País polarizado
Opinión

País polarizado

Jaque Mate

Todo gobierno tiene simpatizantes y detractores. Esa es la característica fundamental de la política en una democracia.

Los partidos políticos se fundan para buscar el poder e impulsar ciertas políticas públicas con las que no necesariamente todos están de acuerdo. Las discrepancias son saludables, producto de un país en el que se ejercen las libertades y las opiniones reflejan la diversidad del ser humano. Aquellos países en que los gobernantes son electos con mayorías abrumadoras carecen de garantías a las libertades fundamentales. Sólo los dictadores son electos con el 99 o el 100 por ciento de los votos.

En una democracia, sin embargo, las diferencias deben dirimirse de manera ordenada y pacífica. La política es el arte de conciliar asimetrías sin recurrir a la violencia. Un país como el nuestro, que ha sufrido los estragos de revueltas y revoluciones, debería haber aprendido la lección.

Después de vivir durante décadas en un régimen de partido único, México encontró la alternancia de partidos e ideologías en el poder a partir de 1997, el primer año en que los partidos de oposición controlaron el Congreso. Desde el año 2000 esta alternancia se hizo común en la Presidencia de la República.

Este avance es importante, sin embargo, se ha visto opacado en los últimos años por una creciente intolerancia a quienes no piensan como uno. Esta enfermedad no era desconocida en los gobiernos previos, pero se ha agudizado en la Cuarta Transformación. Si bien el presidente López Obrador no ha tomado medidas para censurar a los medios, sí ha utilizado sus conferencias de prensa para atacar de manera sistemática a personas, organizaciones, medios y periodistas que lo cuestionan. Así como Donald Trump en los Estados Unidos descalifica a las fake news media, López Obrador se lanza contra la prensa fifí.

Esta estrategia no sólo es equivocada, porque impide construir la unidad del país en un momento en que esta es necesaria, sino perversa. López Obrador afirma que tiene derecho a expresar sus puntos de vista, lo cual es correcto, pero no debe olvidar que en este momento es presidente de todos los mexicanos, incluso de aquellos que no están de acuerdo con sus políticas.

López Obrador cuenta con un mandato que no ha tenido ningún presidente en los tiempos de la democracia. No es sólo que obtuvo el 53 por ciento de los votos en 2018, sino que catalizó el deseo de la gente de desechar la corrupción y los abusos del pasado para construir un nuevo régimen. Lo mejor que puede hacer es aprovechar este mandato para unir a los mexicanos y lograr realmente esa transformación del país que quiere lograr.

Denostar constantemente a quienes piensan diferente no es el camino de lograrlo. Lo único que conseguirá es polarizar aún más al país. Vemos ya a muchos que están vendiendo sus propiedades en México para colocar su patrimonio en otros países. Quizá sea exagerado decir que López Obrador es otro Hugo Chávez o Fidel Castro, pero el presidente tiene la obligación de entender los miedos que corroen a una parte importante de la población.

El mejor antídoto para el temor es la apertura y la tolerancia. El presidente tiene todo el derecho de defender sus posiciones y promover las políticas que correspondan a su ideología, pero no a descalificar a quienes cuestionan las acciones que están tomando. No es un tirano, sino un presidente electo democráticamente.

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