Las reglas de la absorción
Salud

Las reglas de la absorción

El cuidado del aparato digestivo

Acompañar a quienes lidian con padecimientos enraizados en el aparato digestivo es una tarea frecuente del médico familiar y general. Esto se debe, en buena medida, a que los órganos de “la panza” ejecutan procesos tan fundamentales como laboriosos. Sin ir más lejos, ellos reciben los alimentos consumidos por el individuo y desmontan sus componentes, separan esto y aquello, dando lugar a partículas sencillas que el organismo asimila para nutrirse.

Retrocedamos al momento en que del plato a la boca no se cae la sopa, ni la ensalada, ni la carne. Con los dientes rompemos los alimentos en pedazos que se mezclan con la saliva. Esa combinación recibe el nombre de bolo alimenticio. En esas alturas del organismo inicia la descomposición de grasas y carbohidratos.

El bolo se introduce en el esófago y baja al estómago. En el claustro estomacal, la materia recibida se convierte en algo que el organismo puede manejar, una masa homogénea, mejor conocida como quimo, que pasa al intestino delgado. Detectado el arribo del quimo al tubo digestivo, el páncreas y el hígado liberan los jugos pancreáticos (que contienen enzimas para completar la digestión) y la bilis (con sus sales biliares, muy necesarias para el tratamiento de las grasas).

Concluida la simplificación de las viandas, las moléculas diminutas que se producen son absorbidas por las células intestinales y de ese modo alcanzan el flujo sanguíneo. La digestión se ha consumado. Hasta un 90 por ciento de la absorción tiene lugar en el intestino delgado. Los desechos son enviados al intestino grueso, allí se forman las heces y con ellas llega la hora de ir al baño. Ese es, a grandes rasgos, el proceso digestivo.

(a) Vaciado gástrico. (b) Mezclado Gástrico. Foto: Alike/Wikimedia

DEFINICIÓN Y CAUSAS

La definición técnica del síndrome de malabsorción nos remite a alteraciones de la mucosa intestinal que afectan la captación de nutrientes. Cuando todo marcha conforme al plan, la comida es digerida y las proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales alcanzan el torrente sanguíneo gracias a la intervención del intestino delgado. Sin embargo, el proceso puede verse afectado por trastornos que obedecen a un ingente número de causas.

Hay malabsorción si el organismo produce cantidades o tipos insuficientes de enzimas digestivas para la degradación de los alimentos; hay malabsorción si, a consecuencia de alguna enfermedad, el páncreas disminuye la producción de enzimas; hay problema si se registra una baja en la producción de bilis o un exceso de ácido gástrico o si prolifera una bacteria de vena nociva en el intestino delgado.

Si el revestimiento del intestino delgado sufre alguna lesión, la absorción pierde eficacia. En la capa intestinal hay vellosidades que convierten al órgano en una superficie destinada a colectar nutrientes. La extirpación de una parte del intestino, a causa de una intervención quirúrgica por ejemplo, representa perder un área destinada a asimilar partículas benéficas.

El consumo de alcohol, las infecciones bacterianas, víricas o parasitarias, y los trastornos celíacos son otros enemigos de la función intestinal; en fin, la lista es larga y el espacio, poco. En resumen, trastornos, infecciones y hasta intervenciones quirúrgicas acarrean malabsorción.

La pérdida rápida de peso es uno de los síntomas de malabsorción. Foto: Archivo Siglo Nuevo

SÍNTOMAS Y DIAGNÓSTICO

El síntoma por excelencia es la diarrea. Si el tubo digestivo no procesa las grasas de forma apropiada, las heces adquieren un color claro y salen del organismo blandas, voluminosas, grasas y malolientes. Sin la debida degradación, ciertos azúcares producen diarrea explosiva, hinchazón abdominal y flatulencias. Debe considerarse que el síndrome de malabsorción es dado al trabajo en equipo y puede coexistir con otros males.

Quienes padecen algún trastorno de la mucosa intestinal suelen reducir tallas o mostrar dificultad para mantener su peso aunque consuman cantidades adecuadas de alimento. Del lado femenino del espectro humano se han registrado casos de pérdida de la menstruación derivada de una absorción poco eficaz.

La malabsorción es versátil. Causa deficiencias generales o selectivas de proteínas, grasas, azúcares, vitaminas o minerales. Una carencia de proteínas, por ejemplo, acarrea inflamación y acumulación de fluido en cualquier parte del cuerpo, sequedad de la piel y caída del cabello. La anemia, déficit de vitaminas o hierro, adquiere maneras de fatiga y debilidad.

El diagnóstico dependerá de los síntomas que observe el profesional de la salud y de la valoración del expediente clínico del paciente.

Para confirmar su presencia, el médico manda analizar la sangre y la materia fecal. Hay que medir la cantidad de grasa en las heces y ver una muestra al microscopio; observar alimentos sin digerir significa que el alimento pasó muy rápido por el intestino.

Lo siguiente es determinar la causa. El doctor echa mano de recursos como la biopsia para detectar anomalías en el revestimiento del intestino delgado. También es posible que recomiende al paciente hacerse pruebas como la enteroscopia con videocápsula, la tomografía computarizada o las radiografías con contraste de bario. Los cultivos de bacterias digestivas son otro método efectivo.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

Cabe mencionar que el problema es menos obvio y más difícil de reconocer en las personas mayores que en los niños. En cualquier caso, el tratamiento dependerá de la causa.

RECOMENDACIONES

Pese a su alta incidencia, la malabsorción es un padecimiento sumamente desconocido. Mucha gente que la tiene, ignora de que se trata, sus alcances y cómo se combate.

No es un malestar que debamos pasar por alto. Provoca en el individuo una alteración en la flora o microbiota intestinal (conjunto de microorganismos presente en el tubo digestivo) que acarrea complicaciones. Los cambios de la microbiota están implicados en múltiples enfermedades crónicas, desde el colon irritable hasta la distensión funcional, desde el estreñimiento hasta la diarrea crónica.

La línea general del tratamiento contempla una dieta acorde con las necesidades de cada individuo, con mayor o menor exclusión de ciertos alimentos. Consumir probióticos (microorganismos salutíferos) para reforzar la flora intestinal es una recomendación recurrente. Hallarlos es sumamente sencillo, están disponibles en suplementos alimenticios y en el yogur de marcas como Yakult, que han ligado su prestigio a los beneficios que proveen los lactobacilos. Las dosis dependerán de la evaluación del médico.

En la parte médica, se suelen prescribir antibióticos, antiinflamatorios o procinéticos para acelerar el tránsito intestinal. Lidiar con la malabsorción tiene otra faceta que debe atenderse: la psicoemocional. Controlar los niveles de estrés facilita que nuestro cuerpo asimile mejor las cargas tanto de la rutina como de los alimentos que nos nutren.

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