Ari y el Gancho perfecto
Entrevista

Ari y el Gancho perfecto

A los ocho años de edad partió del Caribe a la península ibérica. Llegó en el frío enero de Terrassa, en Cataluña. Allí creció con su familia y el rap apareció en su hogar en forma de vinilos.

Luego hizo maletas. Se mudó a Gerona. Se envolvió en la rabia de los barrios y desahogó sus inquietudes con el fluido de un bolígrafo.

Arianna Puello es la mujer chunga, la buscavidas, la rapera de origen dominicano que a finales de la década de los noventa arribó a un festival de música alternativa en Madrid, donde entregó su demo a uno de los artistas urbanos más importantes de España en esa época y que después se convirtió en la primera fémina en editar un disco de rap en castellano.

En 1998 firmó con el sello madrileño Zona Bruta y comenzó a trabajar con Frank T. Arianna se redescubrió en cada uno de sus ritmos; cada bombo, cada caja, cada charles y cada sample propiciaban el nacimiento de sus rimas.

Un año después publicó Gancho perfecto, su álbum debut. Éste se presenta como una analogía a la lucha de su vida en la que ríe por no llorar. Un cuadrilátero en el que pelea con el peso de su pluma y cuyos rounds sonoros parecen infinitos, pues continúan vigentes.

En el año 2002, la artista visitó México. Uno de sus conciertos se programó en la ciudad de Gómez Palacio, Durango. La sede fue la Arena Olímpico Laguna. Irónicamente le tocó rapear sobre un ring.

Ari tiene cinco años residiendo en el país y ha vuelto a tierra gomezpalatina para ofrecer una nueva presentación ante su público lagunero, en marco del vigésimo aniversario del colectivo Dos Elementos Crew (2EK) y de su álbum Gancho perfecto.

En un restaurante de la ciudad, después de una rueda de prensa, Puello recita a capela parte de su historia. Sonríe ante su legado y asegura que sólo tiene gratitud para su obra y su público: “Yo no me lo esperaba. ¿Quién se iba a esperar que 20 años después todavía la gente siguiera aclamando Gancho perfecto como uno de los mejores álbumes de hip hop en español? Eso me llena de alegría”.

¿Cuál fue tu odisea al salir de República Dominicana?

En principio, mis padres se separaron. Mi madre vio la necesidad de irse. Tuvo la oportunidad a través de una señora (que es mi madrina), que ya había visitado España y vino con buenas expectativas a proponerle a mi mamá y a mi tía que ahí había forma de vivir y empezar de nuevo. Yo tenía tres años cuando mi mamá se fue a España. A partir de ahí ella conoció al que fue su esposo más tarde, pudo adquirir su nacionalidad española y desde allá nos tramitó nuestra nacionalidad para cuando llegáramos ya estuviera todo listo. Con ocho años me tocó viajar hasta allá. Lo que más recuerdo es el frío. Llegamos en el mes de enero. Después me adapté muy bien, empecé a ir a la escuela y lo que más me gustó fue el sitio donde vivíamos: un barrio donde había gitanos. Era un mundo para mí. También el catalán, porque nos fuimos a Cataluña donde se habla otro idioma y en la escuela te lo enseñan.

Foto: Twitter/cultura.cdmx.gob.mx

Fue una aventura. Me hice muy fuerte porque aparte de todo lo bonito también te encontrabas con la discriminación racial, te encontrabas con esos comentarios por el hecho de ser negra. Eso me hizo fuerte, fue cuando empecé a decir: “¡Esto no lo puedo tolerar!”. Empecé a marcar mi espacio, lo que soy, siempre defendiendo mi raza. Por eso creo que de ahí fueron creándose todas esas cosas, interiormente, que al final necesitaba sacar con el Gancho perfecto.

¿Cómo te construyó el hecho de ser inmigrante en España?

Me hizo una persona fuerte, me hizo una persona con mucha actitud, muy violenta porque al final había cosas que tenían que terminar a ‘ostias’, como dicen allá, a ‘madrazos’ como dicen aquí. Me hizo una mujer muy fuerte y el rap fue mi herramienta, mi espada. Al fin y al cabo todo eso fue pasando. Cuando eres adolescente y estás en ese tipo de situación explotas por todos lados. Tuvo que ser así. Ahora lo pienso, escucho la música y me sigo identificando con ella, pero ya soy otro tipo de persona. Ahora soy madre, estoy calmada, no ando peleándome con cualquiera. Al contrario, lo pienso mucho antes porque la vida te va enseñando, te va curtiendo.

