acciones.

También hay quienes dicen que no hay que juzgar la vida que llevó Kundera antes de formar sus ideologías actuales, de las cuales prefiere no hablar, y son partidarios de que la obra no debe juzgarse por el autor. Es decir, que la mirada de sus obras emblemáticas no tiene por qué cambiar. Inicialmente fue defensor del socialismo, formó parte del partido comunista, luego fue expulsado y considerado un detractor por sus pensamientos hostiles e individualistas, ¿de verdad se debe juzgar tan duramente a un autor que creció en un país en el que imperaba el pensamiento comunista?

Kundera participó en la Primavera de Praga, un intento de Checoslovaquia por liberarse de la Unión Soviética. Foto: dpa/alliance/hungarytoday.hu

MÁS CREADORES CUESTIONADOS POR SU IDEOLOGÍA

Muchos creadores de gran peso han sufrido repercusiones en la valoración de su obra, con la facilitación de información personal sobre ellos. No faltan noticias de artistas muy famosos que han sido cuestionados por su vida, acciones e ideologías, al punto donde ya no se puede valorar su arte debido a la inclinación de su pensamiento.

Entre ellos se encuentran artistas como Picasso, considerado misógino, por lo cual en algunos círculos ha comenzado a desacreditarse su obra y la repercusión que tuvo para las artes plásticas con el cubismo. Acusado de cruel y despiadado, muchos creen que a pesar de lo que haya sido en su vida privada, demeritar su trabajo es un grave error; otros creen que hacerlo es lo más coherente, cuando muchas de las mujeres que sufrieron por su culpa fueron musas de sus obras.

En un contexto muy similar está el caso de Paul Gauguin, que carga con la sospecha de haber cometido múltiples abusos a menores; incluso se casó con una adolescente, pero también se le ha acusado de estar a favor del colonialismo.

Contra H. P. Lovecraft pesa su racismo, homofobia y antisemitismo, tan presente en su obra como en su correspondencia personal. Igualmente al tratar con la figura de J. R. R. Tolkien se menciona la carga religiosa que tienen sus famosas novelas de fantasía, como El Señor de los Anillos y en épocas más recientes la acusación de racista también se ha lanzado en su contra.

El belga Georges Prosper Remi, mejor conocido como Hergé, creador de Las aventuras de Tintín, sufrió al menos cuatro arrestos durante la post-ocupación bajo acusaciones de simpatizante y colaboracionista nazi. La primera aventura de su emblemático personaje (Tintín en el país de los Soviets) fue encargada por un reconocido fascista con fines panfletarios anticomunistas para la juventud. Racista y colonialista son epítetos que se le aplican frecuentemente por aventuras como Tintín en el Congo.

La realidad es que ningún artista está a salvo de la polémica, ya sea por factores ideológicos o de otro tipo. Cualquiera puede ser controversial y lo que hoy se considera normal, en unos años puede cambiar por completo y pasar a ser una ideología repudiada y censurable.

Pablo Picasso con su retrato de Marie Thérèse Walter, 1932. Foto: Sotheby’s London/Cecil Beaton

Separar la realidad de la ficción o una ideología de otra, formar nuestra ideología a medida que juzgamos una obra o un autor, es un trabajo que cada uno debe realizar y aprender a hacer, pues dejarse influenciar por un sólo factor no es lo más recomendable.

Vale la pena reflexionar y tener presente que los buenos creadores no necesariamente son buenas personas y que hay malas personas creando cosas todo el tiempo. Finalmente, cualquier espectador, al margen de lo que la crítica especializada opine, puede juzgar y aprobar o rechazar los comportamientos de los autores que admira o repudia. Ahí es donde se decide hasta qué punto la obra será validada o no. Y la respuesta de un gran grupo puede ser algo en el corte de “odia al pecado, ama al pecador”, no faltará quien decida amar ambos u odiarles a los dos.

DESTRUCCIÓN DE OBRAS

Se sabe que desde siempre se han destruido creaciones por factores varios, aunque en buena medida se deba a las ideas que promueven. Cualquier creación puede tener el fatídico destino de ser eliminada. Pasando por ejemplos como el de la Inquisición o la Conquista, la quema de textos, la destrucción total de pensamientos y conocimientos diferentes no ha cesado.

En 2015 la juez Elizabeth Roscoe ordenó destruir parte de la producción del pintor británico Graham Ovenden por razones de “decencia”. El trasfondo real es mucho más complejo y siniestro, aunque no necesariamente funja como un justificante de la decisión. Ovenden es un pederasta convicto, fue juzgado en 2013 y condenado a pasar dos años en prisión. recientemente fue liberado y justamente las obras que se pretende destruir tienen como modelos a víctimas de sus abusos sexuales.

La quema de la biblioteca de Alejandría es uno de los casos que más lamentos ha causado, así como la quema de obras cuando el nazismo estaba en su auge. Todavía se puede ver la censura de textos, canciones, noticias, para modificar o acallar la ideología de las personas.

