Me niego a seguir cantando el Himno Nacional
Opinión

Me niego a seguir cantando el Himno Nacional

Miscelánea

Los maestros tienen la tarea de reducir la brecha entre el principio de igual dignidad de los ciudadanos, y la crueldad del funcionamiento desigual.

Ikram Antaki

En Piedras Negras prosperaban los negocios. Se construían edificios públicos, abundaban los comercios de lujo, almacenes y joyerías; pero no había una escuela aceptable”, se lee en el libro Ulises Criollo de José Vasconcelos. Ha pasado casi un siglo y seguimos sin dar prioridad a la educación.

México es mi matria. es mis hijos, mi casa, mi trabajo, mis amigos, mi sopa de fideo y las gorditas de Torreón. El azar fue generoso conmigo cuando me concedió nacer en nuestro México, que por su privilegiada situación geográfica, y la abundancia de sus recursos, ha resistido sin fracturarse, el implacable espolio de nuestros gobernantes.

Quiero a México porque a pesar de la frustración que me provoca sexenio tras sexenio, no he perdido la fe. Pertenezco a una clase media que pase lo que pase, sigue empujando la rueda de la vida. A ese grupo de necios que intentamos educar a nuestros hijos (a veces lo logramos y a veces no, pero lo intentamos) y hacemos sacrificios económicos para pagar los colegios porque conocemos la desgracia que significa asistir a escuelas públicas, donde los niños cuando hay suerte y tienen clases, reciben una instrucción muy por debajo de la mediocridad.

La lucha contra la corrupción y la renovación moral de la sociedad, ha sido preocupación y bandera de todos los candidatos a la presidencia desde que yo alcanzo a recordar.

Sexenio tras sexenio nos hipnotizan con el mismo show: unos cuantos delincuentes a la cárcel que después de algunas escaramuzas legales, son excarcelados para, en la mas absoluta impunidad, disfrutar de sus fortunas “inexplicables más no ilegales”.

Para demostrar la firmeza de su cuarta transformación, nuestro presidente ha arropado en puestos claves de su gabinete, a un reconocido club de delincuentes y exconvictos. Por su repetición ad nauseam, ha convertido la palabra corrupción en algo así como un viejo y mantecoso billete que da un poco de asco. Las redes tejidas sobre el ya institucional intercambio de favores negociados en lo oscurito, sólo nos permiten esperar mas de lo mismo. Con lo que ya no podemos transigir, es al hurto de la educación; el más dañino de todos porque condena el futuro de México: una reforma educativa que no alcanzó a levantar el vuelo, una lideresa ignorante y ambiciosa que recupera su poder y va por más, los grupúsculos de maestros vociferando en las calles, las aulas vacías, los niños sin clases y la ignorancia institucionalizada. Indudablemente, todo esto tiene su beneficio político; un pueblo de ignorantes es masa manejable que en lugar de exigir instituciones que aseguren sus derechos, paga con su voto las migajas que recibe de papá gobierno.

Anacrónico seguir cantando un himno que habla de soldados y de guerras cuando lo que necesitamos exaltar es la educación, el trabajo y el respeto entre los seres humanos sin distinción de, color, religión o preferencia sexual. Urgen escuelas dignas, donde los maestros, por medio del conocimiento, liberen al los niños de los límites impuestos por su medio de origen familiar, social o geográfico.

No darle prioridad a la educación es una ignominia. Como dije antes, México es mi matria y la quiero con la misma necedad con que los hijos quieren a los padres maltratadores. Le guardaré resentimiento mientras no asegure educación para todos los mexicanos; porque sólo una ciudadanía educada y alerta puede poner al país en el camino correcto.

Por todas las razones expuestas, este año haré como la familia presidencial (ellos no se por qué ocultas razones se niegan a cantarlo) yo, porque considerando la confrontación que estamos viviendo de los unos contra los otros, creo que lo que lo que necesitamos repetir, es mexicanos al grito de paz. Y ahora pacientísimo lector, le deseo unas fiestas patrias sin gansadas.

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