¿Qué tuvo Gerona para que explotaras tu lado musical ahí y no en Terrassa?

De Terrassa salí muy pegada al rap porque años antes de irnos ya había discotecas donde ponían rap y nos juntábamos Payo Malo, Griffi y Juan Solo. Ahí empezó todo el meneo de “este movimiento me gusta”. Fue donde empecé a escuchar los primero discos de hip hop americano: Public Enemy, Dj Jeff and the Fresh Prince, LL Cool J, EPMD. Todo eso llegó por parte de un primo, pues su papá vivía en Nueva York y fue a pasar las vacaciones de verano. Volvió con el montón de vinilos y en mi casa teníamos una cadena de música de los ochenta. Era poner discos con mi hermano y mi primo. Yo era como la ‘mocosa’: “¡Tú no toques los vinilos!” y “¡Tú no escuches lo que estamos diciendo! ¡Vete para allá!”. Imagínate, mi hermano y mi primo contra mí. Cuando se iban yo era la curiosa: “Ellos me han dicho que no toque ese vinil, pero tengo que escucharlo”. Me ponía a Public Enemy, el Apocalypse 91 a todo ‘trapo’ cuando me quedaba sola en la casa. En Terrassa despertó mucho en mí la curiosidad pero en Gerona fue donde me encontré con el activismo. Cuando llegué a Gerona me encontré con los cuatro elementos unidos: el MC, el grafiti, el breakdance, el DJ. Fue cuando capté realmente cómo era la cultura. Comencé a ir a los conciertos de Mucho Muchacho cuando iba a la ciudad. Había tanta actividad que iba gente de Barcelona a tocar a Gerona. Empecé a formar parte y sentí mucha rabia de que al escenario sólo subieran hombres. Todo estaba representado por hombres, incluso algunos muy machistas en sus letras. Fue cuando me alié con una amiga dominicana. Decíamos: “Tenemos que rebelarnos las mujeres. ¿Qué hacemos? Tenemos que llamar la atención”. Nos hicimos una letra muy feminista, que no soy para nada feminista pero para aquel entonces era necesario. Cuando decidimos subir al escenario fue una revuelta. Hubo de todo: morbo, odio, insultos, aclamaciones, porque estábamos ahí haciendo algo que nadie se esperaba.

Foto: yorokobu.es

Ahí hubo un antes y un después, donde apareció gente como Bano a decirme que teníamos que seguir, que algo vio, que teníamos talento, que se necesitan mujeres en el hip hop. Me motivé a seguir, pero mi amiga no. Le pedí a Bano que si podíamos trabajar algunos temas juntos. Grabamos una maqueta de tres canciones. Hasta nombre nos pusimos, nos llamamos Nacidos Originalmente del Karibe (un cubano y una dominicana). Fluyó todo. Pero el papá de Bano era predicador, lo llamaron para predicar en una iglesia en el sur de España y Bano se tuvo que ir con su familia. Entonces me dije: “¿Sola? Todavía no estoy preparada”. Me uní a Discípulos del Micro, que junto con Geronación eran los dos grupos que representaban a la ciudad. Un día nos fuimos a Madrid al primer festival de música alternativa y había un escenario de hip hop. Allí conocí a Meswy, a Frank T, a todos los del Club de los Poetas Violentos (CPV) y les llevé una maqueta. Se la regalé a Meswy y me dijo: “¡Qué bueno! No hay raperas”. Se quedó muy fascinado. Le dije: “Bueno, tú escúchala. A ver qué te parece”. Flipó y me llamó para grabar en su disco (Tesis doctoral) el tema de “Mujer chunga”. Ya sabes lo demás. Todo se dispara hasta el día de hoy, 20 años después.

En el preámbulo de tu primer álbum, ¿cuál era la situación de los latinoamericanos en España a finales de los noventa?