Quema de Alejandría. Se cree que su biblioteca pudo haber sufrido incendios en varios conflictós bélicos, como la guerra civil protagonizada por Julio César o la conquista musulmana de Egipto. Foto: GettyImages

Tanto es el problema, que la ideología sigue tomándose como algo que no debería existir. Casos en México son muchos, como la lucha contra la llamada “ideología de género”, que intenta destruir los avances que se han tenido contra la discriminación, o la imposición de ideas políticas de izquierda.

Destruir una obra no consiste sólo en tomar una pieza y eliminarla de forma tangible, también pueden considerarse otras formas de retroceso en avances obtenidos.

Cualquier tipo de allanamiento, clausura, bombardeo, quema o expurgo, debe considerarse como un mecanismo de represión. Ejemplos de destrucción de obras hay muchos: la censura, la prohibición, sometimiento a una ideología, la eliminación de fondos o leyes, son ejemplos claros de como una obra puede verse destruida entre el mar de ideologías impuestas. En general se considera que ningún material debe ser retirado por cualquier motivo de adoctrinamiento o partidista, pues de esa forma no sólo se acallan las ideas, también se coarta la libertad de decidir qué creer.

¿Esto quiere decir que lo correcto es no censurar nada? La respuesta es incierta. El hombre presume de inteligencia y racionalidad, sin embargo se ve apegado a factores ideológicos que lo hacen actuar de una forma, moral o inmoral, que le llevan a crear grandes guerras o genocidios, a favor de cosas tan absurdas como fijaciones raciales, política o dinero. Al mismo tiempo pueden moverle ideas más “nobles” de equidad, de protección, de paz y tolerancia.

Finalmente, los factores ideológicos pueden o no ser juzgados, partiendo de que el concepto de ideología sigue estando acompañado de prejuicios y debates, que progresivamente se desgasta y recupera constantemente. Sin la unanimidad en el término, no se puede dejar de considerar que la ideología puede tomarse como mala. Esto implica que un factor ideológico a la hora de juzgar, criticar, valorar u opinar de una obra, se vuelva mucho más difícil de lo que ya es.

Si bien en diversos textos se han propuesto formas de crítica para emitir juicios de las obras, los efectos sociales y psicológicos no dejan de tener peso, sobre todo, cuando la ideología de los autores puede repercutir hasta en el cambio de un país, porque una de las cosas que más pesa siempre es la palabra, el discurso explícito o implícito.

Dondequiera que los nazis llegaron al poder, destruyeron libros judíos. La biblioteca de la Academia en Lublin, Polonia, que poseía más de 55 mil volúmenes, fue quemada. Foto: Ich/Alonso de Mendoza

Los marcos ideológicos conectan nociones diferentes que pueden ser hasta contrapuestas, dimensiones y visiones, preferencias y acciones individuales, hacen que concibamos cada idea de forma distinta, que puede o no hacernos cambiar lo que pensamos. Para esto, podemos conceptualizar la ideología como una visión de vida, y, por lo tanto, un factor ideológico como una manera de ver el mundo para el autor.

Efectuar juicios sobre la creación de algo, por lo tanto, debe ir ligado por los valores, no sólo del creador de contenido, sino del receptor del mensaje que quiere dar.

Y la razón principal se debe a que los factores ideológicos pueden ser tantos y tan diferentes que quedarse con una ideología, defenderla y apropiársela, es una decisión individual, cada persona está en su derecho y tiene la libertad de hacerlo.

Conscientes de que lo políticamente correcto está cambiando progresivamente a medida de los cambios que se generan, habría que hacer reflexión de cada factor que se conoce, porque las obras en general están llenas de ideologías que muchas veces ni si quiera conocemos. La diversidad que existe es inmensa y no por ello las creaciones deben ser invalidadas, al fin y al cabo tienen conocimientos que no todos poseen y censurarlos es una manera de silenciar y reprimir.

¿Es correcto juzgar autores y obras en el mismo saco? El debate no va a desaparecer porque, al final, existen diferentes formas de formular juicios sobre una obra, donde podemos separarnos por completo del autor, y otras veces es necesario analizarlo para comprender mejor lo que intenta comunicar.

Pensar en esto no es una tarea sencilla, por ello, debemos considerar cómo esos factores han ayudado muchas veces al cambio. En cierto sentido, los factores ideológicos pueden resultar más benéficos que contraproducentes. En muchos otros casos, para el espectador u admirador de un artista puede resultar a la inversa. Bien lo decía José Agustín Goytisolo: “Sobre los grandes hombres siempre hay ciertos detalles / que se ocultan en los textos y en las biografías / para evitar que los padres se escandalicen / al pensar que sus niños los puedan llegar a conocer. […] Muchos niños dejarían de odiar así a los grandes hombres / al advertir sus rasgos y costumbres de gente muy normal”. Las preguntas no son sencillas, a quien le toque juzgar y decidir, por oficio o por azar, que las responda.

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