Arata Isozaki
Arquitectura

Arata Isozaki

La simplicidad geométrica del lenguaje

En portada: Centro de Convenciones de Qatar. Foto: thegolfclub.info

Arata Isozaki ganó este año el premio Pritzker, el más importante de arquitectura en el mundo. El galardonado ha sido reconocido ampliamente en su ámbito a nivel internacional, no sólo porque se dedica a él desde la década de los sesenta, sino porque ha desarrollado un estilo único y vanguardista que lo caracteriza.

Nacido en 1931 en Oita, un pequeño pueblo en la isla japonesa de Kyushu, el ingreso de Isozaki a su ahora profesión fue definido de una manera profunda por los acontecimientos mundiales que se desenvolvieron mientras crecía, ya que el Japón de su infancia y adolescencia estuvo azotado por la Segunda Guerra Mundial.

SU INSPIRACIÓN

Isozaki tenía 12 años cuando las islas de Hiroshima y Nagasaki sufrieron sus respectivas y arrasadoras catástrofes en la Gran Guerra; su pueblo natal desapareció durante el mismo acontecimiento.

Cuando era lo suficientemente grande como para comenzar un entendimiento del mundo, mi pueblo se quemó. Al cruzar la orilla, arrojaron la bomba atómica en Hiroshima, así que crecí en la zona cero. Estaba en completas ruinas y no había arquitectura, ni edificios, ni siquiera una ciudad. Así que mi primera experiencia arquitectónica fue la ausencia de arquitectura y comencé a considerar cómo la gente podría reconstruir sus viviendas y ciudades”, recuerda el artista.

Sala de conciertos inflable Ark Nova, Japón. Foto: AFP

Cuando llegó a su alma mater, la Universidad de Tokio, tenía ya una visión única basada en las carencias con la que creció, fomentada más por su imaginación y deseo que por la arquitectura que verdaderamente había visto. Una vez graduado, su país aún se estaba recuperando de las consecuencias de la guerra mundial.

Para encontrar la más apropiada forma de resolver estos problemas, no podía encerrarme en un sólo estilo", es como explica Isozaki su capacidad de explorar diferentes vertientes a lo largo de su carrera. "El cambio significa constancia. Paradójicamente, esto se convirtió en mi propio estilo".

Su sello, al nacer de tragedias y reconstrucciones, ha evolucionado constantemente, pero siempre mantiene su característica simplicidad. La teoría arquitectónica de Isozaki está basada en la transitoriedad de los edificios, aceptando que no durarán para siempre. Por ello toma importancia en complacer a quienes lo ocuparán y serán expuestos a su creación.

Ejemplos de su capacidad de adaptación van desde el audaz brutalismo de la biblioteca que levantó en su ciudad natal en 1966 y la posmodernidad del Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles (MOCA), construido dos décadas después. Pasando por su ingenioso pop tecnológico de la Biblioteca Kitakyushu (1974) o la tremenda modernidad que presentó en el Museo de Arte de Gunma (1974).

El octavo arquitecto japonés en recibir el premio Pritzker siempre ha sido considerado un visionario por su enfoque futurista global y, sobre todo, sin miedo al momento de enfrentar un diseño, lo que él mismo describe como la clave de su éxito.

Museo de Arte Moderno de Gunma. Fotos: Pritzker Price/Wikimedia

La reinvención de Japón le impidió ser encasillado en una corriente arquitectónica específica. Es un hecho admirable que nunca siguió modas. Lo que Isozaki hizo fue evolucionar constantemente a través de los años. Por supuesto, en los cambios siempre se mantuvieron constantes su atención y preocupación por los usuarios de sus edificios.

El jurado del premio Pritzker (conocido como el Nobel de la arquitectura), al ser cuestionado por su veredicto, habló del inmenso talento de Arata, pero también de su generosidad, pues desde que comenzó su firma de arquitectos ha demostrado su compromiso por apoyar a jóvenes profesionistas. También tomaron en consideración que sus creaciones siempre se enfocan en una historia y una filosofía. Además es, posiblemente, el primer arquitecto japonés en conectar las culturas occidental y oriental de un modo honesto, conciliatorio y efectivo.

SUS OBRAS

Los primeros edificios que Isozaki construyó en aquella época tumultosa, cuando la reconstrucción de su país continuaba, se encuentran entre las obras fundamentales de su carrera. Un ejemplo es la Biblioteca de la prefectura de Ōita (1964-1966) que fue influenciada por el brutalismo europeo. El lugar tiene una visión muy vinculada con el urbanismo en crecimiento. Un concepto vivo y cambiante que ya demostró haber sido muy útil, pues ha dejado de ser una biblioteca para convertirse en un centro cultural.

De 1971 a 1974 apareció otra de sus obras representativas: el Museo de Arte Moderno en Gunma, Japón, se considera uno de sus trabajos clásicos. Se trata de un estilo mucho más ligero a medio camino entre el minimalismo y lo posmoderno. En él se repite un módulo cúbico, que representa la primera lucha formal de la arquitectura japonesa para distanciarse de la ortodoxia moderna y convertirse en su propia e independiente forma de arte. Se estaban dando las circunstancias para que el japonismo empezara a tomar fuerza e Isozaki mostraba apenas su capacidad de combinar y cambiar de estilos.

Biblioteca Kitakyushu. Foto: Kataro Taro Yahata/Wikimedia

Es así como en su historia llega otra biblioteca, la Central Kitakyushu en Fukuoka, Japón, que fue construida entre tres y cuatro años después de la obra antes mencionada. Esta segunda biblioteca llegó para romper una vez más con el molde. Posee una presencia más fuerte gracias a su forma radial y a los techos abovedados de color verde, que expresan más modernidad. Sus dos edificios con forma de tubo, la amplia escalinata que lleva al acceso principal, y la gran abertura acristalada donde están las oficinas y servicios, la convierten en una de las más representativas del país.

Los proyectos de Arata iban modernizándose y, de la misma manera, crecían hacia el mundo occidental. Como ejemplo más conocido está el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles, California, que está sumergido en una jungla de rascacielos espejeados de la ciudad estadounidense. Decidió crear un contraste con un edificio de espacios hundidos y cubierta en arenisca roja. Esto demuestra la importancia que le da, desde antes de construir, a lo que sea que estará rodeando su obra. Para el inmueble, Isozaki eligió formas variadas que se podrían considerar vagamente tradicionales, pero en su mayoría abstractas, además de hacer referencia al folclor de Asia oriental con el juego entre el espacio positivo y negativo.

Fue por esta capacidad de creación y diseño, además de su sentido humano reflejado constantemente en sus obras, que el arquitecto, urbanista y teórico japonés Arata Isozaki, de 87 años, fue seleccionado como el ganador del importante premio este año. El jurado expresó que lo eligieron porque supera el marco de la arquitectura para plantear cuestiones que trascienden eras y fronteras, honrando así su profundo compromiso con el arte del espacio.

Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles. Foto: Minnaert

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