Yo no conocía a muchos latinos. Conocí al grupo de mi hermano, que eran como Sólo los Solo. Pero prácticamente había muy pocos latinos. Conocí a Bano, estaba yo, mi hermano, mi primo. Éramos muy pocos. Creo que por eso teníamos las disputas que teníamos. Los españoles no estaban acostumbrados a convivir con latinos. Había mucho por descubrir y siento que aún hay mucha gente que no acepta que una dominicana fuera la primera mujer que marcara esa parte de la historia del hip hop español. Luego vino La Mala Rodríguez y se quedaron más tranquilos. Pero sí era como: “¡Ella no es de aquí!”. Se dice que en el hip hop no hay racismo, pero sí hay ese tipo de diferencias que a veces hace que la gente se comporte así. Me tocó a mí. Yo me crié allí y aquí estoy representando a España y a República Dominicana, siempre he querido representar a las dos. En República Dominicana es igual: “¡Ella es española!”. Consideran que no puedo representar a República Dominicana porque me crié en España, porque formo parte de la historia del rap ibérico y no puedo entrar en el taco de raperos dominicanos. En fin, ni pa’ uno ni pa’ otro. Yo soy internacional. Soy yo. No tengo que representar ninguna bandera o si puedo representar las dos, también lo haré.

Parece que Gancho perfecto es la analogía a una lucha donde el hip hop es un cuadrilátero y tus guantes son el rap. ¿Construiste este concepto o fue coincidencia?

De hecho era el punto de decir: “Esto es un ‘madrazo’ para todos: para los que son machistas, los que son racistas, los que no aceptan que una latina venga y ponga a muchos en su sitio”. Porque se mezclaba todo y era como un ‘boom’. Era más violento que otra cosa, de decir: “Aquí estoy yo, como una guerrera en pie y voy a callar muchas bocas”. Ése era más que nada el concepto del Gancho perfecto.

Arianna Puello y Frank T. Foto: YouTube/Rap Mundial

¿Se puede decir que Frank T fue tu coach en este álbum?

Aprendí mucho de Frank, sobre todo a nivel técnico. Pero en principio, cuando saqué El Tentempié (1998) las producciones eran de Juan Carlos (un productor de Madrid). Pero él ya estaba metido en muchos proyectos y la idea era trabajar con un productor dentro del sello de Zona Bruta. Ellos querían que trabajara con Jota Mayúscula y Supernafamacho, pero no era el ambiente que buscaba. No me gusta llegar a un sitio donde quiero trabajar y la gente está allí fumando, bebiendo entre amigos. Cuando conocí a Frank conectamos mucho, sobre todo por la disciplina. Mis rimas fluían mucho mejor sobre sus beats que en los de Jota Mayúscula o Supernafamacho. Así que dije: “¡De aquí soy! Con Frank me entiendo”. Él habla mucho y tiene mucho conocimiento, me encantaba escucharlo. Me decidí: “¡Es Frank! ¡Frank es el hombre!”. Él encantado, sintió que íbamos a hacer muy buen trabajo, muy buen equipo y así nos hicimos buenos amigos. Estuvimos encerrados horas y horas en estudio. Luego nos fuimos a Marsella a masterizar el disco. La pasamos súper bien. Son buenos recuerdos que al final hacen una unión, de corazón.

¿Qué recuerdos tienes de Frank T durante ese proceso en Marsella?

Lo que me gustaba mucho de Frank es que todo lo grababa, ya fuera en grabadora o en cámara. Me acuerdo que por aquel entonces todavía no empezaba a dar un paso tecnológico la cámara de video. De hecho, el otro día me mandó un WhatsApp de que tenía un montón de videos de mala calidad, que a ver si armábamos aunque sea algo para recordar, un video o un documental del Gancho Perfecto. Me acuerdo que lo grababa todo y eso me gustaba. Hoy en día él tiene eso en sus archivos, bien guardadito. Es lo que me motiva de Frank. Una anécdota curiosa es que cuando lo veían en Francia le hablaban en francés. Mucha gente no podía entender por qué él hablaba el español con todo el acento. Cuando él abría la boca, aparte de su voz grave, la gente se impactaba como: “¿De dónde eres? No hablas inglés, no hablas francés, no hablas un idioma africano. ¿Español?”. Nos la pasábamos a risa y risa porque no daban crédito de que Frank fuera negro y hablara con el acentazo español.

En “Oye lo que traigo”, uno de los temas que abre Gancho perfecto, parece que te enfrentas a alguien pero no quieres dejarlo en la lona, sino que se una a ti.

Exacto. Es una actitud olímpica: “Esto es un deporte, oye lo que traigo y ahora quiero que te unas a mí y me traigas lo tuyo”. De alguna manera es fusionarnos, retroalimentarnos porque por aquel entonces valoraba mucho el escuchar cosas nuevas que te retroalimentaban. El hecho de que alguien pudiera escucharme y retroalimentarse, para mí era increíble. “Oye lo que traigo” es un homenaje a eso, a la retroalimentación entre artistas.

Arianna Puello en concierto en Gómez Palacio, Durango (2019). Foto: Mack 2 elementos Crew

¿Te consideras una buscavidas?

Sí. Aunque últimamente, analizando el tiempo de vida que llevo, sí he sido buscavidas pero a la vez he sido muy bendecida, porque al final he logrado las cosas; se me han dado. Algunas con facilidad y otras no tanto. Siento que he sabido aprovechar mucho las oportunidades, que eso creo que también es muy importante para un buscavidas, no sólo cómo me estoy esforzando. A veces no es cuestión de esforzarse, sino de ser inteligente, estratega con la vida misma y saber utilizar las herramientas a tu favor, que eso es lo que menos he hecho.

Es lo que denuncias en “Arriba los buscavidas”. ¿Esas tres historias fueron reales?

De hecho sí. He tenido gente alrededor de mí que ha vendido droga, que robaba, que se ha prostituido de alguna manera para sacar beneficio a la vida. A veces uno piensa: “¡Qué mal!”. Sí, pero siento que es peor estar esclavizado y estar sometido a algo o a algún sitio donde no quieres estar. Está claro que no se debe robar, hay que ser más humilde. Pero la situación del que roba es porque ya se siente una persona esclavizada. Se siente alguien que su vida ya no tiene sentido. Su vida se ha convertido en una pesadilla, en un agujero negro y decide romper con esa rutina que lo está matando, que lo está consumiendo. Va y roba, no hay de otra. ¿Que cómo le va a ir robando? Pues quién sabe. Tal vez acaba en la cárcel. Pero ya esa persona decidió buscarse la vida de otra manera y no siendo esclavizado.

La prostituta es una mujer que tiene hijos y se ve desesperada. ¡Es una inmigrante que tiene hijos! Mi madre muchas veces ha tenido que rescatar a alguna mujer cercana que ha sido prostituta y que ha estado metida en mucha mierda. Con hijos y todo es una situación fea: verte en un sitio sin trabajo, en un lugar donde te discriminan. Dentro de la prostitución hay muchas cosas malas. No estoy apoyando tampoco. Pero esa persona dio ese paso, esa decisión de decir: “O aquí muero o surjo de alguna manera”.

Y el dealer, el vendedor de droga, pues igual. Los problemas que tiene en su casa lo tienen muy aturdido, malos ambientes. Te imaginas que el papá le pega a la mamá. De alguna manera necesita salir de ese agujero. No hay dinero en su casa. Vas a lo más fácil: te pones a vender droga. Estos personajes los he tenido tan cerca de mí que por eso salió esa letra tan real, hecha con tanto sentimiento.

¿Por qué en “No hay héroes” declaras que “no es lo mismo narcisismo que confiar en uno mismo”?

Hoy en día siento que hay más narcisismo que actitud. El que cree en uno mismo no tiene ese ego narcisista. Al contrario, siento que confiar en uno mismo te hace fuerte pero no te hace creer que eres mejor que los demás. El narcisista sí se siente mejor que los demás. Incluso llega a discriminar. Hay mucha diferencia. Mucha gente confunde el quererse, el consentirse porque te lo mereces con tener que pisotear a los demás para conseguir tus propósitos. “¿Por qué ese se lo merece y yo no”. Ese tipo de pensamiento no es bueno, no es positivo. Cuando eres un luchador nato y consigues las cosas por tus propios medios ahí sale el que confía en uno mismo, por la experiencia. Luego está el que cree que todo el mundo debe estar a su disposición porque él 'lo merece' y todo se lo han dado. Ése es el narcisista.

¿Qué amas de tu público?

Amo que lleguen a comprender quién soy yo y que lo que estoy haciendo es de corazón. Siento que es lo que más me dice mi público: “Se nota que lo que estás diciendo sale de aquí. No estás fingiendo un personaje. No estás tratando de aparentar nada”. Eso es lo me gusta, que entiendan quién soy yo, por qué estoy aquí y, finalmente, si estoy haciendo esto no es por dinero ni por fama, sino simplemente porque hay algo, hay una necesidad. Y esa necesidad también los influye. Es cuando se invaden de mis sentimientos y se identifican con mi letra.

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